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	<title>El agente de CIPOL &#187; Vicente Palermo</title>
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	<description>Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org)</description>
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		<title>Un nuevo mapa político: desequilibrio y tentaciones</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Oct 2011 21:23:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[8 años de Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2011]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[Sin sorpresas mayores, los resultados del 23 de octubre configuran un mapa político que tiene al desequilibrio por uno de sus rasgos más conspicuos. Este desequilibrio es potencialmente peligroso para todos, porque puede empujar a la formación oficialista tanto como a las oposiciones por caminos destructivos. La formación oficialista podrá estar tentada a arrasar con [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/10/28/un-nuevo-mapa-politico-desequilibrio-y-tentaciones/' addthis:title='Un nuevo mapa político: desequilibrio y tentaciones ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Sin sorpresas mayores, los resultados del 23 de octubre configuran un mapa político que tiene al desequilibrio por uno de sus rasgos más conspicuos. Este desequilibrio es potencialmente peligroso para todos, porque puede empujar a la formación oficialista tanto como a las oposiciones por caminos destructivos. La formación oficialista podrá estar tentada a arrasar con los escasos obstáculos institucionales remanentes (en este sentido, la relación entre el Ejecutivo y las Cámaras será clave), o a resolver los dificilísimos problemas internos que le aguardan (en especial, pero no únicamente, el de la sucesión del liderzgo presidencial) mediante el recurso de dar rienda suelta a proyectos que por su desmesura prometan un alineamiento sin fisuras de las fuerzas propias al precio de una agudización del conflicto político (el intento de forzar una nueva reelección presidencial, en el marco de una reforma constitucional que permita inscribir al “modelo” como parámetro de la politicidad argentina, es un ejemplo, aunque no el único posible, de este juego).</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/10/CFK.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1706" title="CFK" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/10/CFK.jpg" alt="" width="400" height="366" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Un grave error que la formación oficialista podría cometer, por ello, es interpretar su concluyente triunfo como una autorización o un mandato para ocupar la totalidad del campo político o para considerar que los que no pertenecen a la misma adolecen de una existencia política ilegítima (desde luego, hay elementos, por ahora minoritarios, en el campo oficial, que dan pábulo a este temor).<span id="more-1705"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a las oposiciones, uno de los peores errores que podrían cometer sería el de desesperarse. Pero esta posibilidad es elevada. Los gobiernos suelen generar sus oposiciones y si la contrapartida de un mal gobierno suele ser una peor oposición, la de un gobierno abrumadoramente victorioso suele ser una oposición fragmentada, desalentada y alterada. Claro que les esperan tiempos difíciles, y un cruce del desierto sin alivios, pero la desesperación podría arrastrarlas a un oposicionismo cerril (del que no faltan ejemplos recientes), y autodestructivo. Entrar en la disputa de polarización y deslegitimación recíproca en la que desde la formación oficialista algunos querrían ver a las oposiciones no ayudaría nada para que la política argentina pueda sortear los peligros inherentes al desequilibrio que hoy la afecta (el hecho de que la coalición socialista haya sido la fuerza opositora más votada es positivo en ese sentido, aunque no pueden desconocerse los riesgos de cooptación por parte del gobierno). En suma, conjurar los males del tremendismo político que anida tanto en la formación oficialista como en las oposiciones podrá suponer el pago de cierto precio en el corto plazo, pero resultará muy valioso para acotar las tendencias más destructivas aparejadas al desequilibrio.</p>
<p style="text-align: justify;">La presencia de esas tendencias nos obliga a interrogarnos por la dinámica del próximo período presidencial. ¿Se tratará de una etapa diferente de aquella hasta ahora transcurrida, y que estará marcada por la necesidad de dar cuenta de los desequilibrios que se agolpan a las puertas de la Casa Rosada? ¿O se tratará de la misma etapa, solo marcada por el abrumador respaldo electoral? Probablemente ninguna de las dos cosas. Cristina se verá en la necesidad de poner en juego el descomunal capital político adquirido para reconducir a la economía y al Estado argentinos por senderos sustentables, a menos que desestime la necesidad de enfrentar los desequilibrios y opte por continuar a toda ultranza la trayectoria vigente, como si un conjunto de cambios en los contextos nacional e internacional pudiera ser obviado. A todo esto, las oposiciones no podrán eludir hacer públicas sus posturas y, en caso de que el oficialismo opte por encarar los desequilibrios, también tendrán una opción ineludible por delante, entre acompañar críticamente el cambio de rumbo u oponerse frontalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado en Clarin del 24 de octubre de 2011</p>
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		<title>El ciclo de poder suma cero</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Aug 2011 22:35:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2011]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo Politico]]></category>
		<category><![CDATA[Suma Cero]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuáles son las causas que se esconden detrás de un triunfo electoral tan contudente como el del oficialismo en las pasadas primarias? Se ha dicho que los efectos materiales de las políticas sociales, conjugados con el crecimiento económico, la recuperación del empleo, y el aumento del poder de compra del salario, hacen la diferencia a [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/08/26/el-ciclo-de-poder-suma-cero/' addthis:title='El ciclo de poder suma cero ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">¿Cuáles son las causas que se esconden detrás de un triunfo electoral tan contudente como el del oficialismo en las pasadas primarias? Se ha dicho que los efectos materiales de las políticas sociales, conjugados con el crecimiento económico, la recuperación del empleo, y el aumento del poder de compra del salario, hacen la diferencia a favor del gobierno. Aunque me parece innegable, dejar de buscar otros factores sería incurrir en un grueso economicismo. Estimo que hay al menos otros dos, de índole nítidamente política. El primero es una identificación con el liderazgo de Cristina Kirchner. Esta identificación se incrementó, y se consolidó, a partir del impacto emocional generado por la muerte de Nestor Kirchner. Hubo allí una empatía con una mujer que, desvalida, cargaba ahora un país en sus espaldas. Pero no es sólo eso: Cristina hizo gala desde entonces de un estilo de uso del poder que la mostró cualquier cosa menos desvalida. Un manejo de la decisión y de la autoridad en ocasiones brutal (piénsese en el sometimiento de la ANSES), pero siempre determinado, en sintonía con la naturaleza de “príncipes democráticos” de las cabezas de los presidencialismos contemporáneos. Esta demostración de capacidad personalizada de gobierno suele tener un efecto político electoral nada despreciable y ha estado presente en esta oportunidad. El segundo factor consiste en que el kirchnerismo (?) fue eficaz en la creación de un clima de época. Un clima de época, de tiempos de cambio. En este caso, la creencia en que la Argentina es otra, que dejó atrás los males que la afligieron en los 90, el neoliberalismo y la entrega del patrimonio, pero también llagas de largo plazo, como la exclusión y la decadencia, el sometimiento de la política a las corporaciones, etc. En la Argentina, no hay elecciones que se ganan por la mitad de los votos si no tienen lugar bajo un clima de época. Fue el caso de Alfonsín, que supo trazar una frontera entre la Argentina autoritaria y la Argentina democrática, y ciertamente el de Menem a mediados de los 90, que estableció un clima de época entre la inflación y el primer mundo. Y cuando estos príncipes se encuentran en el ápice de sus trayectorias, la corrupción, por mucho que esto pueda frustrar a las oposiciones, no les hace mella, como es el caso hoy y como fue obviamente el caso de Menem hasta su reelección.</p>
