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Macri y el peronismo aceleran sus cronogramas electorales

El oficialismo ya tiene su hoja de ruta: el plan es garantizar la reelección de los tres principales cargos que ejercen, en las figuras de Macri, Vidal y Larreta, y concentrar esfuerzo s en el interior seleccionando las provincias más fáciles de conquistar, Santa Cruz, Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, tal vez Santa Fe, Tucumán y alguna otra.

El anuncio se hizo la semana pasada en simultáneo con el relanzamiento del PRO, en una suerte de reconocimiento de los promotores de la “nueva política” a los albaceas de la vieja en cuanto a que finalmente las cosas seguirán siendo más o menos como fueron siempre: hacen falta candidatos en todos los pueblos, aparato territorial, maquinaria de fiscalización y un poco, aunque sea una pizca, de identidad partidaria para mover todo eso junto en la misma dirección. También se hicieron en la ocasión algunas concesiones a los aliados: se sabe que en varias de las provincias donde Cambiemos puede ganar en 2019 sus referentes más destacados son radicales, no se lo dijo expresamente pero se dio a entender que el PRO acepta esa realidad y no va a apostar por batallas imposibles simplemente porque los candidatos sean suyos.

Para no ser menos también el peronismo se lanzó a hacer músculo en estos días. Sólo que en su caso no hay una hoja de ruta sino varias, en competencia, y no está claro cuándo ni cómo se va a imponer una.

Encima las señales que la principal oposición recibe de la sociedad no son muy halagüeñas, y peor todavía, lucen contradictorias. Para empezar, porque la caída de imagen del gobierno no los ha favorecido, al contrario, también ellos caen: como si el hartazgo de buena parte de la sociedad con ciertos hábitos a los que está muy asociado el peronismo siguiera profundizándose pese a que quedó atrás ya la luna de miel con Macri. Lidiar con este “antiperonismo por cansancio” parece ser hasta más difícil que hacerlo con el “antiperonismo del resentimiento” que campeaba décadas atrás, y que hoy sólo cultivan los más fanáticos del macrismo.

Y el problema se agrava si se observa qué tipo de liderazgo está buscando el electorado que no acompaña al gobierno. Dos encuestas conocidas en los últimos días que muestran tendencias contrapuestas así lo ilustran.

Una consagra a Urtubey, gracias a su moderación, como el mejor candidato presidencial opositor para 2019. Aunque sacaría en primera vuelta menos votos que Cristina, que Massa y hasta que Rodríguez Saá, es el único que podría forzar un ballotage porque sortea la polarización y minimiza el voto “antiperonista” que empuja a Macri hacía arriba cuando tiene enfrente a cualquiera de los otros candidatos. Conclusión, a nivel nacional la moderación tal vez se termine imponiendo, y con ella el plan A de Pichetto y Urtubey, dejar fuera del armado a Cristina y su acólitos.

Pero la otra encuesta, exclusivamente bonaerense, da las señales opuestas. La imagen pública de Cristina cayó bastante después de octubre en la provincia, pero desde que en diciembre Macri entró en un cono de sombra se recuperó parcialmente. Conclusión, sigue funcionando la polarización entre ella y el presidente en el principal distrito del país, y por lo tanto Cristina podría todavía el año que viene bloquear allí los intentos del peronismo renovador por desplazarla y obligarlo a aceptar la “unidad de todos”, es decir la inclusión del kirchnerismo blanco o presentable en las listas, alguna forma de convivencia y competencia vías las PASO. La ayudarían los muchos intendentes que apuestan a renovar sus cargos y necesitan para ello candidatos nacionales y provinciales que al menos no dispersen más de la cuenta a su electorado potencial, que no repitan en suma lo que pasó en octubre de 2017. El presidente del PJ distrital, Gustavo Menéndez, trabaja precisamente para lograr esa fórmula tendiendo puentes entre massistas, randazzistas y kirchneristas. Por ahora con poca fortuna.

Pero lo más importante, ¿cómo compatibilizar la situación nacional con la de Buenos Aires? Ese será el gran dilema a resolver, y el sistema electoral vigente no ayuda, porque en muchos otros casos los gobernadores van a cortar por lo sano desdoblando elecciones, como vienen haciendo desde hace años; pero en el bonaerense eso no está permitido. El oficialismo sabe perfectamente, por otro lado, que la simultaneidad de los actos electorales en provincia y nación es el principal reaseguro para sacar el máximo provecho de la figura estelar de María Eugenia Vidal, igual que hizo en 2015: ella puede a la vez garantizar la reelección de Macri y el avance de Cambiemos sobre muchos municipios hoy en manos del peronismo, sumando votos tanto por arriba y por debajo con su nombre en la boleta.

Lo que nos conduce a una última cuestión: ¿tiene algún sentido en este marco insistir con el voto electrónico, o con cambiar las PASO?

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 15/3/18

Posted in Política.


One Response

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  1. HORACIO says

    ¿tiene algún sentido en este marco insistir con el voto electrónico, o con cambiar las PASO?
    El sistema electoral con la veda, la boleta de papel, la urna de cartón, las actas escritas a mano es vetusto y espantoso. Muy propenso al fraude y al curro. En la que están incluidos todos los partiditos estos, quioscos, que viven del negocio de imprimir la boleta. Hay una industria de la impresión de la boleta”. “Cualquier variante es mejor que la boleta de papel.
    “La política en Argentina cada vez es más cara, el sistema de la PASO la vuelve aun más cara, porque duplica todos los presupuestos. La enorme mayoría de ese dinero que se gasta es totalmente opaco, no hay ningún control.
    Fuente: https://pablorossi.cienradios.com/novaro-sistema-vetusto-fraude/