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¡Macri, pará la mano! ¡Estás restaurando la economía de Néstor!

El momento “más horrible” de la economía de Macri se parece bastante a la que imperó en el mejor momento de los Kirchner. ¿Por qué entonces genera tantas críticas de los sindicatos, los gobernadores peronistas y los propios nostálgicos del kirchnerismo?

Los voceros del kirchnerismo y otros sectores duros de oposición sostienen que la situación social es tan terriblemente injusta que vamos derechito al estallido. Y algo hay de cierto: con la devaluación está aumentando la pobreza. ¿Cuánto? Hasta empardar los porcentajes que nos dejó Cristina Kirchner en 2015. El infierno de Macri sería, en suma, algo bastante parecido al paraíso que añoran los K. Curioso.

¿Significa esto que volvemos al punto de partida, que Macri perdió dos años y medio, que el gobierno de Cambiemos estuvo, al decir de Melconian, boludeando en vez de resolviendo los problemas?

No es tan así. Otro dato de la situación económica actual que tiende a parecerse al mejor momento de los Kirchner es la competitividad: con la devaluación de los últimos meses estamos de nuevo en un nivel de tipo de cambio semejante al de 2008, cuando todavía teníamos superávit externo. Y también quedaba algo de superávit fiscal, aunque cada vez más reducido.

Y este es otro dato curioso que el propio discurso oficialista tiende a ignorar cuando, en aras de la simplificación y de un manipulatorio uso del pasado, sostiene que nuestros problemas se originan en que convivimos con desequilibrios fiscales los últimos setenta años: eso no es cierto, tuvimos varios años seguidos de superávit hace no mucho, precisamente en la primera mitad del ciclo kirchnerista. ¿Qué fue lo que pasó? A esos gobiernos no les interesó preservar ese equilibrio. Más bien al contrario, hicieron todo lo posible por eliminarlo, pues lo consideraban una restricción a su idea de que la política podía y debía moldear a gusto la economía. Así, sin necesidad alguna, en vez de administrar los márgenes de libertad de que disfrutaban, y aumentar los gastos con mínima prudencia, lo hicieron sin ton ni son. Hasta que esos márgenes de libertad desaparecieron. Por suerte para ellos estuvieron a tiempo de legarles el problema a quienes los siguieron.

Así que, vistas las cosas con algo de perspectiva, en realidad lo que Macri y su gente están tratando de hacer desde diciembre de 2015, y desde que se les acabó el financiamiento externo con más empeño y velocidad, no es tan revolucionario. Es más bien un regreso a las buenas épocas del kirchnerismo, esperemos que solo a sus rasgos más rescatables.

Y es de destacar que, en otros aspectos, no haya tal restauración. Ni tampoco un regreso al punto de partida de la gestión macrista. Otro rasgo que suele destacarse como continuidad o agravamiento de la situación es la inflación; y efectivamente este año, tal como sucedió en 2016, va camino a replicar los peores años de inflación del ciclo anterior, alrededor de 40% (aproximadamente la inflación, que bien medida, tuvimos en 2014). Pero no se trata de la misma inflación. Entre otras cosas, está menos distorsionada por el tipo de cambio y los precios relativos.

El 40% de 2014 no fue mayor porque ya desde hacía bastante tiempo se venía sobrevaluando el peso. Factor que explica por qué un par de años antes había desaparecido el otro superávit, el externo, que el kirchnerismo heredó de la gestión de Duhalde y había actuado en sus primeros tiempos un pilar del crecimiento.

Y peor todavía, ese 40% escondía un porcentaje por lo menos similar de inflación dormida o latente, por el retraso de las tarifas y el precio de los combustibles, que tarde o temprano habría que blanquear.

La inflación de 2018 será, efectivamente, muy alta. Pero lo será por la corrección de dos problemas que entonces se estaban agravando: de ahí los tarifazos y la mega devaluación. ¿Eso nos retrotrae a “las etapas más oscuras de nuestro pasado reciente”? En realidad a dónde nos retrotrae, una vezmás, es aproximadamente al 2008.

¿Qué es, entonces, lo que resulta tan insoportable de la actual situación, si en verdad, bien mirada, ella refleja más que nada el esfuerzo por regresar a ese momento crítico, ubicable aproximadamente a mediados del ciclo kirchnerista, en que el grupo entonces gobernante se radicalizó y nos condujo al estancamiento y a los desequilibrios cada vez más insostenibles de sus últimos años?

Es como si los cristinistas estuvieran diciéndonos: “hay que detener a Macri cuanto antes, porque en su infinita perversidad de neoliberal, reaccionario y agente del FMI quiere imponernos una economía parecida a la de Néstor ¡Horror!”.

¿Será que no extrañan los superávits gemelos pero sí el Indec de Moreno, el club de la obra pública de De Vido y sobre todo ser ellos los dueños de la caja y demostrar así que “la política tiene que dominar la economía”?

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 6/9/2018

Posted in Política.


2 Responses

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  1. Martin says

    hay una gran diferencia entre déficit externo causado por inversión externa directa (en fierros) y déficit externo provocado por 12 mil millones de déficit en turismo financiado con inversiones golondrina en lebacs.

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Martín, si hay inversión externa entran capitales, y eso no causa déficit sino que lo combate. Durante los primeros años del kirchnerismo fue lo que sucedió, después sucedió lo contrario. Es cierto que hay una diferencia entre inversión en “fierros” como vos decís, y en Lebacs, y en los dos primeros años de Macri hubo mucho de esto último y poco de lo primero, así como gasto en turismo en el exterior que financiamos alegremente con un peso sobrevaluado. Saludos



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