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	<title>El agente de CIPOL &#187; Política</title>
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	<description>Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org)</description>
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		<title>¿Soluciones chinas para el problema argentino?*</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 22:43:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Cristina Kirchner no encontró las soluciones comerciales que fue a buscar en su reciente viaje a China. Pero sí parece haber encontrado algunas soluciones políticas. Unas que, si hay que darle crédito a sus palabras, se inspirarían en una supuesta o real afinidad entre el peronismo y el maoísmo, halladas o inventadas no para promover un romántico regreso a las pasiones revolucionarias que agitaron a esos movimientos políticos en el pasado, sino más bien para homologar el esmero que sus herederos están poniendo en batir records de crecimiento capitalista, y proveer una visión de futuro al actual “modelo argentino”, que pueda dejar contento al arco que va de Carlos Zanini a Franco Macri.</p>
<p>El problema que los peronistas argentinos, a diferencia de los chinos maoístas, no hemos podido resolver, dijo Cristina, es el de la estabilidad, la “continuidad en el tiempo de políticas de desarrollo”. Con ello la presidente pudo querer aludir tanto a que, como tantas veces se ha dicho, nos ha faltado un “proyecto nacional”, como a que lo que realmente faltó fue control monopólico y sostenido del estado, o para decirlo de modo más acorde a las circunstancias actuales, que nos sobra alternancia en el poder, en suma, democracia.<span id="more-701"></span></p>
<p>Tal vez simplemente estaba queriendo caerles simpática a sus anfitriones. Recordemos que la última vez que los Kirchner quisieron conseguir ventajas económicas de China, la reconocieron como “economía de mercado”, algo que los países desarrollados se niegan a hacer y con lo que nuestros gobernantes transigieron sin duda porque para ellos el asunto carece de toda importancia. Considerando ese antecedente, podría creerse que ahora quisieron dejar en claro que tampoco les importa mucho que allí haya o no libertades políticas y pluralismo. Pero el asunto no acaba ahí. Porque las palabras de la presidente no fueron una mera ocurrencia del momento, ni estaban sólo dirigidas a oídos orientales, sino también al público local, y encierran una buena cuota de confesión intelectual: revelan algo de lo que los Kirchner, igual que muchos otros en nuestro país, siempre han pensado sobre lo que “nos hace falta”, y lo que “nos podría haber evitado muchos males”.</p>
<p><img src="http://www.rafaela.com/cms/files/news/839_cristina%20en%20china.jpg" alt="" /></p>
<p>Ellas permiten comprender mejor, por caso, el hecho de que toda la estrategia kirchnerista para afirmarse en el poder, desde que se hicieran de él, ha estado encaminada a limitar la competencia, cooptando, dividiendo o destruyendo por cualquier medio a sus adversarios. Así como la reminiscencia de “revolución cultural”, guardias rojos incluidos, que acompaña a casi todo lo que los Kirchner han promovido en la sociedad civil y el espacio público. Pero por sobre todo iluminan el modo en que han encarado la posibilidad de tener que abandonar el poder, como una verdadera lucha a matar o morir.</p>
<p>Hace unas semanas Eduardo Fidanza publicó un <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1271538">interesante artículo</a> en La Nación en el que consideraba las perspectivas que supondría para el país la continuidad en el tiempo de las políticas en curso. Su argumento era, muy esquemáticamente, que Argentina podría seguir creciendo a buen ritmo, y durante bastante tiempo, aún con inflación alta y baja calidad institucional, o para decirlo en los términos que aquí hemos usado, con una democracia cada vez más limitada. Apelaba para sostener su argumento a dos casos históricos: no precisamente el de China, sino los períodos desarrollistas de Brasil y Corea. Fidanza, sin embargo, pasaba por alto el hecho de que la inflación y el autoritarismo, que podían ser más o menos “tolerables” en los años sesenta del siglo pasado, lo son mucho menos hoy en día (a menos que se tenga para ofrecer un mercado del tamaño de China, y las ventajas de su mercado laboral), y también que existe otro “modelo” más cercano, y mucho menos promisorio, al que tendríamos más chances de imitar: el venezolano.</p>
<p>Es indudable que en los últimos tiempos los Kirchner han mejorado sus posibilidades de seguir en el poder más allá de 2011. ¿Podrían acaso en esa eventualidad “dar estabilidad al desarrollo”? ¿Podrían, por ejemplo, institucionalizar reglas económicas para dejar de alentar la fuga de capitales, e institucionalizar el peronismo, para dar estabilidad y consistencia a la elite política? Si no lo hicieron entre 2005 y 2008, cuando tuvieron la oportunidad, y una por cierto envidiablemente buena, no hay mayor motivo para pensar que puedan, o quieran, o sepan hacerlo en el futuro. El problema que enfrentarían para intentarlo en el futuro sería doble. De un lado, hay algo que a Argentina, en comparación con esos otros casos, indudablemente le falta: la estabilidad de un estado desarrollista, aun una autoritaria como la de los generales brasileños de los sesenta, o totalitaria como la de los comunistas chinos de la actualidad, tiene poco y nada que ver con la mayor o menor prolongación en el tiempo de la suerte de una banda de oportunistas. Del otro, hay algo que nuestro país posee, y de lo que difícilmente pueda prescindir: un grado y una valoración del pluralismo que, con todo lo bueno y lo malo que pueda acompañar la discordia política, nos vacunan contra el tipo de estabilidad que el matrimonio gobernante promueve.</p>
<p>* Publicado en <em>El Economista</em></p>
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		<title>De la guerra de maniobras a la guerra de posiciones</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 04:25:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Napoleón Solo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta hace unos días, el <a href="http://www.canchallena.com/1280113-una-nueva-y-noble-alemania">opaco desempeño</a> de la selección argentina en Sudáfrica 2010, la ofensiva opositora con el 82% móvil para los jubilados, las facultades delegadas y las investigaciones sobre la embajada paralela en Caracas parecían retrotraer la relación de fuerzas relativa entre gobierno y oposición a un escenario similar al de mediados de 2008. Lo cierto es que la <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-149546-2010-07-15.html">aprobación de la reforma al Código Civil</a> -para extender el derecho de contraer matrimonio a parejas de personas del mismo sexo- parece haber desdibujado ese escenario. Si bien es difícil estimar cuánto durará la incipiente primavera entre los sectores progresistas de la clase media y el gobierno, lo cierto es que el gobierno está tratando de aprovechar la coyuntura política, capitalizando la cautela que la oposición mostró –sumado a las <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1286033">declaraciones de Franco Macri</a>– ante el procesamiento del jefe de gobierno porteño, o bien promocionando a funcionarios jóvenes como Diego Bossio en clave de <a href="http://www.notibonaerense.com/notas.aspx?idn=92728&amp;ffo=20100715">renovación kirchnerista</a>. Irían por más: quieren que el <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1280278">proyecto de ley de Servicios Financieros para el Desarrollo Económico y Social</a>, del diputado Carlos Heller, empiece a tratarse este año.</p>
