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Peronistas y empresarios atrapados entre ser parte del problema o de la solución

Tanto en las filas del partido de Perón como en el mundo de los negocios son muchos los que odiaron de verdad la forma de gobernar de los Kirchner. Porque vieron desde dentro, o desde muy cerca, la tragedia que significaba para el país, no sólo por la corrupción sistemática, también por el modo alevoso en que dejaron pasar una irrepetible oportunidad de superar la decadencia.

Sin embargo esos mismos sectores, a veces los mismos individuos, temen lo que puede depararles la caída en desgracia definitiva de ese proyecto. ¿Y si los arrastra con ellos?

Y es que, más allá de lo que pensaran, ellos se contaron entre sus socios más necesarios. Y cumplieron ese papel, en muchos casos y en casi todo lo que importa, sin resistirse, sin que hubiera que apretarlos, amenazarlos ni nada por el estilo, y cuando tenían a la mano otras opciones. Nada que ver, por tanto, con el síndrome de Estocolmo: fue puro y bien calculado autointerés antes, y sigue siéndolo ahora.

Los Kirchner actuaron como lo hicieron porque pensaban que nunca iban a perder el poder. Y creyeron eso en gran medida por la docilidad con que se les sometieron una enorme cantidad de gente muy poderosa, y también muy dispuesta a adaptarse.

¿Cómo fue que en esas cabecitas se compaginó el rechazo digamos “intelectual” y el autointerés, la desconfianza y la adaptación? Fueron conductas “en tensión”, “hipócritas” las llamaba Cristina, y algo de razón tenía.

Muchos empresarios que personalmente se abstuvieron de expresar sus objeciones, y cuando les resultó conveniente incluso festejaron en público decisiones oficiales, permitieron y hasta alentaron al mismo tiempo que algunos de sus voceros (como AEA, IDEA, ACDE y algunos más) las criticaran y mostraran independencia. Alguna señal tenían que dar de que sospechaban que las cosas podían terminar muy mal.

Una tensión similar se pudo observar en las actividades específicas de muchas empresas: mientras sacaban todo el provecho posible del crecimiento con anabólicos, fueron de lo más desconfiadas con sus inversiones, y protegieron sus activos como pudieron apenas la desconfianza sobre la sostenibilidad del proceso se agravó. ¿Hipocresía, inconsecuencia, o racionalidad del superviviente? Un poco las dos cosas.

Pero, ¿se les podía pedir otra cosa? Cuando en 2004 Carlos Wagner recibió un mensaje indistinto de Julio De Vido, tal como él ahora confiesa, respecto a que se usaría la obra pública en forma sistemática “para recaudar” claro que debió hacer algo distinto a lo que hizo. Para empezar, no participar entusiasta del delito al que lo estaban invitando. Pero más allá de esos casos de ilegalidad manifiesta, lo cierto es que pedirles a los capitalistas que garanticen por sí mismos las condiciones necesarias para que el capitalismo funcione mínimamente bien es como pedirles a los jugadores de fútbol que saneen la AFA: los excede, para eso existen los dirigentes, los clubes, los partidos y el Estado, y la defección de estos dos actores de sus obligaciones fue además de más difícil de justificar, más dañina.

Desconfianza y adaptación también se combinaron en las estrategias de muchos dirigentes peronistas razonables en esos años. Pero es evidente que debieron combinarlas de otra manera, de una que hoy les permitiera rodear a algún líder partidario capaz de disputarle a la señora su hegemonía en el voto duro de esa orientación. Que por algo no existe.

Pareció por un tiempo que Massa podría cumplir ese rol, pero los votantes lo usaron cuando no hubo nadie más a mano, y lo abandonaron en cuanto alguien más apareció. Desde entonces él sigue pretendiendo que no tiene que dar explicación alguna sobre su pasado, sobre las razones que lo llevaron a apoyar y participar de tantos desmanes, y las encuestas mostrando que la gran mayoría lo considera poco o nada confiable.

Así como el gobierno de Macri, este peronismo es víctima de un exceso de optimismo: Cristina va a extinguirse, con el paso del tiempo el recuerdo de lo sucedido bajo su mando se volverá más y más irrelevante, y tal como sucedió ya en otras ocasiones la revisión del pasado y la búsqueda de responsables va a cansar y desactivarse antes de dar ningún resultado, permitiéndoles volver a ofrecer su indiscutible capacidad de gobierno, aunque sea entre poco y nada transparente y tampoco muy eficiente que digamos.

Como apuesta puede que sea la menos riesgosa. Y vistos los problemas que enfrenta Macri para consolidarse, hasta en el corto plazos algunos frutos les de. Pero tal vez los condene a seguir como hoy, ni chicha ni limonada.

Candidato para que vuelva a funcionar el antiguo régimen ya hay. Y contra él van a seguir perdiendo si no se animan a hacer algo más que esperar y cuidar los recursos que siguen controlando.

Para dar un ejemplo, es lógico que Pichetto no quiera votar el desafuero de CFK: de hacer otra cosa su ya acotada bancada se volvería a partir, puede que victimizaría aún más a la ex presidente, al ofrecerle la oportunidad de primerearlo, renunciando no solo a los fueros sino hasta a su banca. Pero por eso mismo le resulta más urgente al peronismo federal que conduce demostrar que no va a obstaculizar sino a colaborar con los cambios en curso. ¿No era acaso una buena ocasión para eso el proyecto de extinción de dominio, no volverá a serlo la reforma del financiamiento político y los cambios en el código penal?

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 19/9/2018

Posted in Política.