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Todos unidos triunfaremos… o triunfará la impunidad

El peronismo se unió en dos votaciones complicadas en las últimas horas. En la elección de representantes para el Consejo de la Magistratura, los diputados que integran prácticamente todas sus tribus olvidaron sus rencillas y tuvieron asistencia perfecta para apoyar una fórmula ganadora: Wado de Pedro y Graciela Camaño, arrebatándole un lugar a Cambiemos. “Volvimos, ¿vieron?”. Y en el Senado todos juntos rechazaron tratar el desafuero de Cristina Kirchner, salvándose de votar en contra porque el oficialismo no consiguió quórum.

Algunos especulan con que estos pasos son apenas el comienzo del “regreso a las fuentes” que estaría extendiéndose en sus filas por ausencia de alternativas o por la creencia de que la ex presidente va a volver a serlo en 2019, así que conviene llevarse bien con ella desde ahora.

En realidad, los que han regresado al redil kirchnerista son pocos y muy poco representativos: Hugo Moyano, Felipe Solá, Alberto Fernández, los miembros del Movimiento Evita que estaban con el inhallable Randazzo y ahora son “solistas”, alguno que otro más. El grueso de los peronistas “moderados” hicieron en estos episodios lo mismo que a principios de año con las tarifas: si les permite controlar algún cargo o candidatura local, votan con el FPV-Unidad Ciudadana, y si eso les sirve para hacer pasar un mal rato al oficialismo lo hacen además con entusiasmo, con las dos manos.

Más todavía después de la aprobación del presupuesto, porque necesitaban hacer una demostración de fuerza, y el despiste del oficialismo les ofreció la oportunidad en bandeja. Ahora bien: ¿hay de parte de ese peronismo oscilante, que vota un día con Macri y al día siguiente con Cristina, un acercamiento a la tesis de priorizar la unidad peronista para sacar como sea al actual mandatario del poder el año próximo? Si lo hubiera no seguirían dando ciertos pasos en dirección a desentenderse de la política nacional, u otros en la de sostener una tercera vía.

Schiaretti necesita desalentar al kirchnerismo de presentar un candidato propio a la gobernación cordobesa, que podría hacerle perder la elección, encima, a manos de Mario Negri, cuyo lugar en el Consejo de la Magistratura era justo el que estaba en disputa en la votación de la semana pasada. Y cree que muy pocos cordobeses le van a reprochar que de este modo puede que haya contribuido a frenar las investigaciones sobre corrupción en Comodoro Py. De última va a decir que él mandó a su gente a votar a Graciela Camaño, que es probable que no apañe a los Freiler y Oyarbide que siguen pululando por los juzgados federales. Habrá que ver.

En cuanto a Gerardo Zamora, últimamente hace cambiar de postura a sus legisladores con la velocidad del rayo así que ya es muy difícil seguirle la pista. Pero dice estar cansado de que el oficialismo le incumple los acuerdos. El último fue el de un candidato a juez por él promovido que Carrió logró frenar. Inútil que Frigerio le ofrezca sus disculpas por no poder controlar a la líder de la CC. Finalmente lo que cuenta para él es seguir cubriendo los espacios institucionales de su provincia, no los de la política nacional: de otro modo no hubiera anticipado la fecha de los comicios locales, siguiendo la moda que impusieron las provincias más grandes, como Córdoba. Así que para volver a acordar con él en el gobierno nacional van a tener que esperar que haya otro premio en disputa que interese a Santiago del Estero, su mundo.

Sumemos a todo esto el gesto compensatorio que están planeando dar los gobernadores peronistas: una nueva reunión de los moderados, es decir casi todos ellos (salvo Alicia Kirchner, Insfrán y Rodríguez Saá), en Entre Ríos, donde se confirmaría que van a presentar una fórmula presidencial propia en 2019. Hay que ver cuántos se suman a los cuatro jinetes que iniciaron la patriada. Pero lo seguro es que Massa sigue en ese juego, y es la única carta que el sector tiene para hacer pie en la provincia de Buenos Aires, y Pichetto sigue siendo su principal estratega, y su posición es que cualquier resultado electoral, por malo que sea, es mejor para el futuro del peronismo que volver con Cristina.

La pregunta es, de todos modos, si con sus gestos colaborativos con Unidad Ciudadana y la ex presidente este proyecto renovador no sigue perdiendo credibilidad, si no queda asociado a la defensa corporativa de la corrupción, perdiendo entonces la posibilidad de recoger adhesiones entre los decepcionados con Cambiemos. Graciela Camaño votó en su momento la ley del arrepentido, Wado de Pedro dice que hay que derogarla porque es una aberración pensada para perseguir opositores. ¿Cuál es el mensaje que el peronismo no kirchnerista nos está dando, que lo que suceda con esa ley y las investigaciones que hace posible no le importan, que cambió de idea, o que va y viene porque total nadie o muy pocos registran de qué trata este asunto?

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 21/11/2018

Posted in Política.


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