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El gobierno ahora celebra el dólar alto

“Si no puedes luchar contra él, únetele”. “Él” viene a ser en este caso el dólar alto.
Se trata de una conocida máxima del oportunismo político, que debe haber repiqueteado en la cabeza de más de un funcionario estos días en que el agitado mercado cambiario se cansó de torcerle el brazo a un gobierno desorientado.
Y, agotados los esfuerzos por detener lo indetenible, Dante Sica y Luis Caputo vendrían a ser los encargados de sacarlo de esa desorientación, convirtiendo la máxima mencionada en el nuevo criterio para ordenar la gestión económica.
Conclusión: no habrá vuelta atrás en el giro que las circunstancias y los mercados le han impuesto al programa de gobierno. Ya no se podrá usar el ancla cambiaria en la lucha contra la inflación ni como sostén de un peso sobrevaluado que apuntale el consumo doméstico.
Pero lo peor sería que dadas estas restricciones, el gobierno no saque provecho de las ventajas que pueden derivarse de la nueva situación, como ser el menor peso de la deuda en moneda local, las lebacs principalmente, y las posibilidades de crecer sobre la base de las exportaciones. Además del consabido efecto de licuación del gasto público, que simplificará la lucha contra el déficit.
Caputo desde el Central está iniciando el desarme de la bomba especulativa montada en los dos últimos años con las Lebacs. En lo que espera lo ayude y mucho la devaluación, por lo que se entiende que no esté muy interesado en retrotraerla, si es que algo así fuera posible. Es decir, va a tratar de convencer al resto del gobierno de usar los dólares del FMI para ayudarlo a desinflar ese globo, y no para desinflar el dólar. Si la devaluación en lo que va del año fue más del del 50% y el interés acumulado en el período por los tenedores de Lebacs fue como mucho del 20, se entiende que quiera actuar rápido en ese frente, antes que se vuelvan a acumular intereses.
En cuanto a Sica, fue aún más explícito en destacar las ventajas de un dólar a “28 o 29 pesos”: su premisa es que con ese tipo de cambio va a mejorar pronto la balanza comercial, que más empresas estarán en condiciones de exportar, con lo que se compensaría la caída que muchas sufrirán en el mercado interno, y que entonces se va a acortar la recesión que padeceremos en los próximos meses.
El nuevo ministro de Producción es de los funcionarios que creen además que el impacto en los precios de la escalada del dólar va a ser más acotado y sobre todo más lento que en previas devaluaciones, porque el gobierno no está alimentando la inflación ni la desconfianza en el peso por otras vías, como sí se hizo en 2014 (por medio del cepo cambiario y el crecimiento del déficit) y a comienzos de 2016 (con la corrección de las tarifas).
Sería posible entonces una estabilización parecida a la de 2002-2003, sin tanta pobreza y desocupación, con un tipo de cambio sostenido en bases financieras más sólidas y equilibrios de las cuentas públicas y externas que han estado ausentes desde mediados de la década pasada.
La primera pregunta es si el giro hasta aquí practicado alcanza para lograr ese objetivo, y la segunda, tan o más importante, si de lograrse será a tiempo para cambiar el ánimo social y permitir la reelección de Macri.
Sería la reelección de un gobierno muy distinto al que asumió y que duró hasta fines del año pasado. Nada de metas de inflación exigentes, ahí tendremos más gradualismo que antes. Y no habrá quedado mucho en pie de la idea de desactivar los demás problemas económicos postergándolos, negociando salomónicos términos medios, o distrayendo la atención con agenda alternativa, los papelitos del Mundial o lo que sea. Habrá quedado también muy poco del equipo técnico sin vocación política y con responsabilidades dispersas; él estará ahora plagado de funcionarios que además de pujar para ganar influencia sobre el curso general de la gestión, tendrán fuertes lazos con los sectores bajo su supervisión. En suma, un gabinete menos “de diseño” y más político, menos intelectual (sí, aunque suene paradójico llamar intelectual a algo prohijado por Macri) y con más calle y más grupos de interés.
Sería curioso que lo lograran. Una sorpresa aun para los pronósticos más optimistas. Aunque no es tan improbable como hoy puede parecer.
Cuando Macri inició su mandato se decía que el gradualismo, y en particular el muy tímido y lento ajuste de las cuentas públicas que encaró, estaban pensados para evitar una crisis y permitirle avanzar sin grandes conflictos. Y que eran la opción más razonable dados el triunfo acotado obtenido en 2015 y la minoría legislativa con que se tendría que manejar para la mayoría de las decisiones. Pero si la crisis igual estallaba iba a ser políticamente mucho más grave con ese planteo que con uno de shock, porque ella se produciría cuando ya no se pudiera achacar a la herencia, y se cargaría tal vez por completo a la responsabilidad de la nueva administración.
Bueno, eso fue precisamente lo que sucedió. La sequía, la suba de tasas internacionales, la activación de la oposición legislativa, los errores acumulados en la gestión monetaria, la confianza excesiva en un modelo de gestión que sólo servía en particulares circunstancias, todo eso y varios problemas más se combinaron infaustamente para complicarle la vida a Cambiemos cuando ya era mucho más difícil descargar responsabilidades en sus predecesores.
¿Cayó así el gobierno en la trampa del gradualismo que más temía? Un poco sí. Pero aun en este berenjenal, dada la persistente falta de alternativas, tiene margen para salir adelante. Lo que no tiene es margen para ensayar soluciones a medias y probar suerte.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 19/6/18

Posted in Política.