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	<title>El agente de CIPOL &#187; Elecciones 2009</title>
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	<description>Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org)</description>
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		<title>La oposición no consigue oponerse</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 14:58:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Burdman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras la derrota electoral del año pasado y el recambio en el congreso, parecía que el gobierno quedaría en una situación de gran debilidad política. Sin embargo, en los últimos meses, la oposición viene haciendo todo lo posible por volver más creíble el discurso de los Kirchner: que los opositores son un rejunte de personas [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/05/06/la-oposicion-no-consigue-oponerse/' addthis:title='La oposición no consigue oponerse ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras la derrota electoral del año pasado y el recambio en el congreso, parecía que el gobierno quedaría en una situación de gran debilidad política. Sin embargo, en los últimos meses, la oposición viene haciendo todo lo posible por volver más creíble el discurso de los Kirchner: que los opositores son un rejunte de personas con ambiciones personales pero sin ideas políticas; que por eso no hay nadie que supere al kirchnerismo en términos de representación a nivel nacional, por lo cual éste constituye la primera minoría; que por falta de ideas los opositores solo buscan posicionarse bloqueando todo lo que el gobierno hace.<span id="more-507"></span></p>
<p>Más allá de todos sus desaciertos, el oficialismo tiene algunas cartas para mostrar. Primero, tiene un grupo sumamente minoritario pero igualmente activo y vociferante de &#8220;intelectuales orgánicos&#8221;. Los mismos se han vuelto más visibles a partir de la ofensiva mediática lanzada por el gobierno a través de los medios estatales. Sin duda, las consignas del gobierno y sus ideólogos vienen demostrando ser muy poco atractivas para la mayor parte de la opinión pública. Pero menos atractivo que tener malas ideas es no tener idea alguna, por lo que en la medida en que el gobierno consiga convencer a la población de que eso es precisamente lo que lo distingue de la oposición, tiene buenas chances de inclinar la balanza a su favor.</p>
<p>Lo anterior no sería tan grave para la oposición si al menos sus dirigentes pudiesen convertirse en la &#8220;<a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1244516">máquina de impedir</a>&#8221; que el gobierno los acusa de ser. En ese caso, al menos podrían presentar un elemento articulador que resultaría bastante atractivo para gran parte de la clase media: la voluntad de destruir al kirchnerismo. Sin embargo, dicha voluntad no resulta creíble en la medida en que por priorizar proyectos personales, los dirigentes opositores no logran ponerse de acuerdo en frenar las políticas del oficialismo. De ese modo, parecen no estar siquiera a la altura de la acusaciones que el gobierno les profiere.</p>
<p><img src="http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/70/0297027B.jpg" alt="null" /></p>
<p>Ante esta situación, el discurso de los ideólogos del gobierno se torna más creíble en un punto: no importa cuan mal haga las cosas el gobierno, lo que está del otro lado es peor. No tanto porque, como dicen ellos, la oposición represente una suerte de ofensiva neoliberal, sino porque no representa otra cosa que las ambiciones individuales de sus dirigentes. De ese modo, el hecho de que los Kirchner representen algunas ideas se vuelve un bien en sí mismo, por más que dichas ideas sean a menudo perjudiciales para el futuro político del país e incluso para su propia supervivencia. Por el contrario, la perseverancia aún en la autodestrucción pone más en evidencia la incapacidad de los opositores para aferrarse a alguna idea, sea la que sea.</p>
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		<title>¿Por qué el gobierno elige polarizar con Cobos?</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Apr 2010 03:28:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enzo Benes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace ya varios meses, el kirchnerismo parece empecinado en polarizar con Cobos, en tanto principal enemigo de la continuidad de su proyecto político. Las embestidas diarias dedicadas a su figura y levantadas tanto por las principales planas de diarios “opositores” como “oficialistas”, son fiel muestra de ello. Sin embargo, los réditos electorales a obtener [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/04/29/%c2%bfpor-que-el-gobierno-elige-polarizar-con-cobos/' addthis:title='¿Por qué el gobierno elige polarizar con Cobos? ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace ya varios meses, el kirchnerismo parece empecinado en polarizar con Cobos, en tanto principal enemigo de la continuidad de su proyecto político. Las <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1258474">embestidas diarias</a> dedicadas a su figura y levantadas tanto por las principales planas de diarios “opositores” como “oficialistas”, son fiel muestra de ello. Sin embargo, los réditos electorales a obtener eventualmente con esta maniobra son inciertos. Con ella ha logrado por el momento que la oposición encuentre nuevamente un <a href="http://www.clarin.com/diario/2010/04/20/um/m-02184579.htm">punto de crítica </a>en común contra el gobierno: las desautorizaciones hacia el Vicepresidente (VP) son vistas como muestra del avasallamiento a las instituciones. Hasta Carrió ha pedido que se respete su continuidad en el cargo. Dicha polarización podría estar ayudando incluso a aquellos que no votaron por el oficialismo en las últimas elecciones a divisar una figura nítida en la difusa oposición, aclarando así sus preferencias electorales. Para el kirchnerismo, una polarización con Macri (“progresismo vs. neoliberalismo”), o con Duhalde (“peronismo progresista vs. peronismo conservador”), podrían ser probablemente estrategias de polarización más efectivas en la ciudadanía de cara al 2011. </p>
<p><img src="http://juliocobospresidente.files.wordpress.com/2009/03/saludo-de-cristina-kirchner-al-vicepresidente-julio-cobos.jpg" alt="" /></p>
<p>¿Por qué, entonces, esta obsesión con el VP? Quizás la evaluación de sus consecuencias electorales se encuentre subordinada a una inquietud más inmediata: imponer definitivamente el argumento de que todo aquello que se les opone es golpista por naturaleza. Es decir, convencer a la ciudadanía de que hay una puesta en escena destituyente, en la que Cobos se ha convertido en el elegido por los sectores reaccionarios para frenar y desestabilizar al gobierno. Si el kirchnerismo no es capaz de consolidar el “modelo”, dice la tesis conspirativa, se deberá entonces a los intereses mezquinos de este personaje gris, cuyas intenciones bien podrían ser ocupar el sillón presidencial antes de tiempo. La otra posibilidad es que, esperando que el argumento golpista cobre fuerza, con ella lleguen los réditos electorales. Como sea, lo paradójico con dicha decisión es que nadie ha estado ayudando a consolidar la proyección nacional de Cobos más que el propio gobierno. </p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/04/29/%c2%bfpor-que-el-gobierno-elige-polarizar-con-cobos/' addthis:title='¿Por qué el gobierno elige polarizar con Cobos? ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Legados de ingobernabilidad</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2009 12:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Populismo]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;La gente nos pidió, el 28 de junio, que profundizáramos el modelo y que lo aceleremos&#8221;. Puede sonar como el discurso de un enajenado. Tal vez sea una más de esas revelaciones que vienen acumulándose respecto a que el ex presidente, y más en general el kirchnerismo, van perdiendo progresivamente todo registro de la realidad. [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/09/08/legados-de-ingobernabilidad/' addthis:title='Legados de ingobernabilidad ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;La gente nos pidió, el 28 de junio, que profundizáramos el modelo y que lo aceleremos&#8221;. Puede sonar como el discurso de un enajenado. Tal vez sea una más de esas revelaciones que vienen acumulándose respecto a que el ex presidente, y más en general el kirchnerismo, van perdiendo progresivamente todo registro de la realidad. Pero puede también que haya algo de racionalidad en la peculiar reacción que esa frase revela ante los resultados electorales: exploremos esta posibilidad.</p>