<p style="text-align: center;"><img src="https://lh3.googleusercontent.com/-4X1cGAbJjjY/TdB5D39PD_I/AAAAAAAAGKg/wTyw7YslOvM/Cristina%2525202011.jpg" alt="" width="220" height="145" /></p>
<p style="text-align: justify;">Este breve examen de los factores del triunfo de la formación oficial viene muy a cuento para colocar este triunfo en perspectiva, más exactamente en la perspectiva de un ciclo político muy conocido por los argentinos, que denominaré el ciclo de poder suma cero. Este ciclo comienza cuando hay un marco externo muy favorable (fácil acceso al crédito internacional barato o excelentes precios internacionales para nuestras exportaciones). La Argentina entonces se siente opulenta, y el presidencialismo imperial corporiza esa condición, que se estima definitiva. Los que están al timón son muy pronto atacados por el síndrome de la grandeza Argentina, que colorea nuestra política exterior. Los negocios públicos se confunden con los privados y el Estado es utilizado para extraer ingresos de la sociedad y distribuirlos ilegalmente entre un bastante numeroso – y ávido – grupo de amigos, sean funcionarios, empresarios, sindicalistas, etc. El príncipe se rodea de acólitos, que lo son precisamente por carecer de todo poder representativo propio, mientras aquellos que sí lo tienen son vistos con desconfianza. La corrupción es rampante, el Estado es en parte arrasado y las instituciones políticas en parte aplastadas o menospreciadas. Las oposiciones podrán protestar, pero no tienen casi juego.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/08/alfmenem.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1622" title="alfmenem" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/08/alfmenem.jpg" alt="" width="555" height="410" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Pero tarde o temprano se hace evidente la debilidad extrema de los fundamentos del poder acumulado en una lógica de suma cero. Un disparador de la reversión del ciclo suele ser la brusca mutación de los términos de intercambio. El príncipe democrático prudente podría organizar una estrategia anticíclica antes de que aparezcan las manifestaciones de la reversión. Sobre todo porque esta reversión puede combinarse peligrosamente con problemas inmanentes a los liderazgos de suma cero, en especial al problema de la sucesión. La puja dentro de las fuerzas oficialistas se hará más intensa a medida que se aproxime el fin del segundo mandato presidencial. Pero hay dos cursos de acción muy diferentes de encarar estos problemas. Uno de ellos es enteramente consistente con la lógica de suma cero: ir a por todo anticipándose a la lucha interna con iniciativas que polaricen nuevamente el campo político y hagan posible que la presidenta se suceda a sí misma (por ejemplo, la muy mencionada reforma constitucional). Pero en este camino no harían más que ahondarse los riesgos del ciclo de suma cero. La alternativa es intentar seguir el ejemplo de Lula, que empleó su capital político para sostener una candidatura (al cabo triunfante), con el menor daño posible a las instituciones.</p>
<p style="text-align: justify;">La formación oficialista se encuentra en la cúspide de su ciclo mientras la oposición, con escasas excepciones, está lamiéndose las heridas. Aunque están de por medio las elecciones de octubre, muy probablemente las mismas no cambiarán este cuadro. Quienes desde el gobierno y la oposición prefieran trabajar constructivamente para neutralizar los peligros a la vista, deberían observar más allá de octubre con una perspectiva adecuada.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/08/26/el-ciclo-de-poder-suma-cero/' addthis:title='El ciclo de poder suma cero ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Bienvenida la sinceridad de Mujica*</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Nov 2010 14:10:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Mujica]]></category>
		<category><![CDATA[Uruguay-Argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[Ninguna crítica es tan dolorosa y valiosa como la que nos hace un hermano querido. Es dolorosa porque no podemos engañarnos a nosotros mismos y atribuirla al odio o al desprecio, y es valiosa por las mismas razones, porque esa mirada fraterna pero sin indulgencia nos ayuda a enfrentarnos con hechos que quizás preferiríamos ignorar. [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/11/17/bienvenida-la-sinceridad-de-mujica/' addthis:title='Bienvenida la sinceridad de Mujica* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ninguna crítica es tan dolorosa y valiosa como la que nos hace un hermano querido. Es dolorosa porque no podemos engañarnos a nosotros mismos y atribuirla al odio o al desprecio, y es valiosa por las mismas razones, porque esa mirada fraterna pero sin indulgencia nos ayuda a enfrentarnos con hechos que quizás preferiríamos ignorar. Creo que es el caso con las declaraciones del presidente uruguayo del pasado 10 de noviembre. Mujica ha sostenido que la Argentina “es un país cortado en dos”, y se mostró fuertemente impresionado por el hecho de que “integrantes del gobierno” (por Cobos) habían sido prohibidos de concurrir al velorio del ex presidente Kirchner (en realidad no solamente Cobos recibió la “sugerencia” de no asistir; otras figuras políticas importantes de la oposición, como Eduardo Duhalde, fueron aconsejadas en el mismo sentido). Mujica no paró ahí; en la entrevista al semanario Búsqueda recordó el incidente en el que el ex presidente Jorge Batlle declaró que “los argentinos son una manga de ladrones”. Y lo hizo de un modo muy especial: aseverando que lo grave había sido permitir que lo grabaran, pero no haberlo pensado. Luego, mentando el “que se vayan todos”, y los desdoblamientos muy diferentes de aquella crisis en el Uruguay, consideró que esa diferencia corroboraba que Argentina y Uruguay eran países “muy distintos”. Por fin, y a raíz de propuestas para implantar retenciones en su país, advirtió que tal vez eso solo sirviera para “engordar el Estado, que funciona mal”.</p>
<p><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/11/Bandera_del_Mate_de_Uruguay1.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-946" title="Bandera_del_Mate_de_Uruguay" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/11/Bandera_del_Mate_de_Uruguay1-300x199.png" alt="" width="300" height="199" /></a></p>
