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Sturzenegger y Aranguren se pisan los callos con sus tasas y tarifas

El gobierno parece haber dejado toda la responsabilidad de lidiar con el problema de la inflación en manos de dos funcionarios que son duros en sus áreas respectivas, y las manejan con solvencia; pero ni explican bien lo que hacen ni logran que sus decisiones sean muy efectivas y los efectos colaterales se morigeren. Y encima esos efectos colaterales son contradictorios entre sí. Por eso terminan trabados en una disputa difícil de entender y sin salida a la vista.

El problema resulta no de la mala voluntad de ninguno de ellos, sino de un doble dilema temporal. Lo esencial que se puede cambiar hoy para que baje la inflación en el mediano y largo plazo, las tarifas, la hace subir en el corto plazo. Viceversa, el instrumento más a la mano con que se baja la expectativa inflacionaria de corto plazo, las tasas de interés, agrava el problema del déficit que enfrentaremos a la vuelta de la esquina. Y lo peor es que no hay otras opciones.

Para que la inflación sea controlada de raíz hay que bajar el déficit, eso nadie con sentido común puede negarlo. Y el modo más rápido e incruento de bajar el déficit que tenemos a la mano (si no se quiere echar mucha gente del Estado, bajar el gasto social, eliminar la obra pública, devaluar el gasto en su totalidad con un drástico cambio de la cotización de la moneda o alguna otra solución draconiana) es sin duda quitar subsidios y aumentar las tarifas. Pero amentar las tarifas en lo inmediata alimenta la suba de los demás precios. Así que el Banco Central se ve obligado a mantener altas las tasas, o a subirlas aún más. Y con ello no sólo se incrementa el costo de endeudarse y se resienten las inversiones y el consumo, sino que se engorda el déficit financiero del propio sector público, es decir los gastos que más adelante él va a tener que afrontar, y si no tiene cómo hacerlo, significarán más déficit fiscal. Y por tanto más inflación.

Por más que el resultado sea decepcionante, ¿el gobierno no puede hacer otra cosa más que lo que hace? ¿Está cometiendo nuevamente errores no forzados, incurre en mala praxis, o juega con las cartas que le tocaron y la pilotea lo mejor que puede? Tal vez la respuesta más justa sea que ni tanto ni tan poco.

Que hay algunos problemas de coordinación y de distribución del trabajo y las responsabilidades no puede ignorarse. Sería bueno, para empezar, que algunos otros funcionarios se esmeraran en acompañar el esfuerzo de los dos principales artífices de los disgustos, y no sólo en quedar bien con los beneficiarios del gasto. De esa manera no se terminaría pidiéndole tanto, demasiado, a las tarifas y las tasas.

Sería también de desear que los aliados se sintieran más parte de la gestión, para que ahora que las cosas pintan complicadas no se apuraran a lavarse las manos de las decisiones económicas, sobre las que es probablemente cierto que nunca se les pidió ni media opinión. Circunstancia en la que la respuesta que de momento dio el macrismo al reclamo de la UCR, que ella debería sentirse parte de la gestión en la materia “porque Dujovne es radical”, queda claro fue solo un mal chiste.

Más convendría valorar que al menos por ahora lo que esos aliados reclaman no pasa de ser moderado y funcional a los objetivos del Ejecutivo: en el proyecto que Elisa Carrió presentó en Diputados para indagar sobre las tareas de los entes reguladores y la gestión de las empresas de servicios no se habla de congelar tarifas ni de retrotraer aumentos, sino de asegurarse que el esfuerzo de los usuarios sea acompañado por el de los inmediatos beneficiarios de las medidas adoptadas, los que están ganando más que antes tal vez haciendo no mucho mejor las cosas que en el pasado.

Más que un choque del estilo “responsabilidad gubernamental” vs “demagogia y deslealtad” lo que hay en juego es la necesidad de superar el absurdo de que los legisladores oficialistas tengan que reclamar en las cámaras por algo que debería resolver, sin tensiones públicas y con capacidad para anticiparse a los problemas, alguna instancia de coordinación política, en el gabinete o entre los partidos, o en ambos terrenos a la vez, y que en ambos evidentemente está faltando.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar 18/4/18

Posted in Política.


One Response

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  1. Emilio Luis Gaviria Lareo says

    En la Argentina decadente los entes reguladores no han funcionado bien y el proyecto de Carrió para indagar sobre sus tareas y la gestión de las empresas de servicios es pertinente y a la vez configura una amenaza, bajo la forma de apercibimiento político, ya que no podrán justificar sus acciones.



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