<p>El populista crea, a largo plazo, una situación insostenible, autofrustrante. Es como un capitalista que actúa en el mercado pero permanentemente quiere violar sus leyes, invirtiendo en negocios efímeros y acumulando deuda que no podrá pagar. Pero como en este caso, en el corto plazo genera condiciones para su propia reproducción: entender este punto es fundamental para comprender la sobrevida del kirchnerismo, y su radicalización, luego de la crisis con el campo, y de nuevo ahora, tras su derrota en las parlamentarias; pese al &#8220;divorcio de las masas&#8221;, a las que tanto celebra en sus discursos, que esos acontecimientos revelaron.</p>
<p>Veamos algunos ejemplos. Por caso, la inflación: aumentar el gasto y alentar subas de salarios en un contexto recesivo, cuando ya se está en medio de un proceso inflacionario de carácter crónico sólo puede redundar en la aceleración de los precios, pero ello no necesariamente perjudica al gobierno, porque es a él a quienes se dirigirán sindicatos, empresarios, gobernadores y demás interesados para que se les habiliten nuevos aumentos de precios, salarios y recursos. La inflación a la larga corroe la capacidad del gobierno de controlar la situación, pero en lo inmediato, la refuerza.<span id="more-307"></span></p>
<p>Otro buen ejemplo es lo que sucede con el mercado de capitales: las intervenciones discrecionales del Ejecutivo alientan la fuga de capitales, pero como no todos los capitales pueden fugar, o al menos no todos lo pueden hacer a la misma velocidad, opera una suerte de disciplinamiento de los &#8220;rehenes&#8221;, que se amoldan a las reglas impuestas desde el gobierno para evitar mayores perjuicios, al menos mientras esos costos no sean mayores que los costos inmediatos de la salida. La situación de los bancos en los últimos tiempos y las de las empresas de servicios privatizadas desde el comienzo del kirchnerismo ilustran bastante bien esta situación.</p>
<p>Algo no muy distinto sucede en el plano estrictamente político: el vértice kirchnerista entiende muy bien las ventajas que le provee tener el control del Ejecutivo y de todavía considerables recursos fiscales, frente a un arco peronista cada vez más renuente a acompañarlo. Y han dado señales claras de estar dispuestos a usarlos a pleno en la coyuntura, independientemente de los costos que se acumulen de cara a un cada vez menos lejano 2011. Eso les puede bastar para retrasar lo más posible el momento inevitable en que surja un candidato firme a reemplazarlos, y reducir de paso sus chances de conseguirlo. Como sucedió ya al final del menemismo, para el líder peronista en decadencia ser sucedido por un no peronista es preferible a serlo por un peronista desafiante, dado que en el primer caso al menos tiene chances de retener el control de una parte del movimiento, y podrá esperar al siguiente turno.</p>
<p>Este cálculo es además un motivo suplementario para que la transición siga un curso en que las tendencias populistas se refuercen cada vez más: de allí que sea difícil esperar que la competencia y colaboración entre los actores políticos se acomode a condiciones mínimas de estabilidad y criterios de responsabilidad: de entre los escenarios más posibles tal vez haya que elegir entre uno malo, y otro peor.</p>
<p>¿Cuál sería el escenario deseable para la transición que se ha abierto? ¿qué conductas él requiere de oficialistas y opositores? Imaginemos una oposición que, pese a las diferencias que la atraviesan, se une para detener las iniciativas más destructivas y polarizadoras del Ejecutivo nacional, y fuerza al mismo, o al menos a las porciones del mismo más moderadas, a cooperar en pro de soluciones consensuadas. En el caso de la ley de radiodifusión, por ejemplo, significaría la formación de una mayoría que introdujera cambios, asegurara menos intervencionismo discrecional, un mínimo de reglas de juego estables y legítimas. Sería replicar el caso de la emergencia agropecuaria pero sin veto presidencial, algo difícil de imaginar: en el escaso tiempo transcurrido desde el 28 de junio se ha visto que esto no es algo que interese al Ejecutivo, y que la oposición tiene dificultades crecientes para lidiar con sus propios conflictos, de cara al 2011, y con su necesidad de posicionarse para sacar ventaja del descrédito oficial.</p>
<p>Otros dos escenarios son en cambio más posibles, pero claramente son menos estimulantes, aunque no en el mismo grado, ni por los mismos motivos. En uno de ellos, los legisladores y gobernadores peronistas, estimando poder sacar tajada de colaborar disimuladamente con el Ejecutivo, dejan pasar sus proyectos mientras mantienen un discurso público crítico que les permite desentenderse de los efectos no queridos de las decisiones adoptadas y tomar distancia en los asuntos que vuelven impopular al oficialismo. Fue con esta lógica que se mantuvo la cohesión de las bancadas peronistas al tratarse las facultades delegadas, como antes sucediera con la estatización de los fondos de pensión, y pronto sucederá posiblemente con la ley de radiodifusión, y con más seguridad, con la suspensión de la ley de responsabilidad fiscal y la renegociación de deudas provinciales. La liquidación forzada de empresas de medios en muchas provincias puede ser un anzuelo atractivo para esos actores políticos, así como para los sindicales. De este modo, el kirchnerismo logra postergar lo más posible una resolución de la interna peronista, y eventualmente fuerza a los disidentes a romper con el partido. Por este camino además se abren frentes de conflicto cada vez más intensos con otros actores, como sucedió con el campo, y sucederá seguramente en el terreno judicial con los dueños de medios. Pero el efecto más grave no será ninguno de esos sino que los conflictos se dilatan y se agravan en el camino hacia el 2011. La consecuencia sería una batalla electoral en que Cobos tendrá todas las de ganar, pero puede heredar una situación muy difícil de manejar. Algo parecido al final de los noventa.</p>
<p>El tercer escenario puede ser en algún sentido más auspicioso, pero en sus efectos podría terminar siendo aun peor: si los disidentes peronistas logran abroquelarse, en torno a un referente o a varios dispuestos a cooperar entre sí, e imponen una vía para que el PJ tenga un candidato único y opuesto a la Rosada, y junto con el resto de los opositores bloquean proyectos del Ejecutivo, lo esperable es que el Ejecutivo apriete aún más la canilla de recursos hacia las provincias rebeldes, insista con decretazos y vetos, en suma, escale todos los conflictos. Una conflagración sin reglas entre sectores peronistas puede en este caso llevar a un juego de retagliación que vuelva completamente incierta la transición. La tentación de recurrir a salidas populistas se reforzará: provincias emitiendo bonos, convocando a movilizaciones contra la nación y suspendiendo el pago de compromisos, pueden ser acompañadas de la judicialización generalizada de los conflictos, y un deterioro de la situación económica, con inflación y recesión crecientes, completaría el cuadro ideal para una crisis de proporciones. La transición que tenemos por delante se parecería entonces más bien a la de fines de los ochenta.</p>
<p>Por lo que vemos, que se de un escenario o el otro, depende en principio básicamente de la actitud que adopte el peronismo hacia el gobierno que se ejerce en su nombre. Pero los resultados afectarán esencialmente al próximo gobierno, que mientras más serio sea el deterioro del actual, más chances tiene de ser uno de Cobos y el Acuerdo Cívico y Social. Y el asunto es determinar qué escenario le conviene a él. En principio, lo más fácil para Cobos y el AcyS es seguir como hasta aquí, mostrarse lo más moderados y ajenos posibles a los conflictos, puede que de ese modo la posibilidad de que el gobierno simplemente caiga en sus manos se incremente. Pero puede también que ello suceda en condiciones bastante más complejas de las que les convienen.</p>
<p>Claramente ninguno de los dos le es muy redituable: en el de una progresiva acumulación de problemas irresueltos, las cosas pueden resultarle peligrosamente similares que a De la Rúa y la Alianza: acumulación de deudas y compromisos imposibles de afrontar. La experiencia del gas y la inminente resolución de la cuestión de las deudas provinciales son un indicio de lo que cabe esperar. Cobos y el AcyS podrían intentar otra vía, pero tal vez consigan el peor resultado: azuzar al tigre herido, alentarlo a escalar los conflictos, como ha hecho con Clarín, con el campo. Desescalar sería entonces un precio tal vez alto pero no demasiado alto para quienes adviertan que su principal problema es la tendencia del peronismo a dejar herencias envenenadas.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/09/08/legados-de-ingobernabilidad/' addthis:title='Legados de ingobernabilidad ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>¿Y por qué no tirar del hilo de las internas abiertas obligatorias?*</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 01:43:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Cobos]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones Internas]]></category>
