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Con Trump, Cristina completa la internacional peronista

Argentina exporta populismo a granel y a mercados cada vez más diversificados. Si sólo pudiera monetizar este ahora codiciado commodity estaría en condiciones de resolver sus problemas de competitividad en un santiamén. Pero los mercados son mezquinos, ya se sabe: todos consumen y disfrutan del producto, pero sin pagar royalty alguno.

Con todo, no hay quien pueda escamotearnos el orgullo. Conseguimos que un peronista ocupe el trono de Pedro tres años atrás, van a ser dos décadas que otro gran peronista dicta manu militari los destinos de Rusia, y ahora lo que faltaba, un pichón de Pichetto y Cristina arrasó con el maldito establishment liberal de USA, La Matanza le hizo morder el polvo a Yale, y uno de los nuestros se acomodará en el despacho oval desde enero próximo. Si eso no es hegemonía no sé qué podría serlo. Lástima que Ernesto Laclau ya no esté para poder disfrutarlo.

Claro que el resultado es una ensalada, pero de eso trata precisamente todo buen populismo radicalizado, llevar la inconsistencia de las iniciativas prácticas hasta el extremo del absurdo no es en él una desviación, reemplazar el análisis razonable de los problemas por la identificación de culpables a expulsar de la comunidad no es un mero desborde, confiar nuestros destinos a la intuición providencial de un líder lo más brutal y tosco posible no tiene nada de accidental; los tres son los componentes esenciales del arte político que estamos ofreciéndole al mundo, y que el mundo parece deseoso de consumir. Por ahora ciego a las consecuencias.

Cristina, siempre lista para arrogarse supuestas clarividencias, no pudo con su genio y reclamó, en otra universidad del conurbano, el royalty sobre el engendro. Ciega y sorda a los temores progresistas que despertó el triunfo inesperado de Donald Trump salió a reivindicar la autoría intelectual de lo sucedido: si Trump ganó, según ella, fue porque entendió lo que el populismo kirchnerista viene diciendo hace años, que los mercados abiertos son el peor enemigo de los pueblos, que los liberales moderados son unos mentirosos esclavos del sistema financiero internacional, que los medios manipulan y mienten, y que la solución para todos esos problemas pasa por la fusión entre la masa, el líder y la nación.

Lástima que Trump también quiere acabar con los inmigrantes. Pero parece que a los ojos de Cristina ese es un pecado menor (y tal vez sean otros pecados menores sus propuestas de terminar con el medicare, los impuestos a los ricos, la discriminación positiva a favor de las minorías y otros inventos liberales) comparado con el gran favor que va a hacerle a la humanidad, poner fin del odiado neoliberalismo, que supuestamente encarnaba Hillary, y avalar la ola de proteccionismo que supuestamente deberíamos aquí y en todos lados imitar para que las cosas empiecen a funcionar realmente bien. Ello justificaría, para empezar, tirar a la basura la idea absurda de Macri de “volver al mundo”, “atraer inversiones” y “llevarnos bien con las democracias occidentales”. Si la mayor de las democracias occidentales nos está diciendo que el aislamiento es la solución, hagamos como ellos, volvamos a votar a Cristina, apostemos otra vez por la autarquía, cerremos la puerta al comercio y el frio capital, tiremos la llave y a comer milanesas de soja de aquí a la eternidad.

Seguro que Cristina no ignora que si todos los países desarrollados hicieran lo que Trump propone, supongamos, tras un eventual triunfo de los nacionalismos aislacionistas también en Europa y otras economías capitalistas, las perspectivas para los países en desarrollo o directamente pobres no mejorarían sino todo lo contrario. Pero eso no es lo que le importa. Lo esencial para ella siempre ha sido tener razón, no resolver problemas. Porque si el mundo le da la razón a las tesis populistas, Cristina se esperanza, ella va a seguir teniendo un público empobrecido, asustado y enojado condenado a escucharla y seguirla. Porque habrá quedado demostrado que la culpa de todos los males la tienen los ricos y los liberales. Que es lo que viene diciendo urbi et orbi el otro gran líder global peronista, nuestro papa Francisco.

Con olfato anticipatorio aun superior al de la jefa local del movimiento, el jefe de la Iglesia de Roma apenas una semana atrás explicó, a varios miles de dirigentes sociales provenientes de todos los rincones del tercer y cuarto mundo, que el terrorismo tiene un único y exclusivo origen y responsable, el dinero, y quienes lo poseen, claro. Más todavía, son el dinero y el afán de dinero los que causan, según Francisco, todos los vicios contemporáneos, la desigualdad, la destrucción del medio ambiente, la intolerancia, la violencia. No existen ni el fanatismo religioso, ni los estados fallidos, ni las malas políticas, ni el autoritarismo; el mal de este mundo tiene un solo nombre, riqueza, y un solo credo, liberalismo. Tal vez no sea mala idea poner en práctica estas concepciones durante un tiempo, y ver qué pasa. Una pena, de todos modos, que no haya alcanzado para la opinión pública mundial con ensayarlas en Argentina, Venezuela y Cuba.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 13/11/16

Posted in Política.


5 Responses

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  1. carlos says

    Interesante análisis bordado de fina ironía, aunque cada dos párrafos uno se pregunta: ¿ironía? En realidad el populismo, así visto, como lo describe la nota, lleva en sí bastante de desquicio, y de a ratos no se sabe bien si el desquicio es interno al populismo o es un efecto de la mirada de quien lo señala.

  2. JJN says

    Marcos: No solo Carlos tiene la duda del final sobre tu mirada. El abordaje recurrente al populismo es motivo de preocupacion de quienes seguimos tus escritos. No hago ni el mas minimo cuestionamiento de tu actual pensamiento ideológico, pero seria interesante que focalizaras tu atención en la calidad instittucional, la educacion superior (aunque algo ya dijiste en otra nota), las esperadas inversiones y el proyecto de desarrollo, la superación de las divisiones que nos dejó el kirchnerismo, el eventual retorno del populismo, los errores posttarifazos, las nuevas alianzas, la inmigración, el poder de los medios, etc. Saludos.

  3. Valeria Del Mar says

    Dr.: Qué opina de Pilar Rahola? Para mí, es la única intelectual catalana a la altura del escritor español Mario Vargas Llosa en cuanto a claridad conceptual y coraje cívico. Juntos en la TV, serían un éxito de audiencia.

  4. guido says

    es cierto que es un término algo bastardeado y que muchos observadores “sagaces” lo consideran demasiado “vacío” y “politizado” (i.e. Malamud), pero es dificil encontrar otro concepto que no haya sido tantas veces reivindicado y, acto seguido, parodiado por los mismos protagonistas que se definen como tal.

  5. Marcos Novaro says

    Estimados, leí lo de Pilar Rahola sobre el populismo y me convenció, pero tal vez está muy centrado en la experiencia europea, que a este respecto es casi peor que la latinoamericana de los últimos años. Tal vez sirva este comentario para aclarar un punto: en mi opinión una dosis módica de populismo en la vida democrática suele ser bastante conveniente, y casi imprescindible en los procesos de cambio, pero abusar de él y sobre todo radicalizar las ideas populistas es en general un problema y en muchos casos por completo contraproducente. Como enseñan los casos del chavismo y el kirchnerismo y también el caso de Podemos. Pero es bueno recordar el papelón de Peña Nieto frente a Obama: cuando el mexicano se puso a despotricar contra el populismo el todavía presidente norteamericano le advirtió que tuviera cuidado con el término que usaba, porque él se sentía muy sanamente populista. Claro que para Obama Trump no lo sería, ni siquiera sería populista, sino directamente volkisch. Saludos