<p>Sin dudas habrá reacciones en ambas orillas, sujetas a las conveniencias diplomáticas y a las relaciones entre oposición y gobierno en cada país. Me gustaría colocar las manifestaciones del presidente uruguayo, en cambio, en una perspectiva más amplia y de largo plazo. Cuando aquel que más se nos parece – por historia, cultura, rasgos identitarios, etc. – se siente en la necesidad de decirnos y decirse a sí mismo que somos muy distintos eso debería ser un acicate para un examen lo menos concesivo posible de nuestros propios problemas. No se trata de tomar al pie de la letra cada palabra, y los propios uruguayos sabrán la medida en que las frases de Mujica son expresivas de tensiones o conflictos internos. Se trata de algo tan contundente y a la vez tan fácil de hacer a un lado (por doloroso) como el hecho de que <em>así nos ven</em>. Nos ven como un país partido en dos, corrupto, con un Estado incompetente. Asumo que Mujica no ignora que muchos argentinos militamos contra la polarización política, no somos corruptos, así como que sería injusto tildar todo el sector público del mismo modo implacable. Pero el hecho es que <em>así nos ve</em>. Esa es una imagen que Argentina proyecta al mundo, no ha surgido del magín del presidente uruguayo.</p>
<p>Pero Mujica, al hablar de nosotros y hablarnos con semejante franqueza, queda sujeto a los compromisos creados por sus propias palabras. El suyo no ha sido un dictamen técnico, o académico, sino político. Y se inscribe en la larga tradición de vínculos que, entre uruguayos y argentinos, es difícil calificar de inter-nacionales, ya que mal reconocen fronteras. Así que, bienvenido presidente Mujica.</p>
<p>* Publicado en La Nación</p>
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		<title>La construcción del mito político*</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Oct 2010 18:28:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Usos de la historia]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que hay un aspecto posible de la política poskirchnerista que está siendo inadvertido; me refiero a la constitución de la figura del ex presidente como mito político. En efecto, las condiciones para que Kirchner se convierta en mito están presentes. En primer lugar, un mito requiere de una épica: el héroe entregado a una confrontación de dimensiones sobrehumanas, que lo pone a prueba y que puede ser inscripta en un relato de lucha sempiterna, más general y abarcadora. En este caso, la épica está presente: la batalla del héroe contra fuerzas externas (el FMI) e internas (los &#8220;medios concentrados&#8221;), que fue capaz de vencer, puede ser percibida como formando parte de una guerra (v.g., del pueblo contra el &#8220;antipueblo&#8221;). En segundo lugar, el mito precisa que la épica sea mucho más que un relato intelectual, artístico o periodístico, para alimentar sus raíces en sentidos y sentimientos de grupos sociales, por tener sus configuraciones analogía con las configuraciones de esos sentidos y sentimientos (v.g., en este caso, las nociones dominantes en torno al FMI). En tercer lugar, es necesario que la biografía del héroe sea percibida como una vida de dedicación y entrega totales a esa confrontación épica. Sin duda el caso de Kirchner califica bien al respecto. Por fin, la muerte &#8220;joven&#8221; y sobre todo en lucha, es decir, en un momento de plenitud, es indispensable, y confirma la entrega, puesto que el héroe consuma la mayor ofrenda: triunfa, nos dice el mito, pagando el triunfo con su propia vida.</p>
<p>La nitidez que puede adquirir, por lo dicho, la figura de Kirchner como mito político, puede llegar a ser muy marcada; en otros términos, que su potencial político y cultural puede ser relevante. Personalmente no veo el menor motivo para celebrar esta eventualidad. Pero un mito no es ni verdadero ni falso. ¿Qué importancia tiene señalar que la mitificación de Kirchner es posible? Si el fenómeno tiene lugar, tendremos que aprender a coexistir con él. Poco sentido tendrá oponernos frontalmente. La pretensión de hacer tierra arrasada con fenómenos políticos que nos disgustan es demasiado argentina. Pero es una forma más de contribuir a los desastres. Si Kirchner se constituye en otro mito político argentino, aquellos que, como será mi caso, no nos dejaremos capturar por su encanto, deberíamos defender la diferencia, la que nos habilita a expresar nuestra opinión sobre el tema, en lugar de tratar de aplastarla.</p>
<p>De que se verifique o no la mitificación de Kirchner se siguen consecuencias de historia política y de política práctica. Porque el futuro del kirchnerismo dependerá mucho más de que el mito se condense, o no, que de la voluntad del manojo de alfiles, torres y caballos que hoy rodea a la reina.</p>
<p>* <em>Publicado en La Nacion </em></p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/10/29/la-construccion-del-mito-politico/' addthis:title='La construcción del mito político* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Otra cadena en nuestras piernas*</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2010/02/19/351/</link>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 20:24:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[El decreto 256 del Gobierno constituye un eslabón más de la cadena con la que estamos enrollando nuestras piernas. Desde hace tiempo, la política oficial ha sido la de intentar obstaculizar por distintos medios los esfuerzos de los malvinenses para desarrollar las islas. Lo malo no es que esos intentos han sido y seguirán siendo [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/02/19/351/' addthis:title='Otra cadena en nuestras piernas* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El decreto 256 del Gobierno constituye un eslabón más de la cadena con la que estamos enrollando nuestras piernas. Desde hace tiempo, la política oficial ha sido la de intentar obstaculizar por distintos medios los esfuerzos de los malvinenses para desarrollar las islas. Lo malo no es que esos intentos han sido y seguirán siendo inocuos; lo malo es que nos infligimos un daño persistente a nosotros mismos. Con la ciega obsesión de recuperar las islas, y en la equivocada creencia de que las aparatosas posturas malvineras conllevan réditos de aprobación pública, estamos reforzando la desconfianza de los malvinenses y malgastando un tiempo valioso en lugar de aprovechar las potencialidades del Atlántico Sur en pro del mejor interés argentino.</p>
<p>Cada día de tozuda insistencia en esa política destructiva equivale a meses de andar por el camino que será necesario para revertirla. La reversión de esa política consta de tres elementos fundamentales.</p>
<p>Primero, asumir que la opinión pública argentina no es malvinera. Muchos porque piensan que las Malvinas son definitivamente irrecuperables, otros por pragmatismo y otros porque privilegian valores poco afines con el territorialismo obcecado, suman una opinión pública abierta a propuestas innovadoras y originales.</p>
<p>Segundo, reducir cualitativa y cuantitativamente el estatus del diferendo, y dejar de supeditar objetivos relevantes y alcanzables al de &#8220;recuperar el ejercicio de la soberanía&#8221;. En la política diplomática deberíamos dar muestras de que nos importa que los isleños sean libres de decidir lo que quieran. Y que mientras tanto lo mejor que podemos hacer es colocar el &#8220;conflicto&#8221; en el lugar irrelevante que le correspondería, abriendo la posibilidad de cooperación regional. No sería una renuncia formal a derechos, pero sí hacer patente nuestra percepción de que no nos asiste toda la razón en el conflicto.</p>
<p>Tercero, contribuir a instalar en el área un espíritu de cooperación, en arreglo a intereses concretos en diferentes campos: explotación de recursos vivos y energéticos, turismo, comunicaciones, desarrollo científico-tecnológico, política ambiental, etc.</p>
<p>En el tema Malvinas, hay demasiado oportunismo y demasiado silencio. La política oficial es desatinada, pero la oposición, hasta ahora, poco y nada ha hecho para contribuir al desarrollo de un enfoque original.</p>