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		<description><![CDATA[Fue del todo razonable que la oposición aceptara el diálogo propuesto por el Ejecutivo nacional a condición de ampliar su agenda, e incluyera en ella los temas de políticas públicas que necesitan urgente solución, y sólo pueden encontrarla a través de un acuerdo interpartidario. Una vez comprobado que no es nada fácil avanzar por ese [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/08/10/%c2%bfy-por-que-no-tirar-del-hilo-de-las-internas-abiertas-obligatorias/' addthis:title='¿Y por qué no tirar del hilo de las internas abiertas obligatorias?* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fue del todo razonable que la oposición aceptara el diálogo propuesto por el Ejecutivo nacional a condición de ampliar su agenda, e incluyera en ella los temas de políticas públicas que necesitan urgente solución, y sólo pueden encontrarla a través de un acuerdo interpartidario. Una vez comprobado que no es nada fácil avanzar por ese camino, los concurrentes al diálogo parecen haber quedado expuestos a la crítica de los opositores desleales: los que sugieren, como Carrió, que incluso aceptar sentarse con el Ejecutivo es un grave error, o algo aun peor, un acto de complicidad imperdonable.</p>
<p>Tal vez haya algo de cierto en que se ha cometido un error, pero en todo caso no fue ese que señala la señora Carrió: tal vez lo que sucedió fue que, en su afán de ampliar la agenda, se pasó demasiado rápidamente por alto la oportunidad más a la mano de avanzar en algún acuerdo concreto. Y si esa posibilidad existió y todavía existe, es en un asunto que no tiene que ver con las políticas públicas, sino con las reglas de juego, y que reviste no poca importancia para evitar males mayores en el proceso de transición que se ha abierto tras el 28 de junio: nos referimos al tema que figuraba solitario en la agenda con que el gobierno hizo la convocatoria a los partidos, el de la reforma política, y más en particular a la medida que el oficialismo sugirió al respecto, la reimposición de la norma, derogada en 2006 y nunca cumplida, para que todas las fuerzas políticas estén obligadas a hacer internas abiertas simultáneas para definir sus candidatos.</p>
<p>La norma en cuestión es muy discutible, pero tendría en los tiempos que corren un indudable beneficio: permitiría imponer un cronograma para resolver las disputas internas en los partidos y las coaliciones de cara a las elecciones de 2011, y acotar de modo rápido e incruento el juego especulativo resultante del entrecruzamiento de amenazas de cambio de bando, rupturas de acuerdos y del festival de promesas de apoyo de todo tenor y grado de credibilidad que se ha desatado como fruto de los resultados electorales. Porque convengamos en que no todo lo que ellos produjeron es para festejar: han contribuido a fragmentar como nunca antes el escenario político, y a diversificar las opciones a la mano de los distintos líderes y facciones; con lo que, dada la escasa certidumbre sobre lo que puede suceder de aquí hasta las próximas elecciones, lo más razonable sea para los involucrados conservar el mayor margen posible de libertad, prometer pero no comprometerse a nada, y tratar de adivinar las cartas y las apuestas de los demás antes de decidir las propias. Igual que en el terreno de la economía, el contexto es, en suma, favorable a una acelerada fuga de capitales, y a la desinversión, porque quien se arriesgue a colocar sus fichas en el tablero antes que el resto, tal vez pueda arrancar con ventaja, pero corre serios riesgos de perderlo todo en caso de que las cosas empeoren y su apuesta falle.<span id="more-280"></span></p>
<p>Puede concluirse de lo dicho que cambiar el cuadro de situación, imponiendo de común acuerdo reglas inescapables para todos, que creen certidumbre y en cierta manera obliguen a invertir en una u otra de las muchas opciones disponibles para cada cual, es muy oportuno, y a la larga puede ser beneficioso para todos. Incluso puede ser más importante que acordar sobre una u otra política pública, pues la existencia o no de reglas de juego tendrá un efecto decisivo sobre cualquier política que se intente.</p>
<p>Pero si es así, ¿por qué los opositores han sido tan indiferentes ante la propuesta oficial?  Parte de la explicación puede ser que, como no confían en el Ejecutivo, ven gato encerrado en su sugerencia: los peronistas disidentes temen que los Kirchner usen los recursos del presupuesto para condicionar a los candidatos, o para digitar a su favor el resultado de una interna, y el ACyS, y en particular Cobos, creen que los quiere perjudicar, llevándolos a una fractura, u obligando al vicepresidente a renunciar antes de tiempo. Tal vez haya algo de cierto en todo esto, pero también puede ser que en la negativa opositora haya motivos más difíciles de confesar.</p>
<p>Muchos de los radicales y sus aliados temen que, en una interna abierta, Cobos se imponga por su popularidad sin necesitar de la ayuda que ellos pueden brindarle, y entonces les birle el control del resto de las candidaturas y gane demasiada autonomía, como sucedió con De la Rúa en 1998. Los jefes territoriales de la UCR, los socialistas y Stolbizer pueden sacar más ventaja de postergar las cosas, mantener abierta la opción por una candidatura propia y dejar mientras tanto que Carrió siga torpedeando al mendocino con sus sermones principistas. Por su parte, los peronistas disidentes, y en particular Reutemann, Das Neves y demás aspirantes a suceder al kirchnerismo en el gobierno y en el control del PJ, no tienen ningún apuro en avanzar hacia esos objetivos. Por un lado, porque necesitan que los Kirchner hagan lo que se niegan a hacer, aplicar un ajuste en las cuentas públicas, y que el desprestigio resultante se cargue en ellos, y no en el conjunto del peronismo, que podrán presentar como libre de culpa y cargo por todos los desmanejos cometidos en estos años cuanto más lejos todos ellos se mantengan de cualquier decisión oficial. Claro que arrebatarles cuanto antes el control del partido podría ser también una forma de lograrlo, pero para eso deberían adelantar el apoyo a un nuevo líder, con lo que caerían en los mismos problemas que los radicales tienen con Cobos, y el riesgo que correrían frente al Ejecutivo sería el opuesto: enajenarle todo su respaldo partidario puede ser una vía rápida y segura hacia el caos. Así que la opción preferida también parece ser mantener lo más posible la ambigüedad, estirando un tiempo de indefinición hasta que la situación misma decante en su favor.</p>
<p>Todos estos razonamientos son, por decir lo menos, de corto aliento, cálculos de ocasión. También ellos, fruto de un escenario carente de reglas y sometido a todo tipo de eventualidades. Tal vez sea mucho exigirles a nuestros dirigentes que miren más allá, que se pongan por encima de las circunstancias y se arriesguen a convertir el declive del poder kirchnerista en la oportunidad para mejorar el sistema político. Pero al menos podrían intentarlo, porque sería finalmente en su propio beneficio.</p>
<p>*Publicado en <a href="http://www.eltribuno.info/salta/diario/hoy/">El Tribuno de Salta</a>.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/08/10/%c2%bfy-por-que-no-tirar-del-hilo-de-las-internas-abiertas-obligatorias/' addthis:title='¿Y por qué no tirar del hilo de las internas abiertas obligatorias?* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Peronismo de geometría variable*</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/28/peronismo-de-geometria-variable-2/</link>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2009 14:05:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Palermo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Populismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Quisiera llamar la atención sobre dos cuestiones que las elecciones pasadas han hecho patente: las burbujas electorales y la geometría variable del peronismo. Son relevantes por constituir -conjeturo- rasgos perdurables que, si bien no son inéditos, han ganado nitidez en la escena político electoral argentina. En cuanto al primero, la volatilidad de un electorado que [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/28/peronismo-de-geometria-variable-2/' addthis:title='Peronismo de geometría variable* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quisiera llamar la atención sobre dos cuestiones que las elecciones pasadas han hecho patente: las burbujas electorales y la geometría variable del peronismo. Son relevantes por constituir -conjeturo- rasgos perdurables que, si bien no son inéditos, han ganado nitidez en la escena político electoral argentina.</p>
