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Paradojas electorales: Macri debilitó su blindaje kirchnerista y al PJ conciliador

Las elecciones de medio término cambian poco del poder institucional. Así que, primera paradoja, Cambiemos ganó muy bien, pero su avance será más simbólico que efectivo si no logra aprovechar la ola para impulsar pronto cambios en las relaciones de fuerza en varias arenas concretas, negociación fiscal y tributaria, reforma política, etc. Está en eso, puede que lo logre si divide las mesas de negociación y no comete errores, pero tan evidente es que no ha habido un gran cambio de poder institucional que le conviene hacer todo eso antes de que se produzca el recambio legislativo, no esperarlo.

Claro que si se volviera a repetir el resultado del domingo 22 en 2019 entonces sí tendríamos un terremoto en la distribución de poder. El peronismo perdería varias gobernaciones, decenas de intendencias, como nunca antes los llamados “no peronistas” tendrían control del territorio, un gobierno con mayorías legislativas, una coalición fuerte y enfrente un arco de facciones peronistas muy debilitadas. Pero para eso falta.

Mientras tanto, el gobierno de Macri debe estar dándole vueltas a otras dos paradojas, y lamentándose de que el resultado que consiguieron el domingo pasado tal vez demuestre que “no hay bien que por mal no venga”.

Obvio que salieron fortalecidos y la oposición quedó golpeada, más golpeada de lo esperado. Pero también se generó el oficialismo un par de problemas nuevos, al debilitar a posibles o ya efectivas contrapartes en el peronismo moderado (a Schiaretti se sumaron en la desgracia sorpresivamente Urtubey, Peppo y Casas), dejar vivitos y coleando a los más duros para negociar (Verna y Rodríquez Sáa, además de los ya consabidos Insfran y Manzur) y debilitar seriamente encima a quien más ayudó al oficialismo hasta aquí, Cristina. Esos problemas a partir de ahora ¿se potenciarán o se pueden neutralizar entre sí? Depende.

Los más críticos del macrismo han venido insistiendo con que uno de sus recursos de poder ocultos, y menos legítimos, es la protección que le brinda la “corporación mediática”, periodistas y empresas de medios que como simpatizan con él o son beneficiados por él ocultan o minimizan sus defectos. Se ha hablado con insistencia en estos términos de “blindaje mediático”, dando a entender que el gobierno eran mucho peor de lo que parecía, culpa de esa manipulación.

Pero lo cierto es que han sido esos mismos críticos furibundos, sobre todo su rama kirchnerista más fanática, quienes cumplieron ese rol de blindar al gobierno. Y de un modo muy distinto al que ellos denunciaban: han sido tan ridículos en sus críticas, tan manipuladores y abiertamente sesgados o directamente fabuladores en sus denuncias, que provocaron el efecto contrario al que buscaban. Para la gran mayoría que los escuchaba era lógico concluir que el gobierno no debía hacer las cosas tan mal ni tener tan malas intenciones si quienes lo acusaban eran tan poco merecedores de confianza.

Eso fue lo que sucedió con el caso Maldonado. Claro que el Ejecutivo cometió errores en la investigación del caso. Pero quedaron velados detrás de una catarata de acusaciones delirantes respecto a un supuesto plan que habría llevado a una supuesta desaparición forzada, todo sostenido con alfileres en argumentos desopilantes como el de que un secretario de Seguridad estuvo esos días en Esquel preparando el secuestro, en testigos mapuches que cambiaron hasta tres veces su versión de lo sucedido, y organismos de derechos humanos convocando agotadoras marchas cargadas de ciego fanatismo, a veces con derivaciones violentas.

Fue también lo que sucedió con la discusión de la economía. Es cierto que el gradualismo tardó en dar paso a una recuperación de los niveles de actividad y de consumo, contra lo que el gobierno había esperado; pero cuando esa recuperación se produjo chocó no sólo con el cansancio en la espera de muchos ciudadanos, sino sobre todo con el discurso extremo de los opositores kirchneristas, y no sólo de ellos, según el cual medio país se estaría yendo al caño culpa de un tan salvaje como inhallable neoliberalismo de un gobierno de ricos y para ricos por completo insensible, que encima habría estado preparando una especie de bomba neutrónica de eliminación de pobres para el día después de los comicios. Un total despropósito, no sólo poco convincente sino piantavotos. Si hubieran matizado desde el comienzo su tono respecto al plan económico, que dejó sin duda bastante que desear en estos dos años, hubieran sido más creíbles ahora en matizar también un optimismo de “final del túnel” que igual no tiene forma de desmentir que el tiempo por venir va a ser muy complicado y probablemente costoso para los sectores de menores ingresos.