<p>*Publicado en La Nación</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/02/19/351/' addthis:title='Otra cadena en nuestras piernas* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Uruguay tras la disputa electoral*</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2009/10/29/uruguay-tras-la-disputa-electoral/</link>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 04:48:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Presidentes que terminan sus mandatos con elevadísimos niveles de aprobación en Chile, Brasil y Uruguay… y, al mismo tiempo, en los tres casos con efectivas posibilidades de alternancia política. En los tres países los presidentes en ejercicio respaldan, claro está, a los candidatos de sus partidos o coaliciones, pero no se empeñan destructivamente en ello. [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/10/29/uruguay-tras-la-disputa-electoral/' addthis:title='Uruguay tras la disputa electoral* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Presidentes que terminan sus mandatos con elevadísimos niveles de aprobación en Chile, Brasil y Uruguay… y, al mismo tiempo, en los tres casos con efectivas posibilidades de alternancia política. En los tres países los presidentes en ejercicio respaldan, claro está, a los candidatos de sus partidos o coaliciones, pero no se empeñan destructivamente en ello. Y los altos niveles de aceptación de los que disfrutan, no se traducen de modo automático en equivalentes intenciones de voto. Mientras que Tabaré es aprobado por el 60% de los uruguayos, Mujica y Lacalle han de definir en una segunda vuelta. En Uruguay, tanto como en Brasil y Chile, partidos bastante bien estructurados coexisten con una opinión pública independiente, y la estabilidad político-institucional convive con la incerteza partidario-gubernativa. Todo lo cual es por cierto muy saludable.</p>
<p>En Uruguay, como en Brasil y Chile, gobiernos de centro-izquierda (que algunos califican despectivamente de izquierda “moderada”) han hecho avances en el combate contra la pobreza, han mejorado la distribución del ingreso, han logrado ganar terreno en materia educativa y sanitaria, y han combinado todo esto con políticas macroeconómicas sustentables – de modo tal que no se encuentran sometidos a las reacciones preventivas o punitivas, como la fuga de capitales, de los agentes económicos y los ciudadanos que cuidan sus ahorros. Aunque el perfil de Mujica es muy diferente al de Tabaré, como candidato presidencial no precisó ni precisará sobreactuar para conseguir que su promesa de continuidad de las políticas sea creíble – desde luego Danilo Astori, derrotado por Mujica en la interna del Frente Amplio, contribuye a afianzar esa credibilidad al acompañarlo en la fórmula.</p>
<p>En Uruguay, como en Brasil y Chile, la actual oposición puede llegar al gobierno. No obstante, con la excepción, apenas parcial, del caso chileno, esto no parece implicar drásticas reversiones en las políticas doméstica y exterior. Ciertamente ha de haber cambios de rumbo en caso de un poco probable triunfo de los blancos en la segunda vuelta – precisamente el cambio es la sal de lo político – pero nada que se parezca a la inauguración de una presidencia imbuida de mesianismo refundacional.</p>
<p>Uruguay, como Brasil y Chile, parece haber aprendido a cuidar sus activos. Uruguay es un país pequeño en población y en mercado, y esta pequeñez no representa ninguna ventaja. Pero se esfuerza en compensarlo: uno de sus principales activos es la calidad institucional. En el mundo de hoy, más que nunca antes, la calidad institucional es una ventaja comparativa dinámica de primer orden. Otra ventaja comparativa es saber qué lugar se quiere ocupar y qué lugar se ocupa en el mundo – no sin anhelos pero con realismo político. Uruguay lo sabe, como Brasil y Chile.</p>
<p>Argentina, como Uruguay, Brasil y Chile… bueno, está en el Cono Sur.</p>
<p>* Publicado en <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1190739">La Nación</a>.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/10/29/uruguay-tras-la-disputa-electoral/' addthis:title='Uruguay tras la disputa electoral* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Más allá del republicanismo de cartilla*</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2009/08/23/mas-alla-del-republicanismo-de-cartilla/</link>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 00:08:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[Confirmando el principio físico que nos dice que cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, este ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto, los términos de la disputa política y del debate institucional argentinos de hoy se han polarizado. A fuerza del torpe despliegue hiper-presidencialista de las administraciones Kirchner, parte [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/08/23/mas-alla-del-republicanismo-de-cartilla/' addthis:title='Más allá del republicanismo de cartilla* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Confirmando el principio físico que nos dice que cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, este ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto, los términos de la disputa política y del debate institucional argentinos de hoy se han polarizado. A fuerza del torpe despliegue hiper-presidencialista de las administraciones Kirchner, parte de la oposición, y muchos intelectuales, adoptaron una versión rudimentaria de la cartilla republicana. &#8220;El Congreso debe ser el órgano de decisión&#8221;, &#8220;Argentina necesita regresar a la división e independencia de los poderes; el Congreso debe legislar y el Ejecutivo limitarse a aplicar la ley&#8221;. Estos lugares comunes se leen o escuchan todos los días. Como republicano de pleno derecho que soy, me gustaría salir al cruce de esta curiosa lectura de nuestras formas de gobierno.</p>
<p>La ideas inspiradas en Montesquieu, o en los federalistas norteamericanos, de separación de poderes, en modo alguno refieren forzosamente a una supuesta &#8220;independencia&#8221; de poderes sino, al contrario, pueden entenderse, desde un ángulo, como control recíproco (como el medio eficaz de limitar al poder con el poder) y, desde otro ángulo, como interdependencia, en tanto que ciertas funciones de autoridad se comparten. Así, separar el poder es más bien que ciertos poderes &#8211; por caso los legislativos &#8211; sean compartidos por distintos actores, y no que a cada actor le corresponda la totalidad exclusiva de una determinada función de poder.<span id="more-295"></span></p>
<p>En el presidencialismo, los presidentes cuentan con capacidades legisferantes, y es bueno que así sea. En el caso argentino, esas capacidades han nacido con la constitución concebida por nuestros padres fundadores. Con el tiempo, al Poder Ejecutivo &#8211; tal como en muchas otras democracias del mundo entero, tanto en regímenes presidencialistas como parlamentarios &#8211; se lo fue dotando de nuevas capacidades y competencias y de mecanismos proactivos y reactivos que lo han convertido en un actor ineludible a la hora de legislar. Posee fuertes poderes de veto y de decreto, importantes atribuciones sobre el presupuesto, ninguna restricción en la formación del gabinete (de modo tal que puede establecer en las arenas de la Presidencia las bases de coaliciones estables), capacidades técnicas y administrativas superiores a las del Congreso y los gobiernos provinciales para diseñar e implementar políticas públicas, la atribución de reglamentar las leyes sancionadas por el Congreso, etc.</p>
