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Guaidó necesita sumar eficacia a su legitimidad

La rebelión democrática está poniendo patas para arriba a los militares venezolanos. Si estos no frenan la entrada de la ayuda humanitaria, les costará más evitar otras iniciativas concretas que consoliden el poder de Guaidó y la Asamblea Nacional.

Las chances de que el contrapoder que encarna el presidente interino Juan Guaidó se imponga al aparato militar y de seguridad que sostiene a Maduro crecerán con cada camión con ayuda humanitaria que entre a territorio venezolano.

Hasta ahora todo lo que el polo democrático hacía contaba con legitimidad, pero tenía un déficit de eficacia palpable: movilizaba miles de personas en las calles, pero no amenazaba el orden que el régimen sigue imponiendo a sangre y fuego; podía ganar apoyos externos, pero no uno suficientemente exhaustivo para aislar al régimen y amenazar su supervivencia.

Mientras ese cuadro se mantuviera, Maduro y los suyos podían volver a apostar a que la movilización tarde o temprano se retrajera, y que la solidaridad de las democracias se volviera ritual y perdiera ímpetu, como sucediera frente a muchos otros países sumidos en el despotismo una vez que este se estabilizó.

La entrada de la ayuda humanitaria es la vía escogida para torcer ese destino y corregir la desventaja con que corren los disidentes venezolanos: les permitiría conectar el apoyo de las democracias desde fuera con la movilización desde adentro, para que fueran las fuerzas de seguridad las que quedaran sometidas a un test de eficacia.

Por eso fue tan importante el anuncio de Guaidó de que al menos algunos camiones lograron romper el cerco en la frontera con Brasil. Sería la prueba de que los militares chavistas están fallando en este test. Ahora hay que ver si la evidencia de ese fracaso se impone y se multiplica, y a qué velocidad.

Por eso lo que suceda en las próximas horas será decisivo. Si uno de los bandos se equivoca o cede, su destino quedará sellado.

Mientras tanto, también los artistas hicieron lo suyo para que los papeles se inviertan y el régimen chavista quede aún más que antes entre la espada y la pared. Poniendo patas para arriba en este caso la relación que en la región hasta ahora existía entre izquierdas y derechas en el campo artístico.

Hasta hace poco, los que organizaban recitales de solidaridad y reunían miles de jóvenes tan entusiastas con la música que allí se tocaba como con las ideas que sus artistas preferidos proferían entre tema y tema eran los grupos de izquierda. Y en particular las izquierdas latinoamericanas se lucieron en ese papel, ofreciendo durante décadas a sus parientes de otras latitudes una estética de la revolución, del humanismo o de la lucha por los derechos de los pueblos sometidos tan o más atractiva y movilizadora que la ética en que se afirmaban.

Todavía hoy muchos jóvenes y no tan jóvenes guardan en su memoria o cuelgan en sus paredes las imágenes de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Pero Milanés y Rodríguez no aparecen hoy en día por ningún lado.

A falta de ellos y de otros músicos reconocidos más o menos afines a la izquierda que estuvieran dispuestos a poner la cara por él, Nicolás Maduro debió conformarse con unas cuantas bandas ignotas para organizar su contra recital bajo el lema Hands of Venezuela, que convocó a apenas unos cientos de oyentes seguramente acarreados. ¿Será que la izquierda está perdiendo también esta batalla, la de reunir en torno suyo a las vanguardias artísticas, además de la de las ideas y la de los derechos en el pozo sin fondo del infierno chavista?

Del otro lado de la frontera, en Cúcuta, mientras tanto, se selló la alianza entre los gobiernos democráticos de la región, incluido el promotor menos esperado y en otro momento candidato al Oscar de los indeseables en cualquier encuentro artístico, el encabezado por Donald Trump, con la corriente de opinión más masiva y contundente que se haya visto en la región desde hace décadas, la que rechaza la deriva chavista hacia el castrismo. Los músicos allí reunidos, con sus diferencias, ofrecieron sus buenos oficios para dar voz a este entendimiento entre los gobernantes y la opinión pública latinoamericana. Algunos con un discurso despolitizado y puramente humanista, pero otros con un tono militante que ni siquiera Trump se hubieran animado a darle: “Basta de dictaduras de izquierda en América Latina” pidió el Puma Rodríguez, aludiendo claro además de a Venezuela, a Nicaragua y Cuba, tal vez también a Bolivia.

Los que quisieron deslegitimar el Venezuela Aid Live aludieron a estos artistas como “músicos comerciales”, “residentes en Miami”, en suma, ricachones que se alinean con la derecha regional porque siempre les importó más su bolsillo que las condiciones de vida de sus fans. Pero lo cierto es que el Puma y compañía expresaron bastante bien un sentido común respecto al cual las izquierdas de la región parecen camino a alienarse de forma cada vez más pronunciada. Sería bueno que lo evitaran porque hace falta una izquierda democrática, también en la eventual reconstrucción de Venezuela. Pero parece que las taras ideológicas tiran más que la racionalidad política.

Los López Obrador, Tabaré Vázquez y compañía deberían prestarle atención al Puma. Porque como están las cosas ellos en cualquier caso van a salir perdiendo: si Maduro gana porque Venezuela va a seguir hundiéndose en la pobreza y la violencia, y si gana Guaidó, porque ellos no habrán movido un dedo para ayudarlo.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 24/2/2019

Posted in Política.


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