<p>Estos rápidos pases de iniciativa legislativa parecen indicar que la relación entre gobierno y oposición puede prescindir de los meros ataques frontales. Antes bien, la acción parece tener lugar en las trincheras: no se puede arrasar con el adversario, quitarle recursos decisivos, ni hacerlo retroceder en forma significativa. El asedio es recíproco, pero ambas partes parecen estar tomándose en serio. En este sentido, la oposición también tiene iniciativa. Podrían citarse el <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1284515">acuerdo Bonasso-Filmus</a> que por ahora permitió una media sanción al reflotado proyecto de ley de protección de los glaciares cordilleranos, o bien la posible teleconferencia con la que Antonini Wilson tomaría la posta de Sadous. Estos hechos revelan que por debajo de la superficie y de todos los fuegos de artificio que unos y otros sean capaces de crear, la coyuntura está dominada por posiciones más o menos estables: gobierno y oposición pueden provocarse daños respectivamente. Pero se permanece en las trincheras.<span id="more-684"></span></p>
<p><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/07/bomba-sobre-trincheras-francesas-1gm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-690" title="bomba-sobre-trincheras-francesas-1gm" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/07/bomba-sobre-trincheras-francesas-1gm.jpg" alt="" width="400" height="330" /></a></p>
<p>Como sea, algunas cosas de todos modos van cambiando, con el tiempo se vuelven irreversibles ciertas tendencias. Una de ellas es la que está desnacionalizando las apuestas políticas de los dirigentes peronistas: visto que el gobierno nacional requiere de más y más recursos para mantenerse en pie, y esos recursos se les niegan a los distritos, los gobernadores e intendentes desconfían cada vez más de que un modelo tan necesitado de la concentración de recursos, y que tiende a no poder generarlos con la misma velocidad con que los consume, les convenga en el futuro. En este sentido pueden leerse las <a href="http://www.losandes.com.ar/notas/2010/7/4/politica-500457.asp">crecientes presiones </a>para desdoblar elecciones a gobernador.</p>
<p>La eventual aprobación del proyecto del 82% móvil denota bien esta <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1284761">transición</a> desde las maniobras a las posiciones. Si el Ejecutivo nacional lo veta, estará dando evidencia de que no cuenta ni contará con recursos para atender todas las demandas. En este caso, como debería compensar el veto con aumentos no previstos en el presupuesto, de todos modos su caja se reduciría aún más. En cambio, si es que no lo veta pero lo posterga, ¿Quiénes verían recortados sus ingresos? Si se lo posterga, estaría dando señales de que en el futuro los gobernadores no podrán contar con mayores recursos. Difícilmente los recortes llegarían a aquellos que reciben subsidios como las empresas prestadoras de servicios privatizadas, como propuso hacer <a href="http://www.lavoz.com.ar/noticias/politica/jubilaciones-lavagna-cree-que-es-posible-cumplir-con-el-82-por-ciento-movil"><em>Roberto Lavagna</em></a>. Por lo tanto, a los gobernadores les convendría entonces confiar su destino a alguien que no crea en el distribucionismo por vías administrativas, como Macri, Solá o Duhalde.</p>
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		<title>El entusiasmo no lo es todo*</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 04:24:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Así como Perón se definió a sí mismo como el “primer trabajador”, Cristina Kirchner lo ha hecho como la “primer hincha” de la selección: tras la catástrofe frente a Alemania, se apresuró a tomar posición desde la ética del aguante, atajando las esperables críticas a Maradona, y al propio gobierno por haber promovido su contratación, con la idea de que “hay que apoyar a la selección en las buenas y en las malas”. El recurso es remanido pero no por eso deja de ser eficaz: permite invertir los términos de la discusión, y poner a los que critican en el banquillo, ya que si lo hacen es porque “no tienen aguante”, falencia que como se sabe vuelve a un hincha muy poco confiable, casi un traidor.</p>
<p>También se sabe que, por regla general, no son las hinchadas las que ganan los partidos, mucho menos los mundiales. Y que, contrariamente, para que las hinchadas sean nutridas y entusiastas, conviene que haya profesionales, jugadores y técnicos, que hagan bien su trabajo. Pero esto último no siempre se verifica: hay hinchadas que acompañan a equipos largamente fracasados. Lo hacen en función de una épica del fracaso, que genera un tipo particular de entusiasmo, inmune a los sinsabores, que incluso puede alimentarse de ellos: en estos casos se deja ver una curiosidad del entusiasmo tout court, el hecho de que él, en última instancia, se alimenta de sí mismo. Es por ello que sólo en el fracaso el “aguante” llega a su máxima expresión. Está, por decirlo así, en “estado puro”, precisamente porque no depende de logros circunstanciales, de las mieles efímeras del éxito, sino que se afirma pura y exclusivamente en la identificación con la camiseta, es pasión, amor y odio, cero cálculo o “especulación”.<span id="more-671"></span></p>
<p><img src="http://www.eldiariodecarlospaz.com/21_08_09/cristina_diego.jpg" alt="" /></p>
<p>Contra lo que se suele creer, los comportamientos resultantes no carecen de lógica. Todo lo contrario: puede decirse que están animados de una lógica imbatible, incuestionable. Porque, como sucede con las ideologías totales, no hay dato o acontecimiento capaz de desmentirla. Es por ello que tantos intelectuales tienden a abrazar la cultura de la hinchada, a actuar ellos también como la gente del tablón. Y, por la misma razón, no tiene nada de extraño que políticos “de convicciones” como los Kirchner, a medida que se volvieron más ideológicos y menos prácticos en sus reacciones y decisiones, más dispuestos hayan estado a rodearse de hinchas y justificarse en sus términos.</p>
