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El fracaso con el dólar golpea a Peña y Caputo

El jefe de Gabinete y el presidente del Banco Central alentaron a Macri a dar un paso en falso en el peor momento. Lejos de ser un episodio aislado, revela las debilidades que el gobierno no logró superar con los acotados recambios de junio. Cuando se supere la corrida contra el peso y avance la negociación del Presupuesto, un cambio más profundo de equipo, estrategia y comunicación parece inescapable.

Marcos Peña y Luis Caputo tienen en común ser personas muy talentosas y con mucho sentido común. Pero también comparten un déficit: sus talentos los llevan en ocasiones a subestimar las complejidades de la política y sobreestimar su fuerza de voluntad. No es por casualidad entonces que en lo que hasta ahora eran indiscutiblemente muy buenos estén fracasando, ante una crisis de confianza más desafiante y persistente de lo previsto.

Peña fue el artífice de un muy eficaz sistema de comunicación, que ya no comunica. Él mismo es víctima de este giro de los acontecimientos: dice algo y se entiende lo contrario. Acaba de lanzar la frase “esto no es un fracaso” y dio a entender justamente lo opuesto, en la última de una serie de intervenciones públicas fallidas. Hasta el mejor diseño fracasa si no se adapta a las circunstancias, y el diseño comunicacional y de gestión del gobierno ha venido resistiendo una necesaria adaptación ya durante demasiado tiempo.

Caputo es un brillante bróker, al que los mercados vienen torciendo el brazo una y otra vez hasta exponer y extremar todas las debilidades que reviste su nuevo rol, el de guardián monetario en un país en que nadie cree en su moneda. Descubrió tarde que no es lo mismo estar de uno que del otro lado del mostrador.

Puede que el costo reputacional para ellos no sea irreparable, pero por de pronto están siendo señalados como responsables inmediatos de una situación que debió haberse evitado, y en particular de un costo que debió habérsele evitado al presidente en términos de confianza y credibilidad de su palabra, justo cuando esos recursos son más escasos y necesarios. ¿Podrán seguir adelante y volver a colaborar en las soluciones, en vez de agravar los problemas? Probablemente dependa de las lecciones que extraigan de este entuerto y lo dispuestos que estén a cambiar sus diagnósticos y estrategias.

También son los artífices, junto al propio presidente, de la idea general con que hasta aquí el gobierno de Cambiemos encaró la crisis: “ella va a pasar, y cuando la situación mejore vamos a poder decir que estuvimos solos en las malas y solos encontramos la salida, porque nadie más puso el hombro”. Como decir: nosotros gobernamos, y mientras los demás “flan, flan, flan”.

¿Está tan solo y es tan incomprendido el gobierno de Macri en el país del populismo irresponsable y los adoradores de Ravana como para que tenga que tirar la moneda a ver si sus exclusivas fuerzas le alcanzan para salvarse, o se hundirá del todo?

Puede que así se perciba desde la Casa Rosada, y que ahí estén pensando que la batalla cultural la ganó el populismo y tienen que remar contra la corriente. De allí que la única iniciativa comunicacional que han tenido en los últimos tiempos haya consistido en quejarse de los quejosos. Lo que como ocurrencia chistosa estaba bien, pero convertido en salvavidas de una comunicación gubernamental inefectiva terminó en gestos un poco grotescos.

Y sobre todo, innecesarios. Porque la política sigue dando un marco de estabilidad, que resiste bastante bien, al menos hasta aquí, los embates de la inestabilidad económica. De esos factores de estabilidad política cabe mencionar dos.

Primero, la amplia disposición a tolerar el ajuste. ¿Cuándo se vio que la moneda se devaluara 70 u 80 % y no pasara nada, ni las autoridades se vieran en la necesidad de cambiar las reglas económicas vigentes, ni se desatara una ola de protestas que forzara cambios más drásticos en el gobierno? Ni siquiera hay resistencias a pagar las tarifas, y eso que el malhumor está muy extendido, que es lo menos que se podía esperar. Buena parte de la opinión pública acepta la premisa oficial de que es necesario ajustar el gasto público, lo que también es toda una novedad.

