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Cristina en el final vuelve a abrazarse al chavismo

La ex presidenta volvió a volver, una vez más, pero la tercera no fue la vencida. Estuvo lejos de ser millones: reunió unos pocos cientos de personas en el Instituto Patria, y muy pocos referentes políticos de peso. Aunque no se inmutó ante las dificultades y habló como si se dirigiera a las masas entusiastas de antaño.

Esta vez no tiene cita en tribunales, sino un programa de actos políticos en la ciudad y el conurbano por delante. Con los que espera retener una base de apoyo que va esfumándose entre sus dedos desde que dejó el gobierno. Según todas las encuestas más o menos creíbles su popularidad venía cayendo ya antes del escándalo de López y las monjitas, y ahora directamente se derrumbó, con porcentajes altísimos, de alrededor de 80%, convencidos de su culpabilidad en los hechos de corrupción, y un núcleo duro de fieles que también se desgrana.

Pero eso no es lo peor: su poder partidario se ha evaporado aun más rápidamente. En el PJ son muy pocos los que todavía creen que haya que tenerla en cuenta, porque se estima que aunque zafe de ir presa los procesos en su contra van a seguir avanzando, van a ser cada vez más y van durar años; la visión social sobre sus responsabilidades tanto en la corrupción como en los problemas económicos que vivimos no va a mejorar aunque Macri tenga más y más problemas; y por tanto va a ser un pésimo negocio quedarse cerca de ella.

Sucede al mismo tiempo, sin embargo, que el grupo de dirigentes que aun la acompaña, a medida que se achicó, se abrazó con más y más fervor a un diagnóstico radicalmente divergente de esa opinión reinante en el resto del peronismo. Con lo que la comprensión y la cooperación entre ambas partes se fue volviendo más difícil.

Es decir, los kirchneristas se han ido haciendo más y más puros, y más fanáticos. A medida que se volvieron impotentes. En vez de tomar nota de que su estrategia no funciona y les convendría cambiarla antes de que sea tarde, se hicieron fuertes en las convicciones que abrazaran al desayunarse que Scioli iba a perder y ellos deberían abandonar el estado nacional: creen todavía que Macri va a fracasar y que la estrategia de resistencia y polarización es la más conveniente para recoger la ola de rechazo que entonces se desataría, los errores de gestión del gobierno nacional les dan ánimo para insistir, y las investigaciones judiciales hacen el resto para convencerlos de que están jugados a matar o morir.

El abrazo apasionado que celebraron en ocasión del cumpleaños de Hugo Chávez el jueves pasado brindó la oportunidad de escenificar esa convicción, dejar en claro que no van a aflojar ni a moderarse, sino todo lo contrario.

Es sugerente que desde que Venezuela se internó en una crisis cada vez más aguda los homenajes y demás muestras de sintonía con el chavismo de parte de sus parientes locales habían ido disminuyendo. Hablaban de Evo, de Lula, hasta de Correa y de Cuba, pero no mucho de Maduro. Defender sus dislates no parecía muy razonable cuando aun se creía tener algo más valioso que defender que las convicciones.

Ahora que han perdido casi todo, que están crecientemente aislados y que se enfrentan al peligro cierto de la extinción han dejado de tomar esas precauciones: “¡Si, somos chavistas a muerte, ¿y qué?!” parecen decirnos Cristina y los suyos. A la espera de que en esa tesitura extrema al menos sigan acompañándolos quienes valoran las creencias ideológicas por sobre todo lo demás, por sobre los resultados, el estado de derecho, la mínima honestidad personal y la misma conservación del poder.

Es una máxima conocida que cuanto más lejos se está de ejercer el gobierno, los grupos políticos más se unen en torno a ideas. ¿Podría entonces el kirchnerismo encontrar en estos gestos una forma de sobrevivir, aunque sea como secta?

Podría creerse que sí. Aunque creo que hay razones para dudar tanto de que esta sea realmente la apuesta de Cristina, como de que ella tenga muchas chances de éxito.

