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Lealtad y espíritu de patota en el peronismo

El 17 de octubre fue ocasión para que los herederos de Perón, aún divididos, ejercitaran sus músculos. Y envalentonados, también su peculiar sentido de la lealtad, que los vuelve a mostrar peligrosamente afines al espíritu de patota.

Amedrentar a la Justicia parece haber sido el objetivo principal de muchos referentes del peronismo en esta fecha.

Gustavo Menéndez, intendente de Merlo y presidente del PJ bonaerense, fue el más explícito: “Ojo con tocar a uno solo de los compañeros peronistas. Todos sabemos que Cristina y Máximo tienen espalda, ojo con Florencia Kirchner… estamos mirando lo que están haciendo. No vaya a ser cosa que crean que el pueblo va a permanecer con los brazos cruzados”. ¿Este entusiasta vocero del pueblo peronista descruzaría sus brazos para colaborar con la Justicia? Para nada, está abiertamente amedrentándola para que no avance con la investigación de la causa de Los Sauces, donde los hijos de la ex presidenta están directamente implicados. Y podrían ser incluso detenidos.

El camporista Andrés Larroque aprovechó la jornada, por su parte, para expresar su solidaridad con los detenidos por causas de corrupción: “Tenemos que estar con los presos políticos…. Yo estoy yendo a ver a Julio De Vido y otros compañeros visitarán a otros presos políticos porque en Argentina, lamentablemente, son muchísimos”.

La postura de estos dirigentes se condice con lo planteado en un documento conocido días atrás, y firmado por todo el arco kirchnerista, en dirección a “retomar la senda de la democratización de la Justicia… detener la intromisión de la política macrista (en ella),… la utilización extorsiva de la figura del arrepentido y toda otra violación a las garantías de debido proceso”. En suma, asegurarse de que nadie más confiese nada, los jueces y fiscales sean impotentes, y vuelva a regir el añorado pacto de silencio.

Preocupación que parece compartir monseñor Jorge Lugones, presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social y hoy en día el más entusiasta promotor de la fusión entre la Iglesia católica y el Movimiento. Quien no casualmente aprovechó el 17 de octubre para reunirse con distintos referentes peronistas, incluido Hugo Moyano, apenas él acababa de proponer “erradicar a este gobierno que solo ha traído miseria” y diputados de Unidad Ciudadana, y junto a ellos declararse muy preocupado por “la situación social y de la Justicia en la Provincia”.

Seguro que ni Lugones ni Moyano estaban pensando en el juez Melazo ni en ningún otro de los integrantes de mafias judiciales que están saliendo a la luz, después de años de prosperar a costa del resto de la sociedad y de la violación de todos los derechos ciudadanos habidos y por haber. Tampoco aludían, claro, a Carzoglio, el sepulturero devenido por arte de magia juez provincial que está destruyendo la investigación trabajosamente realizada en los últimos años sobre los vínculos turbios entre Independiente y Camioneros. Todo eso para ellos debe ser garantía de la felicidad del pueblo así que hay que preservarlo.

Lo más curioso de la jornada fue, de todos modos, que nada de esto mereció siquiera una mención en Tucumán, donde se reunió buena parte del peronismo blanco, atascando el aeropuerto de la ciudad con sus avionetas.

En ese sector del movimiento casi todo está en discusión. El único punto de acuerdo es que hay que sacarse de encima a Cristina y reabsorber lo que sea aprovechable del kirchnerismo, sobre todo en la provincia de Buenos Aires donde todavía es fuerte. Para lo cual lo mejor es que todos estos escándalos de corrupción que andan dando vuelta desprestigien a la ex presidenta y su entorno inmediato, pero sin que su efecto corrosivo se extienda más allá. Por eso es que se esmeraron en que viajara también Daniel Scioli y lo plantaron en primera fila, bien en el medio del estrado. Por eso es que, contra lo que opinan Urtubey y Schiaretti, dos que no estuvieron en el encuentro tucumano, siguen sosteniendo los fueros de la ex presidenta. Y por eso es que también se negaron a avalar la ley de extinción de dominio. ¿Si toman tan pocos riesgos en innovar podrán ser creíbles como renovación?

Es que tampoco la Renovación histórica de los años ochenta fue muy distinta. José Luis Manzano, tal vez su referente más preclaro, la definió alguna vez como “la careta intelectual de la patota”. Massa o Manzur son menos intelectuales que Manzano, pero tal vez no se definirían de modo muy distinto.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 18/10/2018

Posted in Política.


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