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¿Por qué ni Florencia Kirchner deja en paz a Maldonado?

En octubre de 2017, tras el hallazgo del cuerpo del artesano tatuador y la autopsia que, con el aval de expertos aportados por la familia y entidades no gubernamentales, dictaminó la muerte por congelamiento y ahogamiento, sin violencia, muchos nos preguntamos qué iban a hacer los organismos de derechos humanos, los militantes opositores y demás promotores de la campaña de denuncia de la supuesta “primer desaparición forzada de Macri”. Algunos, los más optimistas, esperaron un mea culpa, una reflexión autocrítica, algún gesto de cordura. Pero no hubo nada de eso. Hubo insistencia, más hipótesis descabelladas, con las que ahora vuelven a la carga.

Alimentar la sospecha de que el Estado hizo algo que afectó los derechos de Santiago Maldonado es, a falta de toda prueba, el recurso que les queda a los sectores kirchneristas y de izquierda para no reconocer lo que ha quedado firmemente demostrado, de lo que no cabe ninguna duda: que ellos metieron la pata hasta el fondo en este asunto, de principio a fin, y siguen haciéndolo. Se tragaron las mentiras de los militantes de la RAM sobre gendarmes y vehículos llevándose a una persona, atacaron sin piedad a funcionarios y uniformados como si fueran genocidas, fantasearon con planes represivos ilegales traídos de los pelos.

Reconocer errores y atropellos propios, o siquiera que son capaces de cometerlos, es algo que repugna a esta gente, por su doble condición de víctimas eterna de “los malos” (los únicos y recurrentes victimarios) y dueños de la verdad histórica y moral.

Se entiende entonces que hagan hasta lo imposible para sostener su postura inicial en este asunto, contra toda evidencia. Y pese a que hasta aquí el tiro les salió por la culata: finalmente, como caballito de batalla para la campaña de las legislativas del 2017 fue un chasco total y absoluto. Pero lejos de desprenderse de él y dejarlo en el pasado, como cualquier persona pragmática hubiera hecho, o de revisarlo y reflexionar sobre los errores cometidos, como hubiera hecho gente además moralmente responsable, siguen levantándolo como bandera. La gran ventaja de hacerlo es que las banderas no invitan a la reflexión, ni a ser pragmáticos, convocan a la fe.

Ahora, a través de una película. Que se presenta como un documental, pero es pura ficción, propaganda maniquea recubierta de una impostura épica que es incapaz de conectar dos frases con mínima lógica.

Es que el relato que viene a sostener tiene bases tan poco sólidas en los hechos, que necesita ignorar absolutamente todo lo que se sabe del “caso Maldonado”, de los mapuches, de las disputas por la tierra, y de las políticas de seguridad. Se garantiza así que quienes ya creen en sus premisas encuentren, en este film y en todos los panfletos que lo antecedieron y los que le seguirán, su ratificación. Y tal vez un porcentaje de los que sospechan del Estado por costumbre y malas experiencias previas, porción muy numerosa entre nosotros, al menos crean que algo turbio él está escondiendo.

¿No es un poco loco que, tras quedar en off side en este asunto, insistan en querer “relatarlo”? Puede que lo sea, pero no carece de lógica. Insistir, machacar, mostrarse absolutamente convencidos de lo que dicen no es exactamente “mentir, mentir y mentir”, pero se le parece bastante y sus promotores esperan que tenga efectos homologables.

Ahora bien: ¿hay todavía incertidumbres y agujeros en la reconstrucción de los hechos que alimentan las sospechas? Sin duda que los hay. Pero un mínimo análisis desalienta las interpretaciones que se les pretenden dar. Veamos.