<p>No cabe duda de que desde hace tiempo &#8211; aquí y casi en todas partes &#8211; esta transformación de los formatos institucionales del régimen democrático ha creado un pernicioso desequilibrio en desmedro del Congreso (y hasta del Poder Judicial), y en desmedro de la sociedad &#8211; desde las preocupaciones, muy justificadas, por la escasa accountability (rendición de cuentas) vertical tanto como horizontal, a los distintos análisis que nos presentan a los &#8220;estados (permanentes) de excepción&#8221; como uno de los peores peligros para la democracia, denuncian pertinentemente estos excesos. Aunque también es verdad que en muchos casos se contraponen a estos procesos saludables respuestas institucionales: más y mejor calificados recursos a la mano de los legisladores, nuevas instituciones que habilitan a los ciudadanos a protestar, vigilar y controlar el ejercicio del poder, y aun a coparticipar de los procesos legislativos. Pero no es este el nudo de la cuestión.</p>
<p>El nudo de la cuestión es que parece existir un obstáculo epistemológico en académicos y asimismo en segmentos de la dirigencia política, que impide percibir la crucial importancia, en regímenes presidencialistas, de las funciones integrativas del Poder Ejecutivo, que provienen tanto de sus facultades legisferantes como de sus facultades de nominación. Esas funciones pueden ser indispensables aun en casos en que las preferencias electorales arrojen una mayoría parlamentaria del mismo signo que el jefe del Ejecutivo, ya que ello no garantiza automáticamente la cooperación entre los poderes que es imprescindible dado el hecho de que éstos comparten funciones de autoridad. Los puentes entre los dos poderes necesarios para alcanzar los requisitos de cooperación, deben ser construidos activamente. Quienes conciben la función de los poderes según la lectura de la &#8220;tajante separación de poderes&#8221;, tienden a considerar las facultades legisferantes del Poder Ejecutivo en términos de &#8220;interferencia / intromisión que no respeta el principio de la división de poderes&#8221;. Este déficit de percepción &#8220;doctrinarista&#8221; sale paradójicamente al encuentro de la concepción mayoritarista en la que se ha formado una parte sustancial de la dirigencia política argentina, según la cual los presidentes gobiernan solos y en todo caso, las coaliciones deben resolver el problema de cooperación simplemente proporcionando al Ejecutivo mayorías pasivas y sumisas en el Congreso. Hay, pues, dos culturas políticas, la del republicanismo de cartilla, y la del mayoritarismo político, que contribuyen poco y nada al aprovechamiento de las posibilidades reales de gobernabilidad que ofrece el cuadro constitucional vigente.</p>
<p>En él, los presidentes cuentan con grados de libertad para escoger entre una estrategia de desarrollo unilateral de la autoridad política (la opción en que los Kirchner han persistido con contumacia), y una estrategia de desarrollo cooperativo o integrativo de la misma, así como entre una orientación de composición y una de contraposición en la construcción de bases estables del poder político. Los instrumentos proactivos y reactivos que la Presidencia dispone, así como sus facultades de nominación, pueden ser utilizados según sus preferencias, en acciones de autoridad unilaterales / imperiales que tienden a la legislación concentrada en el Ejecutivo o en acciones de autoridad cooperativas / integrativas que tienden a la co-legislación entre poderes. La primera opción se ha mostrado recurrentemente desastrosa; la segunda es, a mi entender, la clave de la reconstrucción de la gobernabilidad democrática.</p>
<p>* <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1156778">Publicado en LA NACION, 31 de julio de 2009</a></p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/08/23/mas-alla-del-republicanismo-de-cartilla/' addthis:title='Más allá del republicanismo de cartilla* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Peronismo de geometría variable*</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/28/peronismo-de-geometria-variable-2/</link>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2009 14:05:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Quisiera llamar la atención sobre dos cuestiones que las elecciones pasadas han hecho patente: las burbujas electorales y la geometría variable del peronismo. Son relevantes por constituir -conjeturo- rasgos perdurables que, si bien no son inéditos, han ganado nitidez en la escena político electoral argentina. En cuanto al primero, la volatilidad de un electorado que [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/28/peronismo-de-geometria-variable-2/' addthis:title='Peronismo de geometría variable* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quisiera llamar la atención sobre dos cuestiones que las elecciones pasadas han hecho patente: las burbujas electorales y la geometría variable del peronismo. Son relevantes por constituir -conjeturo- rasgos perdurables que, si bien no son inéditos, han ganado nitidez en la escena político electoral argentina.</p>
<p>En cuanto al primero, la volatilidad de un electorado que a veces parece móbile qual piuma al vento , produce composiciones heterogéneas que serían insólitas si las preferencias del votante estuvieran configuradas sobre la base de identificaciones partidarias más firmes (no estoy sugiriendo que esto sea ni mejor ni peor).</p>
<p>Una de las consecuencias es la emergencia de liderazgos tal vez fugaces, pero que la imprevisibilidad del juego político puede llevar a cargos de gobierno sin las credenciales que, por lo menos yo, considero necesarias para pensar que han de ejercerlos competentemente.</p>
<p>A mi entender, es el caso de Pino Solanas: si la burbuja electoral continúa creciendo, podría llevarlo -¿por qué no?- al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Y Julio Cleto Cobos -aunque su fuerza electoral no fue testeada directamente en las pasadas elecciones- que me disculpe, pero no encuentro aún motivos convincentes para confiar en sus condiciones presidenciales.</p>
<p>El fenómeno de las burbujas trae al tapete la cuestión de la responsabilidad del votante, en un ambiente cultural en que éste se siente mucho más inclinado a ver la paja en el ojo del representante que la viga en el suyo. En cuanto a la geometría variable del peronismo, patente en el número de alianzas electorales en las que participaron agrupamientos peronistas, mi hipótesis es que ha cambiado radicalmente si tomamos en cuenta la historia pasada: antes, los peronistas se abrían -si no quedaba más remedio- para volver: los incentivaba la existencia de un electorado relativamente cautivo que definía un campo de disputas unificado, el &#8220;peronismo&#8221;.</p>
<p>La &#8220;Gran Cafiero&#8221; de 1985 ilustra este comportamiento. Ahora, ese campo electoral unificado no existe, y los distintos peronistas tienen incentivos para permanecer, literalmente, con un pie dentro y otro fuera. Muy pronto podremos testear esta hipótesis. Si los principales peronismos consiguen dirimir su disputa en una sola interna peronista (abierta o cerrada) entonces sería equivocada. Veremos.</p>
<p>*Publicado en el diario La Nación el domingo 5 de julio de 2009.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/28/peronismo-de-geometria-variable-2/' addthis:title='Peronismo de geometría variable* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Liberalismo y política: respuesta a H. González</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2008/06/02/liberalismo-y-politica-respuesta-de-tito-a-h-gonzalez/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 16:04:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Paro Agropecuario]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
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		<category><![CDATA[Carta Abierta]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis 2001/2]]></category>
		<category><![CDATA[gobierno K]]></category>
