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¿Gran Acuerdo Nacional? Sólo corregir cuentas que se hicieron mal

Como al gobierno nacional le venían reclamando que no exploraba lo suficiente las posibilidades de acuerdo con la oposición, entre muchos otros reproches recibidos en estos días, varios de ellos más fundamentados que ese, a sus capitostes se les ocurrió la idea de llamar a un “gran acuerdo nacional”.

En principio, a los deseosos de replicar el Pacto de la Moncloa la novedad debió sonarles como música celestial. Pero enseguida se desayunaron que el “nuevo GAN” (el original data de 1972) consistía simplemente en negociar el presupuesto del año que viene con la oposición legislativa y los gobernadores “para que compartan el esfuerzo de reducir el déficit fiscal”. Así que el entusiasmo es probable que se evaporara bien pronto.

Los que no mostraron ni un ápice de entusiasmo desde el principio fueron además los que más cuentan en este asunto, los destinatarios directos de la invitación. ¿Qué esperaban? ¿Gobernadores y legisladores peronistas van a estar deseosos de compartir esfuerzos y sacrificios, y sobre todo malas noticias para sus votantes, con quienes tendrán que enfrentar pocos meses después en las urnas y sueñan con dejarlos sin trabajo? Ni modo.

La desproporción entre el glamour del título y lo pedestre del contenido que se le pretende dar a la negociación presupuestaria deja en evidencia la urgente necesidad que muchos funcionarios sienten de hacerle un refreshing al marketing oficial. Que en el apuro se ve algunos de ellos creen puede despacharse con un par de ocurrencias. Mala idea: esta al menos no parece llamada a perdurar, ni ha conmovido el ánimo del público; tal vez porque igual que sucedió con su predecesor del mismo nombre, se olfatea que tiene pocas chances de fructificar.

Pero el tono épico de la convocatoria tiene que ver también con la necesidad de disimular que a lo que se invita a la oposición, y también a la sociedad, es ni más ni menos que a revisar acuerdos que sí se lograron firmar, hace pocos meses, bajo el influjo del “exceso de optimismo” que ahora finalmente el presidente admite lo llevó a errar, y prometer y repartir más de lo que era conveniente.

Sucede que el nuevo GAN no consiste en otra cosa que en borrar con el codo lo que se escribió con la mano en el pacto fiscal de fines del año pasado. Por el cual el gobierno nacional se comprometió a aumentar la coparticipación y devolver sumas millonarias que le reclamaban judicialmente muchas provincias, a cambio de promesas de reducción de impuestos que no se cumplieron. Más bien los impuestos provinciales fueron en la dirección opuesta. Por eso los gobernadores hoy pueden decir que el déficit es un problema exclusivo de la nación: sólo dos distritos tienen desequilibrio, casi ninguno está tomando deuda y el año que viene tampoco planeaban hacerlo. Esos mandatarios provinciales, ¿no pueden acaso presentarse como los más atentos a las necesidades sociales y al mismo tiempo como los mejores alumnos del FMI? No sería la primera vez que lo hagan y no hay que descartar que les de resultado.

Conclusión: fue una mala idea entregar plata contante y sonante a cambio de promesas en noviembre del año pasado. Puede que el equipo de Macri haya pensado entonces que de ese modo generaba certidumbre, y aseguraba su reelección. Pero lo que hoy se ve es que aseguró la de los gobernadores, la mayoría de ellos ubicados en la vereda de enfrente, y tal vez, si las cosas salen mal, hasta puso en riesgo su propio futuro y el de su coalición: ¿a lo más que puede aspirar Macri ahora es a un segundo mandato en que se repita la relación de fuerzas del primero?, ¿cómo algo así le permitiría lograr que las reformas avancen, si no lo ha permitido hasta ahora?, ¿simplemente por cansancio, por el paso del tiempo?

Lo cierto es que por ahora el gobierno no tiene otra que lanzar títulos y no puede hacer mucho más que ganar tiempo. Si para fin de año el crecimiento no se evaporó y las encuestas vuelven a sonreírle, tendrá la posibilidad de encarar una negociación dura en las Cámaras con la actitud de quien demostró tener razón. Aunque aún en ese caso la chance de seducir gobernadores y senadores aislados para descargar costos en el resto será limitada. De otro modo, deberá resignarse a ir a las elecciones ejecutivas del año que viene con lo puesto, y rezar para que la sociedad no opte por una salida que reproduzca más o menos en todos lados el statu quo. Que es lo que esta sociedad frecuentemente ha hecho cada vez que el miedo y la indolencia superan la disposición a hacer esfuerzos para cambiar.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 18/5/18

Posted in Política.


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