<p>En cuanto al primero, la volatilidad de un electorado que a veces parece móbile qual piuma al vento , produce composiciones heterogéneas que serían insólitas si las preferencias del votante estuvieran configuradas sobre la base de identificaciones partidarias más firmes (no estoy sugiriendo que esto sea ni mejor ni peor).</p>
<p>Una de las consecuencias es la emergencia de liderazgos tal vez fugaces, pero que la imprevisibilidad del juego político puede llevar a cargos de gobierno sin las credenciales que, por lo menos yo, considero necesarias para pensar que han de ejercerlos competentemente.</p>
<p>A mi entender, es el caso de Pino Solanas: si la burbuja electoral continúa creciendo, podría llevarlo -¿por qué no?- al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Y Julio Cleto Cobos -aunque su fuerza electoral no fue testeada directamente en las pasadas elecciones- que me disculpe, pero no encuentro aún motivos convincentes para confiar en sus condiciones presidenciales.</p>
<p>El fenómeno de las burbujas trae al tapete la cuestión de la responsabilidad del votante, en un ambiente cultural en que éste se siente mucho más inclinado a ver la paja en el ojo del representante que la viga en el suyo. En cuanto a la geometría variable del peronismo, patente en el número de alianzas electorales en las que participaron agrupamientos peronistas, mi hipótesis es que ha cambiado radicalmente si tomamos en cuenta la historia pasada: antes, los peronistas se abrían -si no quedaba más remedio- para volver: los incentivaba la existencia de un electorado relativamente cautivo que definía un campo de disputas unificado, el &#8220;peronismo&#8221;.</p>
<p>La &#8220;Gran Cafiero&#8221; de 1985 ilustra este comportamiento. Ahora, ese campo electoral unificado no existe, y los distintos peronistas tienen incentivos para permanecer, literalmente, con un pie dentro y otro fuera. Muy pronto podremos testear esta hipótesis. Si los principales peronismos consiguen dirimir su disputa en una sola interna peronista (abierta o cerrada) entonces sería equivocada. Veremos.</p>
<p>*Publicado en el diario La Nación el domingo 5 de julio de 2009.</p>
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		<title>Los debates parlamentarios que se vienen*</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 12:13:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[El receso forzado por la gripe A no alcanza para refrenar la intensa actividad política que se despliega en bambalinas en estos días. Ella está orientada fundamentalmente a definir nuevas lealtades legislativas: y es que de cómo se comporte de aquí en más el Congreso dependerá en gran medida la suerte tanto del actual gobierno [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/13/los-debates-parlamentarios-que-se-vienen/' addthis:title='Los debates parlamentarios que se vienen* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El receso forzado por la gripe A no alcanza para refrenar la intensa actividad política que se despliega en bambalinas en estos días. Ella está orientada fundamentalmente a definir nuevas lealtades legislativas: y es que de cómo se comporte de aquí en más el Congreso dependerá en gran medida la suerte tanto del actual gobierno como de cada uno de los aspirantes a sucederlo. El escenario es suficientemente abierto y móvil como para que, según cómo jueguen sus cartas los distintos actores, puedan resultar alineamientos y mayorías bien distintas.</p>
<p>Donde más rápidos y profundos cambios pueden producirse es, claro está, en el peronismo. El kirchnerismo aún parece indeciso entre intentar mantener la unidad de las bancadas, tal como logró hacer tras la crisis del campo (lo que sorprendió a más de uno, y tal vez podría volver a suceder, si corrigiera su agenda y su forma de negociarla) o partir aguas con el peronismo disidente, antes de que sea tarde para conservar siquiera a los más fieles de entre los peronistas, para consolidar un bloque ideológicamente afín: con él tendría más chances de perder votaciones parlamentarias de aquí a 2011, pero podría llegar a esa fecha y a las presidenciales con un escenario de tres tercios, dos de ellos, el del panradicalismo y el del PJ opositor, compitiendo por el voto de centroderecha, con lo que se mantendría medianamente en pie un cuadro político que tendría a los Kirchner como representantes de lo que gustan llamar &#8220;la izquierda&#8221;. Podrían así seguir soñando con sobrevivir.<span id="more-241"></span></p>
<p>Dilemas correspondientes desvelan a sus antagonistas en el PJ. ¿Le conviene a Reutemann y a los gobernadores peronistas que ya han decidido acompañarlo participar de decisiones de la conducción partidaria para fijar las reglas con que se elegirá a una nueva (opción hacia la que el Ejecutivo quiere inclinarlos, reflotando la ley de internas abiertas obligatorias), y por extensión también de una negociación al interior de bancadas legislativas en que sus hombres seguirían conviviendo con los del kirchnerismo, para pavimentar un camino lo menos conflictivo posible hacia el cambio de gobierno?, ¿o es preferible, y sería posible, disputarle el control peronismo desde fuera del PJ, sin entrar en ninguna tratativa con los Kirchner, es decir, alejarse del partido para conformar una nueva mayoría, en el territorio y en el Parlamento, con la que condicionar al Ejecutivo hasta que llegue el momento de reemplazarlo?</p>
<p>A esto se suma que los peronistas no están ya tan solos como en años anteriores haciendo política. Y por tanto deben acomodar sus acciones a lo que hagan otros actores, que tienen suficientes recursos como para sacar ventaja de sus desaguisados. O de evitar que tengan mayor impacto institucional. Ya lo hemos visto estos días en las tratativas preliminares sobre las nuevas autoridades de las Cámaras: el Acuerdo Cívico y Social no le hará fáciles las cosas a los peronistas disidentes, optará por negociar con el kirchnerismo para mejorar en todo caso su propia situación, permitiendo que los legisladores fieles al Ejecutivo sigan ocupando las posiciones preeminentes, y debilitando por tanto las chances de que la indisciplina legislativa en el peronismo se generalice. Si Reutemann y los suyos de todos modos optaran por romper abiertamente las bancadas, marcar a fuego la frontera entre ellos y los Kirchner, ¿acaso contarían con el acompañamiento siquiera de los hombres de De Narváez y Macri? Es más que dudoso. El resultado podría llegar a ser que se condenarían a un rol legislativo bastante poco relevante, mucho menos que el poder territorial que reúnen.</p>
<p>El debate sobre algunos asuntos bien candentes de la agenda parlamentaria en los próximos meses puede además complicarle las cosas a la oposición tanto como al gobierno. En agosto vencen las delegaciones legislativas con las que el Ejecutivo ha venido decidiendo sobre las retenciones al agro, entre otros asuntos, y que hasta ahora se aprobaban sin mucho trámite y a libro cerrado. Aprobarlas en las actuales circunstancias exigirá del kirchnerismo un gran esfuerzo de persuasión o una generosa distribución de recursos. Lo mismo deberá hacer, antes de fin de año, cuando llegue la hora de la renovación de la ley del cheque y de la ley de emergencia económica (esta última es la que ha venido legitimando hasta aquí decretos de suma importancia para el gobierno), y de aprobar la nueva ley de presupuesto. Es difícil saber lo que hará el oficialismo. Pero las cosas tampoco están tan claras ni serán muy fáciles para la oposición. Que ella pueda converger espontáneamente en una postura de mero rechazo a lo que proponga la Casa Rosada es algo que los Kirchner en un clímax de torpeza le regalaron como oportunidad dorada con la resolución 125. Es dudoso que se pueda cometer semejante error dos veces. El Ejecutivo puede encontrar en los legisladores de provincias muy urgidas por problemas fiscales y que no producen granos, disposición a cooperar, incluso en contra de lo que sus jefes políticos les sugieran hacer para fortalecer al peronismo disidente o al ACS. También para Cobos cooperar puede ser ahora un camino tentador: debe poder seguir jugando a ser el vértice de una gran coalición, y volver al radicalismo para conducirlo, sin cargar sus espaldas con los estrechos límites electorales y la imagen de &#8220;incapacidad para gobernar&#8221; que acompañan a ese partido como una sombra. Diferenciándose además de los nuevos disidentes del PJ, que como sucede siempre con los conversos, mientras más nuevos más fieros.</p>
<p>Varias de las leyes que estarán en discusión se prestan bien para que el gobierno busque dividir para reinar, ofreciendo incentivos selectivos a legisladores de esta o aquella provincia, abriéndose a exigencias de una u otra rama de la oposición. El kirchnerismo perderá de todos modos el que ha sido su rasgo más característico, la potencia centralizadora. Pero que eso se convierta en ingobernabilidad no está escrito, dependerá de lo que sean capaces de hacer todos y cada uno de los actores del nuevo escenario.</p>