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		<description><![CDATA[A continuación mi respuesta a la réplica de Horacio González a la Carta abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta/1 que publicamos hace unos días aqui: Querido Horacio: agradezco, valoro y retribuyo el sincero afecto que expresa tu carta. Me temo que has construido un muñeco de paja, lo has calificado de liberal [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2008/06/02/liberalismo-y-politica-respuesta-de-tito-a-h-gonzalez/' addthis:title='Liberalismo y política: respuesta a H. González ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A continuación mi respuesta a <a href="http://docs.google.com/View?docid=dffkzmxt_15d4czjqfw">la réplica</a> de <a href="http://www.bn.gov.ar/AC_GalDirectores.aspx">Horacio González</a> a la <a href="http://www.politica.com.ar/blog/2008/05/17/carta-abierta-a-todos-los-firmantes-de-la-carta-abierta1-del-19-de-abril-de-2008/">Carta abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta/1</a> que publicamos <a href="http://www.politica.com.ar/blog/2008/05/17/carta-abierta-a-todos-los-firmantes-de-la-carta-abierta1-del-19-de-abril-de-2008/">hace unos días aqui</a>:</p>
<p>Querido Horacio: agradezco, valoro y retribuyo el sincero afecto que expresa tu <a href="http://docs.google.com/View?docid=dffkzmxt_15d4czjqfw">carta</a>.<br />
Me temo que has construido un muñeco de paja, lo has calificado de liberal y bautizado Tito Palermo, y tras cartón te has dedicado a arrojar piedras contra él.<br />
Pues bien, ese sayo no me lo pongo. En mi opinión el liberalismo político no es ajeno ni a la voluntad política, ni a la pasión, ni al conflicto, y no puedo, por tanto, compartir tu identificación del liberalismo con la sustracción de la política. Pero llego en este camino nomás hasta aquí. Si existen, los liberales a secas que se defiendan solos.<br />
El diablo está en los detalles, y en el blend están todas la diferencias que importan. Por tanto, en lo que me atañe, y dado nuestro mutuo conocimiento, encuentro sumamente curioso que me despaches al purgatorio de los sustraedores de la política y de la voluntad política. Te ves para eso obligado a hacer unos malabares muy desconcertantes. Tu carta es algo reiterativa: me calificás en tus escasas cuatro páginas de liberal media docena de veces y acompañás cada calificación con un solo argumento, invariable, y una sucesión de ejemplos. Me basta con el primero: &#8220;Ante un problema donde está en juego la cuestión nacional, el liberal pide sustracción del nacionalismo&#8230; Eso soluciona el conflicto, el restar del problema su condición de tal. Queda su osatura mínima. Sustraído el nacionalismo de la nación, queda en pié un árbol institucional, enjuto, la racionalidad en sí misma.&#8221;. Juro estar convencido de que esa ni vos mismo te la creés en lo que a mi respecta. Desde luego, no pienso como vos, porque no creo que &#8220;sustraído el nacionalismo de la nación&#8221;, queden apenas unas instituciones y una racionalidad. Pero lo asombroso no es disentir contigo, lo asombroso es que creas que podés describir así mi forma de pensar y actuar políticamente. Me remito a debates bien conocidos, densos política y culturalmente, y a un librito que publiqué hace más de un año, Sal en las heridas, lleno de pasión y compromiso con nuestro país y en contra del modo nacionalista de proponernos identidad nacional. Lo que hacés es como si a mi se me ocurriera, por el hecho de que hablás de cooptación, por ejemplo, sostener que sos un seguidor de las modas actuales creyendo que toda política es populista y todo lo político es populismo.<br />
No puedo sino rejuntar las perlitas de tus calificaciones; te referís a mi &#8220;lenguaje despojado, sustraído, robado de toda historicidad&#8230;&#8221;, a mi &#8220;liberalismo&#8230; sinónimo de política neutra, inodora, insípida&#8230;&#8221;; a mi &#8220;ilusión liberal&#8221;. En la carta en la que, según vos, &#8220;en realidad&#8221; sustraigo la política, me refiero a cursos de acción &#8211; diferentes a los que ustedes celebran o justifican en vuestra carta &#8211; plenamente políticos, conflictivos, que suponen actores, tensión, lucha, historia, valores. La identificación que te das el lujo de hacer, entre lo político y el modo en que te gusta o creés necesario que lo político sea, se hace patente en la presentación final de tu dilema: hay que elegir, ensuciándose las manos, entre Kirchner que ataca a la oposición tildándola de nueva unión democrática, y ese lenguaje despojado, sustraído, robado de historicidad. En otras palabras, para vos, la elección es entre un Kirchner que, ya sabés (decís), &#8220;no supo sustraer el voluntarismo, el populismo, la mitología, el chicanerismo, el laclauísmo, el significantevacioísmo, el avivatoísmo&#8221;, y la nada. ¿Por qué no elegir entre ir a quemar iglesias o defender el matrimonio religioso y la educación católica en las escuelas? ¿O entre Chávez y los golpistas?<br />
Tu dilema corre por tu cuenta; lo dolorosamente llamativo es que hagas como que no ves que mi posición, que podrá ser equivocada, es tan densamente política como la tuya. Tan llena de pasión y compromiso. En 1955, antes del golpe, no había quienes activamente lucharan por reformular el conflicto y el antagonismo argentinos. Ahora sí; no se si somos pocos o muchos, pero estamos haciendo tanta política como ustedes.<br />
La dimensión liberal &#8211; para usar tu palabra &#8211; en esto no está ausente, al contrario: presta especial atención a las formas en que el poder es gestionado, a los modos en que los conflictos se procesan y en que los adversarios se constituyen. Se importa mucho con cosas tales como la lentitud, la perplejidad, la prudencia, la mesura, el temple, necesarios en la acción &#8211; con todo aquello, en fin, que te ha dado la real gana de denominar sustracción de la política y de la voluntad.<br />
Como ves, no te he dado de barato esta vez ni un tranco de pulga.<br />
Un fuerte abrazo,<br />
Tito.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2008/06/02/liberalismo-y-politica-respuesta-de-tito-a-h-gonzalez/' addthis:title='Liberalismo y política: respuesta a H. González ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Carta abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta/1</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2008/05/17/carta-abierta-a-todos-los-firmantes-de-la-carta-abierta1-del-19-de-abril-de-2008/</link>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 12:43:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[DDHH]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Carta Abierta en respuesta a la <a href="http://www.cartaabiertaa.blogspot.com/">Carta Abierta/1 &#8220;con la firma de más de 750 intelectuales&#8221;</a> presentada en el Foro Gandhi <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-104188-2008-05-15.html"> el 13 de mayo de 2008</a>:</p>
<p>Debería ser obvio; escribo esta carta porque los respeto. Porque considero valioso y políticamente promisorio discutir con ustedes. No me interesa discutir con Mariano Grondona. No me atrae hacer la vivisección de Alfredo De Ángelis, a quien conozco de naranjo por haber seguido sus pasos no menos desatinados que los que da ahora como protestador rural, cuando era uno de los principales activistas de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, asamblea que el gobierno nacional respaldó sin cortapisas en sus objetivos absurdos, diagnósticos tremendistas y metodologías “iliberales” (cría cuervos que te sacarán los ojos). Y no los respeto a ustedes solamente por las trayectorias en parte comunes que tengo con muchos de ustedes. También los respeto porque convocan a la discusión, del mismo modo en que lo estamos haciendo unos cuantos otros en estos mismos y amargos días. Quien convoca necesita y se supone que quien convoca (como ustedes lo hacen) a la política plural y al debate necesita debatir. Quien escribe y dice lo que quiere ha de leer y escuchar quizás lo que no quiere.<br />