<p>Lo interesante del caso es que en esta deriva hacia el “hinchadismo”, los Kirchner hacen más que lo que quisieran y advierten por el bien de sus adversarios: ante todo porque anuncian que, de su mano, podemos esperar poco más que “heroicas derrotas”; y además, porque se obligan a enamorar (más precisamente en este caso, a ser apañados por quien concita y administra el amor de los hinchas), y en caso de no lograrlo, corren el riesgo de que el odio los arrastre. Los ideólogos del “hinchadismo” podrían contra argumentar que esos riesgos son un precio razonable a pagar por el premio que significa el monopolio de la pasión, con el que el resto, los políticos profesionales de la oposición, jamás podrían siquiera soñar. Pero existe evidencia suficiente como para desconfiar de tal justificación. Los más eficaces políticos han sido siempre, aquí y en todos lados, los que han sabido reunir capacidades pasionales y profesionales. Y es bastante evidente que, en los últimos tiempos, el creciente y constante deterioro de las calidades profesionales del vértice kirchnerista ha enaltecido a los políticos opositores sin requerir mayor esfuerzo de su parte. Y lo ha hecho no sólo en esas capacidades, sino en todos los terrenos: la seducción colectiva concitada por figuras apenas conocidas, gracias a unos pocos gestos o intervenciones parece indicar que el mercado pasional argentino está desde hace tiempo sobreofertado y con poca inversión se pueden obtener grandes ganancias en él.</p>
<p>Por otro lado, las dificultades que desde siempre han tenido los Kirchner para enamorar, incluso a sus más entusiastas seguidores (de las que Luis D´Elía ha dado en estos días una explicación que podemos considerar definitiva), debería haberlos prevenido contra la tentación de jugarse a todo o nada en ese terreno. Tal vez una explicación más plausible de por qué lo han hecho sea que esa opción siguió y no precedió a los fracasos: el “aguante” más que una premisa ha sido un refugio ad hoc para una camarilla que, sintiéndose asediada y careciendo de muchos otros recursos para actuar, ha decidido mantenerse en sus trece y jugar su destino simplemente a que “pase la mala racha” y vuelvan los buenos tiempos. Claro que, a más de suerte, será preciso que no se crucen con ningún equipo medianamente motivado y profesional.</p>
<p>* Publicado en El Economista</p>
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		<title>El duelo Menem-Duhalde: internas justicialistas que no lo son tanto*</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 00:51:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada vez que el peronismo se enfrenta al desafío de procesar la sucesión de su liderazgo, quedan perfectamente a la vista dos rasgos que lo caracterizan, al menos desde la desaparición de su fundador: de un lado, la heterogeneidad de recursos políticos con que se compite en su seno y la ausencia de reglas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que el peronismo se enfrenta al desafío de procesar la sucesión de su liderazgo, quedan perfectamente a la vista dos rasgos que lo caracterizan, al menos desde la desaparición de su fundador: de un lado, la heterogeneidad de recursos políticos con que se compite en su seno y la ausencia de reglas de juego definidas y consensuadas como para homologarlos y dirimir la cuestión; del otro, la capacidad de todos o al menos parte de los protagonistas de la disputa para trasladar las diferencias internas al escenario político nacional, haciendo de ella una batalla decisiva por el poder político y el control del estado en la que para muchos no peronistas “vale la pena participar”. Lo primero determina que la competencia gire en gran medida en torno a la definición de las propias reglas de juego, y lo segundo, que esa definición no se logre, o se logre sólo en forma episódica e informal. Así sucedió con las internas de julio de 1988, cuyo resultado recién terminó de decantar gracias al plebiscito por la reforma constitucional bonaerense realizado dos años después, en agosto de 1990; y de nuevo, fue lo que pasó en 1998, a raíz de la convocatoria a un nuevo plebiscito, que finalmente no se concretaría y significó un “empate técnico” que habría de prolongarse nada menos que hasta 2005.</p>
<p><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/07/cedoc2.jpg"><img title="cedoc" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/07/cedoc2.jpg" alt="" width="456" height="195" /></a></p>
<p>La historia de este segundo episodio es particularmente ilustrativa, sobre todo para los tiempos que nos tocan vivir, signados por una nueva y abierta disputa sobre las reglas de competencia y por la prefiguración de varias coaliciones peronistas alternativas.</p>
<p>Hacia 1998, Menem y Duhalde controlaban recursos suficientes como para bloquearse el uno al otro, en distintos terrenos, pero no para imponerse definitivamente. El presidente tenía en sus manos no sólo el Ejecutivo nacional, sino la Corte Suprema y la presidencia del partido; el bonaerense por su parte disponía de la habilitación formal para ser candidato presidencial, el apoyo de una mayoría de los congresales partidarios y el control férreo del mayor distrito del país. En una convocatoria a los afiliados, podría eventualmente triunfar, pero Menem podía evitarla, y así lo hizo, postergando la resolución de la fórmula presidencial hasta abril de 1999, ganando tiempo para habilitar su segunda reelección, con el respaldo de los gobernadores y del supremo tribunal.<span id="more-629"></span></p>
<p>El intento sin embargo sería contenido por Duhalde, echando mano a un recurso externo al “menú” de la interna peronista: el 9 de julio de 1998, estimando que una habilitación de la re-reelección equivaldría a “un golpe de estado jurídico”, consideró se justificaba la convocatoria a un plebiscito para decidir sobre una hipotética nueva reforma de la Cara Magna, un mecanismo que no estaba previsto en ella pero que, lo más importante, le permitía apelar a la opinión antimenemista, ampliamente mayoritaria fuera del PJ, para desequilibrar la trabada lucha interna.</p>
<p>La apuesta surtió efecto. Y es importante atender a las razones por las que así fue. Si tanto la Corte como los gobernadores desde entonces se negaron a acompañar las aspiraciones de Menem, se debió seguramente a que la fractura del peronismo se había vuelto una posibilidad cierta; y en caso de producirse, aún un Menem habilitado caería derrotado ante la coalición no peronista, la Alianza. Los gobernadores peronistas temían ser arrastrados por ese resultado, y los jueces de la Corte, sumar frente a aliancistas y duhaldistas nuevos motivos para impulsar su remoción a los muchos que ya existían. Así que pasaron a ser neutrales en la disputa entre los dos caudillos, apostando a preservar una mínima pax justicialista.</p>
<p>De este modo Duhalde consiguió finalmente su candidatura. Pero no mucho más. Y es que la neutralidad de los poderes institucionales del peronismo se reflejaría en una solución salomónica de la crisis, que dilató la bicefalia que había llegado a conformarse entre él y Menem. A cambio de la resignación de sus aspiraciones por parte del riojano, el bonaerense debería aceptar que el mandato del presidente del partido, que vencía en 2000, se extendiera hasta 2003. En una sorprendente intervención, ello sería poco después avalado por la Corte, contra las impugnaciones presentadas por el duhaldismo: la cuestión no sólo significaba un consuelo para su jefe, sino un reaseguro para su propia estabilidad, como pronto habría de constatarse.</p>
<p>En suma, el peronismo pudo resolver su disputa interna, pero sólo a medias y de modo bastante informal. Lo hizo gracias a la apelación a una competencia electoral externa a él mismo, pero que sus amplios recursos institucionales y la flexibilidad normativa reinante le permitieron, a una de sus facciones, utilizar en su provecho. Ello supuso la manipulación y la torsión de normas constitucionales, además de sucesivos cambios en las reglas de juego internas. Aunque, desde una perspectiva más comprensiva también podría decirse que esas manipulaciones y cambios resultaron adecuadas para dar un cauce mínimamente institucional y reglado a la disputa, y evitar males mayores.</p>
