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Fellner, ¿el próximo beneficiario de la puerta giratoria?

La decisión del juez de Jujuy Isidoro Cruz de detener a Fellner no parece ser consecuencia de un avance de la megacausa de corrupción que se sigue en su contra, y que ya había generado varias prisiones preventivas contra funcionarios de segunda línea y algunos miembros de la Tupac.

Muestra más bien lo contrario: que hay poco o ningún avance sustancial. Se reitera así el juego de amagues y simulaciones que inauguraron tiempo atrás previsores jueces de Comodoro Py y aplicaron a ex funcionarios como Boudou, al empresario Cristóbal López y a varios más: como los encargados de los procesos no logran reunir pruebas materiales o documentales firmes, forzar testimonios, quebrar pactos de silencio ni nada por el estilo, por desidia o ineficacia, toman cada tanto medidas espectaculares para disimular, librarse de la sospecha social de que son tan corruptos como sus encausados, y ganar tiempo. Cuando la atención por estos casos disminuye o se presenta por algún otro motivo la oportunidad revisan esas detenciones, los reos vuelven a la calle, luciendo encima el galardón de haber “sufrido una detención arbitraria” y ser “víctimas de una manifiesta persecución”, y la vida continúa como si nada.

En el caso de Fellner el juez ha escrito, entre los fundamentos de la detención, que viajó más de una quincena de veces a Panamá en los últimos años, por lo que teme se fugue. Pero según su abogado esos viajes son de tiempo atrás y rige ya una restricción para salir del país que alcanzaría por sí sola para evitar el riesgo mencionado. No se entiende por qué ahora razona de otra manera el magistrado y hasta aquí lo había dejado libre. Tal vez lo hace por el mismo motivo que dice esperar que Fellner “declare y colabore con la causa para que se demuestre que es inocente”: no termina de entender que los que tienen que demostrar que no es inocente son el fiscal y él, que no parecen estar haciendo muy bien su trabajo si a lo que apelan es a detenerlo para que el acusado “colabore”.

En las investigaciones como la del Lava Jato en Brasil las detenciones preventivas fueron convincentes para romper pactos de silencio y convertir a acusados en colaboradores y testigos porque eran amenazas creíbles: los jueces y fiscales tenían pruebas suficientes para convertirlas pronto en sentencias firmes si los detenidos no cedían; así que al menos algunos de ellos terminaban haciéndolo.

Entre nosotros sucede lo contrario: después de lo que pasó con Boudou, Baratta, López y compañía pocos van a asustarse lo suficiente si se les aplica la preventiva; más bien optarán por victimizarse y esperar, en la convicción de que no hay nada demasiado firme en su contra. ¿Colaborar con el juez si lo suyo es puro bluff? No tiene sentido.

Y el resultado en el caso de los procesos contra la corrupción en Jujuy puede ser aún peor por otros motivos.

Pese al tiempo transcurrido desde que se iniciaron las causas en su contra, también Milagro Sala sigue en la misma condición de detención preventiva, solo se le han probado hasta aquí delitos menores. Es cierto que en su caso, por el carácter violento de varios de los crímenes de los que se la acusa y denuncias concretas de varias de sus víctimas respecto al uso sistemático de amenazas, el recurso a patotas, etc., la preventiva es bastante más justificada. Pero la pregunta que cabe hacerse es si lo que suceda con Fellner no terminará ayudándola a cambiar esa situación.

Supongamos que el ex gobernador pasa poco tiempo preso, lo que es bastante probable. Cuando salga ¿su caso no se volverá otro antecedente más, y uno mucho más cercano, al que pueden apelar los demás detenidos jujeños, incluida la jefa de la Tupac, para que también a ellos se los libere?

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 13/4/18

Posted in Política.