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Boudou, víctima de su propia medicina. ¿El show debía seguir?

El escarnio público del que escapó De Vido se cebó con el ex vicepresidente Amado Boudou y tuvimos entonces el penoso espectáculo de una persona otrora poderosa arrastrada por el barro, fotografiada y filmada en el por ahora peor momento de su vida, de la peor manera imaginable. Faltó que alguien le hiciera los cuernitos o le metiera una zancadilla.

¿Somos una sociedad de salvajes que se abalanza sobre el que circunstancialmente cae en desgracia, pero no nos atrevemos a ponerle límites al poderoso mientras está vejándonos, atropellando de la manera que sea nuestros derechos hasta cansarse, o hasta que se le acabe la suerte?

Si esto es así, y parece la conclusión a la que han llegado varios analistas muy sensatos después del espectáculo que acompañó la detención de Boudou, no hay tanto que celebrar en que ahora caigan presos los ex funcionarios corruptos. Porque no sería señal de verdadero avance republicano, sino simplemente de que nos cansamos de un grupo de abusadores pero estaremos pronto buscando otros no muy distintos que los reemplacen, o disputándonos ese rol entre nosotros.

Es un aspecto importante de la cuestión y es preciso atenderlo seriamente. Igual que el de la prisión preventiva generalizada en este tipo de procesos judiciales. Es cierto que en algunos casos se justifica. ¿Pero vamos camino a que sea para todo el mundo y “por si acaso”? ¿Los jueces y fiscales están midiendo los procedimientos que aplican o están haciendo con los hasta hace poco poderosos capos kirchneristas lo que años atrás hicieron con ex represores, y en general suelen hacer con muchos delincuentes comunes simplemente porque son pobres y no pueden defenderse, o porque la policía lo pide para ahorrarse trabajo?

Personalmente no conozco suficiente los antecedentes de la conducta de Boudou ni los detalles de los procesos que se le siguen como para opinar sobre este último punto. Tengo sí la impresión que con De Vido y Sala la prisión preventiva está bastante justificada. Pero tal vez en este caso no.

Como sea, ni esta ni la cuestión del afán social por participar de escraches o al menos disfrutar con el espectáculo que brindan, el del señalamiento público y el daño a la dignidad y a veces los cuerpos de los señalados, no me parece que agoten la cuestión.

Hay también que considerar las peculiaridades desde el principio espectaculares del fenómeno Boudou. Su modo de ser y su devenir en la política y la escena pública argentina. Para entender la lógica que liga su ascenso y su caída.

Porque Boudou dista de ser el mayor responsable de la corrupción en Argentina. En una rápida comparación con otros de los recientes detenidos, salta a la luz que lo suyo fue amateurismo puro. Que compararlo con De Vido, por caso, es como comparar a Don Corleone con un carterista. ¿Lo disculpa? Para nada. Fue en todo caso un carterista puesto en la vicepresidencia de nuestro país, ejerciendo un enorme poder. Y aprovechándose de él todo lo que pudo, mientras duró la fiesta.

Pero por otro lado y por sobre todo Boudou fue el summum de la irresponsabilidad y el abuso de la acción dramatúrgica en la política argentina por parte del kirchnerismo. La construcción de un espectáculo y la entronización de una dimensión estética asfixiante en la comunicación estatal que permitía manipular al extremo el sentido de los actos de gobierno y sus consecuencias, relativizar o directamente anular los hechos y datos y por tanto la responsabilidad por las consecuencias de la gestión.

Estuvo claro desde el comienzo, desde sus tiempos en el municipio de la Costa, que se trataba de un artista frustrado devenido político por conveniencia y oportunidad. Se volvió así, ya en la ANSES y en Economía, un ícono de un nuevo tiempo y de una generación de jóvenes funcionarios que combinaban el desparpajo de la cultura descontracturada e interclasista del rock chabón, con los negocios turbios y el uso de cualquier argumento de ocasión para desestimar críticas y destruir a los adversarios, siempre cerrando sus intervenciones con una sonrisa amplia y una invitación a seguir participando o al menos asistiendo a la fiesta. ¡¡Good Show!! Y dejando claro que en su caso la fe proclamada a diestra y siniestra consistía en un guión de ocasión, tan útil como cualquier otro que pudiera embellecer su imagen.

Por eso, aunque como dijimos no fue un gran arquitecto de negocios mafiosos, fue sin duda una pieza esencial y muy gravitante del edificio de corrupción y malversación de la democracia que construyó el kirchnerismo. Junto a De Vido representan bastante bien las dos patas principales de ese edificio, los dos costados del alma que dio forma y sustancia al liderazgo de Cristina Kirchner, ella sí a la vez artista y arquitecta.

Nada de esto sirve para justificar lo que se hizo con Boudou en el momento de su detención. Pero sí para entenderlo. Él salió, tal vez debía salir y hasta debe estar íntimamente satisfecho de haber salido de la escena como entró, con las luces de neón iluminando su rostro, las manos, los ojos y los labios en un gesto teatral, porque el show debía seguir. No es eso lo que importa realmente para lo que los argentinos tenemos que hacer para aprovechar democrática y republicanamente la oportunidad que su descomunal torpeza y soberbia han generado: mostrar que no sólo podemos combatir el daño que nos han hecho ex poderosos, sino también el que siguen haciendo los que todavía en alguna medida lo son o pueden volver a serlo.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 5/11/17

Posted in Política.


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