<p>Con vistas a la inminente reedición de esta batalla por la sucesión en el PJ, convendría atender aun a otra enseñanza de aquella experiencia: y es que, finalmente, sólo en tanto existan alternativas no peronistas competitivas electoralmente, la competencia interna peronista puede ser contenida dentro de cierto marco, porque es esa presencia la que amenaza con perjuicios electorales e institucionales generalizados a sus facciones internas, en caso de un conflicto sin límites y acciones abiertamente inconstitucionales. Que esto sea así no deja de ser bastante razonable: en un régimen en que prácticamente la única ley que tiene por sí misma eficacia es la del voto, es de esperar que todo se justifique para conseguirlo y retenerlo. Es harina de otro costal determinar si el resultado de un régimen como este puede considerarse más o menos “democrático”. La pregunta que cabe hacerse hoy es si estamos a este respecto en una situación similar a la de fines de los noventa, o si, por la debilidad de esa amenaza externa, los riesgos que se corren no son bastante mayores.</p>
<p>* Publicado en <a href="http://www.elestadista.com.ar/">El Estadista</a></p>
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		<title>¿Primarias para todo el mundo?</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Jul 2010 21:01:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Napoleón Solo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se han publicado en el Boletín Oficial los decretos 936/2010, 937/2010 y 938/2010 con los que el gobierno reglamenta la Ley Nº 26.571 de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral. Recordemos que esta ley modifica las Leyes Nº 23298 Orgánica de los Partidos Políticos y Nº 25611 de Internas Abiertas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se han publicado en el <a href="http://www.boletinoficial.gov.ar/Primera/Index.castle">Boletín Oficial</a> los decretos 936/2010, 937/2010 y 938/2010 con los que el gobierno reglamenta la <a href="http://www.iurislex.com.ar/2009/12/14/ley-26571.html">Ley Nº 26.571</a> de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral. Recordemos que esta ley modifica las Leyes Nº 23298 Orgánica de los Partidos Políticos y Nº 25611 de Internas Abiertas y Simultáneas. Así se corrobora <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-148276-2010-06-25.html">lo anunciado</a> por el ministro del Interior Florencio Randazzo en el día de ayer: el desarrollo de las internas primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) para los comicios presidenciales del año próximo tendrá lugar el 14 de agosto de 2011. </p>
<p><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/07/busto_perón_aconcagua1.bmp"><img src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/07/busto_perón_aconcagua1.bmp" alt="" title="busto_perón_aconcagua" class="aligncenter size-full wp-image-626" /></a></p>
<p>Las incógnitas giran en torno a cuáles van a ser los pasos que siga el peronismo federal, sobre todo teniendo en cuenta las <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1280321">restricciones que representa la ley para la la conformación de alianzas</a>. Ya Duhalde había anticipado su <a href="http://www.clarin.com/politica/gobierno/Kirchner-negociar-PJ-disidente-distancia_0_284371579.html">reticencia a participar de las primarias del PJ</a> si se mantenía esta cláusula. ¿Terminará éste haciendo una interna por fuera del PJ? Y si esto sucede ¿Facilitará la negociación coalicional con figuras extrapartidarias como Mauricio Macri en un posible frente antikirchnerista? Si los partidos van a tener que definir las listas 60 días antes de la realización de las PASO, y esa decisión sería inmodificable hasta las elecciones generales, las respuestas a esos interrogantes podrían resultar afirmativas.</p>
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		<title>Los desafíos de una mayor competitividad</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jun 2010 13:15:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[ACyS]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2011]]></category>
		<category><![CDATA[peronismo disidente]]></category>

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		<description><![CDATA[El hecho de que el kirchnerismo, lejos de resignarse a la declinación, mostrando los dientes, día tras día y a diestra y siniestra, a quienes se atreven a aspirar a desplazarlo del poder, haya retenido el control de los recursos públicos imprescindibles para mantener medianamente alineados a gobernadores y legisladores del PJ detrás suyo, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El hecho de que el kirchnerismo, lejos de resignarse a la declinación, mostrando los dientes, día tras día y a diestra y siniestra, a quienes se atreven a aspirar a desplazarlo del poder, haya retenido el control de los recursos públicos imprescindibles para mantener medianamente alineados a gobernadores y legisladores del PJ detrás suyo, y esté demostrando además en estos últimos tiempos que puede remar contra las corrientes predominantes en la opinión pública, y conservar al menos alguna chance de cara a las presidenciales del año que viene, ha elevado los requisitos que deberán satisfacer las oposiciones para competir en esa instancia. La gran pregunta que hoy se plantea, por tanto, es si alguien estará en condiciones de satisfacer esas condiciones, es decir, si alguien podrá formar una coalición suficientemente amplia para derrotar al oficialismo, o si la fragmentación opositora terminará permitiendo que éste, aun sin recuperar la mayoría, retenga el poder.</p>
<p><img src="http://www.criticadigital.com/fotos/carrioricardo_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Es difícil saberlo, y más difícil aun predecir quién y cómo podría formar una nueva mayoría. Lo que es en cambio más predecible es que, dada la renacida competitividad del Kirchnerismo, la elección no sólo se polarizará contra él , sino dentro de la oposición, a favor de la opción que parezca tener más chances. Hasta hace unos meses, de los tres tercios en que quedó distribuido el grueso del electorado tras las parlamentarias de 2009 (ACyS, peronismo disidente y oficialismo), este último era el que parecía tener menos chances de crecer, aun de mantenerse en el tiempo. Como la perspectiva era de una continua declinación oficial, que incluso podría dejar a los Kirchner fuera de la segunda vuelta, las otras dos opciones, e incluso corrientes menores de la oposición, tenían margen para crecer tanteando el terreno, marcando las diferencias que más combustible les aportaran, dejando en suspenso la selección de aliados y las definiciones estratégicas. Hoy la situación parece ser bien otra: con un oficialismo recuperado, son los dos conglomerados opositores los que están sometidos a la amenaza de la “desclasificación”, y están compelidos por tanto a ganar competitividad, para que esa amenaza no actúe como profecía autocumplida y naufraguen sus posibilidades ya antes de empezar la campaña. Con un electorado demostradamente movil a conquistar, la posibilidad de que quien “parezca más débil” termine debilitándose y quede fuera de la competencia es muy alta. De allí que la carrera presidencial se esté anticipando y acelerando, y no haya mucho margen para el error.<span id="more-612"></span></p>
