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La escena que deja la pelea por las tarifas ¿va a durar?

La oposición peronista dirá que defendió el bolsillo de los argentinos, o de una parte de ellos al menos, del ajuste de Macri, y que logró unirse y hacer pesar, por primera vez en mucho tiempo, su fragmentada mayoría legislativa, chocando contra un Ejecutivo insensible y que se niega a negociar. Todas buenas razones para creer que si sigue por el camino que abrió con su proyecto antitarifazo van a mejorar sus chances para 2019. Así que ¿por qué abandonarlo?

La gente de Cambiemos dirá para contrapesar que quedó demostrado que la oposición es irresponsable, que el país necesita disciplina fiscal y sólo el oficialismo puede proporcionársela, y que el presidente no se deja llevar de las narices por lo que digan las encuestas ni por cantos de sirena de supuestos opositores moderados que vienen con el cuchillo bajo el poncho, y se anima a tomar las decisiones que hagan falta por más difíciles que ellas sean. Así que también deben estar preguntándose en ese costado del ring: ¿por qué no seguir adelante con la misma fórmula?, mantenerse firmes, polarizar la escena (ahora no sólo con el kirchnerismo sino con el peronismo en pleno) y reducir al mínimo los espacios de negociación.

Como vemos, hay motivos para que ambas partes consideren que el cuadro que resultó de la batalla legislativa por las tarifas les conviene, y conviene proyectarlo hacía adelante. El peronismo porque impuso su número y su iniciativa, el oficialismo porque puso en juego el poder presidencial y su eficacia para mantener el rumbo y el orden vigentes.

A partir de esta valoración cabría concluir que lo más probable sería que la escena que hoy ofrece la política argentina sea más o menos la misma con que se trame lo que resta del mandato presidencial de Macri y se organice la competencia por su reelección o sucesión.

Sin embargo, las cosas son un poco más complicadas, tanto para el oficialismo como para la oposición.

Macri necesita fortalecer la confianza en que controla la situación política, aunque nunca llegue a ser del todo cierto y lo más que pueda aspirar es que las cosas vuelvan a ser más o menos como durante el año pasado o principios de este. De otro modo tampoco va a recuperar la confianza de los operadores económicos, y hasta el FMI empezará a dudar de que se cumplan las promesas que Dujovne y su gente están haciéndoles para que abran la billetera. Una más o menos amistosa y rápida negociación del presupuesto de 2019 es lo que el gobierno más necesita para que esa confianza se fortalezca, y no va a conseguirla si sigue tachando de chantas funcionales a Cristina a todos sus adversarios.

La oposición peronista, por su parte, difícilmente encuentre otro tema que pueda unir tan fácil y rápidamente a sus distintos componentes como sucedió con las tarifas, y a medida que se acerque el momento de tomar decisiones electorales irreversibles va a tener más motivos para relativizar esos temas y prestarle alguna atención a otros que los dividen. Por ejemplo el acceso a recursos que necesitan imperiosamente las provincias y los municipios, y no se asignan automáticamente con la coparticipación sino que se distribuyen políticamente en el presupuesto. O el aún más importante asunto de con qué mecanismos y amplitud va a elaborar una oferta electoral y seleccionar candidatos.

En escenarios extremos, sea porque las cosas mejoren sensiblemente, o porque empeoren mucho más, estos problemas y cálculos condicionales de oficialistas y opositores perderían relevancia.

Si la economía repunta fuerte hacía fin de año, el gobierno va a poder decir que hizo solo el esfuerzo para mantener el barco a flote, y que ni él ni el país necesitan mucha colaboración peronista para seguir adelante. Así que habrá algo de transa legislativa para juntar los votos mínimos necesarios para votar el presupuesto, pero con el número también mínimo de convidados y nada más.

Si en cambio la crisis se prolonga y agrava, y el gobierno consecuentemente sigue acorralado por las encuestas, serán los peronistas los que tendrán poco interés en negociar, coincidirán en mayor medida que en estas semanas en que hay que mantener la mayor distancia posible de Macri (que además tendrá poco y nada que ofrecerles y para repartir), y buscarán desactivar sus diferencias de cara al año electoral.

Lo que sucede es que el escenario más probable no es el que imaginan ni los súper optimistas ni el de los súper pesimistas. Es uno más bien gris, tal vez con algo de recuperación, pero con bastantes sombras y la persistencia de serias dificultades (inflación, baja inversión, presión sobre el dólar, etc.). Circunstancia en que tanto oficialistas como opositores encontrarán buenos motivos para dejar atrás el entuerto de las tarifas y delinear nuevas estrategias.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 31/5/18

Posted in Política.


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