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Un Baradel extraviado desalienta nuevos Planes de Lucha

A horas de que los gremios terminaran su huelga general los docentes bonaerenses suspendieron, sin nada a cambio, su seguidilla de paros contra Vidal. La estrategia seguida por Baradel, de competir con el trotskismo por mostrarse inflexible en reclamos extremos no sirvió de mucho: quedó crecientemente aislado, hasta que la amplia mayoría de sus bases rechazaron seguir con el plan de lucha. Ahora sólo le queda ir al pie ante la gobernadora, y rezar para que esas mismas bases no lo desplacen de la conducción de SUTEBA.

Los kirchneristas deberán tomar nota del saldo de su aventura: para hacerse los duros, mejor volverse troskos y listo; si siguen jugando a la rebelión popular con tan poca cintura hasta sus bases más fieles terminarán por abandonarlos, dividiéndose entre quienes volverán al peronismo “racional” y los que se irán con la izquierda auténtica.

Y seguro los demás gremialistas también extraerán sus propias conclusiones: de la mano de esos dirigentes ultrakirchneristas no cabe esperar nada bueno para sus organizaciones y sus bases, mejor tomar distancia cuanto antes de ellos y dejar bien en claro que su meta no es alimentar la resistencia popular sino negociar lo mejor posible los intereses de sus representados.

La CGT, claro, lo sabía ya desde antes, y por eso el momento y el tono de la medida del 6 de abril fueron tan controvertidos desde el comienzo. No sólo porque esperaron con Macri bastante más que con Alfonsín y De la Rúa, también porque al paro no lo siguió ni antecedió ningún anuncio sobre planes de lucha, o siquiera nuevas medidas de protesta, se pareció más a las huelgas generales realizadas por esa central en tiempos de gobiernos peronistas que a las que agobiaron a los radicales.

Es cierto que el paro fue “contundente”, como dijeron sus convocantes, aunque también lo es que no fue popular: las encuestas hablan de entre 58 y 70 % de rechazo a la medida, y desde hace años que una huelga de este tipo no generaba tantas reacciones en contra. Muchos sindicalistas, salvo tal vez gente como el taxista Viviani, también preveían que sería así: transitan por un delicado desfiladero, entre quedar como socios de los promotores del caos y ser débiles frente a un gobierno que no es el suyo y tiene poco que ofrecerles, y las chances de perder frente a uno o ambos bandos es más grande que la de salirse con la suya y satisfacer sus intereses.

De allí la explicación de uno de sus mayores referentes, tiempo atrás, como abriendo el paraguas para lo que se venía, de las razones de la huelga: “es para largar presión”.

De allí también que ni siquiera insistieron mucho en la conferencia de prensa realizada al concluir la jornada del 6 en que el gobierno debía “cambiar de política económica”, “cambiar de modelo” o cosas por el estilo, de esas que sí se escucharon en la CTA y la izquierda, frustradas en su intento de movilizar gente en el centro de la ciudad y de generar una batahola violenta con la gendarmería en sus accesos. Y claro, frustradas sobre todo en su expectativa de que este fuera el primero de muchos paros, el puntapié inicial para un plan de lucha de esos que merecen los gobiernos “antipopulares” aunque la mayoría de la gente los haya electo y los acompañe, eso es un detalle.

Lo que la CGT pidió en esa conferencia de prensa fue diálogo y negociación, que es lo que les ofrece el gobierno. Con la diferencia de que los gremios quieren una mesa unificada que sirva para cementar su débil unidad y enfocar la discusión en políticas generales, y Macri les ofrece en cambio acuerdos sectoriales, centrados en la productividad y las inversiones.

Como estos acuerdos avanzan podría creerse que el gobierno está queriendo fracturar la central reunificada hace poco más de un año, que conviene a sus intereses que no haya por mucho más tiempo una CGT única. Pero nada más alejado de la realidad: lo que realmente le conviene es que sobreviva y en ella predominen los moderados, para que puedan imponerle su tono y su estrategia a los demás. Una ruptura en cambio liberaría a los duros de contenerse y entonces sí tendríamos planes de lucha, algo que sucedió en tiempos de Ubaldini frente a Alfonsín y de Moyano contra De la Rúa, precisamente sin unidad cegetista.