<p>No hay mal que por bien no venga. Las exigencias que impone esta mayor competitividad están actuando ya como fuertes incentivos a la cooperación dentro de los conglomerados opositores. Con todo, es claramente observable una diferencia de intensidad y dirección en las reacciones que ello está produciendo en uno y en otro campo. Mientras que el peronismo disidente no tardó en abroquelarse, y emitir señales para crear confianza entre sus integrantes, con las que además trazaron el camino que les permitiría resolver los desafíos estratégicos que tienen por delante (y uno en particular, participar o no de las internas del PJ), las fuerzas del ACyS, en vez de sacar provecho de la ventaja que significa contar con estructuras partidarias mínimamente organizadas, ven limitadas sus posibilidades de cooperar y avanzar, por el internismo que tiende a predominar en ellas.</p>
<p>Dos episodios resonantes de los últimos días ilustran el punto. El primero, la reacción que generó la boutade cometida por De Narváez cuando acusó a Macri de derechista  bipolar: el consenso general en el peronismo disidente es que una negociación con el macrismo será inevitable y vital para la suerte de ambas partes, sobre todo en el muy probable caso de que las internas abiertas no se concreten, o se hagan pero ellos no participen en las del PJ; y esa fue la perspectiva que todos, incluso el propio De Narváez, quisieron dejar abierta cuando reaccionaron y corrigieron sus palabras. Del otro lado, Ricardo Alfonsín anunció una serie de actos públicos junto a Elisa Carrió, que los llevarían a recorrer distritos gobernados por referentes del cobismo, del GEN y otros sectores. Con ello pareció dar una respuesta lapidaria a la propuesta hecha por la cúpula del radicalismo para mostrar unidad partidaria, y coalicional, estableciendo  un diálogo entre ambos aspirantes y fijando reglas de juego que permitan contener la competencia entre ellos dentro de un marco en que todos sumen. La elección de Carrió como partenaire no es inocente en otro sentido: indica que, para el bonaerense, su interna con Cobos dirimirá no sólo candidaturas, sino opciones coalicionales excluyentes, y como se suele decir en estos casos para que no quepan dudas sobre lo irreconciliable y significativo de la disputa, “proyectos de país” alternativos. Pareciera que Alfonsín se ha convencido de que polarizar internamente es el camino para crecer, no sólo dentro de la UCR, sino a partir de ello, en la sociedad. Tal vez porque lee sus recientes avances a la luz del recorrido que inició su padre en 1983, en su interna contra el balbinismo. Interna, aclaremos, que funcionó como trampolín hacia la presidencia, entre otras cosas porque fue mucho más concurrida que la hoy en curso. Y es que las cosas ya no son lo que eran, ni volverán a ser como fueron, ni en la UCR ni en la política argentina en general. La competencia es mucho más exigente, y la capacidad de los partidos de organizarla es mucho menor. En particular la del radicalismo, lo que sumado a los sinsabores acumulados desde aquellas jornadas de gloria, más le limita disfrutar del lujo del error.  Concebir una larga y trabada disputa entre sus facciones internas, que concita y concitará el interés de unos pocos miles de afiliados, como la vía regia para llegar al poder, se parece demasiado a uno de esos lujos. Dependerá de la dirigencia de la UCR, pero tal vez en mayor medida de la de sus aliados, que surja un espacio más amplio, más representativo, y sobre todo más colaborativo, para sentar las bases de una coalición “no peronista” competitiva.</p>
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		<title>Los cambios en las fuerzas de oposición*</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2010/06/13/los-cambios-en-las-fuerzas-de-oposicion/</link>
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		<pubDate>Sun, 13 Jun 2010 21:48:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2011]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones Internas]]></category>
		<category><![CDATA[PJ]]></category>

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		<description><![CDATA[Mientras con sus confusas iniciativas para levantar el corte en Gualeguaychú y los viajes de ida y vuelta a Sudáfrica de los referentes del “movimento social” llamado Hinchadas Unidas el gobierno volvía a mostrar que suele ser su peor enemigo, el escenario opositor empezó a desentumecerse y mutar. Y es que, tras el relativo empantanamiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras con sus confusas iniciativas para levantar el corte en Gualeguaychú y los viajes de ida y vuelta a Sudáfrica de los referentes del “movimento social” llamado Hinchadas Unidas el gobierno volvía a mostrar que suele ser su peor enemigo, el escenario opositor empezó a desentumecerse y mutar. Y es que, tras el relativo empantanamiento de sus iniciativas legislativas, sus principales protagonistas parecen haberse convencido finalmente de que el principal desafío que enfrentan no es complicarle las cosas al gobierno en esa arena, sino construir alguna coalición y candidatura capaz de reemplazarlo.</p>
<p>Los peronistas disidentes dieron un paso que, por lo pronto, es difícil de evaluar, aunque a largo plazo puede terminar siendo decisivo: conformaron una mesa de conducción que potencie su eventual participación en la interna abierta del PJ, o en su defecto la alternativa de rechazarla y competir en 2011 fuera de esa estructura. La apuesta coloca a Kirchner frente a un dilema. Si acepta las condiciones que los disidentes pretenden para que la competencia sea imparcial, esa interna abierta puede volverse ocasión para que se movilice toda la opinión antikirchnerista del país. Como lo viene advirtiendo Duhalde desde hace meses, conviene no minimizar lo que pueden valer las internas para liquidar los sueños continuistas antes incluso de las elecciones generales. Y es que el bonaerense al menos está convencido de poder darles a esas internas un uso equivalente al que con provecho le dio a la convocatoria al plebiscito bonaerense contra la re-re de Menem en 1998. Si temiendo este aprovechamiento de su reforma política, el kirchnerismo opta en cambio por manipular las reglas de juego, y volver a las internas un mero trámite, o directamente hace imposible su instrumentación, legitimaría una salida en bloque de los disidentes, que podrán presentarse fortalecidos como sostén de una candidatura del “peronismo verdadero” contra el aparato, al estilo de los renovadores en 1985. En cualquiera de los dos casos, de todos modos, los disidentes aun deben resolver quién sería su candidato, y si en el trámite de definirlo pierden la cohesión lograda, o terminan optando por alguien poco convocante, extraviarían la oportunidad que han ganado. Por lo pronto es poco lo que se puede decir al respecto: los protagonistas principales del sector, y sus eventuales aliados, como Macri, tienen muchas opciones abiertas, las que combinadas entre sí dan un enorme número de resultados posibles, por lo que conviene evitar especulaciones y esperar.<span id="more-591"></span></p>
