Skip to content


Nuevo Libro: “El caso Maldonado”, de Marcos Novaro

El caso Maldonado

Una reflexión urgente sobre la acción de la Resistencia Ancestral Mapuche, los errores del gobierno y el papel de los organismos de derechos humanos.

Disponible el 5 de diciembre en todas las librerías

Entre el 1 de agosto y el 17 de octubre la sociedad argentina estuvo en vilo por la desaparición de Santiago Maldonado. Se lo vio por última vez con vida en un corte de la ruta 40 organizado por el grupo Resistencia Ancestral Mapuche y unos días después se instaló la hipótesis de que se trataba de una desaparición forzada a manos de la Gendarmería. Un testigo decía haber visto cuando lo golpeaban, lo subían a una camioneta y se lo llevaban.

En las semanas siguientes el caso alcanzó un voltaje inédito desde el retorno de la democracia. Marchas multitudinarias pidiendo por la aparición con vida, ataques a edificios públicos, un gobierno desorientado acusado de encubrir a los culpables, contradicciones en las declaraciones de los gendarmes, maestras en los colegios explicando a sus alumnos cómo los miembros de una fuerza de seguridad habían urdido el secuestro. Parte de la prensa daba por comprobado que así había sucedido, a pesar de que el testigo corrigió dos veces su declaración y que las investigaciones sobre la Gendarmería dieron resultado negativo. Hasta que el 17 de octubre el cadáver del joven apareció en el río y estas teorías se derrumbaron.

Como afirma Marcos Novaro, la muerte de Santiago Maldonado es una tragedia que exige un esclarecimiento judicial, pero el Caso Maldonado es algo muy distinto. Este ensayo urgente y brillante reconstruye y desmonta la fábula política en torno a la desaparición forzada. El rol preponderante de los organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, de connotados dirigentes kirchneristas y de periodistas y voceros cercanos, la cadena de errores del gobierno y la fractura de la sociedad. Con rigor, intensidad y mirada crítica articula el caso con la historia reciente y muestra cómo una muerte que no debió ocurrir se convirtió en motivo de una feroz campaña política. Pero además llama a un debate sin maniqueísmos sobre cómo pensar los derechos humanos en la Argentina, un tema demasiado importante para que se vuelva una causa perdida.

Algunos fragmentos

La tragedia de Santiago Maldonado, su muerte en las aguas del Chubut en el paraje llamado Vuelta del Río, dentro de la estancia Leleque, en un terreno en disputa entre la empresa Benetton y grupos mapuches, nos conmociona y nos llena de tristeza. Una persona joven vio truncada su vida en circunstancias por completo evitables. Llamarlo “accidente” puede que sea jurídicamente correcto, pero es apenas un consuelo: como en casi todos los casos en que se habla de muerte accidental, de haber actuado distinto él mismo y otros muchos involucrados, lo que sucedió ese 1° de agosto en ocasión de un corte de ruta y posterior desalojo por fuerzas de la Gendarmería hubiera terminado de muy otra manera. Debió terminar de otra manera. Nunca con una muerte tan absurda.
La muerte de Santiago Maldonado fue una tragedia. Pero el “caso Maldonado” es otro asunto bien distinto. No es tanto una tragedia como una fábula y, por sobre todas las cosas, una enorme trampa. El “caso” está hecho de esos dos elementos solidarios entre sí, la trama que se montó con un resultado inescapable en mente: había habido un crimen horrendo y había responsables bien definidos, y la trampa en que terminaron envueltos un conjunto de actores bien coordinados en el intento de hacerle un daño en lo posible irreparable a un gobierno que detestan. Y de pasada, porque iba inevitablemente de la mano, a varias instituciones del Estado y a las condiciones básicas de la convivencia colectiva.
En esta historia que aquí intentaremos reconstruir y desentrañar tuvieron un papel central los llamados organismos de derechos humanos. Fueron ellos los que cultivaron y difundieron la fe en la visión recién descripta, descalificando cualquier argumento en contrario. Y los que convirtieron a Maldonado en un desaparecido de Macri, la prueba final de que todo lo que pensaban de él era cierto.

Y finalmente se supo dónde estaba Maldonado. No era por supuesto el final que la sociedad y los involucrados en la investigación espera¬ban. Había muerto, en circunstancias que aún faltaba determinar. Su cuerpo fue ubicado por un buzo cerca del mediodía del 17 de octu¬bre, casi en vísperas de las elecciones. Flotaba casi totalmente sumer¬gido entre ramas y raíces muy cerca de donde lo habían olfateado los perros de Prefectura en el rastrillaje del 5 de agosto. En un lugar que efectivamente el 18 de septiembre había sido revisado desde botes y desde la costa. ¿Por qué no lo habían visto antes?

Pero cabía sí preguntarse: ¿qué clase de víctimas había ya a esta altura en el caso Maldonado? ¿Y quiénes eran sus victimarios? El Estado le falló no sólo al propio Santiago al responderle piedrazo por piedrazo, sino a la familia al tardar tanto en despejar la paja del trigo de las versiones y encontrar el cuerpo. Pero también les fallaron a todos ellos los organismos de dere¬chos humanos al colaborar en la fábula que sumó infinito dolor a la tragedia y contaminó y seguiría contaminando la memoria de un hombre y sus seres queridos. Y le fallaron por sobre todo a Santiago Maldonado y su familia los que él creyó amigos de la RAM, que lo dejaron tirado en el río, se desentendieron de su suerte y después de muerto siguieron usándolo para sus exclusivos fines.

 

Posted in Política.


0 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.



Some HTML is OK

or, reply to this post via trackback.