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Macri, como la Selección, necesita ajustar expectativas

¿Con qué vara se van a medir los resultados del gobierno de Macri a fin de este año y en el comienzo de la campaña para las presidenciales del próximo? ¿Con la de sus promesas de meses atrás, según las cuales lo peor había pasado y teníamos por delante años de crecimiento sostenido e inflación a la baja? ¿O con la que nos hace ahora, que su gobierno está evitando y va a seguir evitando que caigamos al abismo reduciendo el déficit fiscal, y aunque tengamos que soportar tiempos duros debido a ese esfuerzo, poco crecimiento, devaluaciones e inflación bastante alta, todos esos son costos necesarios para que luego las cosas mejoren en vez de empeorar aún más?

Claro que el presidente tiene que resolver también muchas otras cuestiones: lograr un buen acuerdo con el FMI, alinear a su equipo y su coalición detrás de nuevas metas y un nuevo esquema de gestión, recuperar canales de negociación con peronistas moderados, mantener más o menos en caja a los gremios y varias más.

Pero puede que todo eso sea insuficiente si no logra que una porción importante de la opinión pública pase de manejarse con las expectativas que tenía a principios de este año, y que el propio gobierno ayudó a alimentar debido a lo que ahora llama su “excesivo optimismo”, y comience a organizar su vida con otras más acordes a lo que Macri y los tiempos que corren están en condiciones de ofrecer, que es mucho menos de casi todo.

La misma corrida cambiaria que dejó maltrecha a la gestión de Cambiemos la está ayudando a iniciar esta tarea: esas semanas de terror que pasamos entre abril y mayo nos pusieron ante la evidencia de que tenemos una economía muy frágil, que cualquier viento que sopla en el mundo llega a estas costas convertido en tornado, y puede dejarnos bastante más pobres de lo que éramos. Y mucho más pobres de lo que pensábamos que éramos.

Como se ve, la crisis cambiaria actuó en forma equivalente al tropezón del 6 a 1 que sufrió nuestra selección ante España un poco antes: nos obligó a dejar de pensar que éramos candidatos cantados a ganar el Mundial, y de sufrir ante los inestables rendimientos de un equipo mal coordinado y con varios puntos flojos, insultando inútilmente a los jugadores para que hagan lo que no pueden hacer, pasamos a disfrutar módicamente un apenas pasable partido con Haití y a rezar porque no hagan un mal papel y podamos asistir a algunos más de esos momentos mágicos de Messi.

El propio Messi ayudó y mucho a relajar la insoportable presión del “tráeme la copa” cuando afirmó hace unos días que “no somos candidatos”. En una muestra de realismo infrecuente y que nuestro exitismo futbolero le perdonó porque acababa de demostrar una vez más, por si hacía falta, que casi todo depende de él. Aunque el mismo Messi después moderó tanto realismo agregando que “en los mundiales casi nunca se da la lógica”.

¿Se puede esperar que en la economía y la política argentinas tampoco “se de la lógica”? Es bastante menos probable que algo así suceda aquí que en el Mundial de Rusia. La lógica económica es, en particular, difícil de esquivar. O mejor dicho, la esquivamos ya por bastante tiempo así que soga para seguir blufeando y estirando las cosas mucha no hay.

El esfuerzo que deberán hacer las autoridades, por tanto, para que se acomoden las expectativas es más inescapable, y les conviene mucho menos que a Messi hacer un voto por la buena fortuna. Después si las cosas no terminan saliendo tan mal mejor para ellas. Y para el país. Pero por una vez les conviene apostar al peor y no al mejor escenario.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 3/6/18

Posted in Política.


One Response

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  1. Emilio Luis Gaviria Lareo says

    Las campañas para presidenciales ya comenzaron desde hace tiempo, las crisis de todo tipo entre nosotros son recurrentes como el eterno giro de los astros y buscar al “salvador” político o futbolero. El deporte patrio se utilizará como distracción habitual, funcionó en la época negra militar, también con la despenalización del aborto, (que apoyo pero no a costa del pueblo). Con suerte en la pelota el gobierno puede zafar. A las cosas argentinos, dejen de declamar.