<p>Donde en cambio las opciones posibles parecen ser muchas menos es en el otro espacio opositor con chances de pesar en la competencia, el que gira en torno a la UCR. Allí, el triunfo de Ricardo Alfonsín en la interna bonaerense, contra mucho de lo que se ha dicho, tal vez más que abrir nuevas oportunidades cerró algunas de las que existían. Y es que lo que ganó Alfonsín en esa competencia puede terminar siendo mucho menos de lo que perdió Cobos.</p>
<p>El principal interesado en que esto sea así es, obviamente, el gobierno nacional. Su interés en dejar sentado que el resultado evidencia el ocaso de Cobos así lo revela. Su postura, aclaremos, no carece de asidero: todavía hoy el mendocino sigue siendo un candidato mucho más competitivo que Alfonsín (en las encuestas serias triplica la intención de voto del bonaerense), tiene una experiencia de gestión de la que éste carece y llegada a sectores de centro y centroderecha del electorado, votantes del campo y del interior, a los que su antagonista interno hasta ahora no llega, y difícilmente llegue. De lo dicho puede concluirse que la actitud de Cobos por no involucrarse en la interna, y antes de eso, no usar su popularidad para construir alianzas con sectores políticos y sociales ofreció a sus adversarios, internos pero sobre todo externos, la oportunidad de minar y aislar su figura.</p>
<p>Además, su derrota reintrodujo un problema coalicional extremadamente complejo: el factor Carrió. Su paulatino alejamiento del ACyS no había significado mayores costos para los tres partidos que seguían colaborando con vistas al 2011 (UCR, PS y GEN) y en cambio llevaba a que su figura y convocatoria pública siguiera declinando sin pena ni gloria. Ahora la posición pública Carrió de respaldo a Alfonsín ha sido premiada, incluso por el directo beneficiario, que la reincorporó al primer plano del juego de alianzas, poniendo presión sobre el resto del radicalismo y sobre los otros aliados, con la evidente finalidad de hacerles más difícil dialogar y cooperar con Cobos. La pretensión de darle a la eventual coalición un claro perfil “socialdemócrata” va en la misma dirección, y puede ser tan efectiva para definir a favor de RA la opinión interna de estas fuerzas, como contraproducente para la competencia electoral general.</p>
<p>En cualquier caso, una prolongada interna que entrecruzará a facciones radicales y a las fuerzas aliadas, en la que la confianza entre las partes puede verse amenazada por tácticas desleales de “desalineamiento”, y en la que los climas de opinión militante pueden volverse contraproducentes para la construcción hacia la sociedad, es muy probable. Ella exigirá de esas fuerzas la inversión de considerables esfuerzos, que en otras circunstancias podrían haberse destinado a fines más productivos.</p>
<p>A esto se suma un enfoque que trae el propio Alfonsín en sus alforjas: el del panradicalismo, o para denominarlo más precisamente, el peculiar patriotismo de un renacido “radicalismo socialdemocrata”. Afecto a la visión tradicional de la UCR como la “fuerza del cambio” y expresión local de la socialdemocracia, parece decidido a desplazar a quienes, como el GEN y el PS, se han beneficiado hasta aquí de la decadencia de esas ideas. De allí que haya anunciado su pretensión de “reabsorber” a los sectores que se “alejaron” de la UCR desde que fracasara su padre en ese proyecto: su idea parece ser que, una vez que el partido esté en sus manos, no tendría sentido que sigan existiendo el GEN, ni la CC. Afortunadamente no se atrevió a decir lo mismo del PS, pero ya se puede uno imaginar el modo en que concibe la construcción coalicional.</p>
<p>¿Qué puede esperarse? ¿El escenario más probable es uno que reproduzca las condiciones de la competencia que se dieron en la provincia de Buenos Aires en 2009, con dos opciones filoperonistas polarizando entre sí y la UCR y sus aliados teniendo que defender un voto potencialmente propio, pero que opta razonablemente por “el peronismo menos malo”? No son pocos los factores de poder que han empezado a acomodarse a tal posibilidad. La suerte del renacido ACyS depende de poder contrarrestar su apuesta.</p>
<p>*Publicado en <a href="http://eleconomista.com.ar/" target="_blank">El Economista</a></p>
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		<title>Elogio de la hipocresía</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2010 18:09:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Camou</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Bicentenario]]></category>
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		<category><![CDATA[Hipocresia]]></category>
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		<description><![CDATA[A la vista de los grandes y graves problemas nacionales, y ante el pequeño circo criollo armado en torno a los festejos del Bicentenario (¿Alguien se acordó que a la Cena de Gala en la Rosada, además de Cobos, Menem o De la Rúa, tampoco se invitó a la Viuda de Perón?), no pocos observadores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A la vista de los grandes y graves problemas nacionales, y ante el pequeño circo criollo armado en torno a los festejos del Bicentenario (¿Alguien se acordó que a la Cena de Gala en la Rosada, además de Cobos, Menem o De la Rúa, tampoco se invitó a la Viuda de Perón?), no pocos observadores han lamentado en los políticos argentinos una proverbial “falta de grandeza”. Sin embargo, me temo que una dificultad quizá más acuciante, y novedosa, es el pronunciado declive de la hipocresía.</p>
<p>Según nos participa el diccionario, la hipocresía es “un fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”, y su valioso aporte civilizador para lubricar las fricciones de la vida social, o las luchas por el poder, no puede ser menospreciado. Como ya lo observara el perspicaz Bernard de Mandeville, allá por 1714, “es imposible que seamos criaturas sociables sin hipocresía. La prueba de esto es sencilla; toda vez que no podemos impedir que las ideas emerjan continuamente dentro de nosotros, toda relación civilizada se perdería si, por medio del arte y el prudente disimulo, no hubiésemos aprendido a ocultarlas y sofocarlas; y si todo lo que pensamos hubiera de disponerse abiertamente a los demás como a nosotros mismos, sería imposible que, estando dotados de la palabra, pudiéramos soportarnos los unos a los otros”.</p>
<p><img src="http://corrientes.derf.com.ar/imgnoticias/_341653_2652010_7.jpg" alt="" /></p>
<p>El problema actual es que el kirchnerismo desde la política, con el Sr. Aníbal Fernández a la cabeza, y el tinellismo desde la televisión, han hecho un significativo y aciago esfuerzo para que argentinos y argentinas perdamos las mejores joyas de la hipocresía a manos de una vulgar sobreactuación del enfrentamiento. (Por suerte la pantalla chica todavía conserva algunos espacios donde las sinuosidades cortesanas siguen siendo la norma, como en los deliciosos almuerzos con Mirtha Legrand, que tanto han hecho por una mejor sociabilidad política y farandulesca a lo largo de varias décadas. A veces pienso que de haber existido esos almuerzos desde la Revolución de Mayo quizá nos hubiésemos ahorrado algún que otro fusilamiento, dos o tres inútiles y sangrientas batallas, y hasta algún golpe de Estado. Pero bueno, ésa es otra historia).<span id="more-555"></span></p>