<p>*Publicado en <a href="http://www.eltribuno.info/salta/diario/hoy/">El Tribuno de Salta</a>.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/13/los-debates-parlamentarios-que-se-vienen/' addthis:title='Los debates parlamentarios que se vienen* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Profundizar la gobernabilidad</title>
		<link>http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/06/profundizar-la-gobernabilidad/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2009 23:30:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Camou</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Económica]]></category>

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		<description><![CDATA[En la madrugada de la contundente derrota electoral, Néstor Kirchner señaló que la tarea de la hora era “profundizar la gobernabilidad”. Si bien un día después la presidenta se deshizo en elogios no correspondidos hacia la propuesta de “Pino” Solanas, y miró con grandes ojos avariciosos su buena cuota de diputados, se espera que la [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/06/profundizar-la-gobernabilidad/' addthis:title='Profundizar la gobernabilidad ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la madrugada de la contundente derrota electoral, Néstor Kirchner señaló que la tarea de la hora era “profundizar la gobernabilidad”. Si bien un día después la presidenta se deshizo en elogios no correspondidos hacia la propuesta de “Pino” Solanas, y miró con grandes ojos avariciosos su buena cuota de diputados, se espera que la orientación efectiva del gobierno camine por senderos menos resbaladizos. Esto es, en vez de avanzar hacia el precipicio abrazados al lema “profundizar totalmente el modelo sin preocuparnos por la gobernabilidad”, sería mejor que la consigna del momento fuese algo así como “profundizar la gobernabilidad pero sin abandonar totalmente el modelo”.</p>
<p>La buena noticia de la semana es que la estructura de incentivos políticos alienta alguna esperanza de conformar un escenario medianamente razonable. En este sentido, podríamos decir que hay una zona de equilibrio de intereses convergentes que propicia el logro de acuerdos, aunque todavía no haya puntos claros de coincidencia. De un lado, la pareja gobernante no está dispuesta a dejar el poder, y del otro, a las diferentes oposiciones (peronismo disidente y sobre todo al pan-radicalismo) no les conviene ocuparlo. Y si bien por el momento ambos se rechazan, las dos partes de la ecuación política se necesitan para transitar el largo y escabroso camino que nos separa del 2011. En el caso del gobierno, razonablemente pretende seguir adelante pero no a cualquier precio, es decir, aceptando cualquier tipo de imposición de nombres o de políticas; en el caso de las oposiciones, requieren tiempo para organizarse, y lo que menos querrían en lo inmediato sería hacerse cargo del poder improvisadamente para efectuar el trabajo sucio de un inevitable ajuste.</p>
<p>Es claro que no los une el amor sino el espanto, pero un poco de unión siempre fue algo más que nada. De este modo, el gobierno requerirá apoyos en el Congreso para enfrentar un escenario socioeconómico complicado, pero la oposición necesitará que el oficialismo navegue por esta crisis sin encallar. Sería suicida para el peronismo disidente o para el “Acuerdo Cívico y Social” dinamitar la nave gubernamental, y un abrupto abandono del Ejecutivo por parte de los Kirchner sería un excelente pasaporte para ellos, y para buena parte de sus más encumbrados funcionarios, hacia un interminable desfile por los tribunales de Comodoro Py.<span id="more-228"></span></p>
<p>Ahora bien, no hay gobernabilidad sin consensos básicos entre los actores estratégicos de la sociedad: tanto de los actores político-institucionales -el Congreso, los gobernadores, los partidos y el Ejecutivo Nacional-, como de algunos actores sociales: empresarios, sindicalistas, organizaciones sociales, etc. Esos acuerdos pueden parecer hoy de difícil elaboración pero no hace mucho tiempo enfrentamos un escenario semejante, y como lo han destacado algunos analistas en estos días, la memoria de lo acontecido puede resultar aleccionadora.</p>
<p>En los primeros meses del 2002 el país marchaba a la deriva. Fue entonces cuando el gobierno de Duhalde logró conjugar un esquema básico de poder para encauzar la crisis. En ese esquema fueron fundamentales la convocatoria a un amplio diálogo entre actores políticos, empresariales y de la sociedad civil; la implementación de un programa social de cobertura universal; y la designación de un ministro con probada solvencia técnica, autonomía de gestión y capacidad para generar confianza en los agentes económicos internos y externos. Pero esa trama de decisiones tuvo como marco el virtual pacto de gobernabilidad que el entonces presidente interino firmó el 24 de abril de 2002 con la mayoría de los gobernadores (no lo firmaron San Luis, la Ciudad de Buenos Aires y&#8230; Santa Cruz). El texto, bautizado como el documento de los “Catorce Puntos”, no constituyó ningún parteaguas en la historia del pensamiento político occidental, pero sirvió para fijar límites y definir orientaciones políticas clave. Aunque su contenido luce hoy desactualizado en varios rubros, y en otros testimonia el éxito de ciertos eficaces lobbistas, quizá recordar su contenido puede tener todavía alguna función inspiradora. Decía así:</p>
<p>Respetar los acuerdos internacionales de la Nación y reafirmar la vocación de integrar la Argentina al resto del mundo. 2) Firmar en un plazo no mayor de 15 días los acuerdos bilaterales con las provincias, dando cumplimiento al Pacto Fiscal suscripto oportunamente. 3) Elevar al Congreso de la Nación, en un plazo no mayor de 90 días, el proyecto de ley consensuado de un nuevo sistema de coparticipación federal de impuestos. 4) Propiciar las políticas fiscales y monetarias que mantengan la disciplina y los equilibrios necesarios que eviten la suba descontrolada de precios y la inestabilidad cambiaria. 5) Garantizar a los ahorristas, a través de instrumentos legislativos adecuados, la previsibilidad necesaria sobre el destino de sus fondos asegurando su liquidez. 6) Garantizar las acciones que restablezcan en forma inmediata un sistema financiero sólido y confiable. 7) Instrumentar un nuevo acuerdo de responsabilidad fiscal para la administración nacional, provincial y municipal que asegure su cumplimiento mediante un sistema explícito de premios y castigos. 8) Propiciar una reforma impositiva integral moderna y simplificada que aliente y estimule la inversión de capitales e impida la evasión, la elusión y el contrabando. 9) Propiciar la inmediata sanción de la ley de Quiebras. 10) Propiciar la inmediata derogación de la ley de Subversión Económica. 11) Propiciar la repatriación de capitales argentinos destinados principalmente a proyectos productivos con demanda de mano de obra intensiva. 12) Alentar las inversiones nacionales y extranjeras dedicadas a la exportación de productos manufacturados o a la sustitución eficiente de importaciones. 13) Asegurar el cumplimiento efectivo de la reforma política acordada, asegurando la reducción de gastos políticos y burocráticos innecesarios y la modernización de las formas de selección electoral. 14) Asegurar un mecanismo de asignación de planes de empleo convirtiéndolos en empleos efectivos a través del sector productivo.</p>
<p>A la vista de dónde venimos, y por dónde estamos, el futuro no parece tan oscuramente malo; lo único que nos anda faltando son los catorce puntos, una extendida disposición al diálogo y la decidida voluntad de acordar&#8230;</p>
<p>La Plata, 5 de julio de 2009.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/06/profundizar-la-gobernabilidad/' addthis:title='Profundizar la gobernabilidad ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>¿Qué fue el kirchnerismo?*</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2009 15:51:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[Como sucediera ya en otras coyunturas críticas, los tiempos políticos argentinos se han acelerado. Ello explica que las elecciones del 28 de junio parezcan haber tenido lugar en un lejano e indefinido pasado. Como si ellas hubieran soltado el resorte de un proceso de cambio por demasiado tiempo contenido, por aquellos que pretendían evitar lo [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2009/07/06/%c2%bfque-fue-el-kirchnerismo/' addthis:title='¿Qué fue el kirchnerismo?* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como sucediera ya en otras coyunturas críticas, los tiempos políticos argentinos se han acelerado. Ello explica que las elecciones del 28 de junio parezcan haber tenido lugar en un lejano e indefinido pasado. Como si ellas hubieran soltado el resorte de un proceso de cambio por demasiado tiempo contenido, por aquellos que pretendían evitar lo inevitable, y desde entonces los acontecimientos se estén sucediendo en cámara rápida a nuestro alrededor, sometiéndonos a un vértigo en que el recuerdo mismo de lo que era la política argentina hasta hace muy poco abruptamente se disipase.</p>
