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El gobierno empieza a contener la crisis

Varias fuentes de desgobierno se descontrolaron simultáneamente en una serie de eventos desafortunados al estallar la crisis cambiaria: la financiera, por la excesiva exposición a la fuga hacía el dólar, y la debilidad estructural de la coalición política, por la poca coordinación entre ministerios y con el Banco central y los límites de la tolerancia social al ajuste.

Algunos pasos que el gobierno venía dando y sobre todo unos cuantos que empezó a dar ahora para dejar de correr detrás de los acontecimientos le pueden permitir controlar esos frentes. ¿Alcanzan para salvar el gradualismo, su gabinete y su entera gestión? Falta mucho para decirlo.

Por lo menos, tras un par de semanas de andar a los tumbos, el gobierno empieza a tener una estrategia. De los tres problemas que tiene enfrente, el financiero, el político y el social, en los dos primeros parece haber avanzado a un principio de solución, y en el tercero tendrá más tiempo para encontrarla: con las paritarias recién firmadas los sindicatos tardarán en activar sus esperables protestas por el también esperable salto de la inflación. La cosa podría haber sido mucho peor.

El riesgo de caer en un remolino de aislamiento político se percibió en las últimos días no sólo en el Congreso, con la muy fuerte votación del proyecto de tarifas en Diputados, sino también en las encuestas, donde la imagen del oficialismo parece no encontrar un piso, e incluso en el frente interno, de donde surgieron varios despechados por maltratos recibidos en el pasado (Melconian, Prat Gay, Goretti, sigue la lista) que fueron más duros que los más duros opositores. Es una mala señal que te hayas ganado el odio de tus ex colaboradores, que si no a Macri al menos debería hacer reflexionar a su entorno.

En respuesta, la reunión con los senadores de oposición, salvo los del FPV que siguen respondiendo a Cristina, buscó recrear la escena que hasta fin del año pasado más convenía al Ejecutivo: aún con las diferencias por el proyecto sobre tarifas, gobierno y opositores moderados dejaron en claro así que ante un riesgo de ingobernabilidad económica van a cooperar, que son pocos los que quieren que el gobierno se hunda y en esta están aislados. Claro que se les podría preguntar a esos senadores de oposición si con el proyecto que les envió Diputados no se contribuye a la ingobernabilidad. Pero el presidente hizo bien en disimular esa ambigüedad y dejar el tema en segundo plano. Tratar de demorar su tratamiento parece que va a ser la estrategia a partir de ahora.

Al mismo tiempo, el presidente amplió la mesa chica que lo acompaña en sus decisiones políticas más importantes. La “mesa de los accionistas” de Cambiemos, como se la llamaba tiempo atrás, y que ahora va a incluir, además de a Vidal, Larreta y Peña, a Monzó y Frigerio, y a Cornejo y Morales. ¿Estará también Carrió o ella seguirá prefiriendo tener llegada personal a Macri y Peña? Todos los que cuentan con un activo político importante y manejan recursos e información crítica, del Congreso, del territorio y los partidos, obviamente deben reunirse en algún lado para compartir sus perspectivas y contribuir a las decisiones políticas del gobierno. Hasta ahora no pasaba y las mediaciones eran escabrosas. Por eso por ejemplo cuando Monzó avisaba “se viene una jugada de los peronistas en el Congreso” a veces el dato quedaba olvidado en los meandros de la Jefatura de Gabinete y no se reaccionaba.

El otro frente de riesgo al rojo vivo en estos días, el financiero, empezó a contenerse con la negociación con el Fondo, que parece va a obligar además a coordinar mejor los pasos entre los actores institucionales locales: el Banco Central finalmente escuchó de esa fuente lo que había ignorado de las muchas voces de la administración que se lo advertían, no tenía sentido vender dólares sin un criterio sobre el nivel aceptable de devaluación. Su independencia no puede significar descoordinación en medio de una crisis financiera, es preciso que las señales que unos y otros dan a los operadores no se contradigan para no alimentar aun más la incertidumbre. Así que finalmente tenemos algo parecido a un plan de contención, un dólar a 25 que el Banco puede defender, facilitó la renovación de Lebacs y no es incompatible con la negociación externa. Lo es claro con las famosas metas de inflación. Pero si algo quedó en claro con esta crisis es que haberse atado a esas metas al principio del mandato fue un grave error. Con el nivel de incertidumbre y la cantidad de trampas caza bobos que había que desarmar, encima ponerse un cepo con números muy exigentes de inflación futura fue una carga equivalente al cepo cambiario que se desarmaba. Sturzenegger, que fue el guardián más estricto de esas metas, ¿se va a acomodar a su ahora franco incumplimiento? De eso depende probablemente que vaya a seguir al frente del Banco Central.

Por último, el riesgo sindical. Al respecto interviene el costado bueno de haber tenido hasta aquí una meta muy exigente de inflación para este año. Y también, contra los que se rasgan las vestiduras por el supuesto “error del 28 de diciembre”, la enorme ventaja que ofreció el haberla corregido un poco en ese momento: gracias a ello pudo funcionar como techo de las negociaciones salariales. Y así, aunque el desempleo es hoy bastante bajo y la economía no está en recesión, la devaluación puede que no se traslade del todo y rápidamente a los precios. Recordemos que en 2002 lo que evitó que eso sucediera fue el masivo desempleo, que llevó a los gremios a preferir la preservación de las fuentes de trabajo antes que la del salario. Ahora tal vez cumpla esa función la tinta todavía fresca con que cerraron ya la mayoría de sus paritarias y que podrán revisar, pero más adelante. Mientras tanto, el gobierno tendrá tiempo de usar algunos otros instrumentos para frenar la propagación inflacionaria del nuevo tipo de cambio: seguir demorando aumentos de combustibles o nuevas alzas de tarifas y concretar algunas reducciones de impuestos.

¿Pasó lo peor, el Ejecutivo dejó de estar atrapado en el pantano que gestó la crisis y en el que por más ímpetu que pusiera en remar no avanzaba ni para un lado ni para otro? Puede que sí, aunque de momento lo único que podrá festejar es que pasó del dulce de leche a la crema chantilly: para que el barco vuelva a navegar falta bastante.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 15/5/18

Posted in Política.


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