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Al gobierno le convenía que Víctor Hugo siguiera

Igual que pasa con Cristina, nada mejor para el macrismo que tener adversarios tan poco convincentes.

Si los que te critican son indudablemente fanáticos enardecidos, fabuladores compulsivos, ideólogos de un populismo cerril, no hay forma de que convenzan, no digamos a los oficialistas, siquiera a los dubitativos. Ante la disyuntiva, la enorme mayoría optará por creerle al presidente y su gente.

Lo demostraron las últimas elecciones. Toda la machacona campaña sobre el caso Maldonado, sobre el “salvaje ajuste” que supuestamente se venía después de octubre, y sobre el “descomunal poder” que se decía iba a concentrar Macri, una vez que sumara respaldo legislativo a sus súper poderosos aliados corporativos y mediáticos, sirvió para muy poco. Al contrario, seguramente ayudó más bien a que el oficialismo disimulara mejor sus falencias: semejante cantinela debe haberle quitado credibilidad hasta a las críticas más módicas y fundadas.

La conclusión es que no tiene sentido buscar en el oficialismo la causa de las desgracias laborales del señor Víctor Hugo Morales. Como no la tiene tampoco buscar allí el origen de los recientes avances judiciales contra ex funcionarios kirchneristas.

Es claro que a Macri le conviene que el kirchnerismo se debilite, pero no tanto como para desaparecer. El mejor escenario que puede imaginar el presidente de aquí a 2019 es el de un peronismo todavía dividido, en que los moderados sean señalados por los opositores duros de ser cómplices y tibios. En un cuadro como ese, su reelección sería un paseo.

Según esta misma lógica, si alguien desde el mundo político pudo haber alentado o presionado a los jueces y fiscales para que fueran con todo contra Cristina y los suyos, lo lógico sería buscarlo del lado de ese peronismo renovado o moderado: es él el que necesita que Cristina no simplemente se debilite, sino que salga definitivamente de la cancha. De ese modo ellos podrían monopolizar el rol de oposición, y sacar réditos tanto en la cooperación con Macri, como en la diferenciación y crítica a sus decisiones que dejen más flancos flojos.

Por lo mismo, cuando V. H. Morales dice que al gobierno “su presencia lo incomoda” es además de pretencioso, falaz: nada mejor que tenerlo de vocero de los críticos. Es todo lo contrario: seguro Macri soñaba con que siguiera por largo tiempo donde estaba, complicándole la vida a quienes quisieran hilvanar un argumento opositor mínimamente razonado y sensato.

¿Por qué entonces salió despedido de su trabajo en C5N, como poco antes le sucedió a Roberto Navarro? Lo más probable es que sea una de las condiciones que está exigiendo el grupo empresario interesado en quedarse con los medios potencialmente rentables de Indalo, para tener más chances de volver a hacerlos tan competitivos como fueron en épocas de Hadad.

Es cierto que Navarro y Morales tienen todavía su público fiel. Pero ese sector de la audiencia está condenado a enflaquecer un poco cada día, igual que sucede con el kirchnerismo en general. Y en cambio el perfil de esos comunicadores militantes les fue horadando a los medios que les daban cobijo la capacidad de llegar a otros públicos, más moderados y diversos, que crecen en forma inversamente proporcional.

Se trata por tanto de una típica situación en que la lógica del mercado de medios se contrapone a la lógica de la polarización política, y que suele darse en todos los sistemas políticos más o menos plurales y abiertos. Es lógico que Steve Bannon tenga éxito en Estados Unidos en sitios de noticias militantes y en las redes sociales. Pero si Fox lo tuviera como columnista estrella perdería buena parte de su público. Fox lo sabe y ni locos lo contratan. Por más entusiastas que sean en su directorio de muchas de las políticas que impulsan los republicados y Donald Trump.

Lo mismo van a tener que hacer ahora C5N, Radio 10 y otros medios que deberán recuperar el equilibrio entre convicciones y competencia por la audiencia, y encontrar un punto adecuado para volver a ser actores relevantes, autosustentables y útiles para la democracia y el pluralismo en nuestro país.

Los kirchneristas van quedando cada vez más acotados en su influencia a los márgenes del sistema político, y creen tener buenos motivos para quejarse de que eso les esté pasando. Eran casi “hegemónicos” hace poco tiempo y ahora pierden un pedazo todos los días, ven reducirse sus espacios de influencia ante la indiferencia o hasta el festejo del resto del país, y es lógico entonces que imaginen que eso se debe a que alguien lo provoca, alguien se toma revancha y los está persiguiendo. En vez de pensar que tal vez lo que construyeron no podía durar, era demasiado inconsistente y dependiente del control del estado, demasiado contradictorio con la lógica de los mercados de la comunicación moderna, la competencia política abierta y la democracia pluralista.

Son estos finalmente los que se toman revancha. Pero de eso es absurdo que se quejen: los auto inculparía. Pues muestra que el penoso espectáculo de la descomposición al mismo tiempo política, mediática y cultural del proyecto kirchnerista del único que habla mal, muy mal, es de él mismo.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 19/11/17

Posted in Política.


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