<p>Yendo a lo que más nos interesa, podríamos decir que la hipocresía política opera básicamente en tres direcciones: en la relación entre los dirigentes políticos y la ciudadanía, entre los partidarios de una misma formación política, y finalmente entre dirigentes de distintos partidos.</p>
<p>En el primer caso, me apresuro a suscribir cualquier petitorio de buenas intenciones que bregue por tener políticos más transparentes, más honestos y que le hablen un poco más claramente a la población; pero no perdería de vista que el disimulo y la simulación, como sutiles ramilletes de la ubicua maleza de la mentira, son consubstanciales a la vida política, y no pueden ser erradicados sin hacernos retroceder por la senda evolutiva. Por eso, porque se trata de males necesarios que han de ingerirse en justa medida, la secular sabiduría política encontró sus remedios y sus delicados balances: la democracia como régimen político competitivo y los resguardos institucionales de una sociedad plural (libertad de prensa, de reunión, acceso público a la información, etc.). Así, cuando un gobernante dice estar muy preocupado por la pobreza, pero a la vez alimenta día a día la bomba explosiva de la inflación, está incurriendo en ese “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen”, y allí se espera que surja la voz de un político opositor, de un dirigente social o de un académico con cifras fiables, no precisamente las del degrado INDEC, para mostrar las patas cortas de tamaña impostura.</p>
<p>En lo que respecta a la declinante hipocresía entre partidarios de una misma fuerza el asunto es tal vez un poco más complejo, pero también hay sofisticados dispositivos institucionales que pueden ayudarnos. Por ejemplo, la reforma política impulsada por el actual gobierno (con la cual, en líneas generales, estoy de acuerdo), promueve el desarrollo de altas dosis de hipocresía a fin de mantener en marcha grandes maquinarias político-partidaria. Como la reforma eleva los costos de salida de una estructura política existente, ya que es preciso contar con una organización importante para competir en las elecciones, esto obliga a que se sienten a la misma mesa gente que se detesta profundamente, pero que al mismo tiempo se necesitan. En un esquema donde el precio de pegar un sonoro portazo y hacer rancho aparte es alto, los dirigentes están forzados a tolerarse más de lo que desearían, por lo que la reforma es un buen principio de recuperación del fingimiento y la falsía aunque todavía queda mucho por corregir y mejorar.</p>
<p>Pero el caso más peliagudo, a mi modo de ver, es la decadente presencia de la hipocresía entre dirigentes de distintos partidos políticos. Entre otras cosas, porque más allá de eventuales mecanismos institucionales, aquí se requieren ciertos “hábitos del corazón” que tejan lazos de comunidad política, y que han de ser fomentados y resguardados en un paciente trabajo –cultural, societal, cotidiano- de reconocimiento del otro. Tal vez Raúl Alfonsín tenía razón cuando en uno de sus últimos mensajes decía que los argentinos y argentinas tenemos que “querernos más”, pero alcanzar esa virtud quizá está más allá de nuestras escuálidas fuerzas morales, y por ahora haya que contentarse con no seguir perdiendo algunos terrenales vicios de gran utilidad pública. No sé cuántas reservas nos quedan en el acervo pero son tan o más valiosas que las que se esfuman del Banco Central.</p>
<p>Al fin y al cabo, como solía decir Borges, “un político debe fingir todo el tiempo, debe sonreír, simular cortesía, debe someterse melancólicamente a los cócteles, a los actos oficiales, a las fechas patrias.”</p>
<p>La Plata, 22 de mayo de 2010</p>
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		<title>¿Cuándo la izquierda se vuelve fascista?</title>
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		<pubDate>Mon, 03 May 2010 17:56:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lucas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta es la pregunta que uno puede esperar legítimamente se mantenga como pregunta constante en quienes pretenden, en nombre de la izquierda, la defensa de la igualdad y la libertad democráticas; la pregunta sugiere la necesidad de una vigilia atenta y responsable sobre las propias acciones políticas. En el dominio de la moral, la pregunta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta es la pregunta que uno puede esperar legítimamente se mantenga como pregunta constante en quienes pretenden, en nombre de la izquierda, la defensa de la igualdad y la libertad democráticas; la pregunta sugiere la necesidad de una vigilia atenta y responsable sobre las propias acciones políticas. En el dominio de la moral, la pregunta sería ¿cuándo se vuelve uno un miserable? En este caso, la pregunta exige una revisión crítica de las propias acciones, la puesta en duda de la coherencia o la correspondencia entre las convicciones morales que decimos sostener y el significado y los efectos de las conductas que realmente llevamos adelante. Para el individuo con escrúpulos morales, pasar mucho tiempo sin plantearse esa pregunta (o una similar) será sin dudas un mal signo.</p>
<p>En algunas discusiones que tuve con colegas en las últimas semanas sobre escraches y sobre la dictadura cubana, discusiones que me sirvieron de exploración involuntaria (y, por cierto, no ‘representativa’), obtuve algunas respuestas a la pregunta. En todas ellas, la izquierda, sea en general, sea en sus manifestaciones particulares como el escrache o en sus organizaciones estatales como el régimen cubano, quedaba a salvo de la deriva fascista y autoritaria. La izquierda, se me decía o se me daba a entender, no puede sufrir esa deriva: quien deviene fascista deja de ser de izquierda y pasa a ser de derecha. Y no tiene caso cambiar “fascista” por “de derecha” en la pregunta. En cualquier caso, el argumento parece ser que no está en la naturaleza de la izquierda volverse su contrario: es el contrario, algo del exterior, sea “la derecha” o el “fascismo” lo que en todo caso triunfa.</p>
<p>No parece necesario, desde esta perspectiva, hacerse la pregunta del título (y no parece posible, además, comprender los desastres hechos en nombre de la izquierda en el siglo XX y lo que va del XXI). Del mismo modo, un purista moral, no necesitaría revisar la moralidad de sus acciones. Las potencialidades críticas del pensamiento de este tipo de izquierda quedan reducidas a muy poco. Y los matices, en esas circunstancias, tienen una entrada más que difícil. La consecuencia está a la vista: el discurso tiende a reducirse a la identificación en sus diversas formas: señalamientos y escraches personalizados, la felicitación mutua por estar de acuerdo y la ironía o la descalificación del disidente y, en el extremo, la policía política y la persecución. (Por cierto: ni estas prácticas son exclusivas de la izquierda -pero es ella la que me preocupa- ni son tampoco prácticas de iguales consecuencias políticas: el juicio “popular” contra periodistas actualiza una publicidad democrática imposible en la Cuba de hoy. Pero son todas formas de identificación) En esas circunstancias, la capacidad de persuadir a quienes no &#8220;pertenecen&#8221; y la contribución, por consecuencia, a la ampliación de la democracia, me parecen nulas.</p>