Segundo, la competencia política vuelve a apuntalar más que a debilitar al oficialismo, y a acercarle socios colaborativos; todo lo que tiene que hacer es no espantarlos. En parte fruto de la misma crisis económica, en parte de la investigación de los cuadernos, Cristina Kirchner ha vuelto a ocupar el centro de la escena y monopolizar el espacio opositor. En el peronismo llamado racional ya no prospera la idea de una tercera vía que “absorba y digiera” al kirchnerismo, porque el resultado de acercarse a él, como intentó Felipe Solá, es indefectiblemente el opuesto. Y se teme que la provincialización salve a medias esa situación: los gobernadores puede que sobrevivan, pero ¿se resignarán a perder muchas de sus bancas de diputados y senadores nacionales?

Ante estas perspectivas, las mayores dificultades económicas no dificultan sino que en alguna medida alientan a colaborar en una salida: no un gran acuerdo nacional, pero sí un pacto para sacar lo más rápido posible el presupuesto y moderar la confrontación. Los sindicatos están mostrando el camino: decidieron un paro, pero sólo después de que Moyano rompiera con la CGT y con miras a evitar que arrastrara consigo a otros gremios. Todo un gesto.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 30/8/2018

Posted in Política.


5 Responses

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  1. Elena says

    A peña y a caputo maybe, pero más a vos, a mí a mis estudiantes, a mi vecino… y en un clima de odios cruzados estas novedades me inquietan mucho-

  2. Sonia says

    Estimado Marcos:
    Entiendo que la semana pasada no sólo se ha devaluado el Peso pues estimo que el periodismo también se ha depreciado. A mi parecer la mayoría de los analisis de los medios acompañaron la gestión gradualista en lugar de hacer un análisis critico de la viabilidad de tal idea. Pareciera que la prioridad de tan noble profesión fue reforzar la acción de la Justicia en su búsqueda de inculpar con fundamento el pasado kirchnerista desde Ricardo Jaime a la fecha. Si el nuevo discurso resulta similar al del crecimiento invisible, lamentablemente el populismo puede volver. Aprovecho la ocasión para recomendarle en Netflix el film Milada. Trata la vida de MIlada Horáková, una abogada y política checa víctima de los procesos políticos de los años 50 en Checoeslovaquia. Saludos.

  3. Marcos Novaro says

    Estimada Sonia, seguramente me incluye tu crítica a los que confiaron demasiado en el gradualismo. Lo que es seguro, él necesitaba para funcionar que se afinaran los detalles, se anticiparan los momentos críticos y se hicieran todo lo rápido posible los cambios que no se iban a postergar. Pero bue, se confió demasiado en el financiamiento, eso no cabe duda, sobre todo después de octubre de 2017, que fue la mejor ocasión para dar un volantazo. Pero no creo que el problema principal haya sido confiar en que si avanzaba la Justicia los problemas económicos iban a importar menos. Fue en todo caso más grave que eso: el exceso de optimismo de que habla Macri nubló un poco el juicio de todo el mundo, también en reacción contra los pregoneros de la catástrofe. Saludos
    Marcos

  4. JORGE says

    Estimado Marcos: Luego de citar todas las causales externas perjudiciales para el pais, el Presidente afirmo que “otras dudas las generamos como argentinos, porque no fuimos capaces de mostrar unidad en nuestro compromiso de avanzar con las reformas estructurales; me refiero a que se aprobaron leyes que destruían el presupuesto aprobado, y eso obviamente generó un impacto negativo, un impacto que aumenta la percepción de riesgo de la Argentina. Y el dólar empezó a subir”. Del volantazo, ni se enteró.
    Esta claro que para el Presidente los logros son mérito del Gobierno y los fracasos son compartidos entre todos nosotros.
    Saludos.

  5. Marcos Novaro says

    Tenés razón Jorge, debió haber dicho al menos como Dujovne “aportamos nuestra cuota de errores”. Aunque no sé si se puede pedir mucha autocrítica en medio del despelote, tal vez es razonable que la deje para más adelante y ahora encuentre la forma de explicar la gravedad de la situación y de convencer que lo que nos queda es confiar en que van a encontrar la salida. Lo peor del discurso no me pareció eso sino la autorreferencialidad los pajaritos de colores del final. Si era un discurso de economía de guerra, no había que devaluarlo con la clásica fraseología motivacional que ya tiene a todo el mundo cansado.



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