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Según Carrió, Macri peca de ingenuo, o de salame

Lilita está furiosa, cada vez más furiosa, por el avance del proyecto sobre despenalización. Al extremo de poner en problemas más y más serios a la coalición oficial, y someter al poder corrosivo de su verba al presidente. Justo en este momento en que si algo necesita el gobierno es cohesión y cooperación.

Ya cuando se dio media sanción al proyecto sobre el aborto en Diputados, Carrió amenazó con una ruptura. Y ahora, este lunes, en su intervención en “Desde el Llano”, apuntó directamente contra Macri, a quien desresponsabilizó de ese resultado, pero del peor modo posible: no dijo que haya mentido, pero sí que montó una operación oportunista, que encima se encamina al fracaso por la ineptitud, o al menos la ingenuidad, con que se la concibió.

De ser cierto lo que ella sugiere, el presidente fue oportunista al habilitar el debate sobre el tema sólo porque le aseguraron que fracasaría, especulando con que podría quedar bien con Dios y con el Diablo. Interpretación que abonó con la infidencia de una conversación reservada: “Yo lo llamé y me dijo: ‘Lilita, a mí me dijeron que iba a ganar el rechazo’. Cuando me enteré de la verdad me di cuenta de que hubo un error casi de ingenuidad”.

Y fue ingenuo según ella no sólo porque no hizo bien los cálculos, sino porque no advirtió que le regalaba “un penal sin arquero al kirchnerismo”. ¡Y todo porque no la consultaron!: “Hay un pecado de soberbia de algunos dirigentes del Pro, por lo menos en la Cámara, de ni siquiera preguntarte…. yo les hubiera dicho que La Cámpora se iba a hacer feminista de un día para el otro. Y así fue”.

La Cámpora se había plegado al Ni Una Menos y al reclamo por la despenalización bastante antes. Aunque de no mediar la decisión presidencial ese movimiento hubiera fracasado en su intento de habilitar el tratamiento del proyecto, el reclamo hubiera continuado, poniendo a la defensiva al gobierno también en este terreno. ¿Y para defender qué exactamente? ¿Las creencias de Carrió, que ni ella misma logra fundamentar? Cuando se le preguntó por sus razones contestó: “Soy antiabortista porque nunca lo pude resolver, lo estudié y es un dilema… es mi posición desde que tengo 20 años”. Fin del argumento.

Peor todavía: para cerrar agregó que “hay organismos internacionales que vienen por el control de la natalidad, quieren que los pobres tengan menos hijos”. ¡Le faltó gritar “fuera FMI” y completaba el collage! ¿Ignora Carrió que con muy distintas intenciones muchos países del mundo discuten y aplican políticas poblacionales, buenas y malas, más o menos respetuosas de las libertades y derechos según los casos, pero ningún organismo internacional promovió jamás, en ningún lado, usar el aborto con ese fin? ¿Qué fantasmas está queriendo agitar?

Hay quienes han defendido mucho mejor la posición contraria al proyecto de despenalización, por ejemplo señalando el riesgo de que se habiliten conductas aún más irresponsables ante el riesgo de embarazo, o llamando a mejorar la educación sexual, el uso de los métodos anticonceptivos y el sistema de adopción. Aún cuando hasta hace poco resistían esas políticas. ¿Por qué ese cambio? Precisamente porque se habilitó el debate. Que es lo que molesta a Carrió: que el tema se esté discutiendo.

Es curioso que así sea. Pero no del todo incomprensible. Carrió casi siempre se destacó por defender posiciones de principio. Indiferente a los resultados prácticos que se derivaran de sus actos. Y a veces, a la larga, esa conducta arrojó buenos resultados prácticos. Pero cuando se alió con Macri no lo hizo guiada sólo por una creencia o preferencia, sino también por un cálculo. Que resultó en principio acertado. Por un tiempo, desde entonces, se complementó bastante bien con el pragmatismo de Macri. Porque su activismo principista le marcaba la cancha a la tendencia del presidente a buscar atajos y salidas en apariencia más fáciles, como sucedió en varias ocasiones en temas de Justicia y transparencia, en el recurso a decretos en temas controvertidos y otros asuntos. Seguramente por eso se acostumbró a verse a sí misma como guía moral ya no sólo de la República, sino de Cambiemos. Y a imaginar que todos los “desvíos” del presidente cabía atribuirlos a la fragilidad de sus convicciones. Y es por eso que en el caso del aborto le cuesta entender que el problema es otro: salvo ella y algunos pocos referentes más del oficialismo, los demás, incluido el presidente, aunque no sean suficientemente progresistas para respaldar la despenalización sí son demasiado liberales como para oponerse a rajatabla a ella y entienden que si hay una demanda de cambio en este terreno de lo que se trata es de darle una respuesta moderada y responsable, no de mantenerla callada.

Por lo que se advierte está pasando en el Senado, pronto Carrió va a tener oportunidad de volver a encontrarse con el proyecto, en su rol de diputada de la Nación. ¿Va a actuar guiada sólo por sus convicciones o por lo que necesita su gobierno, y lo que quieren sus votantes, y lo que le conviene al país? ¿Interpretará que atender esas realidades sería oportunista de su parte, o lo que el pragmatismo le exige? Esperemos que esta vez contribuya a esa salida moderada y responsable que hace falta, y no a la mezcla de silencio y censura moral que hasta aquí nos ha ofrecido y sólo le es útil a sus personales preferencias.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 4/7/18

Posted in Política.


One Response

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  1. Martín says

    Un argumento de Carrió fue que en el norte se abusa de las hijas menores de edad de los empleados y que con legalización del aborto estas menores van a abortar por lo que va a quedar impune un delito. Pocas veces escuché algo tan ridículo, y Carrió lo repitió varias veces.