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Macri honra su promesa al campo por las retenciones. ¿Hace bien?

Hasta el Fondo Monetario sugirió suspender el programa de reducción paulatina de las retenciones que se viene aplicando desde diciembre de 2015. Pero el presidente prefiere reducir gastos a subir impuestos. Y más todavía prefiere chocar con el peronismo y hasta con sus propios colaboradores en ministerios y provincias, que faltar a la promesa hecha al sector que entiende es el núcleo de su coalición de apoyo, y el corazón del país productivo que él se comprometió a representar y desarrollar.

Claro que con esta opción corre riesgos extras a los que ya de por sí le impone la situación de crisis.

Los operadores financieros no creen que le alcance para cumplir su otra promesa, el recorte del déficit reduciendo gastos. Por eso aunque el dólar se mantuvo calmo en las últimas semanas, los bonos no se recuperan y la renovación de Lebacs y Letes es menor a la esperada. Aunque las tasas suban, sigue la desconfianza en la capacidad del Estado de poner orden en la economía y superar rápido la recesión. Muchos esperan más temblores. Y puede que más cambios en el gabinete.

Peor que eso, Macri corre también el riesgo de que el malhumor social se alimente aún más con la sensación de que el esfuerzo no está bien distribuido, y que la promesa de que “cada uno ceda un poco” se la llevó el viento. Según las encuestas ese es un flanco ya de por sí débil del gobierno: el 67% de los entrevistados por Opinaia cree que el ajuste se carga “en la clase media y los sectores populares”. Cuando los costos sociales de la crisis se hagan sentir en plenitud, ¿no se volverá insoportable la percepción de insensibilidad oficial, de falta de equilibrio en la distribución de la carga?

A favor de la postura del presidente hay sin embargo algo más que su propia terquedad. Que igual puede que esté haciendo su parte.

Primero, hay un aspecto puramente tributario a atender: está probado que a una reducción de retenciones al agro sigue un aumento de la inversión y la producción, y por tanto también a continuación un aumento de otras tributaciones, menos perjudiciales que las retenciones. Segundo, el sector está siendo castigado en este momento por la caída de precios internacionales, originada en la guerra comercial entre China y EEUU. Si se suman más impuestos puede quitársele aún más rentabilidad, muchos productores marginales dejarían de sembrar y la balanza comercial del año próximo se volvería aún más deficitaria de lo que ya es.

Y hay por último un aspecto programático y más de largo plazo a atender: Macri sabe que su gobierno es hijo de un fenómeno social y político que se consagró en las protestas de 2008, el surgimiento de un capitalismo con base en la extendida sociedad pampeana, que abarca áreas de buena parte de las provincias desde que se amplió la frontera agrícola, es socialmente más integrador y equitativo que la economía de las grandes ciudades, y mucho más que la de las zonas petroleras, mineras y fiscalmente dependientes, y además más democrático y modernizador, lo que reclama es un vínculo más transparente y productivo entre impuestos y representación política, y premiar a los sectores competitivos e innovadores en vez de a los cazadores de rentas y los más dependientes de protecciones, subsidios y demás cuotas de presupuesto público.

Ese capitalismo agrario y sus expresiones sociales, en suma, se parecen más que ninguna otra cosa al país que Macri desea, ¿como no serle fiel?

El problema es si el resto de los vagones que componen nuestra desigual estructura económica y sociedad empiezan a percibir que, para que la locomotora funcione se los va a desenganchar del tren del progreso. En esos vagones hay muchos más votos que en “el campo”. Habitan los grupos mejor organizados y con más capacidad de presión. Así que desatenderlos no es buena idea.

El peronismo y los mercados financieros saben lo que tienen que hacer si Macri no encuentra el equilibrio necesario para escapar a la trampa en la que está. Que es solo una más de las varias que tiene que desarmar en los próximos meses. Y mientras el tiempo corre. Una salida podría ser tal vez compensar la baja de retenciones con más colaboración para combatir la evasión, que es altísima en muchas actividades del sector. Pero para eso se necesitaría una gestión mucho más dinámica que la que hay en el área.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 15/7/18

Posted in Política.