La primera de estas incertidumbres es qué es lo que pasó en la vera del río cuando Maldonado quiso cruzarlo y algunos gendarmes que llegaron a la orilla o a sus inmediaciones tal vez lo vieron, y lo amenazaron o lo agredieron de alguna manera. Supongamos por un momento que algo de esto sucedió. ¿No sería entonces esperable que esos gendarmes hubieran hablado de lo sucedido, al menos con una media verdad, que les permitía disculparse de los delitos gravísimos por los que se los estaba acusando? Si reconocían que lo habían visto en el río, terminaban en un santiamén con toda la historia de sospechas y búsquedas infructuosas. Así que el solo hecho de que no lo hicieran es una semiplena prueba de que no vieron nada, porque no estuvieron lo suficientemente cerca. Al menos no tan cerca como Lucas Pilquimán y tal vez otros miembros de la RAM. Que si vieron a Maldonado en el agua, pero no a los gendarmes.

Segunda cuestión entonces, ¿qué pensaron y qué hicieron los militantes mapuches? Se sabe que la gente de la RAM que estuvo en el corte de la ruta 40 hizo un rastrillaje en la costa del rio días después del choque con Gendarmería. ¿Para qué lo hicieron si no fue porque sospechaban que Maldonado no estaba en poder de esa fuerza, si no que había perdido la vida cuando intentaba escapar? Otro misterio a develar es qué pasó con la mochila de Maldonado. Pro los únicos que podían identificarla, dado que no tenía en su interior documentos, eran los miembros de la RAM. ¿No es lógico sospechar que fueron ellos los que la ocultaron, una vez que decidieron inventar la fábula de la desaparición?

Por último, se dice que es probable que alguien escondiera el cuerpo de Maldonado durante dos meses y luego lo “plantara” en donde lo encontraron. Pero ¿qué sentido podía tener que alguien lo preservara congelado y esperara tanto tiempo para librarse de él, y hacerlo además de esa manera tan pública, mientras el país entero lo buscaba, corriendo un riesgo altísimo para nada, pudiendo en todo caso hacerlo desaparecer para siempre?

Nada en el relato sobe el “crimen de Estado”, en suma, tiene el menor sentido. Le sobra fantasía y le falta, no digamos ya realismo político, siquiera mínima lógica. Pero, claro, no tiene sentido discutirlo con ellos. Es como querer que razone un fanático que ve aterrado que el mismo demonio se pasea impune delante de sus ojos.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 1/8/18

Posted in Política.


2 Responses

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  1. Alicia says

    Todavia son muchas las inconsistencias y muchos los silencios complices en torno a este caso… y hasta que no salgan todos a la luz para poder armar este complejo rompecabezas, el recuerdo de SM y las dudas sobre su fatidico destino arrojaran mucha mas tinta y se ensayaran muchas otras posibles respuestas. Tu ya has ensayado la tuya, no? Por que los demas no podrian tambien hacerlo? Right?

  2. Marcos Novaro says

    Estimada Alicia, es una forma de ver las cosas, efectivamente, no hace falta aclararlo, todo el mundo tiene derecho a dar su versión, pero si sólo se tratara de un pluralismo de versiones, la reconstrucción de la historia y la misma Justicia perderían su centro y razón de ser, no es así? Porque ese pluralismo tiene límites en los hechos, se puede dar cualquier explicación y “versión” de la represión ilegal durante la dictadura, pero el estado de derecho se afirma y consolida en la certeza de hechos demostrados, y el consenso democrático tiene límites, no es tolerado el negacionismo. En este caso sucede lo mismo, solo que quienes hacen el papel de negacionistas y horadan el consenso democrático y dañan el Estado de Derecho son algunos de los cultores de la memoria de la represión ilegal de la Dictadura. Es curioso, ¿no? ¿Por qué será que lo hacen? Tal vez porque aunque fungen de guardianes de esa memoria nunca entendieron bien de qué se trataba, solo era una forma de colocarse en una posición de superioridad moral que creen les sirve y alcanza para burlarse precisamente de los hechos, para molderarlos a voluntad. Con este caso y con la persistente guerra de versiones asociada a él es lo que quisieron hacer y siguen tratando de hacer, por suerte sin éxito y con el casi exclusivo saldo de su creciente descrédito. Saludos



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