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La izquierda que promueve y festeja la censura

Un grupo de militantes impidió la proyección de Soledad, film que homenajea a una militante anarquista, porque la realizadora es hija de Macri. ¿No resulta un poco absurdo? Lamentablemente, es solo un eslabón más de una larga cadena de absurdos.

Una porción importante de los llamados “progresistas” argentinos se pone eufórica cada vez que logra acallar a quienes no piensan como ella. En los últimos días hubo varios episodios en que se dio rienda suelta a ese entusiasmo. Aunque en realidad no es algo nuevo: lo vienen haciendo desde hace bastante tiempo.

Años atrás los acallados solían ser miembros de “la derecha neoliberal responsable del 2001”, gente tan horrible que se merecía casi cualquier daño que se les pudiera hacer. Así fue que piquetes de progresistas y militantes de izquierda lograron en varias ocasiones que Domingo Cavallo no pudiera hablar en público. ¡Bien por ellos, qué siga la lucha!

Más cerca en el tiempo le empezó a pasar lo mismo a figuras del macrismo, tanto funcionarios como simpatizantes. Se recordará la vez que Pablo Avelluto no pudo dar su discurso de inauguración de la Feria del Libro. Ante lo cual los mismos responsables de esa feria guardaron silencio. Luego fue el turno de Alfredo Casero, que se atrevió a “ofender a las Abuelas de Plaza de Mayo”. En verdad, lo que hizo fue dudar de las pruebas de ADN para identificar a los nietos. Eso bastó para que universidades de varios puntos del país decidieran suspender espectáculos que tenían programados con el actor. ¿Lo habrán decidido por las presiones recibidas de grupos de izquierda y derechos humanos, o porque su idea del pluralismo no alcanza para tolerar a alguien que a veces habla sin pensar o sin saber (Casero se disculpó de esa frase; tal vez lo que no gustó fue que no se arrepintiera de todo lo demás que suele decir). Ahora el periodismo militante salta de alegría cada vez que se cae una de sus funciones: ¡Gooooooollll de los derechos contra el fascismo!

El anteúltimo episodio de la saga (el último fue el de la película Soledad) involucró a una ONG, “Ciudadanos Libres por la Calidad Institucional”, que convocó a un debate en la Legislatura porteña, justamente sobre los excesos militantes en la educación pública, las frecuentes situaciones en que los docentes de primaria o secundaria abusan de su poder en las aulas y “bajan línea”, adoctrinan a sus alumnos. ¡Vade retro Satanás! Afortunadamente gente de buen corazón no se las dejó pasar: legisladores kirchneristas y de izquierda reclamaron que la actividad se prohibiera, porque “no estamos ante un debate de ideas, sino frente a discursos que fomentan la violencia, promueven el negacionismo y amenazan la libertad de cátedra y la seguridad física de las y los docentes de esta Ciudad”. El viejo truco de exagerar al mango el daño que supuestamente producen las opiniones ajenas para justificar la intolerancia, para que “hablar” se vuelva más objetable que “no dejar hablar”. ¡Pero con qué maestría lo argumentaron, igual que en el caso de Casero, en nombre de los derechos humanos! Los integristas religiosos alrededor del mundo tienen mucho para aprender de nuestros “progres”.

Como se ve, no es algo nuevo. Aunque que siga sucediendo es un poco sorprendente (y para sus promotores, esperanzador): ¿por qué lo siguen logrando, cuando ya el kirchnerismo no está para promoverlo desde el poder? Se pensó que esos grupos se salían con la suya porque tenían al Estado detrás, y amedrentaban a los que quisieran oponérseles. Cuando en verdad lo decisivo nunca fue eso, sino que nadie o muy pocos estuvieran dispuestos a desafiarlos: lo realmente preocupante es que las autoridades de la Legislatura aceptaran suspender la reunión de Ciudadanos Libres, más o menos lo que hicieron en universidades del interior con Casero. Es como si nos dijeran: ¿para qué meterse en líos?, ¿para defender la libertad de expresión?, no vale la pena.

También es sorprendente que no hayan prosperado las críticas y los anticuerpos “desde adentro” de la tradición de izquierda o progresista contra estas actitudes. Es más: pareciera hasta que en ese costado de nuestro espacio político y cultural había más disensos al respecto durante los gobiernos K que ahora: entonces sí gente como Margarita Stolbizer, Beatriz Sarlo o hasta Victoria Donda se hacían escuchar frente a episodios de este tipo, hoy en cambio están dedicadas a otros menesteres, o han perdido llegada al público, o simplemente pasan desapercibidas frente a la masividad del reclamo para sacar de la cancha a quienes ofenden a nuestro Mahoma.

¿Por qué esto es así? En parte porque es más extendido de lo que parecía el desprecio hacía el liberalismo político y los derechos individuales, sobre todo desde que él se arropa en el lenguaje de los derechos humanos, presentado como si fuera una alternativa superadora de esas concepciones “decimonónicas” y “restringidas” de las libertades, cuando en verdad es una forma de degradarla.

También porque en el ínterin lo que ha perdido crédito, al menos en el corto plazo, es que sea posible habilitar una vía reformista de izquierda para sacar el país adelante. Así que mucha gente de esa orientación se ve confrontada a una alternativa desagradable, olvidar de momento sus preferencias ideológicas, o sacrificar su reformismo y convertirse en tardíos compañeros de ruta de los antiliberales y estalinistas que hasta hace un par de años les resultaban insoportables. Por donde se la mire, una alternativa desgraciada.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 21/9/2018

Posted in Política.


2 Responses

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  1. Martin says

    Dos anectodas:
    Antes de ayer la izquierda obtuvo aproximadamente un tercio de los votos en FCEN y militantes de izquierda festejaron un largo rato con bombos gritando cánticos en el interior del pabellón 2 de ciudad universitaria interrumpiendo así todas las clases en las que sus compañeros estaban estudiando. Una profesora les pidió totalmente alterada e indignada que vayan afuera a festejar. Después de un rato se fueron afuera a hacer menos ruido. Las clases no eran mítines del PRO.
    En la noche filosofía en el CCK una disertante contratada para dar una charla decidió no dar su charla (para la cual personas habían esperado bastante para sacar una entrada específica) y le cedió su charla a delegados de Télam que estaban en el CCK expresando sus reclamos y repartiendo volantes. Un sonidista les bajó el volumen del micrófono y esta situación fue descrita por página 12 y toda la blogósfera afín cómo gran censura del Macrismo.

    Es preocupante que sectores progresistas supuestamente razonables sigan con una lógica enemigo amigo y no condenen hechos totalmente injustificables

  2. nicolás says

    Hola Martín:
    la izquierda siempre estuvo más interesada en validar contenidos que en garantizar la libertad de expresión (aunque se llene la boca hablando del fascismo ajeno). La impostura de indignación que ostentaba el progresismo sobre los actos de censura durante el kirchnerismo sólo puede entenderse como una disputa de poder dentro de ese lamentable espacio político.
    Respecto a la anécdota de Exactas. Si bien no hay partidos estudiantiles que no se reivindique de izquierda (acaso también por el temor a la censura), la campora, uno de los más retrogrados, que jugó con la anuencia del Decano e, incluso!, de APUBA, no pudo alcanzar el control del centro de estudiantes, hecho que todo el mundo descontaba (en especial, en un contexto de “crisis” y movilización). Así que habría una esperanza para que cese la persecución ideológica.