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¿Y si Felipe Solá convenciera a Cristina y a los gobernadores?

Hasta aquí las hipótesis electorales para 2019 más plausibles prevén que el peronismo va a concurrir dividido: no hay forma de que se entiendan la mayoría de los gobernadores, Massa y Pichetto, de un lado, con Cristina, Moyano, Grabois y sus respectivos seguidores, que tienen más que ver con la izquierda que con el peronismo.

Así que aunque a Macri no le vaya muy bien en lo que le queda de mandato con la economía, y no pueda triunfar en primera vuelta, lo haría en la segunda frente a la ex presidente. Pese a todo, El Cambio le sigue ganando a El Pasado, dicen tranquilos en Cambiemos. Y es lo más probable.

Pero hay unos cuantos que están esforzándose por encontrarle la vuelta al asunto, y cambiar el escenario. Reconstruir la unidad peronista es la clave, claro, y entiende, probablemente con algo de razón, que esa tarea no es obstaculizada por ningún problema estructural que afecte al movimiento, un divorcio entre izquierda y derecha, o entre sectores informales y asalariados organizados, ni tampoco por una cuestión territorial, los bonaerenses vs el interior o cosas por el estilo, sino pura y exclusivamente por un desentendimiento entre dirigentes, resultado más que nada una falta de arte político. Y ofrecen el suyo para remediarlo.

La gente del Movimiento Evita está en esa. Acaba de reconciliarse con Cristina después de dos años de rogar y esperar a que su crédito en la sociedad se consumiera, así ellos, junto a otros como ellos, podían heredarla. Pero no funcionó.

Es importante señalar de todos modos que los del Evita no volvieron a sentarse y negociar con la ex presidente para que los lidere, si no para buscar por otros medios y con otros nombres el mismo objetivo al que apuntaron en las legislativas de 2017. Y lo dicen abiertamente: el año próximo buscarán a través de Felipe Solá lo que no lograron el pasado con Randazzo, procesar la sucesión del liderazgo en el kirchnerismo, y darle una segunda o tercera vida, ya es difícil saber, a esa síntesis entre izquierda y peronismo que estos sectores quieren ver de nuevo en el poder.

Desde hace un tiempo que el elegido para la tarea, Solá, se viene ofreciendo como alternativa superadora de las divisiones que le complican la vida al peronismo, como el menos kirchnerista para unos y el menos antikirchnerista para los otros.

El problema es que tanto los kirchneristas como los antikirchneristas escuchan lo que les dice a la otra parte, y los odios recíprocos entre ellos, y las diferencias de criterio sobre lo que significa “dejar atrás al macrismo” no son tan irrelevantes como el ex gobernador pretende. Por lo que, al menos hasta ahora parece tener pocas chances de que su oferta resulte tentadora para la señora y sus fieles, que son los dueños de los votos bonaerenses, y más todavía para los gobernadores con ambiciones, que dominan en el resto del territorio.

Puede que aquellos terminen aceptándolo a Solá para que vuelva a competir por el cargo que ya ejerció hasta 2007. Pero esa no es su intención, ni alcanzaría para reunificar al movimiento, ni siquiera para que el kirchnerismo le gane a Vidal en provincia: por ahora al menos la actual gobernadora supera ampliamente a todos sus posibles contendientes, en particular a Solá.

Eso ya de por sí complica su pretensión de operar una transfusión de votos en su favor, desde las venas de la señora. Transfusión que, como se ha visto en el caso del PT en Brasil hace unos días, suele ser complicada. Es cierto que ya en 2015 el kirchnerismo lo intentó con Scioli y tan mal no le fue: estuvo a un tris de hacerse de otro turno en la presidencia, y probablemente lo hubiera conseguido de no ser por un par de metidas de pata fenomenales que ahora podrían evitarse.

Pero, ¿acaso Solá tiene las virtudes del ex motonauta? Lo que para empezar no tiene es su traje antiflama incorporado: acaba de ser incinerado por quien él mismo invitó a presentar su libro autobiográfico, Mayra Arena, que le reprochó entre otras cosas su pasado menemista, para luego reclamar el regreso de Cristina Kirchner. ¿Algo así le podría haber pasado a Scioli? Por algo éste se mantuvo al tope de las encuestas tanto tiempo, y en su momento no necesitaba tantos votos prestados, porque tenía los suyos propios.

Solá, a este respecto, parece sufrir el mismo trauma que Massa, el último de sus ex jefes: le cuesta desde hace ya un buen tiempo encontrar su lugar y su función en la política argentina. Como el tigrense, añora ese momento mágico en que consiguió que la sociedad canalizara a través suyo una expectativa mayoritaria, una demanda de cambio. Pero el problema es que en ocasiones las sociedades usan a los políticos en un momento, y los dejan de lado en el siguiente, los olvidan. Por más jóvenes e insistentes que ellos sean.

Tienen razón los que dicen que está faltando arte político. Pero el problema es que no es lo único que anda faltando. Y así como van las cosas, es difícil que los peronistas puedan evitar una nueva derrota a nivel nacional. Pero tal vez desmientan los pronósticos y ganen. Pero eso sucedería en todo caso para terror de muchos de ellos.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 6/11/2018

Posted in Política.


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