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Para Moyano todos somos igual de chorros

La clásica disculpa del corrupto que quiere que todos sean vistos como de su misma condición la formuló de dos maneras, a cual más curiosa.

Preguntado sobre la corrupción cristinista lanzó: “Todos los gobiernos han tenido esa deficiencia, hay gobiernos que se quedan con plata y le dan de comer a la gente con necesidades y otros que se quedan con plata y no le dan de comer a los que tienen necesidades”. En suma, que Cristina y los suyos afanaron no quepa ninguna duda, pero algo repartieron. La ex presidenta no debe haber quedado muy conforme con esa defensa.

Y a continuación extendió la homologación a los empresarios, a través de Franco Macri, y de sí mismo: si fuera preso dijo que le correspondería estar en la celda de al lado de la del jefe del clan Macri; dando a entender que sus crímenes son similares. Es decir, admitiendo implícitamente que los cometió, pero que lo disculpa el hecho de que son muchos los poderosos de este país que han hecho lo mismo que él.

El sincericidio parece ser una tentación cada vez más extendida para esta dirigencia sindical enfrentada a la vez un drama personal y uno político.

Como los Corleone de la película de Coppola, justo cuando creían haber completado su larga travesía para adquirir finalmente respetabilidad y sellar a cal y canto la historia familiar, de cómo se habían vuelto ricos y poderosos, los hilos sueltos de esa historia se complican y empiezan a ventilarse sus pecados, y sus hijos en vez de volverse gente respetada de la alta sociedad se convierten en víctimas de los crímenes de sus padres. Lo hubieran pensado mejor antes de empezar: meter a los hijos en estructuras mafiosas era algo que los buenos maleantes de antaño se cuidaban muy bien de hacer.

Y encima simultáneamente el poder de sus organizaciones se ve amenazado por los avances que desde distintos frentes practica un gobierno que hasta cuando se equivoca les saca ventaja y los va aislando cada vez más; aprovechándose de una crisis aguda del peronismo y del hartazgo con la corrupción que anima a la sociedad. Y en ese contexto con los únicos que encuentra esta dirigencia gremial sintonía es con los que están peor que ellos, los que ya están presos, los que pronto pueden ser detenidos, los que han quedado fuera del juego político porque perdieron todo apoyo, los que van camino de esa situación.

Hace unos días Marcos Peña quiso diferenciar la situación de los Moyano de la que en opinión del gobierno caracteriza a Barrionuevo. Según esa versión, el gastronómico nunca ha sido muy confiable que digamos, habla solo por sí mismo y no es por tanto alguien que merezca mayor atención de parte del gobierno; en cambio Moyano sabe golpear pero también negociar, cumple los pactos y representa a un sector amplio del gremialismo, así que no hay que descartar volver a sentarlo a la mesa. Pero poco después el camionero y su hijo Pablo fueron imputados, se conocieron más datos sobre su participación en los delitos denunciados en el Club Independiente, y debe haber pensado que las palabras de Peña eran parte de un juego distractivo mientras se avanzaba en la cruzada por destruir a su familia; ignorando la más probable explicación, que ni Peña ni nadie controla ya el ritmo ni el tono ni el impacto político de las denuncias que se ventilan.

¿Pasará a la acción, concretará la amenaza de protestas y movilizaciones que enturbien el verano y escalen las tensiones en el inicio de las paritarias? Es probable, pero también es probable que no le alcance con eso para refrenar ni su aislamiento político ni sus problemas legales. Estos tienen su propia dinámica, fruto de que “la familia” dejó demasiados cabos sueltos a lo largo de los años, y de que ya nadie sabe si funcionan todavía o no los pactos de protección de antaño. Así que sólo le queda el poder de choque, por donde empezó. Y con eso solo, estando tan expuesto, no es mucho lo que va a poder hacer.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 26/1/18

Posted in Política.


One Response

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  1. Emilio Gaviria says

    Desde que se asentaron los conquistadores hasta ahora, el “todos son chorros” se encuentra internalizado en los habitantes, sin distinción de clases. Creencia-realidad que se construye a sí misma todos los días. Coincide con una apreciación judicial asentada: “todos mienten”.



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