Skip to content


La radicalización kirchnerista muestra su rostro más violento

Una fenomenal batalla campal en Avenida de Mayo desnudó de la peor manera los riesgos de jugar con fuego y la deriva cada vez más autodestructiva que experimenta Cristina Kirchner y, de su mano, la oposición dura contra Mauricio Macri.

El kirchnerismo se la pasó años usando un discurso violento, descalificador y moralmente ofensivo. Y en los últimos dos jugó a radicalizarse aun más, presentando a sus enemigos ahora en el gobierno como dictatoriales e ilegítimos. Pero pocas veces actuó en consecuencia. Salvo las patotas que encabezó una noche de furia el propio Néstor Kirchner contra los chacareros, durante la crisis de 2008, las agresiones contra periodistas que parecían espontáneas expresiones de exaltados, y algunos otros hechos que lamentar, casi siempre dio la impresión de que a último minuto lograba controlarse, evitaba pasar de las palabras a los hechos.

Anoche todo ese real o aparente autocontrol saltó por los aires. Tuvimos un acting acorde al discurso y el ethos kirchnerista a pleno, sin freno alguno. Y la escena resultante fue espantosa. Indignó seguramente a la enorme mayoría de la sociedad.

Para peor, no fue casual. Tres factores se combinaron fatídicamente para este resultado. Por un lado, un suceso aun poco claro, la desaparición de Santiago Maldonado, que a los ojos del ala dura de la oposición confirmó lo que han venido diciendo, que Macri es la ultraderecha represora y autoritaria y ellos tienen el rol de detenerlo, como sea. En segundo lugar, una demorada pero ya perceptible recuperación económica, un fuerte espaldarazo electoral al gobierno y un ya indisimulable aislamiento partidario de la ex presidenta que componen un cuadro alarmante, ante el cual entienden que si no usan al máximo el poder de la calle que les queda van a ir cayendo en la irrelevancia. Y por último, asociado con lo anterior, el borramiento de las fronteras entre las organizaciones y la militancia propiamente kirchneristas y las de un arco de grupos y grupúsculos de izquierda revolucionaria que no tienen nada que perder en caso de escalar la violencia, porque saben que su juego no es ni será nunca la competencia en las urnas.

Sometidos a esa presión, atenazados entre la desesperación de ya no ser, la indignación real o simulada ante una agresión que confirma su relato victimista, y rodeados y acicateados por las peores compañías, Cristina y los suyos creyeron encontrar en Maldonado la ocasión para retomar la iniciativa, y no se dieron cuenta que estaban por suicidarse.

La escalada de sucesos violentos de los días pasados debió advertirles de los riesgos que corrían. Si seguían jugando con fuego, dadas las circunstancias, podían quemarse. Pero no escucharon, no podían escuchar alarma alguna. En el mundo de ensoñaciones en que hace tiempo decidieron vivir creyeron estar acorralando al gobierno. Así que repitieron, agravada, la secuencia que montaron en marzo pasado: un abuso cada vez más agobiante de la calle, que desata reacciones opuestas a las buscadas. En aquella ocasión, como se recordará, todo concluyó con la inesperadamente masiva movilización de los adherentes al gobierno, el 1ro. de abril. Esta vez las cosas no pueden sino empeorar para la oposición: no habrá que esperar demasiado para que se advierta que la calle misma ha perdido parte de su legitimidad, al menos para los actores sociales y políticos que quieran tener algún rol en el orden institucional vigente; y que Macri va camino a ampliar su triunfo en octubre. Cristina lo hizo.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 2/9/17

Posted in Política.


5 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. Pablo Diaz de Brito says

    Es cierto, el espantapájaros de la batahola en Avenida de Mayo tendrá ese efecto. Ahora, la “mediósfera”, que incluye desde P 12 a Clarín y Nación, bastante atempera el desastre de la radicalización K. Si pusieran el caso Maldonado en el volumen informativo mesurado que el caso debe tener y no con altoparlantes, el Kismo tendría menos materia para construir su espejismo maniqueo. Más aún, La Nación ha escondido los informes desde el lugar de su excelente cronista Gaffoglio, demoledores para la propaganda K-mapuche y ha dado lugar central a Alconada Mon, que no ha pisado la Patagonia. La culpa de no ser progres y querer serlo los mata, pobres. Pero esa acción culposa da aires a la operación “Macri ya tiene un desaparecido”. Igual, es todo rollo interno, “la gente” no hila tan fino. Y hace muy bien.

  2. Jorge says

    Estimado Marcos: Mariano Obarrio ha escrito en La Nación, el mismo dia que vos en TN, que el Gobierno apunta al kirchnerismo por los disturbios en la Plaza de Mayo. Sin embargo, tanto en uno como en el otro caso, no se han presentado pruebas irrefutables. Todos sabemos que dentro de ese movimiento hay militantes cuyo discurso es profundamente agresivo. Pero de ahí a señalarlos como autores materiales de la violencia en la marcha y acto por la Aparición con Vida de Santiago Maldonado hay un trecho. Yo estuve en la marcha y vi retirarse a la columna de La Cámpora muy ordenadamente bastante antes del inicio de los desmanes. Saludos.

  3. Marcos Novaro says

    Estimado Jorge, mi observación va dirigida a quienes están legitimando el uso de la violencia contra un gobierno que consideran ilegítimo, y con eso permitiendo que las piedras se tiren “en su nombre”. Yo no sé cuántos kirchneristas tiraron piedras y quemaron tachos de basura el viernes directamente, y cuántos eran anarquistas, sospecho debe haber habido una linda mezcla, por ejemplo, es difícil determinar si Quebracho es o no kirchneista y si participó o no de los hechos, pero esa misma ambigüedad ya es un dato. Lo que más me interesa es que de los dos grandes grupos que participaron el viernes, el kirchnerismo y la izquierda dura tipo anarcos y demás, uno pone en juego votos y puede sacrificarlos, mientras que los otros no tienen nada que perder. Observo también que la responsabilidad de sus respectivos referentes y grupos de pertenencia es por tanto distinta: el kirchnerismo está jugando un juego ambiguo, un poco es parte del sistema y un poco no, los que voten al kirchnerismo todavía en octubre seguramente van a estar sometidos a esa ambigüedad.

    • Jorge says

      Estimado: Esta respuesta aclara mucho sobre el fondo de tu nota en TN. En estos términos, suena más imparcial y justo. Estamos en tiempos preelectorales y casi todos estamos mas sensibles que de costumbre. Cada frase en los medios o redes es asumida literalmente y de ahí a la violencia oral hay un nanosegundo. Saludos.

  4. Emilio Gaviria says

    Como el gobierno actual tiene perspectivas de ganar la elección próxima, no significativa por el número de bancas, sino por la segura defección de muchos “istas leales”, hasta que dejan de serlo y adhieran al cambio, el fascismo latente en la lucha por el poder recurrirá a todos los medios para incapacitarlo. El resultado hará saber a quién le convino la violencia organizada.



Some HTML is OK

or, reply to this post via trackback.