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Pobreza: 33,6%, inflación: 3,2%, Riesgo país: 740, Gobierno: ¿en jaque?

No tiene mucho de donde agarrarse el gobierno en estos momentos, ni en el frente económico ni en el terreno social. La situación no deja de complicarse por donde se la mire.

La baja de la inflación fue menor a la esperada: el Indec midió 3,2% en noviembre, todavía muy alta. Suma casi 44% en el año. Y hace difícil llegar al 2% mensual, como el Ejecutivo prometió que sucedería durante este mes.

Esto a su vez mete presión sobre el dólar. Hay empresarios que vuelven a hablar de “retraso cambiario”. ¿Se conformarán solamente si volvemos al 2002? Mientras, la UIA amenaza firmar un documento con la CGT. Alianza que solía cultivar en tiempos de Alfonsín, cuando repudiaba el Plan Austral por no frenar en seco la inflación y al mismo tiempo por no reactivar la economía. Macri, igual que Alfonsín en esos tiempos, puede reprocharle su inconsistencia. Pero el problema seguirá siendo de él: ¿habremos dado tantas vueltas, con el FMI, el déficit cero y demás, para volver al comienzo, en una suerte de juego de la silla entre precios internos y competitividad externa, ajuste fiscal y nivel de actividad?

Para colmo de males, a la entente de las corporaciones se suma la Iglesia. La suba de la pobreza medida por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA mostró ayer que por primera vez el porcentaje de argentinos que sufre esa condición supera claramente la marca dejada por el gobierno anterior. Son 13 millones y medio de personas, la cifra más alta en mucho tiempo.

Encima, bajar la pobreza y la inflación fueron dos de las promesas centrales de la propuesta macrista. Cumplidos tres años de mandato, lo dejan expuesto al malhumor social sin atenuantes.

Y como si todo esto fuera poco, los problemas económicos y sociales alimentan los políticos y viceversa, en un círculo vicioso que es imposible predecir dónde termina. Como la situación es tan mala, los operadores financieros sospechan que tal vez Macri no sea reelecto y vuelva Cristina, entonces se niegan a comprar bonos argentinos o lo hacen solo si rinden una ganancia astronómica, con lo cual las posibilidades de bajar las tasas domésticas se resienten, también se resiente la disposición de los demás capitalistas a invertir, de los consumidores a endeudarse y la recesión tiende a profundizarse y prolongarse. Alimentando las sospechas de que Macri puede ser derrotado en octubre próximo, y la política y las reglas del juego para la economía cambiar de signo radicalmente.

Lo más sorprendente de todo, sin embargo, es que el relato, el odiado relato, está prestando una invalorable ayuda a Macri en estos momentos, ayuda que los fríos números se niegan a brindar, y sus aún más fríos administradores económicos no saben cómo acercarle.

El gobierno está en aprietos porque ha cometido muchos errores, la gente está desilusionada y malhumorada, y sin embargo la política aguanta, hay presupuesto, muy pocas protestas, tendremos el diciembre más tranquilo en mucho tiempo. ¿Por qué? Porque el oficialismo casi sin querer ha logrado instalar una explicación de cómo fueron las cosas que lo disculpa al menos en parte, y que por tanto también abona su explicación de lo que hay que hacer y cómo pueden ser las cosas de aquí en adelante.

Es el lado bueno de los errores no forzados: Macri llegó al ajuste sin querer, después de que le hubieran fallado todas sus otras opciones, por lo que no es tan fácil considerarlo responsable de los males que nos impone, salvo para los que ya desde antes lo consideraban un neoliberal maligno e insensible.

Para la mayoría puede que se haya revelado como alguien no muy ducho para elegir cursos de acción y colaboradores, pero más que el resto de los aspirantes a gobernar (todavía hoy le saca ventaja en este aspecto a todos los demás: a Cristina, a Scioli, y más todavía a Massa, que es un caso realmente único, estando en la oposición su imagen cae cada vez que el gobierno mete la pata). Y además reconoce sus errores y limitaciones. Con lo cual su explicación de que “no hay otra opción que esta fea medicina” cobró credibilidad.

A su vez, como el dólar saltó y a todos nos trajo horribles recuerdos, pero ahora se calmó y parece que al menos a este gato el gobierno le encontró la quinta pata, quedó instalada la idea de que por de pronto se evitó un gran mal, caer al abismo, frente al cual los males que efectivamente enfrentamos se relativizan. Si la situación no mejora demasiado, que es lo más probable, el temor al abismo continuará haciendo su trabajo y la gobernabilidad económica, aunque precaria, o mejor dicho precisamente por su precariedad, conservará un alto valor, desalentando de cambiar de timonel.

Claro que en el medio pueden pasar muchas otras cosas, la tolerancia al ajuste devenir hastío, frustración y dar paso a la protesta. Pero al menos como van las cosas no es tan seguro que la elección del año que viene vaya a ser todo lo disputada que se dice.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 16/12/2018

Posted in Política.


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