Ante todo, porque lo cierto es que ni siquiera en esta hora del final el kirchnerismo es sincero, ni siquiera ahora que se enfrenta a la perspectiva de la cárcel y la marginalidad sus líderes nos dicen la verdad. Porque lo cierto es que todo este circo chavista viene a adornar una operación electoral tan pedestre como mezquina: tratar de instalar a Cristina como candidata bonaerense con mínimas chances, como para que el resto del peronismo tema que si la dejan sola y abandonada a su suerte ella puede competir y robarles los suficientes votos como para condenarlo a una dura derrota frente al oficialismo. Una apuesta poco viable, por cierto, pero sobre todo muy poco constructiva hacia sus compañeros de partido.

Y precisamente porque es poco viable lo más probable es que pase pronto al olvido, igual que el Frente Ciudadano y la Segunda Resistencia: los peronistas están desorganizados y confundidos, pero no tanto; conocen de encuestas y de tendencias de opinión, y saben que les va a ir casi seguro peor si siguen sometidos a Cristina que si se olvidan de ella, y que no hay términos medios porque el kirchnerismo no se deja moderar, no cede en sus costumbres más soberbias ni siquiera al borde de la impotencia. Ellos también lo contemplan en el espejo del chavismo y los papelones de Maduro, y no quieren ni por asomo compartir ese destino.

por Marcos Novaro
publicado en TN.com.ar el 2/8/16

Posted in Política.


6 Responses

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  1. Mercedes Lagos says

    “Ni siquiera en esta hora del final el kirchnerismo es sincero”. Como todos, ni mas ni menos.

  2. Larry says

    El Chavismo es un movimiento antiimperialista, socialista y revolucionario. El PI, parte integrante del FPV es nacional, popular y revolucionario. No parece haber mucha diferencia, con lo cual no hay tal falta de sinceridad.

    • Marcos Novaro says

      Estimados Larry y Mercedes, les agradezco sus comentarios, que contestaré juntos aunque dicen exactamente lo opuesto. Primero, no creo que todos los actores políticos sean igual de insinceros y no lo ha sido en todos los casos el kirchnerismo, lo es ahora creo cuando amenaza con una última radicalización y en verdad apuesta a frenar una avanzada judicial con un ánimo e instrumentos bastante poco revolucionarios.

      En cuanto a los componentes sí revolucionarios y nacional populistas del FPV sin duda existen, y algunos puede que sean sí sinceramente radicales. Aunque tengo mis dudas de su utilidad para el país, esta opción puede que sea en algunos casos menos corrupta que el resto del FPV, pongamos que sea el caso de algunos componentes más de izquierda del kirchnerismo, van ganando peso? Creo que sólo en la medida en que el resto lo pierde. Es por la irrelevancia creciente del kirchnerismo que los NPR puede que ahora se hagan escuchar más. Pero en cualquier caso no creo que les convenga heredar a Cristina y la Cámpora, más bien diría que van a correr con sus pasivos sin ningún beneficio ni activo útil que apropiarse. Cordiales saludos.

  3. Jaime Redentor says

    Un intelectual, particularmente inteligente como Ud., no debiera “obsesionarse” con un proyecto que casi todos sabemos terminado. Me parece que debe pensar el futuro a partir de mañana mismo. Para el pasado, dejemos que actue la justicia, aunque sin dejar de echarle un ojo de vez en cuando para ver como avanzan las causas.

  4. Marcos Novaro says

    Estimado Jaime, te agradezco el elogio pero rechazo la acusación: no creo estar particularmente obsesionado. Trato de tener presente siempre una cosa que dijo Beatriz Sarlo meses atrás y me pareció muy sagaz, “no vamosa estar muchos años discutiendo el kirchnerismo como nos pasó con el peronismo, no tiene tantos misterios”. Creo que es importante de todos modos sacar un saldo cultural, intelectual y analítico de lo que sucedió con este fenómeno. Y no darles tan rápido el beneficio del olvido no sólo en el aspecto de la corrupción si no tampoco en el de las pésimas apuestas políticas y decisiones de gestión que realizaron. Esas las vamos a seguir pagando por años, mucho más todavía que el afano.

    Muchos saludos

  5. George Grandson says

    Dear Marcos: You are smart, educated and fundamentally a good person. Apologies for the problems caused. Best regards.