<p>Por obra de esta aceleración, podría parecer poco relevante para nuestro presente y nuestro futuro preguntarse que fue el kirchnerismo y por qué terminó como terminó. La invitación a &#8220;mirar para adelante&#8221;, porque a la velocidad que vamos bien podemos terminar desbarrancándonos suena razonable. OK, hagámoslo. Pero mientras tanto dediquemos alguna atención al menos a lo que ha sucedido en los últimos seis años, porque de otro modo es probable que el pasado que creemos estar sepultando nos vuelva a encontrar en la próxima curva del camino.</p>
<p>El kirchnerismo fue un fenómeno nacido de la crisis de 2001 y de la marcada debilidad política resultante, que afectó a todas las instituciones y todos los actores. El liderazgo K consistió ante todo en una eficaz táctica de recomposición del poder presidencial en esa coyuntura, que se sostuvo en dos recursos, el primero, un eficaz programa económico, en verdad ya en marcha cuando Kirchner llegó al poder, que él recibió llave en mano, y que le permitió implementar medidas de reparación social a través de la distribución de recursos fiscales y la generación de empleo; y el segundo, un ambicioso proyecto de recomposición del campo político.</p>
<p>Las promesas de reparación económica y social se cumplieron en cierta medida, pero en tanto no se dio paso a una política más sostenible a medida que la crisis quedó atrás, y no se innovó en los instrumentos de la política económica y fiscal,  estos comenzaron a generar sus propias dificultades. Uno de los grandes problemas de la gestión kirchnerista de la economía fue que se mostró incapaz de aprovechar los recursos que su predecesor puso en sus manos y las circunstancias favorables que le tocaron en suerte agigantaron para pasar de una gestión que maximizaba en lo inmediato el crecimiento, a una política de reformas que lo hiciera sostenible y le proveyera bases más sólidas. Cuanto más, se plantearon puntuales contrarreformas respecto a lo que se había hecho en los noventa, restauradoras o reparadoras de derechos e intereses no siempre consistentes entre sí, y casi nunca justificadas. De ello no podía resultar nada parecido a un sistema de reglas económicas y fiscales modernas e imparciales, capaz de sostener de modo prolongado el desarrollo. La fórmula de salida de la crisis de la Convertibilidad, por naturaleza de eficacia transitoria, terminó concibiéndose como fuente de legitimación de ese &#8220;modelo&#8221;, y lo que resultó fue un recalentamiento cada vez más agudo de la actividad económica, distorsiones en los mercados y los precios, y un desbarajuste final que combina recesión e inflación. En particular, el haber reintroducido una inflación crónica en un país que luchó durante cuarenta años para desterrarla será uno de los saldos imperdonables de esa política de prebendas y crecimiento a toda costa.<span id="more-226"></span></p>
<p>Si la política kirchnerista, que se presentó como progresista y transformadora, no instrumentó reformas en la economía, las políticas sociales, la educación, el sistema impositivo, en suma, si no hizo más que apretar el acelerador, &#8220;reparar&#8221;, &#8220;restaurar&#8221; y conservar, fue en parte porque su poder dependió de la concentración de recursos y decisiones resultante de la crisis y de la fórmula de salida de ella: para ilustrar el punto, una reforma impositiva dirigida a hacer menos regresiva la recaudación y más eficiente el gasto en las provincias hubiera obligado a sacrificar parte de la masa de recursos de libre disponibilidad en manos del Ejecutivo Nacional, por lo que se entiende no fuera una prioridad. Pero también esto se explica porque desde un comienzo el kirchnerismo priorizó cambios en otros terrenos, fundamentalmente el de los alineamientos políticos. A la relativa indiferencia hacia las políticas públicas le correspondió una fuerte vocación por redefinir las identidades y conflictos políticos. El cambio &#8220;epocal&#8221; que los Kirchner anunciaron como núcleo de su &#8220;proyecto de país&#8221;, debía tener prioridad, pues era la clave para, luego, poder hacer mejores políticas públicas. Volviendo al ejemplo del sistema impositivo y fiscal, si no hubo reforma allí fue porque hacía falta concentrar recursos para quebrar lealtades heredadas, crear otras, y fundar un &#8220;nuevo orden político&#8221;.</p>
<p>En esencia este proyecto de cambio político consistió en una recreación del &#8220;movimiento nacional&#8221;, en torno al que seguía siendo su núcleo dinámico, el peronismo, en los términos muy a la moda en algunos países de la región, de una tajante contraposición entre izquierda y derecha. Rescatar al peronismo (no necesariamente al PJ) de la colonización que había sufrido en los años noventa a manos de la derecha neoliberal, sería el primer paso para redefinir a todas las fuerzas políticas dl país, a las que se suponía afectadas por ese mismo virus y disponibles gracias a la crisis de representatividad de 2001 a una iniciativa refundacional. Ingentes recursos políticos y fiscales se invirtieron para seducir a las clases medias &#8220;progresistas&#8221;, a los frepasistas, los radicales y los socialistas con esta idea; y sobre todo para que los caudillos sindicales y territoriales del peronismo se convencieran de sus ventajas para dejar en el olvido la &#8220;seducción neoliberal&#8221;, o al menos se acomodaran dócilmente a avalar esa vuelta de página. Durante una primera etapa, aquella en que los Kirchner encontraron su musa inspiradora en la tertulia amena con Torcuato Di Tella, Carlos Álvarez y José Pablo Feimann, esta reinvención izquierdista del peronismo se concibió en un equilibrio entre la socialdemocracia chilena y la tradición populista nacional. La fuerza de las cosas llevaría progresivamente a abandonar esta versión, y abrazar sin ambages la que era y es su matriz ideológica primigenia, la de un populismo radical que expresan de modo prístino los alegatos de Carta Abierta y las fórmulas algo más sofisticadas de pensadores como Ernesto Laclau y José Nun.  Según ellas, Argentina, igual que Bolivia, Venezuela, Ecuador (ahora también Honduras), enfrentan un solo y fundamental conflicto, el que opone al pueblo y la oligarquía; en dicho conflicto las reglas institucionales no pueden ser obstáculo para que el pueblo exprese su voluntad y defienda sus intereses, de manera que la democracia debe defenderse de la república, la división de poderes y demás excusas meramente formales a que apela &#8220;la derecha&#8221;.</p>
<p>Afortunadamente, ni los Kirchner lograron seducir con esta idea a todos los que identificaron como miembros potenciales de su recreado &#8220;campo popular&#8221; (ni Alfonsín, ni Binner, ni Stolbizer, ni siquiera toda la CTA ni la Federación Agraria se acomodaron a su visión de las cosas), ni los ciudadanos y grupos de interés en general se comportaron siguiendo una lógica excluyente y unificada de conflicto entre el pueblo y sus enemigos, entre el bien y el mal. Pero lamentablemente esto no ha sido suficiente para que aquellos modificaran su hoja de ruta: la reacción del ex presidente ante la derrota del 28 de junio, su renuncia al PJ y su decisión de abrazarse a la transversalidad y a Carta Abierta, revelan la persistencia de esa apuesta, al menos en su ánimo. Habrá que ver si el gobierno de su mujer puede sobrellevar la inevitable consecuencia de esa terquedad, el extravío de todos sus respaldos justicialistas y su definitivo y enajenado aislamiento de la sociedad.</p>
<p>*Publicado en <a href="http://www.eltribuno.info/salta/diario/hoy/">El Tribuno de Salta</a>.</p>
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		<title>¿Del kirchneriato al kirchnerismo?</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jul 2009 02:29:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Camou</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Económica]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>El primer ciclo es el que comenzó con la salida de la crisis del 2001, cuando el binomio Duhalde-Lavagna empezó a enderezar el barco después del desastre, y luego fue continuado por los Kirchner. El despegue fue posible gracias a la articulación de tres factores básicos: una táctica (llamarla estrategia sería forzar un poco las cosas) de inserción competitiva en el mercado mundial, un esquema (precario pero defendible) de solvencia fiscal y una firme autoridad política con eje en la figura presidencial. Designar a este esqueleto un “modelo” ha sido una licencia poética, pero mirado desde donde veníamos alcanzó para “crecer a tasas chinas” y recuperar el empleo, sobre todo en la fase fácil de expansión basada en una alta capacidad productiva ociosa y con un contexto internacional excepcional.</p>
