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Pichetto propone al PJ regresar adonde nunca estuvo

La tesis la viene planteando desde hace tiempo: Cristina es la izquierda, no el peronismo, porque la “posición histórica” de éste ha sido “el centro nacional”.

Fue este el argumento que el jefe de los senadores del PJ usó en junio pasado para respaldar a Randazzo, transmitiendo una posición que era en verdad de casi todo el peronismo del interior. Que no busca una contraparte o interlocutor bonaerense, mucho menos una conducción, en Cristina. Ni va a hacerlo aunque ella gane, agregó ahora Pichetto: él y la Liga de Gobernadores van a considerar su “pata” en el principal distrito del país en el ex ministro de Transporte, o hasta en Massa, más allá de los pocos votos que terminen juntando en octubre.

La cuestión es relevante para el futuro de esa fuerza, y también por extensión para el del entero sistema político, que necesita madurar y estabilizarse. Pero no se sabe muy bien cómo va a lograrlo, qué tipo de actores necesita ni qué tipo de aporte del peronismo puede esperar.

En un sentido general y preliminar la de Pichetto no parece mala idea: probamos ya con un peronismo de derecha en tiempos de Menem, y muy bien no nos fue, ensayamos después con uno de izquierda encarnado por los Kirchner, y la cosa no salió mejor, así que ahora no estaría mal proponer un peronismo de centro, que algunos podrían decir sería el “auténtico”, el más fiel a la tradición comparado con los otros dos que habrían expresado sesgos que se salieron del molde.

Por otro lado hay infinidad de evidencia histórica en cuanto a que el peronismo siempre pretendió pivotear entre derecha e izquierda, promoviendo la justicia social pero también el desarrollo capitalista.

Pero el problema de Pichetto es que da demasiado rápido por resueltas las dudas que muchas veces ha despertado ese pivoteo: ¿alguna vez eso le funcionó, encontró un equilibrio?, ¿por qué va a ser capaz de conseguirlo ahora o en el futuro?, ¿consiguieron realmente los peronistas una síntesis de opuestos o más bien navegaron entre la confusión de los extremos y el oportunismo, por lo que terminaron siempre ofreciéndonos el resultado contrario, al alimentar las tensiones y fomentar el vaciamiento del centro político?

La historia política del mismo Pichetto justifica esta desconfianza: escuchándolo ahora uno se pregunta cómo logró una persona tan razonable ser el soldado de tantas macanas radicalizadas que intentaron imponernos Néstor y Cristina, la ley de medios, la “democratización de la Justicia”, la ley de mercado de capitales y tantas otras reformas de inspiración chavista que si no fueron más dañinas no se debió precisamente a que el “centro peronista” hiciera mucho por frenarlas o moderarlas.

Pero lo más importante es que la historia colectiva tampoco abona la tesis pichettista: ni en los años cincuenta ni en los setenta el peronismo logró conformar realmente ese centro nacional de que ella habla. Es cierto que por momentos lo intentó, por ejemplo con los congresos de la productividad, poco antes del golpe del ´55, pensados para reconciliarse con el capital y moderar la presión sindical, sin éxito; o con el pacto social de 1973 para frenar las ya salvajes puja distributiva e inflación. Pero tanto en esos como en otros intentos el propio peronismo fue el que empujó el barco al naufragio, dinamitando el centro político.

¿Qué puede decirse sino de los años ochenta y noventa?, cuando primero entorpeció la moderada salida estabilizadora de Alfonsín y luego bloqueó cualquier posibilidad de corregir los desequilibrios inherentes a la mucho más ortodoxa estabilización menemista, fruto de la peculiar combinación de privatismo extremo y persistencia de los viejos santuarios afines, sindicales, territoriales y empresarios.

En síntesis, demasiadas veces ya el peronismo confundió el centro con la alquimia de mezclar el agua y el aceite, para después surfear la inestabilidad y conflictividad resultantes. En lo que no cabe duda que ha desarrollado gran maestría. Pero “regresar” a esa pauta de conducta, pretendiendo presentarla encima como un gran aporte a la madurez, no parece ser la mejor opción hoy en día. Menos todavía lo es desde que la posición centrista está muy disputada.

Frente a un macrismo que tiende a consolidarse y puede terminar siendo aun más desafiante que el alfonsinismo, o el frondicismo en su momento, para disputar el “rol histórico” del peronismo, ya se está viendo que a éste no le va a alcanzar con el regreso a las fuentes de la tradición ni con reflotar destrezas conocidas: no por nada fueron algunos de los más moderados y curtidos líderes del interior, como Schiaretti y Verna, los que peor desempeño tuvieron en las recientes PASO. Si no fuera porque Cristina en particular y el populismo radicalizado más en general han dejado a su paso el campo de la justicia distributiva demasiado contaminado de camelos y descrédito, podría verse más claramente que la mejor opción para los peronistas renovados es insistir en el que siempre ha sido su refugio en la tormenta, ser el partido de los pobres y los desfavorecidos. Un rol que, por ahora y tal vez por largo tiempo, nadie está en condiciones de disputar.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 20/8/17

Posted in Política.


3 Responses

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  1. Antonio Gasulla says

    Kirchner – Lavagna no fueron el Centro?

  2. Marcos Novaro says

    Buena observación, pero por qué habrá sido que alguien se le ocurrió dinamitar ese centro político apenas estaba arrancando?, y por qué a casi ninguno de los involucrados se le ocurrió resistir ese proceso de vaciamiento del centro? No me parece que refute mi argumento, más bien al contrario, confirma que hay una crónica ineficacia para ocupar y consolidar esa posición, pese a las oportunidades mucho más ventajosas que la actual para potenciarlo.

  3. Antonio Gasulla says

    Parafraseando a Tenembaum, Qué les pasó? no sé pero de lo que no tengo dudas es que un excelente técnico como Lavagna se dió cuenta desde el principio que no podía oponerse a los Kirchner, al aparato político, a los Sindicatos y a todos los posibles beneficiarios de la ayuda oficial. Saludos, Marcos.