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Macri compactó su gabinete, pero aún no lo fortaleció

¿Se completó el “ajuste” de Macri ante las duras exigencias de la crisis? ¿Llegó a tiempo para detener la espiral de la desconfianza? En el frente económico puede que sí. Pero en el político hay todavía señales confusas.

¿Por qué no se envió la suba y generalización de las retenciones al Congreso, si nadie en su sano juicio se puede negar a votarla? ¿Por qué, aunque quisieron cambiar más ministros, por ahora no lo lograron?, ¿será porque los radicales pidieron demasiado o porque la Jefatura de Gabinete sigue imponiendo su idea de “no dependemos de nadie y nos salvamos solos” y en cuanto pase la emergencia planea volver a las andadas?

La transformación de la cartera de Hacienda en Economía, aunque en sí misma solo un símbolo, acompaña una nueva y esperemos que definitiva rendición del voluntarismo de Macri y Peña ante los fríos números de las cuentas públicas. Dujovne se salió finalmente con la suya y se atacarán no sólo los gastos sino también los ingresos, como venía proponiendo desde hace meses. Es cierto que sobre todo con un instrumento, la ampliación de las retenciones, que se volvió más pasable recién tras la última corrida contra el peso.

También Dujovne se fortaleció como negociador ante el FMI, ahora para corregir los defectos del primer acuerdo sellado con el organismo, en el que el todavía vivo “exceso de optimismo” había establecido que no se iba a usar más que una porción menor de los fondos del stand by, y nada de eso para frenar el dólar. Esa autolimitación pergeñada por la anterior gestión del Banco Central en vez de generar confianza maniató al gobierno a la hora de enfrentar la desconfianza del mercado y ya era hora de dejarla de lado.

Pero, ¿y si las empresas exportadoras logran frenar los cambios impositivos que los afectan recurriendo a la Justicia y al antecedente del fallo de la Corte de 2014 sobre el tema? ¿Y si la oposición, incluso la moderada, cuestiona también la vía del decreto, simplemente para tener parte en el asunto? ¿No era más razonable curarse en salud y presentar un proyecto de ley, reclamar su urgente tratamiento, y poner a esos opositores en la obligación de acompañar y colaborar en la emergencia? Tal vez pesó en contra de esa alternativa la persistente voluntad oficial de reducir al mínimo la dependencia del Congreso. Que probablemente se justificaba en momentos en que el peronismo se unía para armar un zafarrancho con las tarifas, pero ya no desde que Cristina recuperó protagonismo en ese espacio y bloqueó la posibilidad de que el peronismo vuelva a unirse.

Peor es el balance provisorio que cabe hacer de los intentos de recambio en el gabinete. Ellos dejaron por ahora sabor a poco, incluso para muchos paladares oficialistas que entienden se necesitan no solo ministros con más autonomía, sino con más espalda política. Por ahora, en vez de tener un gabinete más fuerte, Macri tiene solo uno más chico.

Mal que le pese a Carrió, fue un alivio para todos los demás integrantes del oficialismo que al menos dejaran sus cargos Quintana y Lopetegui: durante meses siguieron formalmente en una posición y una función que ya nadie se tomaba en serio ni creía efectivas. Habían demostrado no poder ser ni los ojos, ni los oídos ni la inteligencia de Macri en las circunstancias reinantes, al llevarlo a cometer reiterados errores e ignorar muy sensatas recomendaciones.

Pero ni esas salidas ni mucho menos la reducción del número de carteras fueron nunca lo más importante que había que corregir en el Ejecutivo: lo fundamental era lograr más capacidad y coordinación política, y para eso hacía falta gente nueva. Melconian seguramente nunca fue una opción con mucho atractivo ni para el presidente ni para el PRO, lo que vuelve muy difícil entender por qué se dejó circular tanto su nombre, si lo que hacía falta era fortalecer a Dujovne. Y en cuanto a los aspirantes radicales a entrar al gabinete, en particular Ernesto Sanz y Prat Gay, tampoco se entiende si fueron bloqueados por el tándem Peña-Carrió, que no quiere saber nada con ninguno de los dos y no parece dispuesto a abandonar viejas rencillas, ni siquiera en medio de la emergencia, o si las tratativas continúan, y se trata más bien de ajustar los tiempos, las demandas y los necesarios equilibrios de unos y otros.

En cualquier caso, resulta evidente que el golpe de timón que dio el Ejecutivo va a requerir de todo el respaldo político disponible para sostenerse, volverse confiable para los mercados, y no exigir, en caso de que esa confianza siga negándose, nuevas dosis de rigor fiscal.

Si el presidente o el jefe de Gabinete o ninguno de los dos entendieron y sopesaron todavía esa lógica que alimenta la espiral de la crisis no ha llegado todavía el momento de respirar aliviados. Pero ojalá sí.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 3/9/2018

Posted in Política.


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