<p>Cuando ya cuenta el número de quienes han nacido en democracia en Argentina, creo que el lugar común de la “autocrítica” debe ser reactivado con un poco más de énfasis que lo que lo es hoy. La alternativa es preguntarse ¿cuándo la izquierda se vuelve fascista?, o interpelar al otro: “¡identificación, por favor!”</p>
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		<title>Del escrache al señalamiento fascista</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2010/04/30/del-escrache-al-senalamiento-fascista/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 04:28:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Populismo]]></category>
		<category><![CDATA[Usos de la historia]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia y politica]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Es cierto, como se suele decir, que los Kirchner no inventaron nada. Que lo que ellos hacen y son no es más que el emergente de una cultura política largamente cultivada por la sociedad, o al menos por sectores amplios de la sociedad. Pero eso no quita que hayan aportado lo suyo, en no pocos casos llevando al extremo rasgos negativos heredados, dándole una intensidad particular a algunos vicios, en sí mismos particularmente desagradables. Uno de ellos es la costumbre de jugar yendo a los pies del adversario, y no a la pelota. O dicho de otro modo, la de hacer de la política una permanente búsqueda de culpables y no de soluciones.</p>
<p>En los últimos días, algunos periodistas progresistas que entre 2001 y 2008 fueron tolerantes o comprensivos con los escraches contra los representantes de la “política tradicional”, o tal vez no contra ellos, pero sí contra los militares procesistas, y entonces habilitaron una distinción entre los que “merecían” ser golpeados por la calle y los que no, han tomado una forzada y cruel lección de lo que termina resultando de este tipo de prácticas. Porque si estas costumbres no suponen la violación injustificada de derechos, sino que son un recurso legítimo que exige un juicio sobre merecimientos, entonces su justificación queda librada a la opinión. Y no necesariamente a la de la masa, sino, en términos prácticos, a los de grupos pequeños pero decididos de activistas. </p>
<p><img src="http://www.igooh.com/uc/in/28083.jpg" alt="" /><br />
Esos que hoy se esmeran en ganar puntos ante sus líderes y se ocupan de señalar a los “periodistas del monopolio” en carteles y marchas callejeras, en “juicios populares” y otros circos por el estilo. Ellos, simplemente, están trasladando la experiencia “exitosa” de los escraches contra los represores, y la no menos exitosa campaña de agresiones en que consistió el “que se vayan todos”, a la escena de los actuales conflictos entre el pueblo y sus enemigos. ¿Por qué reprochárselos, por qué objetarles que escupan e insulten a Fernando Bravo, si estuvo bien hacerlo con Alemann, o quien fuera?</p>
<p>Más que la brutalidad de un gobierno desde el principio brutal, y ahora encima desesperado por conservar el poder y una escena que confirme sus prejuicios y su pretendida superioridad moral, lo más alarmante de lo sucedido en los últimos días con los señalamientos fascistas contra periodistas opositores ha sido, por un lado, el eco que las incitaciones oficiales o paraoficiales encontraron en un activo político bastante extendido y dispuesto a pasar de las palabras a los hechos; y por otro, las dificultades del resto de los actores para movilizarse de modo de sancionar esas prácticas, aislarlas, y neutralizar a sus promotores. </p>
<p>Si algo ha quedado en claro tras lo sucedido en los últimos dos años de “decadencia kirchnerista”, es que, aunque el gobierno pierda calor de masas, no pierde el de este activo militante, politizado y entusiasta, que lo acompaña fielmente, y tal vez lo siga acompañando hasta el final. Los cientos de organizaciones que lo nuclean son muy diversas, promueven iniciativas concretas también muy distintas, pero el kirchnerismo no ha tenido dificultad sin embargo para vertebrarlas y mantenerlas alineadas detrás suyo. El uso muy extenso e intenso de recursos públicos puede explicar en parte esta capacidad, pero sólo en parte. Hay detrás de ella también la eficacia articulatoria de una ideología “orgánica” que organiza y da sentido a la acción del gobierno y de sus seguidores: la del populismo regenerativo. Él es particularmente propenso a dividir la escena política en buenos y malos, y a atribuir a la eliminación de los malos una función reparadora y transformadora.  De nuevo, no es que los Kirchner lo hayan inventado: esa forma de ver las cosas está grabada en los genes de muchos argentinos, y es lo que ha hecho del resentimiento una de las pasiones más constantes en nuestra vida política.</p>
<p><img src="http://img5.allocine.fr/acmedia/medias/nmedia/18/35/22/77/18929012.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo otro que ha quedado en claro en el desarrollo de las recientes agresiones a periodistas es lo mucho que contribuye el discurso de los organismos de derechos humanos a la descalificación de los enemigos del “gobierno nacional y popular”. Estos organismos, o al menos los más activos de ellos, nunca tuvieron raíces liberales y republicanas firmes. Y la poca afinidad que tenían con esos principios la perdieron del todo en los últimos años. En la medida en que ellos fueron adquiriendo un único y exclusivo foco, y una visión polar y excluyente de la lucha política que encaraban, la de demostrar la culpabilidad y castigar a los violadores a los derechos humanos de la última dictadura, no es de asombrarse que se prestaran dócilmente a legitimar una gestión de gobierno que satisfacía esa meta. Y lo han hecho por cierto con entusiasmo, proveyéndole argumentos justificatorios no sólo en ese, sino en todos los demás asuntos y terrenos. Al ceder a esta cooptación, esos organismos perdieron toda capacidad para promover la protección de derechos de la sociedad en general, o para formar consensos amplios en la vida política, que incluyan a más de al oficialismo y a su subcultura de izquierda, los puntos de vista de otros actores. Pero eso no les ha impedido ejercer una suerte de censura moral sobre muchos de estos actores que descalifican, incluidos los periodistas. Para muchos hombres de prensa, concluir que entidades como las que dirigen Bonafini y Carlotto han dejado hace tiempo de ser promotoras de los derechos ciudadanos, y pueden incluso ser dañinas para ellos, supone una ruptura dolorosa con su propia historia, además de un muy concreto riesgo moral, el de ser “señalados” como derechistas, procesistas, “cómplices de la dictadura”. Tal vez es hora de correr ese riesgo, y aceptar que el problema ha sido, en todo caso, no haberlo corrido tiempo atrás. </p>
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