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Hoy, Cristina no se baja

Mejora en las encuestas sin hacer nada (o precisamente, porque no hace ni dice nada), mientras Macri cae y los peronistas alternativos siguen divididos y sin vía para despegar; ¿por qué Cristina va a resignar su candidatura, si hoy hasta aparece ganando en el ballotage?

Hace un tiempo se decía que ella, con tal de impedir la reelección de Macri, iba a estar dispuesta a sacrificarlo todo, incluida su candidatura, si ella era obstáculo para la unidad opositora. Ahora se ve que no solo tendría asegurado un triunfo en la primera vuelta, sino que podría ganar la segunda. Y eso que todavía no vimos más que el inicio y una pequeña muestra de la potencia que va a adquirir el círculo vicioso (o virtuoso según quién lo mire) entre espanto de los tenedores de pesos ante su posible regreso al poder, corrida atrás del dólar, mayor malhumor social y deterioro del gobierno, más chances de que ella gane la elección, más fuga del peso y así sucesivamente.

También se decía hace un tiempo que el peronismo moderado iba a ofrecer alguna vía de escape para que Cristina y su familia pudieran asegurarse de cierta tranquilidad en el terreno judicial. Pero ahora se ve que la tranquilidad se la piensan proporcionar en forma mucho más segura ellos mismos, demoliendo la causa de los cuadernos con contra denuncias desopilantes y dilaciones en esa y en todas las demás investigaciones Que por ahora parecen insuficientes, y bastante truchas, pues los certificados médicos y demás excusas a que echan mano harían sonrojar hasta al estudiante más caradura y desesperado por esquivarle el bulto a un día de examen. Pero cobran pleno sentido cuando empalman con la decisión de apostarlo todo a un pronto regreso al poder, que acabe con este calvario judicial definitivamente. Teniendo ese premio mayor tan al alcance de la mano, ¿por qué iban a conformarse con tanto menos, como sería, en el mejor de los casos, una penosa supervivencia a una banca de distancia de Menem?

Otro argumento que circuló a favor de la tesis de que Cristina no tendría muchos motivos para ser de nuevo candidata era que iba a tener que romper la resistencia de la gran mayoría de los jefes territoriales del peronismo, que se han independizado de ella y no quieren volver para atrás. El problema que se ha venido observando en los últimos meses al respecto es doble. Por un lado, están los que siguen dependiendo de que ella les junte adhesiones, porque de otro modo podrían perder sus espacios de poder. Eso no es tan marcado en el interior, pero sí es decisivo para entender el alineamiento de los intendentes bonaerenses: se mantienen fieles al kirchnerismo porque nadie más que Cristina les garantiza un piso de 30-35% de los votos que por arrastre les aseguran retener sus municipios, aunque el peronismo siga dividido; garantía que desaparece en cambio si Cristina se bajara: obviamente ella no existe si el candidato fuera Solá, o Rossi, ¿cuánto tardarían esos jefes distritales en declarar su prescindencia de la elección nacional e incluso la provincial si CFK los defraudara? Necesitan verla en campaña y con todas las pilas más que sus seguidores más auténticos y fieles.

El otro dato que cambió el panorama, este sí con particular impacto en el interior, es el éxito de las listas de unidad promovidas por el kirchnerismo. Si hasta en Córdoba desapareció la competencia entre facciones del movimiento, en este caso por el retiro liso y llano de la lista de la ex presidente. La pregunta que todos se hacen es cómo van a compatibilizar los gobernadores electos o reelectos el haber cooperado con los K en sus distritos con el llamado a votar contra su candidata en las elecciones nacionales de agosto y octubre. Cómo van a justificarse ante sus seguidores, sobre todo si Cristina sigue sacándole una buena ventaja a cualquier peronista alternativo. Y si en la confección de las listas de legisladores nacionales los seguidores de la ex presidente logran reeditar las famosas listas de unidad, o al menos la competencia dentro de una misma alianza, que a todos pueda beneficiar. El desarme de Alternativa Federal “por abajo”, que ya se observa en el cambio de posición de los peronismos distritales de Tucumán, La Rioja, Río Negro y varias provincias más, exige que ella sea la frutilla del postre, e igual que sucede en la provincia de Buenos Aires, se podría revertir apenas insinúe que da un paso al costado. Así que no está solo en juego la competencia presidencial, si no la propia supervivencia de su espacio y de su capacidad para ordenar y eventualmente lograr la reunificación del peronismo bajo su ala, todo empuja a Cristina a sostener su candidatura.

Ante este panorama se entiende que el gobierno nacional esté bastante confiado: no creen que Cristina le vaya a fallar a Macri en esta, su hora más difícil. Creen a pie juntillas que se repetirá el escenario de 2015, no por ceguera de los adversarios, ni por excesivo afán de protagonismo ni por ningún otro vicio habitualmente atribuido a los populistas, los peronistas y todos los demás “istas” del eje del mal. No, simplemente porque no pueden hacer otra cosa.

¿Qué más puede pedirle Macri a Cristina? Realmente, ha hecho de todo por su bien. Más que su enemiga ideal, Cristina para Macri ha sido desde hace años la jefa, estratega en las sombras, y principal ejecutora de sus campañas electorales. Si ella no hubiera llamado a votar en blanco en la elección de la ciudad de Buenos Aires en 2015, Lousteau hubiera derrotado a Rodríguez Larreta para jefe de gobierno y el barco de Cambiemos se hubiera ido a pique antes de levar anclas. Si ella no hubiera puesto a Zannini de candidato a vice y no hubiera impedido todo gesto de autonomía a Scioli, esos dos puntitos por los que él cayó derrotado por Macri probablemente no hubieran existido. Y si ella no hubiera roto con el PJ y en especial con Randazzo en 2017, las elecciones legislativas de ese año no le hubieran resultado tan favorables al oficialismo.

Macri le debe mucho y, si los cálculos no le fallan, le va a deber todavía más.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 3/4/2019

Posted in Política.


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