Ustedes dicen que desde el 2003 la política ha vuelto a ocupar un lugar central en la Argentina. Personalmente creo que hay aquí un aspecto importante con el que coincido. Pero quiero precisar. No coincido con las visiones que sostienen que la política se allanó, en América del Sur en general, y hasta la nueva ola de gobiernos que ustedes mencionan, a la voluntad de los “discursos hegemónicos”, el “pensamiento único” y el poder de los mercados. Por ejemplo, en modo alguno se podría ver al gobierno de Menem bajo esta óptica. Tampoco a muchos de los gobiernos de la región en los 90, que ustedes parecen colocar (al menos implícitamente) en la misma bolsa oscura del pasado “neoliberal”. No creo que esas simplificaciones sirvan para comprender muchas de las experiencias de nuestra región, como, por caso, el gobierno de FHC en Brasil. Creo que, emblemáticamente, la experiencia que se podría leer en la Argentina como la defección trágica de la política es el gobierno de la Alianza. Puedo darles de barato que así haya sido, lo que de paso me facilita las cosas para una primera crítica a mis propias posiciones pasadas, ya que acompañé al Frepaso y a la Alianza mucho más que la mayoría de ustedes. Y en ese sentido a ustedes no les falta razón: en efecto la gestión K (aunque, vaya uno a saber por qué, omiten ustedes a otros protagonistas de este mismo cambio, como Duhalde y el entonces ministro Lavagna) representa una cierta restitución del lugar de lo político. Y no solamente en política económica, Kirchner tomó la política en sus propias manos (como, me permito decirles, y si lo encuentran escandaloso sería bueno que argumentaran para explicar por qué no fue así, lo hizo también otro peronista de intachables credenciales, Carlos Menem). Observación esta que me permite una segunda (y última, por esta vez) crítica a mi mismo (no utilizo el vocablo “autocrítica” porque me evoca cosas sumamente desagradables, supongo que las mismas o bastante parecidas que las que les evoca a ustedes, o al menos a algunos): tras la debacle de la convertibilidad y el derrumbe económico, social y político, yo me encontraba tan abrumado por el fracaso de las experiencia de la Alianza que mi diagnóstico acerca de lo posible no incluía algunas de las decisiones más importantes que en materia político-económica tomaron Duhalde/Lavagna y Kirchner/Lavagna. Hubo en esas decisiones política, y política acertada (por más cierto que sea que, luego del colapso, se habían ampliado enormemente los grados de libertad para los gobiernos, si comparados con los preexistentes, cuando la bomba de tiempo de la convertibilidad no había estallado aún). Este es un mérito conspicuo y hay que reconocerlo.<br />
Hasta aquí lo que puedo, hoy, acordar con ustedes. El problema es que la voluntad política, o la restitución para la política del lugar que le corresponde, se ha convertido, casi desde un principio de las gestiones K, en el triunfo de la voluntad. Estoy utilizando, con todo propósito, el título de un documental importante en la historia del siglo XX, como ninguno de ustedes ignora; aunque, por qué no, la expresión podría evocar asimismo literatura argentina mucho más reciente destinada a consagrar relatos del pasado con los que, ciertamente, discrepo.<span id="more-21"></span><br />
El triunfo de la voluntad consiste en una concepción de la política que no puedo compartir y, debo decirles, me parece asombroso que ustedes hagan silencio sobre ella. En extrema concisión, diría que esa concepción define un talante para encarar la política, consistente en la más absurda exaltación de la voluntad y la más ciega fé en “nuestra” capacidad de usar de modo virtuoso el poder. Según este talante la voluntad política es condición necesaria y suficiente para todo cuanto importa. Y la virtud se da por descontada. Tengo que recordarles que la historia es un cementerio de experiencias en las que triunfos iniciales de la voluntad son seguidos por derrotas y desastres catastróficos. Yo creo que este, y no otro, es el núcleo duro del así llamado “setentismo”. Y es esto lo que permite entender que sea, al menos verosímil, que el ex presidente Kirchner haya considerado en estos días, cosas tales como que “lo que siempre criticamos del Perón del 55 es que no fue a fondo frente a la Libertadora, a nosotros no nos va a pasar”.<br />
Me pregunto si alguno de ustedes estaría dispuesto a suscribir semejante disparate, y eso es lo que me preocupa. Con voluntad política todo se puede: se puede hacer una política macroeconómica inconsistente, se puede mantener un comportamiento de compadrito en el contexto internacional, se puede decidir que la Argentina precisa un tren bala, se puede disponer que los agentes económicos se avengan a ser desplumados sin chistar. Claro, para todo esto hace falta dinero, pero no solamente, ni principalmente, dinero. Hace falta, por encima de todo, populismo político. Y la mayoría de ustedes lo sabe tan bien como yo. Y me resulta curioso leer y releer una carta abierta en la que no puedo evitar tener la impresión de que se hacen los distraídos. Se precisa tanto populismo como el necesario para cubrir la diferencia entre la voluntad política triunfal en acción y los resultados de esa acción. Se precisa tanto populismo como rebeldes sean los precios, los intereses, y otros malvados de la vida. Cuanto más rechina y cruje la maquinaria de la voluntad política en acción más, mucho más populismo es necesario.<br />
Y esto, después de todo, ¿qué tiene de inconveniente? Para los K parecería que nada, ellos me dan la impresión de que no entendieron mal, sino demasiado bien, a Ernesto Laclau. ¿Qué tiene de inconveniente que el choque de la voluntad política triunfante con los malvados de la vida nos obligue a denunciar a los malvados de la vida por oligarcas, golpistas, antidemocráticos, desestabilizadores, destituyentes? Ese es el tipo de conflicto político del que el peronismo tarde o temprano no se sabe sustraer: un conflicto moral, entre buenos y malos, pueblo y antipueblo, nación y antinación. Y la voluntad política triunfal en acción no es menos torva, en su populismo, a la hora de la “conciliación”. La hora de la conciliación, lo sabemos todos, es aquella en la que – o témpora, o mores! – se denuncian las “falsas o artificiales divisiones en el pueblo” y se recuerda que los enfrentamientos “sólo han servido para dividir al pueblo y para que nuestro país se llenara de fracasos y frustraciones”.<br />
Pero, no se trata de que el conflicto constituido en términos populistas sea artificial, porque ningún conflicto lo es. Se trata en cambio de que la voluntad política triunfante precisa inevitablemente (pero con la convicción de que precisa de ello para, justamente, acabar por triunfar de una buena vez y para siempre) re-constituir en términos populistas conflictos de intereses que son, como en cualquier país del mundo, hechos malvados de la vida. Y que podrían ser procesados políticamente de muy diferentes maneras. Es notable la forma con que comienzan ustedes su carta abierta: “asistimos en nuestro país a una dura confrontación entre sectores&#8230; históricamente dominantes y un gobierno democrático&#8230;”. No creo abusar del texto si afirmo lo siguiente: la alegría se les escapa entrelíneas.<br />
