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Cristina, coqueta y despectiva hasta el final

La ex presidente se vio forzada a responder, finalmente, las acusaciones en su contra. Abierta la tercera y decisiva etapa de la causa de los cuadernos, consistente en el arrepentimiento y la confesión de ex funcionarios, las balas ya no le pegan cerca sino que le dan de lleno, y la identifican como cabeza de la asociación ilícita que el kirchnerismo creó para saquear el Estado. Así que algo tenía que decir.

Pero pretendió hacerlo “con altura”, porque no va a renunciar al papel estelar que hasta aquí más la fortuna que el mérito le otorgó en la política nacional. Todo lo contrario: hará hasta lo imposible por estirar el guión de esa obra que coloca a todo el resto del mundo muy por debajo suyo.

Es que sabe que ya no va a poder convencer a muchos argentinos, ni siquiera a muchos de sus potenciales votantes, con el argumento de que la corrupción de las administraciones que llevaron su nombre es un invento de “los intereses concentrados y la prensa hegemónica” (¡¡qué ridículo suena ya ese lenguaje, visto el contubernio que el kirchnerismo promovió con los intereses más “concentrados” del país!!). Ni siquiera le va a alcanzar la más módica e infiel excusa de que no estaba enterada de lo que pasaba, porque el que se ocupaba de esos asuntos y estaba obsesionado con “la platita” era Néstor. Por eso mismo necesita más que nunca actuar como si todo este asunto le resbalara, como si la conexión con “su pueblo” dependiera de un lazo afectivo y espiritual trascendente al pedestre trasiego de billetes.

Como Blanche, la protagonista de Un tranvía llamado deseo, tiene mucho que ocultar así que se desespera por seducir. Para que no la veamos como la pintan quienes toman distancia, o definitivamente no la quieren nada, sino como ella supo lucir en sus tiempos de gloria. ¿Quién puede considerar a “su altura” a un remisero seguramente conmocionado por verla en pijama? ¿quién al funcionario de cuarta que se atrevió a meterse a husmear en su dormitorio?

El resto de su respuesta consistió en una serie de vaguedades y formalidades sobre el trámite de renegociación de la concesión de la hidrovía. Que ignoró alevosamente los puntos oscuros del asunto, ya señalados hace años por la Auditoría General de la Nación, y ahora confirmados por el empresario beneficiado con millonarios subsidios y nulos controles. Todo para confundir, enredar, y terminar bregando por lo que a esta altura es ya la última esperanza de esta gente, que la economía se vaya al demonio así se sepulta la investigación de sus crímenes:

“El evidente manejo extorsivo de la figura del “arrepentido” llevado a cabo por Bonadío y Stornelli, es sencillamente escandaloso, pero cuenta con el beneplácito de las más altas esferas del Poder Judicial, de los medios hegemónicos de comunicación y de este gobierno que ha provocado que nuestro país se esté cayendo a pedazos en medio de una verdadera catástrofe económica y social. Lo saben todos y todas”.

“Agoreros” era el calificativo que ella y su marido dedicaban a todos los que durante el periplo kirchnerista en el poder advertían sobre problemas que se escondían bajo la alfombra o pateaban para adelante. Ahora se queda corto para caracterizar el catastrofismo con que los k describen la situación y el futuro que nos espera y tratan de sacar provecho de las dificultades reinantes. En cuya gestación tienen una gran cuota de responsabilidad, encima.

Pero mas allá de los argumentos que pueda dar, de las excusas que encuentre en errores reales o aparentes de Macri, e incluso de la maestría con que busque sostener el efecto seductor que supo ejercer sobre la audiencia, lo cierto es que Cristina está en problemas, ellos se agravan cada día que pasa, y no hay protección política que vaya a salvarla.

Las novedades que arroja la causa no dejan de multiplicarse, de acelerarse y enfocarse en ella y su marido. En el espacio de unos pocos días se ha avanzado más que en los tres años previos en revelar los detalles y las responsabilidades en el sistema de coimas. Falta la prueba definitiva, dar aunque sea con una poción de los fondos sustraídos. Y puede que el financista de Néstor, Ernesto Clarens, abra esa puerta. Pero aún si no lo hiciera, no tardarán en encontrarse otras vías.

De allí la desesperación de buena parte del peronismo por obstruir los allanamientos, o al menos demorarlos. Salvo los muy fanáticos, ellos ya no creen ni se dejan seducir por la Blanche argentina. Están, en ese sentido, a un mundo de distancia de la relación que los dirigentes del PT mantiene con Lula. Sólo tienen miedo de lo que les espera si la dejan caer. Por sus perspectivas políticas y electorales, que empeorarían para la gran mayoría en lo inmediato. Y por el riesgo de que ya nada detenga las complicidades hacía abajo y en el territorio con el sistema de sobornos. Una cosa era que se investigara Hotesur, y otra muy distinta que todo el aparato partidario vuele por los aires si se prueba que sólo unos pocos de sus integrantes se abstuvieron de participar del festival de afano, extremadamente centralizado pero también extendido y distributivo, creado por el matrimonio Kirchner.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 19/8/2018

Posted in Política.


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