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Macri cedió poco en tarifas, lo mínimo para fortalecer a Cambiemos

La señal de alarma se hizo oír. Tal vez un poco tarde, pero no tan tarde como para que la oposición sacara mayor provecho del malhumor social y de la “distracción” oficial.

Es que finalmente fue la propia coalición de gobierno la que debatió y habilitó una moderación del impacto de la suba de tarifas de gas. ¿Será suficiente para evitar nuevos cacerolazos y ruidazos en los próximos meses? ¿Tendrá de todos modos la oposición la oportunidad de volver a intentar una acción conjunta para hacerle pagar más costo político aún al gobierno? Está por verse.

Lo que lograron sonsacarle los radicales y lilitos a los funcionarios del Ejecutivo no fue mucho: se va a prorratear el pago del gas de los meses de invierno, algo que ya se venía haciendo parcialmente con ese servicio y con la luz. Igual, entre mayo y septiembre los aumentos se harán sentir, y se agregarán otros más.

Pero las cuentas públicas sufrirán sólo un módico perjuicio. Y puede que el tiempo haga su trabajo para disipar las resistencias y enojos de los usuarios. Por esa vía media, para usar las palabras de Carrió “transitando entre la intransigencia y la irresponsabilidad”, se minimizaron los costos a pagar y puede que el conflicto en vez de escalar se vaya desactivando.

Como ya sucedió en ocasión de aumentos anteriores, tanto en 2016 como en 2017. Recordemos, en el primer caso un año de recesión, en el que de todas maneras las protestas decayeron una vez que se habilitó el trámite de las audiencias públicas; y en el segundo caso un año de elecciones, en que una oposición muy dura y decidida hizo hasta lo imposible por capitalizar el rechazo a las medidas de ajuste, pero sin mucho éxito a la hora de contar los votos. 2018 ofrece en ambos aspectos evidentes ventajas: el módico crecimiento continúa, y en lo inmediato no hay llamado a las urnas.

De todos modos la coordinación tan rápida como imprevista que lograron los distintos sectores de oposición para movilizarse conjuntamente en el Congreso es probable que traiga cola. Porque les faltó muy poco para torcerle el brazo al oficialismo, forzando una sesión especial. Que aunque no pudiera votar ningún proyecto concreto sobre el tema (porque iba a necesitar 2/3 de los votos o un dictamen previo de comisiones, dos vías que no tiene a la mano) le permitiría cambiar la escena que hasta aquí ha logrado imponer el gobierno: una en que él tiene la iniciativa, marca el paso y toma las decisiones, mientras las dispersas expresiones de oposición, sin mucho para decir ni capacidad para recoger demandas sociales extendidas, reparten su tiempo entre pelearse entre sí y lamentarse de que Macri se salga con la suya.

Es esperable que ellas busquen entonces repetir el intento. Y se entiende que hasta los diputados que responden a los gobernadores, y puede que se sumen pronto los senadores de Pichetto, en este tema no tengan problemas en colaborar con los kirchneristas: el beneficio a alcanzar es demasiado tentador para andar con remilgos.

Por otro lado, la situación ha puesto bien a la vista el cambio de actitud registrado en la opinión pública. Un cambio que podría facilitar a su vez otro en la lógica de la competencia imperante hasta fines del año pasado, favorable tanto a la protesta como a los planteos de la oposición.

Hasta entonces bastaba que el gobierno blandiera sus dos argumentos básicos sobre las tarifas, “hacemos lo que hay que hacer” y “el problema es fruto de la pesada herencia”, para que los incrementos quedaran acotados como posible fuente de conflicto y rechazo. Finalmente, no había más que pasar el mal trago. Y por cierto que la disposición social a hacerlo pasar fue bastante extendida y duradera.

Pero desde que Macri ganó las legislativas y el kirchnerismo quedó relegado del foco de atención ya no es tan fácil resolver el asunto con esas fórmulas. Ahora la opinión, además de haber cambiado el acento en términos de responsabilidades, es más escéptica respecto a las ventajas de hacer nuevos sacrificios: mientras más habla Macri de que ya pasó lo peor y las cosas van para mejor, más argentinos pasan a creer que nada bueno nos espera de seguir como vamos. Es lógico que esta tensión estalle en el tema más complicado que tiene que resolver el gobierno, en el que el que las malas noticias no se patearon para adelante con deuda, ni se terminó de hacer el trabajo sucio.

Así las cosas, lo más probable es que pese a la “solución” que le encontró por ahora el oficialismo al tema, él siga en el tapete y haya nuevos rounds en que deberá enfrentar tanto a una opinión más enojada que antes, como a una oposición más coordinada y activa.

La noticia más alentadora para el gobierno, frente a este cuadro, es que en caso de enfrentar esos nuevos embates contará con la experiencia necesaria para coordinar mejor sus pasos, tanto entre el Ejecutivo y el Legislativo, como entre las distintas fuerzas que componen la coalición oficial.

La mini crisis vivida en estos días le enseñó a Cambiemos que hay desventajas en dejar afuera de las decisiones a parte de sus miembros, y que los disensos internos no necesariamente son un problema, pueden ser un valioso recurso si se utilizan adecuadamente: le permitieron en este caso que fueran sus socios disidentes, radicales y lilitos, y no actores de oposición, los que expresaran el malestar y lo canalizaran en una reformulación de las políticas en marcha.

Y enseñó también que a un gobierno en minoría en el Congreso le resulta fundamental tener canales aceitados de comunicación con sus legisladores, para anticiparse o por lo menos no reaccionar tarde ante los lances de una oposición que, por más dividida que esté, tiene siempre la posibilidad de ponerlo en aprietos con la fuerza del número.

Por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 19/4/18

Posted in Política.