<p>El segundo ciclo, más corto, empezó como empiezan casi todos los desbarajustes de una Argentina que se cree entretenida, y es pavorosamente monótona en su decadente desorden: con el desarme de los elementales componentes del triángulo. En este caso, arrancó bastante antes del conflicto con el campo, cuando la producción empezó a tocar el techo de las capacidades instaladas y la inflación empezó a salirse de cauce; luego, los desbordes fiscales utilizados para remendar inconsistencias o sufragar la campaña de Cristina Presidente encendieron las luces amarillas, y el posterior intento de torniquete impositivo a los sectores agropecuarios chocó con la rebelión del interior y el rechazo de los grandes centros urbanos. Como todos los rechazos, fue un amasijo de buenas y malas causas, pero abrió una ventana de oportunidad que nos trajo hasta aquí.</p>
<p>De aquel trípode de condiciones, la recompuesta autoridad presidencial fue quizá el logro más personal de los Kirchner, en particular por su original amalgama de viejos y nuevos materiales, aunque su arquitectura recordara parcialmente a otras experiencias peronistas previas. Como sabemos, Menem fue capaz de improvisar una efectiva construcción simbólica en torno a los motivos de un pensamiento neoliberal y una más limitada semántica de la reconciliación histórica, tanto con referencia a los viejos antagonismos entre peronistas y antiperonistas como en los más trágicos y recientes entre civiles y militares. Esa construcción fue un tejido de intereses, de visiones <span style="mso-spacerun: yes;"> </span>y proyectos de actores socioeconómicos y políticos, pero también un espacio de articulación de cuadros intelectuales y expertos –muchos de ellos “importados” desde fuera del campo peronista- que le proveyeron un sólido soporte de gestión a lo largo de una década. Más allá de idiosincrasias, personalidades o temperamentos, Kirchner quitó de cuajo esas incrustaciones y reconfiguró un discurso –una aleación de textos, memorias, prácticas y actores- que recogía antiguos y renovados trazos del pensamiento nacional, popular y latinoamericano, “forjista” y estatista, junto a una fuerte elaboración en torno a <span style="mso-spacerun: yes;"> </span>la lucha por los derechos humanos según la versión vindicatoria de la izquierda militante. Claro que a diferencia de Menem, y en una sintonía más cercana a lo que fue la antigua “cafieradora”, el discurso kirchnerista pudo hilvanarse con tropa propia, apelando a preciosos recursos del más puro imaginario del peronismo setentista, aunque enriquecido por el aporte de una significativa masa disponible de intelectuales migrantes de otras experiencias, compañeros de rutas convergentes, fugitivos de similares derrotas.<span id="more-217"></span></p>
<p>En la esperpéntica simplificación de estos apuntes, a esa mixtura de textualidades, actores y políticas (ya sea económicas o laborales, de amistades externas o de DDHH), bien le cabe el mote de “kirchnerismo”. Es este kirchnerismo, sobre todo, el que fue plataforma de lanzamiento de la frustrada experiencia transversal o de la concertación plural. Es este kirchnerismo, también, el que desde hacía rato deambulaba a ciegas por su andarivel socioeconómico, tanto por su incapacidad para desarrollar una sustentable estrategia inversora en condiciones de competencia globalizada, como por sus dificultades para remontar la cuesta de un crecimiento redistribuidor.</p>
<p>Pero la recompuesta autoridad presidencial que los Kirchner supieron conseguir también se nutrió de afluentes algo más tradicionales y bastante menos presentables. Esos añejos materiales son los de un estilo de conducción personalista, vertical y hegemónico, que utiliza todos los recursos disponibles –legales y paralegales- para concentrar el poder en un sistema de decisiones piramidal, excluyente desde el punto de vista político, e irrecuperablemente ineficaz para una gestión pública moderna. Se trata de un esquema que no reconoce límites, más allá de las fronteras fácticas de su propio uso, y que tampoco respeta controles republicanos, ni autonomías de la justicia o de la prensa; un oscuro dispositivo que entrevera los aportes de campaña, el tráfico de influencias y el capitalismo de amigos con la intervención del INDEC o la subordinación del Consejo de la Magistratura. Este sistema, que se unió a lo peor del peronismo bonaerense en su insaciable deseo de perpetuación, es lo que bien valdría la pena llamar el “kirchneriato”</p>
<p>Porque los unen vínculos sutiles, que sus propios protagonistas no han tenido hasta el momento la voluntad de desglosar ni desmentir, a estas horas se habla indistinta y profusamente de la “derrota del gobierno” o de la “derrota del kirchnerismo”. Pero me temo que a futuro se puede estar mezclando más de lo que habría que mezclar. Así, mientras el “kirchneriato” no tiene nada que valga la pena ser rescatado para los tiempos por venir, y su efectivo desguace es una tarea central de la próxima agenda legislativa, el “kirchnerismo” encarna una visión poderosa que anima a buena parte de la dirigencia política, social e intelectual de la Argentina contemporánea; una visión que quizá pronto empiece a buscar nuevas y más justas palabras para ser nombrada.</p>
<p>Y aunque descreo de las virtudes del paradigma kirchnerista como respuesta a los principales retos de nuestro desarrollo socioeconómico o político-institucional, creo también que es un proyecto con el que es imprescindible debatir. En lo inmediato, y frente a los graves desafíos que tenemos por delante, la configuración de una entidad simbólica y política que vaya más allá del estrechísimo círculo que rodea a la pareja presidencial, podría dotar al propio oficialismo de una racionalidad colectiva superadora del capricho momentáneo de un líder obnubilado. Pero a mediano plazo, difícilmente pueda concebirse la construcción de una Argentina más justa sin algunas de las textualidades, las energías y los actores que el “kirchnerismo” supo convocar. En esa elaboración, además, algunos motivos de su pensamiento –junto a tradiciones liberales o socialdemócratas- son una pata necesaria para el despliegue de un campo de tensiones político-intelectuales que sirvan de marco a las orientaciones estratégicas de nuestras políticas públicas.</p>
<p>Desafortunadamente, y lejos de estas necesidades, los primeros mensajes del matrimonio gobernante luego de la catástrofe no han sido particularmente auspiciosos, aunque habrá que dejar correr algunos días para evaluar hacia dónde apuntan sus decisiones de fondo. Mientras tanto, un país político ya se ha puesto en marcha con destino al 2011. Demasiado parecido al que hemos tenido durante pendulares años, es un país de candidaturas oportunistas, de personalismos acomodaticios, de improvisados rejuntes, que tienen por única guía la inconstante veleta de los vientos de turno o la profunda coincidencia marketinera en un spot televisivo.</p>
<p>Frente a ello se abre la oportunidad de construir un país diferente. Un país de proyectos en discusión, un país de debates sobre ideas, horizontes y estrategias. Ciertamente, podrá esgrimirse que el elenco gobernante parece no estar “escuchando” a la sociedad, pero también deberíamos enderezar hacia nosotros mismos una interpelación similar, acerca de nuestra dudosa capacidad para prestarle al “otro” su merecida escucha. En este sentido, reconocer al otro no significa identificarlo como mero obstáculo, como se aprecia una roca en la mitad de un río; reconocer al otro es estar dispuesto a dialogar con él para construir una comunidad posible que nos involucre como miembros plenos. <span style="mso-spacerun: yes;"> </span>A lo largo de muchas décadas la Argentina fue una sociedad donde los actores fueron incapaces de reconocerse y de aceptar mínimas reglas de juego para dirimir su conflictualidad social y política. Desde hace un cuarto de siglo ese paradigma del no reconocimiento se ha trasladado a las orientaciones de políticas, y sus penosos resultados están a la vista de cualquiera que quiera mirarlos de frente.</p>
<p>De aquí en más, a algunos nos tocará la tarea de no meter en la misma bolsa al “kirchneriato” con el “kirchnerismo”, y alejarnos de la tentación de aprovechar la coyuntura de su derrota electoral para ningunearlo como proyecto. Pero del otro lado del mostrador habrá que entender también que los que votaron por propuestas diferentes al oficialismo no son torpes marionetas del “complejo agromediático”, ni tontos útiles al servicio del “bloque agrario”, ni fueron arrastrados al cuarto oscuro por una “aversión irracional” al gobierno de CFK.</p>
<p>La paradoja de la semana es que, para salvar lo que hay de rescatable en el “kirchnerismo”, sus propios seguidores deben comenzar por abandonar el “kirchneriato”.</p>
<p>La Plata, 1 de julio de 2009.</p>
