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La crisis es fruto de errores pero también de aciertos de Macri

Está de moda decir que la crisis cambiaria y financiera que enfrentamos prueba que Macri hizo todo mal. Que se equivocó de cabo a rabo. Los economistas ortodoxos, por el gradualismo. Los progresistas, porque se entregó de pies y manos a la insaciable especulación financiera, y ahora para completarla, al Fondo.

Pero bien puede verse la crisis como resultado tanto de lo que Macri efectivamente hizo mal, como de algunas cosas que hizo bien. Y ver de ella entonces, por decir así, su mejor costado: que fue una señal (esperemos) capaz de prevenir males mayores.

Si se sigue este razonamiento cabría concluir que Macri y la Argentina están simplemente experimentando, es cierto que en condiciones de gran precariedad y de mala manera, (pero, ¿de qué otra manera se aprende?) las ventajas y desventajas de la economía de mercado.

Por ahora, lo que se ve son sobre todo las desventajas: como se desreguló el mercado cambiario, cuando hubo incertidumbre saltó el dólar y nada lo detuvo; como se volvió a financiar el déficit en el mercado voluntario de deuda, la desconfianza disparó también el costo de ese financiamiento y derrumbó la cotización de los bonos a niveles de pánico. En suma, nos expusimos a los mercados y los mercados nos contestaron que no confían en nosotros. Incluso sobrerreaccionando. ¿Fue entonces una mala decisión exponernos a esas señales, cuando esperábamos que la respuesta fuera otra?

Ojo, porque a la larga puede que se cosechen más beneficios que perjuicios de esa exposición, por efectos que por ahora mucho no se perciben, aunque ya existen.

El más importante de esos beneficios ya disponibles es la anticipación. El gobierno llevaba, hasta comienzos de este año, un curso que agravaba las inconsistencias: se endeudaba muy rápido y a plazos muy cortos, el retraso del tipo de cambio impedía aumentar las exportaciones y los altos costos en dólares desalentaban la inversión. Tras las elecciones de medio término quiso empezar a corregirlo, pero lo logró solo a medias o subestimó el problema. Y la perspectiva era que seguiría subiendo la presión tanto en la cuenta corriente como en el endeudamiento, con un Ejecutivo inclinado más bien a aguantar, primero hasta el Mundial, luego hasta la reelección, y después se vería hasta dónde. Así que los mercados hicieron su trabajo: dieron la señal de alarma. A consecuencia de lo cual, en vez de seguir por un camino que llevaba, muy probablemente, a alguna forma de estallido y cambio de las reglas de juego, se forzaron cambios dentro de las reglas de juego vigentes.

Puede sonar a un consuelo puramente especulativo, pero lo sucedido, visto desde esta perspectiva y más allá de sus costos inmediatos, es absolutamente decisivo para lo que en última instancia tenemos que aprender: encarar y tratar de resolver los problemas antes de que estallen.

Eso fue lo que no se supo hacer en los años noventa, y así llegamos al 2001. ¿Por qué se pudieron sostener tanto tiempo las inconsistencias de la Convertibilidad? Porque la regla del cambio fijo era un problema pero también una solución, generaba estabilidad “artificial”, proveía un recurso de gobernabilidad económica a la que todos los actores se acomodaban, aunque fuera para conspirar contra ella agravando los desequilibrios de fondo, la desconfianza en la moneda, la dolarización, y la fuga.

Tampoco se hizo en 2011: todo lo contrario, para evitar un cambio de políticas se cambiaron las reglas, y así nos fue. El problema nació del pecado más imperdonable cometido por los Kirchner: el retroceso a la economía bimonetaria por el regreso a la inflación, pese a que había sido domeñada con medidas consistentes y perdurables entre 2002 y 2004. Ese error absurdo, innecesario, necio y neciamente disimulado, condujo a varios más: desde 2007 la emisión monetaria y el creciente retraso del tipo de cambio fueron alimentando la fuga de capitales, y cuando en 2011 esta se volvió insostenible, en vez de devaluar, recuperar el equilibrio fiscal perdido y la posibilidad de financiar al Estado en fuentes legítimas, se introdujo el cepo y la prohibición de transferencias de capital. El sistema se mantuvo en pie, pero a costa de desequilibrios cada vez más agudos. De nuevo se gobernó la economía con instrumentos que agravaban a la larga los problemas en vez de resolverlos.

¿Macri está todavía a tiempo de darnos y darse otro destino? Hubiera sido mejor que encarara en serio la cuestión apenas pasadas las legislativas, que ganó no porque hubiera hecho todo bien, sino en gran medida por demorar lo que debía hacerse. De todos modos, en parte por las mismas razones que le permiten aún aspirar a la reelección, tiene a sus mayores aliados enfrente, y ha frustrado expectativas de una gran modestia y labilidad, el margen para que las reglas de juego establecidas subsistan aún existe.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 27/7/18

Posted in Política.


One Response

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  1. Pablo Diaz de Brito says

    Impecable la caracterización de las políticas económica K en el penúltimo párrafo. Ahora, en el último, decir que MM hubiese debido plantear la cuestión “pasadas las legislativas”… No, ya estaba muy avanzado el mal. Era en enero de 2016: cadena nacional, gráficos, se daba un diagnóstico crudo y realista y se pedía a la sociedad que aguante el tratamiento. Ajuste para todos, no solo para el sector privado vía inflación y despidos, como ha sido hasta hoy. Los mercados bajaron el pulgar cuando vieron que eso no se hizo nunca, ni pensaba hacerse, como dice Ud al inicio.