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Bono y presupuesto: el gobierno cede y gana

A último minuto debió ceder otros 20.000 millones a Pichetto, que no sabe todavía cómo va a financiar. Y tampoco sabe aún cómo convencer a las empresas de que no sigan resistiéndose al bono de 5000 pesos para sus empleados, esencial para calmar las aguas de aquí a fin de año. Lo que si sabe en cambio es que recibirá no pocas críticas de confirmarse el decreto que exige a las empresas informar con diez días de anticipación si van a despedir gente, y las obliga a negociar con el ministerio de Producción.

Pero todos estos casos muestran que al menos el Ejecutivo deja de estar contra las cuerdas, retiene la iniciativa, y que en lo esencial puede salirse con la suya. Así que no ha sido para él una mala semana.

El acuerdo con los senadores de Pichetto no fue fácil. Pareció a punto de naufragar a raíz de la presión del grupo conformado por los gobernadores más duros por reponer a último momento el Fondo Sojero. Pero la jugada exponía más al propio senador rionegrino que al oficialismo: éste había aclarado desde un principio que si insistían en esa línea no habría presupuesto para nadie, se volvería a usar el de este año, y Pichetto debería explicarles al resto de los gobernadores de su partido por qué perdían todo lo que habían conseguido hasta allí en las negociaciones y la posibilidad de financiarse. De allí la burlona referencia del jefe de los senadores peronistas a los reflejos castristas de Insfrán y compañía.

Confirmada la sesión del 14 para votar la ley, el plan oficial se consolida: tendrá el presupuesto a tiempo para completar el cuadro que pretende mostrar al G20: el de una administración que se salió de pista hace seis meses, pero retoma ahora el camino con el dólar controlado, la amenaza de default contenida y ajustándose a reglas más acordes a lo que esperan de ella los demás miembros de ese club. Del que, convengamos, no nos han expulsado un poco de milagro.

Tomó más riesgos en la otra jugada de estos días, con la que pretende desarmar la coalición sindical a favor de un nuevo paro nacional, que estaba casi confirmado. Aceptó el reclamo de un bono obligatorio para los asalariados privados de todos los sectores de actividad. Bono que igual la enorme mayoría de las cámaras patronales iba a terminar aceptando. Y que le viene al Ejecutivo de perillas para mostrarlo por primera vez apretando a las empresas a favor de los trabajadores y del consumo.

Otra administración hubiera hecho una gran movida de prensa con esta jugada. Pero se sabe que esta es de disimular cuando hace cosas que ideológicamente le suenan raro. Le pasó también en estos días, sin ir más lejos, con la presentación por demás modesta del sablazo que les aplicó a los laboratorios. Pero bueno, en eso no tiene arreglo.

Como sea, son varias las complicaciones que aún tiene que resolver. Si se va a autorizar a las empresas en dificultades a pagar en más de dos cuotas y tal vez con plazos de tiempo más extensos. Si se considerará o no el monto del bono a cuenta de las paritarias del año próximo, o de las revisiones que se vayan a hacer en los próximos meses. Y de todo eso depende en buena medida que tenga éxito finalmente en su principal cometido, alejar a la CGT de la influencia de los moyanistas y demás sectores duros del gremialismo.

Pero la ventaja política que obtuvo, igual que en el caso de las tratativas en el Senado, ya lo posicionaron a la ofensiva. Lo hemos visto ya en ocasiones anteriores intentando desarmar paros nacionales. Y falló, porque actuó sin mucha convicción, sin hacer ofertas concretas y moviéndose a destiempo. Parece que también a este respecto la coordinación entre distintas áreas de la gestión ha mejorado. Lo que para el futuro inmediato del gobierno es vital: este paro en particular, pocos días antes de la llegada a Buenos Aires de los veinte mandatarios más importantes del mundo, y como inauguración de un diciembre que puede volverse sin mucha ayuda una travesía infernal, era una sombra amenazante.

De todos modos el gremialismo va a demorarse todo lo posible en cerrar las negociaciones. El agregado del decreto que obliga a informar y negociar despidos acaba de confirmarlo. Y también la condición extra que ahora los cegetistas reclaman: un pago también para los jubilados. Finalmente parar al país es algo que ellos pueden decidir o descartar en un santiamén, y se las ingeniarán para, igual que Pichetto, hasta último minuto estirar la cuerda para sacarle al Ejecutivo todo lo que puedan.

Pero el gobierno lo sabe y mientras logre mantener su agenda y ganar tiempo cree que es el que va a sonreír el último.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 11/11/2018

Posted in Política.


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