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Báez, De Vido, Cristina, mafiosos con menos visión que Don Corleone

¿Por qué, a diferencia de renombradas familias de la mafia, los k no se esmeraron en salvar siquiera a sus hijos del peligro de quedar implicados en la corrupción? Porque hasta los capos mafiosos han tenido en muchos casos un sentido de la responsabilidad familiar y del progreso colectivo que está ausente en la mayoría de nuestros grandes corruptos.

Hay un momento muy revelador de la historia que cuenta El Padrino. Es cuando Vito Corleone, el patriarca familiar, explica que a su hijo Michael le ha reservado un rol especial, el de limpiar el apellido, asegurándole una carrera respetable y credenciales de buen ciudadano, que el resto de los miembros del clan nunca podrían comprar, por más ricos y poderosos que llegaran a ser. Claro que las cosas pueden terminar muy mal, aún saliendo bien, y es lo que da su sentido trágico a la novela de Mario Puzo.

La mafia ha tenido y sigue teniendo, sobre todo en sociedades relativamente jóvenes y abiertas, ese costado que la asocia al progreso para minorías étnicas y otros grupos subalternos. El de ser un método de acumulación originaria a través del cual sectores desfavorecidos apuestan a sortear las barreras existentes para el ascenso social, de modo de integrarse o reintegrarse en la sociedad a la que pertenecen, en mejores términos de los que les ofrece una “vida respetable”.

Ahora que hay mafias y mafias. Así como algunas son más violentas que otras, unas buscan blanquearse a través de la política y otras lo hacen a través de la reconversión económica, o el simple blanqueo de capitales. Y algunas invierten grandes esfuerzos en mimetizarse y volverse con el tiempo respetables, mientras que otras hacen más bien lo contrario, se esmeran en corromper todo lo que hay a su alrededor.

Lamentablemente las nuestras parecen ser de este último tipo, son corruptoras además de corruptas. Y eso no solo genera problemas extra al resto de la sociedad, sino también a sus retoños, sus hijos y herederos, porque reciben una herencia en ocasiones inconveniente.

Es lo que está sucediendo con los hijos de Báez, y ha sucedido ya con los de Néstor y Cristina, los de De Vido y tantos otros. Sus padres no se ocuparon en lo más mínimo de asegurarles una carrera respetable y credenciales de buenos ciudadanos. Nada de eso. Los pusieron a contar billetes.

¿Por qué? Es una buena pregunta. Responderla nos podría ayudar a entender el daño moral y social, no sólo económico y político, que estas prácticas nos vienen provocando.

El mensaje que han querido dar los pater familias de nuestro caso parece ser que estarían muy contentos si sus hijos siguen su ejemplo, porque no hay nada mejor que hacer.

En la actividad mafiosa de los Corleone había un objetivo final, una suerte de aspiración a superarse, integrarse en una sociedad más amplia que el grupo familiar, cuya vida económica y valores se consideraban en alguna medida “mejores”, más “respetables”.

Acá no, la sociedad que rodea al grupo familiar es equivalente a un coto de caza formado por giles que carecen de toda virtud particular y no progresan para ningún lado, a menos que se sumen a las prácticas mafiosas no tienen futuro. Solo la familia lo tiene, y siempre que sea sólo solidaria consigo misma, es decir, no abandone el pacto de la omertá.

Tal vez por eso es que ver cómo el hijo mayor de Lázaro Báez es conducido a la prisión de Ezeiza es particularmente impactante, y aunque por un lado bastante triste, pueda a la vez considerarse una sólida evidencia no sólo de que él y el resto de la banda que abusó del poder por largos años va a pagar por sus crímenes, si no que su diagnóstico sobre lo que somos y valemos como sociedad está equivocado.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 7/2/2019

Posted in Política.