Así funcionó, en suma, la competencia discursiva en los primeros dos años de gobierno macrista: el oficialismo no hizo tanto por convencer a la sociedad de las bondades de sus decisiones e intenciones como lo que hizo la oposición más dura, que lo ayudó involuntariamente embelleciéndolo, mientras pretendía destruirlo. Y le proveyó una legitimidad extra, invalorable en este tipo de transiciones, al convencer a la gente que aunque no supiera muy bien dónde iba a terminar el proceso de cambio en curso eso no importaba demasiado porque de lo que no cabía duda era de que no le convenía volver atrás ni cambiar de caballo en mitad del río.

Muchos dicen que Macri tendría que haber evitado una confrontación directa con Cristina por este motivo, para preservarla como “enemiga ideal”. E incluso algunos se lamentan que el resultado en provincia no fue más parejo, para que ella sobreviviera en las mejores condiciones posibles, sin quedar muy aislada ni desacreditada ante el resto del peronismo. Como para que siga dividiéndolo y contaminando con su “blindaje” todas las críticas que él le planteé al oficialismo.

Pero tal vez esos objetivos podría el gobierno lograrlos por el otro saldo relevante de estas elecciones: el debilitamiento de los moderados del PJ con proyección nacional. Dado que Urtubey quedó golpeado, los problemas de Cristina para seguir siendo una voz gravitante en esa fuerza tal vez no sean tan graves.

Es difícil saber, pero lo más probable es que las cosas se compliquen de todos modos para un kirchnerismo cada vez más residual, y también en alguna medida para el gobierno. Sin un moderado con proyección presidencial como Urtubey al frente, la mesa de gobernadores igual va a mantener distancia de Cristina, pero con posturas de negociación más duras frente al gobierno. Pichetto y Bossio deberán escuchar más a Manzur, Insfrán y Verna. Y dado que la competencia interna por el liderazgo futuro será más incierta, puede que ese endurecimiento sea acompañado también por muchos moderados y sindicatos: la lección que han sacado de la votación es que estar cerca del macrismo no les conviene.

Por otro lado, lo que quiera hacer Cristina en el futuro puede que sea en términos prácticos bastante irrelevante. Así como su confrontación con Macri era inevitable, y lo mejor para que Macri pudiera inaugurar su ciclo político era que se resolviera lo antes posible, ahora el declive de la ex presidenta también lo es, por más que haya cosechado todavía varios millones de votos bonaerenses. Su capacidad de influencia en los procesos partidarios y legislativos pesará más que esos votos y tenderá a cero. En cuestión de días sus últimos dos recursos en la estructura del PJ, Espinoza y Gioja, serán desplazados, los intendentes bonaerenses migrarán en masa hacia la renovación partidaria. Podrán decir que se llevan consigo buena parte de esos tres millones de voluntades. Y en la bancada de diputados nacionales la votación por el desafuero de De Vido anticipó lo que se viene: el quiebre entre La Cámpora, que se quedará con sólo una parte de esas bancas, y el resto del arco peronista, que no tendrá destino claro si no logra converger en un espacio común.

El peronismo tiene tres desafíos por delante: aislar del todo a Cristina, recomponer la unidad del partido después de quince años de fragmentación, y construir líderes nuevos. Lo primero es lo más sencillo porque Cristina se hunde sola. Lo segundo creo que es ya parte de un acuerdo entre gobernadores, legisladores y sindicalistas. Lo tercero es lo realmente difícil porque también durante estos quince años el grueso del peronismo aceptó que sólo hicieran política nacional los Kirchner. Así les fue.

Ahora Macri tiene la posibilidad de conducir el país no tanto por la negativa, en espejo con todas las macanas que hizo el gobierno anterior y siguió haciendo Cristina en la oposición, sino por la positiva, con sus ideas y planes. Si lo hace bien no va a necesitar tanto del embellecimiento que le provea un enemigo ideal. Al contrario, estará en condiciones de competir con adversarios más desafiantes. Lo que alude al verdadero problema que necesitamos resolver como país, que mejore nuestra oferta política.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 29/10/17

Posted in Política.


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