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Explosión de derechos de la mujer: el cambio que Cambiemos quiere pilotear

Como se ha dicho ya, la cuestión no la impulsó la política, más bien ella se cansó de ignorarla. Incluso durante la larga década de la “ampliación de derechos” y los ocho años de presidencia de “avanti morocha”, ahora mejor conocida como dominatrice y puteadora serial y menos que nunca un modelo a seguir.

Fue la sociedad y fueron en particular muchas mujeres las que cambiaron. Dejaron de considerar aceptable lo que hasta hace poco se naturalizaba, que el aborto se practique en todos lados pero sea ilegal, por tanto inseguro y caro, que las mujeres ganen menos que los hombres y no puedan ascender a posiciones directivas en las empresas, que si una mujer es golpeada o amenazada por su marido o pareja tenga que elegir entre bancársela o correr riesgos aún mayores para denunciarlo o abandonarlo.

Indicios de esos cambios ya se venían acumulando desde hace tiempo. Uno de ellos y muy sorprendente es el aumento geométrico de las denuncias sobre violencia de género que viene registrando el Indec desde 2013. En cuatro años el número casi se cuadruplicó.

¿Puede que algo influya que la situación al respecto está empeorando, porque los varones machistas se desesperan por preservar su privilegiada condición y recurren más que antes a amenazas, humillaciones, golpes, en ocasiones también a una violencia de mayor escala? No hay que descartarlo. Es lo que suele suceder en las transiciones, y estamos sin duda atravesando una en este terreno: las reglas previas ya no son seguras, no garantizan obediencia ni sometimiento, y todavía no son aceptadas suficientemente nuevas reglas, y entonces las posibilidades de conflicto y choque crecen.

Pero mucho más influye sin duda que cada año que pasa las víctimas estén más dispuestas que antes a denunciar su situación y a sus victimarios. No es casual tampoco que ello sea más marcado entre las mujeres jóvenes (las menores de 40 concentran más del 60% de las denuncias), y en las clases medias (las que tienen más recursos para enfrentar el problema y desafiar el orden tradicional, encontrar apoyo institucional y de su entorno, proveerse de un sustento autónomo, etc.).

Otro indicio del cambio es lo sucedido en el ambiente del espectáculo, donde una catarata de denuncias solo comparable a la que se observa en Hollywood en estos mismos días está demoliendo el prestigio y liquidando la carrera profesional de una gran cofradía de abusadores que hasta hace poco se movía cómodamente detrás de un sólido pacto de silencio. Ante lo cual suceden dos cosas aún más sorprendentes. Por un lado, dinosaurios que pasaban por simpáticos especímenes quedan en evidencia cuando se atreven a hablar con mínima sinceridad sobre lo que piensan de sus congéneres femeninas y sus derechos. Y por otro, y más importante aún, el estigma que tradicionalmente agobiaba a la víctima que se reconocía como tal, y actuaba como principal desincentivo para la denuncia, tiende a desaparecer, porque sanamente se asume que el problema no es ella, son el victimario y el ambiente que lo promueve o tolera.

Es este nuevo contexto social el que ha empujado al gobierno de Macri a proveerse de una agenda de cambio en temas de género, un poco tarde, un poco a los apurones, pero finalmente con bastante olfato y sentido común. En esa agenda hay cuestiones que parecen poder avanzar con cierta facilidad, como la promoción de mayor igualdad en las empresas y en relación a los ingresos. Llevará tiempo de todos modos que las reformas al respecto se vuelvan efectivas y exhaustivas, pero no es este un terreno en que Argentina esté tan mal, por un lado, y es el campo que el gobierno conoce mejor y donde la política ofrece menos resistencias.

En segundo lugar, están las cuestiones que no se sabe si el gobierno quiere o no que avancen, entre las que descuella claro la despenalización del aborto. El tema divide a la coalición oficial, en particular a la dirigencia y la base electoral del PRO, que un poco aspira a que Argentina se parezca cada vez más al mundo desarrollado, liberal, moralmente relativista y distante de las tradiciones religiosas, y otro poco busca preservar sus raíces conservadoras, confesionales y los principios de orden y autoridad asociados. Como sea, el debate va ganando intensidad y también por tanto gana crédito en el gobierno la idea de que lo mejor que puede suceder es que algo se apruebe, probablemente un proyecto muy moderado y negociado, que minimice los motivos de conflicto. O en su defecto, que avancen iniciativas compensatorias: salud reproductiva, educación sexual en las escuelas, cosas que tal vez ahora los conservadores católicos estén dispuestos a aceptar como mal menor para no dejar pasar la despenalización. Si Macri logra timonear el barco ofreciendo estas alternativas, puede que la sangre de los disensos internos no llegue al río y el tratamiento de la cuestión arroje un saldo positivo de cambios “a medio camino”.

Recibiría en pago dos grandes beneficios extra. Se relativizará la acusación de que él sólo quiere “limitar derechos” por ser autoritario, de derecha y ricachón. Y que su única razón de ser ha sido pelearse con el populismo irresponsable de Cristina, y agotado ese enemigo no sabe muy bien para donde ir. Una nueva transversalidad se habrá inaugurado, y puede que sea una bastante más productiva que las que practicaron distintos grupos peronistas en el pasado.

por Marcos Novaro

publicado TN.com.ar el 8/3/18

Posted in Política.