Mientras el cuadro sindical siga como hasta hoy, entonces, el macrismo puede seguir polarizando la escena, sin el riesgo de empujar a los actores moderados en brazos de los duros, ni de generar incertidumbre y obstáculos extra para los acuerdos posibles con estos actores. Porque podrá seguir utilizando, como viene haciendo desde meses atrás, una “polarización constructiva”, consistente en elevar los costos que esos moderados pagarían por seguir el camino de los que no lo son, a la vez que ofrecer premios a los que se moderen más todavía.

Por ahora con eso alcanza. Y ni siquiera tendrá que invertir demasiado en estos premios, en tanto el grueso de la opinión pública considere que los gremios más que defender a los trabajadores y sectores postergados lo que quieren es complicarle la vida al presidente, y que conviene ponerlos en caja, y por tanto la política peronista tampoco encuentre mayor aliciente para usar a estas organizaciones y sus protestas como ariete adecuado para avanzar electoralmente.

De allí que los pactos sectoriales firmados hasta aquí, y algunos programados, no sean muy generosos que digamos en términos de devaluación fiscal o subsidios. Más bien siguen la pauta de que si alguien debe sacrificar ingresos fiscales son las provincias y municipios, que han elevado excesivamente algunas cargas, como ingresos brutos y tasas.

En suma, con bastante poco, sin ceder en su ya de por sí frágil programa macroeconómico, ni en la designación de funcionarios adictos a los gremios, el gobierno de Macri puede seguir controlando bastante bien este frente, al menos mejor de lo que hicieron en su momento las administraciones con las que habitualmente se las compara. Y teniendo a los gremios fuera de su coalición, finalmente hasta puede que lo termine haciendo aun mejor que las administraciones peronistas, que ni siquiera cuando quisieron fueron capaces de introducir reformas laborales y gremiales significativas y duraderas.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 10/4/17

Posted in Política.


5 Responses

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  1. JORGE says

    …administraciones peronistas, que ni siquiera cuando quisieron fueron capaces de introducir reformas laborales y gremiales significativas y duraderas.
    Entiendo que los Convenios Colectivos de Trabajo son un logro beneficioso para los trabajadores. Que el kirchnerismo pudo y no quiso hacer más por aquellos a quienes decía querer preferir, no cabe duda.
    PD: Tengo la impresión que hay un Nunca Más, una Obediencia Debida y un Punto Final para la investigación de la corrupcion k. A vos no te parece eso? Saludos.

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Jorge, te agradezco el comentario y respecto a la pregunta, que no tiene mucho que ver pero no importa, la verdad es que no creo que, siquiera en caso de quererlo, el gobierno de Macri vaya a poder detener las investigaciones sobre Cristina y su gente, que siguen una dinámica bastante azarosa, a gusto de fiscales y jueces que a veces responden a otras señales políticas, las que les mandan sus referentes peronistas, a veces olfatean el ambiente y las tendencias de la opinión pública y la competencia política, que son bastante inciertas y cambiantes, como sabemos, y a veces no responden a nada en absoluto más que a sus propios criterios o el peso incontenible de la evidencia. Saludos

  3. Jorge says

    Gracias por tu respuesta aunque sea poco grata para los que desde siempre defendemos la pureza república a ultranza. Saludos.

    • Emilio Gaviria says

      Jorge, me excuso por intervenir, estoy de acuerdo con su defensa, pero nuestra “república” tiene tendencia monárquica incorporada, donde el jefe del ejecutivo cuenta con más poder que los otros, requiere popularmente de hombres “fuertes” y la “soberanía del pueblo” (L.V. López, J. González Calderón) es frecuentemente substituida por golpes y representaciones en la calle.

  4. Emilio Gaviria says

    Sobre “izquierda auténtica” o su plural, no las hay, adoptaron para sobrevivir las manipulaciones y taras “capitalistas”. Derrotados en las armas por otros peores que ellos, cambian de política como continuidad de aquéllas, en las áreas de trabajo y educación, con el mismo objetivo, el poder absoluto. A pesar de todo, estimo que la sociedad se encamina a los tumbos hacia un socialismo de clases medias extendidas.