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Lucha de ideas: Avelluto y Rozitchner contra Sarlo y Abraham

Dos funcionarios-intelectuales del macrismo han salido en estos días al cruce de críticas muy duras que se le vienen planteando a su gobierno desde el mundo de las ideas. No es que al hacerlo estén promoviendo el debate intelectual, porque su gobierno no cree en esas cosas. Pero sí se han visto en la necesidad de volver a reivindicar que él tiene una orientación, e ideas que la fundamentan, aunque no se note ni se haga mucha alharaca en torno a ellas.

No parece ser una mala iniciativa, dadas las dificultades que enfrentamos, que alguien desde el poder diga que sabe hacia dónde apunta el barco. Si todo se reduce a recortar aquí y allá para achicar el déficit corremos el riesgo de perder el sentido, el para qué, y que se debilite aún más la esperanza de que llegue un día en que la situación mejore. ¿El ministro de Cultura, Pablo Avelluto, y el asesor presidencial Alejandro Rozitchner hicieron bien ese trabajo de mantener abierto el horizonte oficial? Veamos.

Sus contrincantes, a la distancia en el caso de Rozitchner, más directamente en el de Avelluto, fueron Beatriz Sarlo y Tomás Abraham. Dos referentes del progresismo local, aunque de tonos muy distintos, y con argumentos críticos también distintos sobre lo que ha venido haciendo Cambiemos.

La de Sarlo fue su enésima descalificación de lo que significa Macri: ahora pronosticó que el país que él va a dejar “será peor que el de Menem”, con más pobreza y exclusión.

Pero seguro que a los funcionarios-intelectuales del gobierno les molestó bastante más lo que dijo Abraham. No porque haya sido más duro, sino porque estuvo más en línea con lo que piensan muchos votantes desilusionados, esos sectores que su gobierno tiene sí o sí que recuperar para tener algún futuro: “yo quería un cambio, pero hicieron casi todo mal”. Directo a la quijada.

Abraham no es exactamente un macrista desilusionado, pero supo usar bien los argumentos de quienes sí lo son para dar fuerza a su planteo: confesó que en 2015 le “dio igual que ganara Scioli o Macri, no voté, no sabía bien. En realidad no me gustaba ninguno, pero después puse fichas a favor”.

Y lo peor fue lo que siguió. Usó el remanido argumento sobre la “bomba de tiempo” en contra de Cambiemos: “el kirchnerismo dejó un país absolutamente trabado pero no habían puesto una bomba como habían dicho (Macri y los suyos, se entiende). La bomba está ahora”. Según su razonamiento, ni el cepo, ni el déficit fiscal, ni la inflación acumulada y bajo la alfombra con el congelamiento de tarifas, ni el default ni ninguno de los otros regalitos que dejó el gobierno de Cristina Kirchner serían tan dañinos como se dijo, y lo son mucho menos que la deuda de corto plazo que acumuló Macri.

Es una opinión. Desde mi perspectiva, difícil de sostener: desarmar los desequilibrios y trampas que acumuló el kirchnerismo, y no solo Cristina, sino desde que Néstor empezó a manipular el índice de inflación y camelear con la deuda implicó sin duda una bomba de tiempo, que aunque no estalló vamos a seguir pagando por años. La deuda en Lebacs siendo pesada, y además muy mal manejada, ni se le acerca y es mucho más visible y sincera, está ahí precisamente para que Abraham y cualquier otro pueda contabilizarla y hablar de ella. Si a uno no le gusta, tiene un montón de alternativas para proponer.

Con todo, lo que no es discutible es que el argumento de Abraham, y también el de Sarlo, son por completo legítimos, plantean una discusión que en la actual situación al oficialismo hasta le conviene dar. Por eso no se entendió muy bien que la intervención al respecto del ministro Avelluto se haya orientado a descalificar a los emisores: un mal hábito que no es solo kirchnerista como se puede ver.

Según el ministro estos y otros referentes del mundo de las ideas no entienden lo que es Cambiemos, la transformación cultural que ha producido, fruto de su nostalgia y su escepticismo. Según él, son como los “peronistas del 45” a los que aludía Menem: “Se sostienen sobre la base de prejuicios que no son otra cosa que emociones tercas sobre cosas que no se conocen… la posición en ambos se basa en: ‘como no entiendo esto que está pasando en la política argentina, a esta generación o a estas personas que no vienen del mundo de la política, que no han estado en nuestras marchas, ni leyeron los mismos libros que nosotros, que son sapos de otro pozo’, los rechazo a priori”.

Bueno, si la idea de empezar una discusión descalificando al contrario es lo que Avelluto quería objetar, entonces debería haber seguido él mismo otro camino.

Por suerte Rozitchner fue un poco más refinado: diferenció pensamientos graves y livianos y consideró que el de Cambiemos es de este segundo tipo y por eso puede prescindir del pasado y afirmarse en el “deseo, en el presente, y desprenderse de los fantasmas y símbolos vacíos que nos impiden…. trabajar por la realidad”. A continuación volvió sin embargo a referirse a los “setenta años de fracasos” de los que cada vez más insistentemente viene hablando también Macri, para ampliar su mensaje sobre “la pesada herencia”. ¿Si eso no es uso del pasado qué es? Encima un uso que no se reconoce ni admite una discusión al respecto.

En resumidas cuentas: lo que tanto Rozitchner como Avelluto podrían estar necesitando es decir lo que dicen directamente frente a Sarlo y Abraham, y ver qué pasa. Tal vez no les vaya tan mal, ni lo que resulte sea tan poco interesante e innovador como ellos creen.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 29/7/18

Posted in Política.