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Macri y el peronismo: ¿cooperación al borde del abismo?

Así como en noviembre de 2017 el presidente desaprovechó su oportunidad de corregir el rumbo a tiempo de evitar la crisis financiera, los “peronistas racionales” desaprovecharon la suya de alinearse detrás de un liderazgo alternativo y aislar a Cristina, cuando acababa de ser derrotada. Ahora al gobierno y a esa oposición moderada solo les queda cooperar desde su común debilidad para evitar males mayores.

Con todo, la aguda inestabilidad económica reinante puede llevar a subestimar factores de estabilidad política que vienen ordenando el proceso de salida del kirchnerismo, y que pese a las crecientes dificultades siguen operando todavía hoy, favoreciendo la gobernabilidad.

Una importante diferencia separa la situación actual de la que enfrentó Alfonsín desde 1988: el peronismo no ofrece alternativas; o mejor dicho, la única alternativa que por ahora ofrece es Cristina, default (por el que abogan también sectores no kirchneristas, por ejemplo del FR, o el ex presidente Duhalde) y más descontrol inflacionario.

Y otra importante diferencia nos separa de De la Rúa y el 2001: Macri sí pudo devaluar, y aunque perdió ya mucho tiempo, todavía tiene alguna posibilidad de aprovechar la recuperación posterior. Una posibilidad algo mayor que la que existe de que la debilidad macrista cemente una nueva unidad peronista.

Así, la fragmentación peronista sigue siendo el principal recurso de la gobernabilidad de Macri. No puede decirse que él la haya producido, ni que sea siquiera el responsable principal de su perpetuación. Son los 12 años de disfrute descarado del poder lo que los condena, y un liderazgo al que se abrazaron casi sin objeciones y ahora los ata a su suerte aunque se desesperen por alejarse de él.

La recuperada centralidad de CFK en el espacio opositor, con su indisimulada adhesión a la tesis de “cuanto peor, mejor”, debilita a ese peronismo racional, cuyas ya desde antes escasas posibilidades de cohesionarse se perpetúan. Y entonces su dependencia de la sobrevida del macrismo queda más en evidencia.

La porción de esos peronistas que quisieron reconciliarse con el kirchnerismo para sacar provecho de sus votos, cuyo mejor representante ha sido Felipe Solá, están viendo, algo tarde, que la única candidatura viable de ese espacio es la de Cristina.

Otra porción, la más moderada y encabezada por gobernadores como Schiaretti y Urtubey, entiende que ya no hay espacio para reeditar un experimento como el que se intentó a principios de año con las tarifas, por ejemplo con un proyecto propio de presupuesto, ni mucho menos para una “interna de todos”, y quiere arreglar con el gobierno, pero no logra arrastrar detrás suyo a otros sectores menos dependientes del presupuesto público.

Y los que se mueven en el medio de esos dos campos, mandatarios provinciales con superávit propio y posturas más críticas (Manzur, Verna, etc.), los sindicatos que siguen controlando la CGT, y Massa, no hacen ni una cosa ni la otra: descartaron ya participar de la interna de todos, no como gesto de fortaleza si no porque saben que la pierden frente a Cristina, y temen quedar diluidos en un acuerdo con el oficialismo, del que no esperan obtener mayores beneficios pecuniarios. Pichetto se ha ofrecido como su candidato, si nadie más se anima a competir para salir lejos tercero. No espera, claro, otro resultado: piensa que con ese le alcanza para que su proyecto no se diluya del todo y Cristina no tenga chances.

Todos ellos siguen insistiendo en que el gobierno los perjudica cuando abona la polarización. Pero lo cierto es que son las dificultades económicas, más que la centralidad que le han devuelto a la ex presidenta los escándalos de corrupción, las que están debilitando aún más a esas distintas variantes de la oposición moderada. Y sería ridículo decir que el gobierno se metió en este berenjenal con el dólar simplemente para polarizar con Cristina.

Además, fueron ellos los que se apuraron a desdoblar las elecciones de cargos provinciales, antes de empezar a pensar siquiera en qué hacer con la candidatura presidencial, y dejaron que un grupito impresentable interviniera el PJ nacional. Si no se toman en serio la reconstrucción de su partido y sus liderazgos, ¿por qué iban a tomarlos más en serio la sociedad y sus adversarios?

Por último, esos sectores peronistas no pueden negar que el discurso de la ex mandataria en el Senado les marcó la cancha, desnudando sus carencias: les falta carisma y audacia, y les sobra pasado como para encarar una renovación en serio. Aún en un contexto en que al gobierno la economía lo supera. O peor: más todavía cuando eso sucede, porque deja más a la vista que la única opción verosímil que por de pronto es capaz de ofrecer el peronismo es volver a la economía kirchnerista.

Así, por más inestabilidad económica que reine, la escena política sigue congelada en los mismos términos imperantes desde 2016: se ha venido describiendo esa situación como si existieran tres tercios, pero es más adecuado decir que hay una minoría abierta, otra cerrada y en el medio una gran dispersión. No son por tanto tercios iguales los que compiten, sino uno que puede ganar, otro que está más bien destinado a perder, y un tercer sector que a duras penas pelea para no ser fagocitado, y ya puede darse por conforme con mantener sus espacios institucionales heredados de tiempos mejores. Hasta que algo que hasta aquí no ha sucedido haga cambiar la situación.

Mientras tanto, para el “tercer tercio” no está mal que la mejor alternativa sea apostar a las elecciones locales y minimizar los costos en las nacionales. En las primeras ganan solos, y en las segundas no ganan ni acompañados. El resultado seguirá siendo entonces la escisión entre la “conducción y voz cantante de la oposición” y su poder territorial e institucional, como hasta ahora. Cada cual haciendo lo que sabe frente a Macri. De no mediar un verdadero colapso económico o la emergencia de un liderazgo hasta ahora no advertido, lo más probable es que poco cambie en 2019. Aunque parezca que estemos viviendo en el reino de la más absoluta incertidumbre.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 2/9/2018

Posted in Política.