“Por fin!”, me parece leer allí, “el tipo de conflictos por los que la lucha política vale la pena”. Pero, me pregunto y les pregunto: ¿“se ha instalado un clima destituyente”? Si se ha instalado (no estoy nada seguro), a quién le cabe la principal responsabilidad por ello? ¿Quién hizo todo lo necesario para “dar lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre&#8230; y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional&#8230;”? Mi respuesta es: el propio gobierno con el que ustedes se alínean. Y ¿por qué lo hizo? ¿Porque el gobierno “intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía”? Creo que cualquier examen serio de los acontecimientos refuta esta interpretación vuestra palmariamente. Si el gobierno se ve hoy frente a este cuadro, no es en razón de sus buenas intenciones redistributivas e intervencionistas sino, o bien por sus graves errores, o bien por decisiones de productividad política populista que mal podrían considerarse errores sino resultados de sus convicciones políticas y normativas.<br />
Lo peor de todo esto es que estamos retrocediendo nuevamente, a pasos agigantados, en el camino que nos lleve, para usar vuestras palabras, “hacia horizontes de más justicia y mayor equidad”. O sea que otra vez los platos rotos del desastre no los van a pagar los malvados de la vida ni los buenos del triunfo de la voluntad. Agregan ustedes que “en la actual confrontación&#8230; juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados&#8230;”. No voy a defender a los medios cualquiera sea su grado de concentración, y ciertamente en muchos casos hubo “distorsión”, “prejuicio”, “racismo”, etc. Pero parecería que ustedes escriben su carta abierta para lectores que no han vivido en la Argentina en estos tiempos, si nos atenemos a lo que todos hemos atestiguado desde que se desató el conflicto hasta hoy: la explicación de que los medios concentrados han tenido un papel determinante en la configuración de los términos del conflicto (como ustedes lo definen en el primer párrafo) es a mi modesto pero leal entender fantasiosa, conspiracionista, y hasta paranoica. No dudo de que la reacción de los grandes medios ante la actividad de un Observatorio será siempre dura (y el documento del Observatorio universitario tiene a mí entender algunos aciertos muy meritorios); tampoco dudo de que la discusión pública, abierta, plural, y alejada del oficialismo, del papel de los medios, sea necesaria. Es ciertamente indispensable. Pero la historia de un gobierno que movido por un valiente impulso de llevar a cabo reformas distributivas y mejorar los modos de intervención estatal en la esfera pública (va una chicana: a qué se refieren? Al Indec? al modo de hacer política tributaria? de manejar los recursos fiscales? a las formas de mimar sectores económicos también muy concentrados, a las políticas de regulación que beneficiaron a los grandes medios de comunicación masiva y que ustedes conocen muy bien?), sufre, en virtud de ello, la dura confrontación de los sectores históricamente dominantes, confrontación en la que a su vez juegan un papel fundamental los medios de comunicación más concentrados, es un relato que parece extraído de un vetusto manual de historia del peronismo histórico, y no una explicación verosímil de los acontecimientos.<br />
En todo caso, no parecen ustedes haberse esforzado demasiado para diseñar o mejorar los fundamentos de una estrategia política responsable. Quiero decir, una estrategia que permita avanzar hacia “horizontes de más justicia y equidad” en lugar de arremeter hacia fracasos tras los cuales ni ustedes ni yo estaremos entre los principales perjudicados – i.e., los pobres y los excluidos.<br />
En todo caso, ustedes no me parecen esta vez muy coherentes. Dicen que es necesario “discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular”. Muy bien; pero, ¿adónde están la lentitud, la perplejidad, la prudencia, la mesura, el temple, necesarios? Yo lo que veo en vuestras líneas es otra cosa: es un entusiasmo algo rabioso por el re-advenimiento de un tiempo más o menos épico. Es más, se trata, para ustedes, de introducir premura: “uno de los puntos débiles de los gobiernos latinoamericanos, incluido el de Cristina Fernández, es que no asumen la urgente tarea de construir una política a la altura de los desafíos de esta época, que tenga como horizonte lo político emancipatorio”; y “creemos indispensable señalar los límites y retrasos del gobierno en aplicar políticas redistributivas de clara reforma social” (ah! Bueno. Me parece que se han hecho un embrollo – ahora ven un gobierno retrasado en aquello que, antes nos dijeron, habría sido el disparador de la, según ustedes, más gigantesca coalición reactiva de la que se tenga memoria en Argentina desde las vísperas del 24 de marzo de 1976).<br />
En todo caso, me tomo las recomendaciones de política de ustedes en serio, y me imagino en los zapatos de Cristina Fernández, o de Lula, asumiendo esa “urgente tarea” y al menos con esas instrucciones no me veo nada bien equipado. Pero ustedes aclaran (es un decir) de inmediato que no se trata de “proponer un giro de precisión académica a los problemas” sino de “pasaje a la política”. Creía que, según ustedes, los K ya habían “pasado a la política”. Para mí al menos, sí que pasaron; y luego pasaron de largo.<br />
En todo caso, critican ustedes “las políticas definidas sin la conveniente y necesaria participación de los ciudadanos”. Curioso; el caso del conflicto que nos ocupa sería un buen ejemplo, ¿no les parece? Pero antes habían aludido a lo mismo hablando de “derechos [del Ejecutivo] y poder político constitucional [del Ejecutivo] para efectivizar sus programas de acción” (constitucional&#8230; están completamente seguros? Inconstitucional tal vez no sea, pero me parece un pelín alevoso referirse a la definición de una política tributaria de primer orden nacional, a través de una simple resolución ministerial, posibilitada por el otorgamiento de facultades extraordinariamente extraordinarias al Poder Ejecutivo por el Congreso, en una materia en el que la constitución dice taxativamente que el Ejecutivo no puede legislar ni siquiera bajo aducidos imperativos de necesidad y urgencia).<br />
En todo caso, me pregunto qué tipo de conflicto o conflictos se habrían suscitado (porque sin duda se habrían suscitado) y qué tipo de actores en conflicto se habrían constituido o re-constituido si, en lugar de anunciar el gobierno su resolución ministerial por las retenciones móviles con su perlita del 95% por encima de&#8230; (lo que resultó, haciendo más nítido aún el carácter político-simbólico del enfrentamiento, una exacción meramente virtual, ya que los precios no alcanzaron ese nivel), hubiera anunciado (sin remover de inmediato la política hasta entonces existente, o sea, reteniendo en sus manos las riendas fiscales) su voluntad de enviar al Parlamento un proyecto de ley de renta potencial de la tierra que permitiera reemplazar gradualmente (y no totalmente, estimo) las retenciones, junto a un programa de coparticipación impositiva que estableciera para los sectores productivos medianos y pequeños la esperanza de que una parte importante de los impuestos que pagan contribuya a mejorar la productividad sistémica de sus regiones y de la economía argentina en general.<br />
En todo caso, no ha sido por “instalar tales cuestiones redistributivas como núcleo de los debates y de la acción política” que los sectores concentrados han logrado el respaldo activo de actores sociales que hasta hace poco resultaba impensable que lograran y que el gobierno ve desfondarse su popularidad.<br />
Cierran vuestra carta abierta con un llamado a la creación de un espacio político plural de debate que reúna y permita actuar colectivamente. Asumo de buena fe que el espacio político plural en el que están pensando incluye la controversia franca y abierta y no (como ha ocurrido tan frecuentemente) el silencio.</p>
<p>Buenos Aires, 16 de mayo de 2008</p>
<p>Vicente Palermo<br />
vicentepalermo@gmail.com</p>
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