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Tabaré y el Papa se alejan de Maduro. Carta Abierta no

Tabaré Vázquez, el Papa Francisco y hasta los populistas italianos en los últimos días marcaron distancia con el régimen chavista. Nadie quiere quedar pegado a la catástrofe, o casi nadie: Carta Abierta dio ejemplo de consecuencia.

Mauricio Macri se entrevistó con el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, en Colonia, y se pusieron de acuerdo bastante rápido en reclamar se convoque cuanto antes a elecciones transparentes, fiscalizadas por veedores internacionales, en Venezuela.

Los dos sacaron provecho de la reunión y de ese acuerdo: el argentino porque sigue mostrándose como un líder con capacidad de diálogo e incidencia en los temas más relevantes de la agenda regional, y aprovechándose de que Brasil todavía no logra recuperar su tradicional peso en ese terreno (y mientras esté Bolsonaro en el Planalto puede que esta ventaja para Argentina se prolongue); y el uruguayo porque le permitió revelar una actitud más responsable y menos ideológica que la mayoría de sus socios del Frente Amplio, y tal vez logre así que este no pierda tantos votos cuando se elija a su sucesor, en octubre próximo, por la posición que ha adoptado sobre el drama venezolano, rechazada ampliamente en Uruguay igual que en todos los demás países de la región.

Algo semejante hizo el gobierno italiano, compuesto por populistas de derecha y de izquierda, que en principio estuvieron entre los pocos que resistieron la ofensiva de la Unión Europea contra el régimen chavista y no reconocieron a Juan Guaidó. El canciller italiano, Enzo Moavero recibió días atrás a una delegación enviada por el gobierno provisional, aunque siguió sin reconocer abiertamente la legitimidad de su designación por la Asamblea Nacional. Pero a continuación decidió negársela a las elecciones de mayo pasado, que consagraron la reelección de Maduro, y avalar el reclamo de nuevos comicios transparentes, que deberían hacerse “cuanto antes”. También decidió enviar ayuda humanitaria.

Casi en simultáneo el Papa Francisco hizo filtrar una carta supuestamente secreta dirigida a Nicolás Maduro en que le reprocha que en el pasado se aprovechara ladinamente de sus buenas intenciones. La carta dice textualmente que el diálogo que el Vaticano propició en 2016 llegó a acuerdos que el chavismo gobernante incumplió, y que no hay garantías de que eso no se vaya a repetir

En suma, Francisco dice haber sido engañado y utilizado por Maduro, dando a entender que ya no confía en él. Y modifica disimuladamente la postura que hasta ahora tenía sobre el diálogo: apenas días atrás había dicho que éste dependía de que “las dos partes lo aceptaran”, y como la parte que no quería repetir el chasco de 2016 era la de las fuerzas democráticas, le seguía haciendo el juego al régimen, dando a entender que éste al menos era más flexible y abierto a su mediación. Ahora por suerte ha dejado de enredar las cosas y enredarse, y toma distancia. También dejó de lado la absurda comparación con la mediación papal en el diferendo por el canal de Beagle entre Argentina y Chile: en Venezuela no hay dos “partes”, mucho menos dos estados en pugna, hay de un lado una dictadura que arrasó con la legitimidad democrática y constitucional, y del otro una amplia mayoría social y la última institución que respeta la constitución, y busca recuperar la democracia antes de que sea tarde.

Sucede que, a medida que pasa el tiempo, cada vez es más difícil rechazar esa descripción de la situación, y también el hecho de que para el régimen ya no hay salida que no suponga graves conflictos y costos: o él se impone a la sociedad y a la Asamblea Nacional a través de la represión y una abierta conversión al castrismo, o se fractura y entra en una fase de descomposición que puede ser bastante violenta. Los opositores más optimistas y algunos analistas sugieren que existe también la opción de que Maduro y su grupo queden aislados y decidan ceder o escapar. Pero sinceramente las posibilidades de que algo así suceda son mínimas.

Y es que todavía el régimen cuenta con recursos internos y externos para sostenerse. Entre los externos está la solidaridad de actores que no consideran la democracia pluralista un valor, y en muchos casos la estiman un disvalor. Es el caso de los regímenes híbridos o totalitarios de Rusia, China, Turquía, Irán, Nicaragua y Cuba. Y también de la izquierda populista latinoamericana. Para muestra basta un botón. Volvió a la palestra Carta Abierta, pero no para imitar esta vez al Papa, sino para ir en la dirección contraria: celebró la resistencia chavista contra el imperialismo, y que en el corazón de esa resistencia esté la unidad de las fuerzas armadas venezolanas en su apoyo, según ellos, la garantía de la paz y la concordia, de que el golpismo no triunfe.

Es curioso el argumento: para estos intelectuales de izquierda el hecho de que el último sostén del régimen chavista sea la fuerza militar no es evidencia de su carácter autoritario y antidemocrático, ni mucho menos de su recurso cada vez más asiduo a la violencia y la violación de los derechos humanos, tal como sucediera en otras dictaduras latinoamericanas que en el pasado ellos repudiaran. Sino que es todo lo contrario: es la prueba de que Maduro es legítimo y pacífico. Lástima que no extendieron su elogiosa referencia al papel de los militares a sus colegas de la policía, los grupos paramilitares y los servicios de inteligencia. Por ahí lo daban por descontado: encuentran el mismo espíritu antimperialista en todos esos matones, usen o no uniforme. O por ahí les dio un poquito de vergüenza. Porque una cosa es soltar un lagrimón pensando en los militares chavistas como émulos de Perón, y otra pensar en el Sebin, el Servicio Bolivariano de Inteligencia, sin acordarse Massera y Astiz.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 13/2/2019

Posted in Política.