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¿El Centro del Nacional Buenos Aires ahora además apaña violadores?

Llenarse la boca de bellas palabras y actuar respetando y haciendo respetar los derechos ajenos son dos cosas bien distintas.

En las tomas de colegios de la ciudad eso ya hace tiempo que estaba a la vista. Los centros de estudiantes que las protagonizan se la pasan hablando de la defensa de la educación pública, pero la destrozan cotidianamente con tomas y otras medidas de fuerza con las que expulsan cada vez más gente hacia la educación privada. Encima son unos completos reaccionarios: vienen horadando por todos los medios a su alcance la poca voluntad de reforma de la que son capaces las autoridades, y la autoridad in toto en las instituciones que actúan, con el ridículo argumento de que ellos son los únicos que saben qué hacer para mejorar la educación y todo se resolvería si les hiciéramos caso, con lo que logran que emprender al menos algunos de los muchos cambios necesarios se vuelva más y más difícil y todo el sistema siga lentamente deteriorándose.

Es claro que su tierna edad no justifica su pretensión de erigirse en voces autorizadas sobre la educación que hace falta. Pero ¿los disculpa de tanta necedad y prepotencia? Para nada. La tolerancia de los mayores a sus actitudes, más todavía la complicidad y hasta el aliento que les brindan muchos padres, docentes y grupos políticos son evidencia de una irresponsabilidad imperdonable, mucho más grave que cualquier cosa que se les pueda ocurrir hacer a los centros de estudiantes. Pero ni esto ni ningún otro factor “ambiental” disculpa a dichas organizaciones ni a sus dirigentes: ellos entienden perfectamente el terreno en que actúan, juegan a conciencia con la extorsión y poniendo en riesgo bienes y espacios públicos. Tal vez algunos, con el tiempo, logren razonar y aprender de sus errores, pero también es probable que pequeños necios y matones se vuelvan, de grandes, reverendos psicopatones.

Encima ahora dieron un paso más: el Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires parece que ocultó una agresión sexual cometida durante los primeros días de la última toma, con la excusa de que la víctima no quería que se hiciera público lo sucedido y la implícita y más efectiva preocupación porque se pudiera desprestigiar su organización y sus acciones. En suma, su razonamiento habría sido más o menos este: ocultemos este abuso sexual, porque es más importante la lucha estudiantil, es decir, nuestro prestigio organizacional, que un “episodio desafortunado” y si hablamos del asunto le vamos a dar excusas a nuestros enemigos, “la derecha”. Más o menos como actúan algunos jerarcas de la Iglesia con casos de curas pedófilos. O vino haciendo por años el gremialismo con el Pata Medina y el Caballo Suárez, o el kirchnerismo y la izquierda con los De Vido y los José López de este mundo. Hay que reconocer que tuvieron mucho de donde aprender los chicos del CENBA.

Y la cosa no quedó ahí. Cuando el rector del Buenos Aires finalmente se enteró del asunto y actuó como debía hacerlo, protegiendo el derecho de la menor agredida, sin afectar su intimidad ni difundir su identidad, pero comprometiendo a la institución en su defensa, para apoyarla y en la medida de lo posible reparar el daño sufrido, el Centro de Estudiantes dio aun otro paso en su decidido rumbo al infierno: se escandalizó de la “operación de desprestigio” supuestamente montada por las autoridades y los medios. De nuevo el manual del Pata Medina y De Vido.

Dice el Centro que “apenas se supo de la situación, se resguardó la integridad de la estudiante, hablando con el abusador para pedirle que no viniera más a la toma para no generar una situación incómoda para ella” (SIC). Y se entierra más todavía queriendo dar explicaciones del ocultamiento: “Llevar el tema a las instituciones del colegio fue algo que siempre quisimos hacer (PERO NO HICIERON POR VEINTE DÍAS, QUÉ RARO). Es prioridad número uno para nosotros que el Consejo de Convivencia pueda tratar este tema. Nos apena que el Rector del Colegio y varios medios de comunicación estén intentando usar este reclamo con fines políticos de deslegitimar la lucha de los estudiantes de Capital”. No aclares que oscureces. Que es definitivamente lo que sucede con el cierre de la declaración: “Los abusos sexuales son producto de un sistema, un estado y, en este caso, un colegio, que avalan a un sistema machista y no se dan por falta de control, sino por la falta de concientización” En suma, la culpa la tienen el rector, Macri, los demás, ellos se lavan las manos. “El trato desconsiderado, como este, de las situaciones de abuso llevan a una menor denuncia de las víctimas de abuso por miedo a la exposición y las consecuencias que ésta trae”. Claro, ocultar lo sucedido es en cambio una excelente forma de promover la denuncia de la violencia sexual, falta que se feliciten a sí mismos por lo bien que lo hicieron.

El cinismo es una moneda que circula fluidamente en muchas áreas de la vida pública argentina, porque se la usó hasta el hartazgo desde el poder durante años, para lavarse las manos de todos los problemas y sacar el máximo provecho posible de las condiciones de privilegio conquistadas, a costa de los demás. Así fue que gestamos y promovimos a una generación de abusadores seriales, que lamentablemente siguen dando vueltas entre nosotros y seguirán haciéndolo hasta que logremos refrenarlos y reeducarlos. Esta gente del CENBA evidentemente es parte de esa generación, una pena siendo tan jovencitos.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 29/9/17

Posted in Política.


3 Responses

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  1. Emilio Gaviria says

    No se han aplicado las normas legales vigentes, quizás por la elección de octubre.

  2. JORGE says

    Estimado Marcos: Comparto casi todo lo que dice. Si me permite, agrego que esto de no querer mejorar la educación pública no es producto del kirchnerismo o de los nuevos revolucionarios. Para no ser cínico, debo recordar que en la decada del 80, cierta izquierda universitaria, priorizaba la lucha estudiantil antes que desarrollar la capacidad creativa de los estudiantes y/o profundizar el conocimiento de las ciencias. Es más, en ocasiones, recurria al bullying a quienes aspiraban a una mayor calidad en la educación superior. Si eso era duro de soportar para los jóvenes de entonces, me imagino lo que debe ser para los adolescentes que no concuerden con esa línea en época de redes sociales. Como en aquellos días, diferenciarse puede llevar al aislamiento, la amenaza, las sanciones, las descalificaciones. Y no es para nada agradable. Se lo aseguro. Saludos.



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