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		<title>Un escenario “por poquito” embarazado</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jun 2009 02:22:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Pareciera que unos pocos votos han bastado para cambiar drásticamente la distribución del poder en el país: fueron muy pocos los que dirimieron contra Néstor Kirhcner la batalla en la provincia de Buenos Aires y permitieron que el PRO festejara pese a la bastante mala elección en Capital; aún menos los que catapultaron a Carlos Reutemann a la sucesión del liderazgo del PJ. Y, lo que fue aún más sorprendente, una cantidad realmente exigua  alcanzó para terminar de arruinarle el día a los Kirchner, imponiéndole una derrota inesperada en su Santa Cruz natal. Sin embargo, sería un error concluir de todo ello, como quiso el ex presidente, que lo que sucedió el domingo 28 de junio fue una &#8220;derrota por poquito&#8221;. Si tan pocos votos lograron tanto fue porque no estuvieron solos: ellos &#8220;definieron&#8221; la elección porque fueron la cresta de una ola de proporciones cataclísmicas, que movió profundamente las preferencias electorales y las tendencias políticas del país: salvo en 2001, nunca desde 1983 a un gobierno nacional le fue tan mal en una elección de medio término.</p>
<p>De allí que la lista de derrotados sea bien larga y esté poblada principalmente por figuras oficialistas. Néstor la encabeza, claro, porque no pudo evitar pese a todos sus esfuerzos, legales e ilegales, que se expresara la amplísima mayoría que rechaza sus políticas y su figura; ni que triunfara en el resto del peronismo la tesis según la cual para sobrevivir es preciso ubicarse lo más lejos posible de ella. Pero también está en esa lista Elisa Carrió, porque se reveló el hartazgo que han llegado a experimentar los votantes con su cargoso ejercicio de la denuncia y de la descalificación del adversario, y porque no pudo ya disimular su incapacidad para construir una fuerza política mínimamente cohesionada y una propuesta que no se bandee constantemente a derecha e izquierda. Más significativo que ello es que, entre los derrotados, podría incluirse asimismo a Eduardo Duhalde, quien no pudo demostrar que su contribución fuera necesaria para que De Narváez se convirtiera en un serio aspirante a la gobernación bonaerense, y vio como los heridos del kirchnerismo, tanto los votantes como muchos dirigentes intermedios, preferían cobijarse bajo los lemas renovadores de Unión-Pro antes que bajo los del peronismo disidente. ¿Qué tienen en común estos tres rostros de la derrota? Que su época de gloria fue la que arrancó con la crisis de 2001 y se prolongó a la sombra de sus secuelas. Ninguno de ellos podrá ser protagonista de un tiempo signado por problemas y por posibilidades de muy distinta naturaleza que aquellos.</p>
<p>Y ¿qué podemos decir de los ganadores?<span id="more-215"></span> Ante todo algo bastante obvio: no hay uno solo sino varios, y cada uno de ellos encarna un proyecto particular, expresivo en cada caso, de un lado, de apuestas personales por llegar a la Presidencia, del otro, de caminos alternativos para procesar la crisis del kirchnerismo desde dentro o fuera del PJ. Ante todo, hay que contabilizar al terceto encabezado por Mauricio Macri. Él logró retener la preeminencia en la ciudad y, lo que sin duda es lo más importante de la jornada, convertirse en verdugo del ex presidente. Además lo hizo sin correr detrás del peronismo disidente, imponiendo su propia estrategia y agenda en la formación de una mayoría poskirchnerista, que tendrá elementos peronistas, pero no será una coalición que vaya a girar alrededor del PJ. En segundo lugar, Reutemann: aunque con un triunfo ajustado, logró superar la prueba que se había autoimpuesto para lanzarse a conquistar la candidatura presidencial del PJ para 2011, sin tener que negociar nada con los Kirchner. En tercer lugar, Cobos, que se consolidó como jefe del panradicalismo, gracias a su triunfo aplastante en Mendoza y a que les ha demostrado a los demás radicales que no pueden prescindir de él, como quisieron hacer en Capital y Buenos Aires. Por último, y aunque por pocos votos se le escapara el triunfo en la lista de senadores santafecinos, Binner, que lo logró en la de diputados, mejorando su situación provincial y fortaleciéndose como una figura de proyección nacional. Tiene el mérito suplementario de haber respaldado a Giustiniani contra todos los pronósticos, abandonando el encierro localista que hasta hace poco predominaba en su ánimo, y la ventaja extra de tener de aquí en más el panorama más despejado para construir un liderazgo progresista nacional, gracias al declive definitivo de Carrió.</p>
<p>Cada uno de estos líderes representa, como dijimos, un proyecto y una vía particular hacia la Presidencia. En el destino de ninguna de estas alternativas tendrá un papel protagónico el kirchnerismo, que seguramente se descompondrá como facción interna del PJ más rápido de lo que se dice &#8220;alpiste&#8221;. Pero lo que haga el gobierno nacional, y Kirchner como jefe formal del partido oficial, sí puede influir en la suerte de uno u otro de estos aspirantes a sucederlo. De esta combinación de acciones y reacciones de los ganadores y los derrotados se podrían deducir distintos escenarios futuros, cada uno resultado de la nacionalización de las tendencias que hemos visto se impusieron en alguno de los principales distritos del país el pasado domingo.</p>
<p>Y es que el cuadro resultante de las elecciones de 2009, además de estar compuesto de muchos actores, es uno en que ellos tienen a la mano distintas alternativas para la acción, y cada una de ellas representa por decirlo así, una forma particular para procesar el declive y abandono del poder por los Kirchner. Si suponemos que cada uno de los cuatro grandes distritos en que él fue derrotado el 28 de junio, es el germen de un determinado futuro posible para la política argentina, podríamos tomar esos distritos como casos de laboratorio para identificar y sopesar los rasgos que la política nacional puede llegar a adoptar en los próximos años. Cuál de esos futuros posibles finalmente se confirme dependerá de lo que el matrimonio gobernante haga, pero también y por sobre todo de lo que sean capaces de hacer aquellos que han demolido todos sus planes. Veamos.</p>
<p>Si el país siguiera el camino abierto por la provincia de Buenos Aires, tendríamos un peronismo dividido, pero un kichnerismo que, aunque minoritario y dependiente de otras figuras bastante reñidas con su autoimagen de izquierda populista, podría sobrevivir; sentado claro en el asiento trasero de una nueva etapa del peronismo, pero en cualquier caso sería mejor que nada. Si en cambio el país tiende de aquí en más a parecerse a Capital Federal, tendríamos un peronismo dividido y también un kirchnerismo dividido, que por tanto perdería todo peso, aunque retenga de momento algo de sus votos y representatividad legislativa: digamos, como facción minoritaria del PJ y facción también de la izquierda, no podría influir en el modo y orientación de la nueva mayoría electoral, a la que migraría el grueso del PJ. En cualquiera de estos dos casos, de todos modos Kirhner podría mantenerse en la conducción formal del peronismo, y por tanto forzar a que los realineamientos de los jefes distritales del PJ se produzcan a través del abandono de su estructura. Este juego seguramente le dificultaría las cosas a un aspirante a la Presidencia como Reutemann, que depende de reunificar al peronismo en torno suyo, y se las facilitaría, como ha hecho precisamente en estos dos distritos, a Macri.</p>
<p>La tercer alternativa sería peor para los Kirchner pero no para el peronismo, ni para la gobernabilidad: corresponde al escenario que resultaría de una extensión a nivel nacional de la lógica de competencia política que se ha impuesto en Santa Fe. El PJ mantiene globalmente su unidad, tanto en términos partidarios como electorales, pero lo logra excluyendo de modo abierto a las figuras kirchneristas, que prácticamente perderían toda representatividad en sus manos y en las de una alternativa &#8220;progresista y republicana&#8221;, capaz de unificar el voto no peronista y rescatar las promesas incumplidas de la era K. En este caso puede que el PJ no pierda las elecciones pero el kirchnerismo habrá desaparecido tanto de la sociedad como del PJ y de las instituciones representativas. Lo que puede sonar paradójico es que, para que este escenario se concrete, sería necesaria cierta colaboración de Kirchner y su gobierno: no sólo deben permitir que Reutemann se haga del control del partido, también deben negociar con él las decisiones de gobierno, de manera que el PJ no cargue con la responsabilidad por dos años más de desaciertos y conflictos irresueltos. Es difícil imaginar a Kirchner sacrificándose de este modo, salvo que se lo convenza de que es la única salida para no terminar preso.</p>
<p>Llegamos así al cuarto posible escenario, este sí el peor de todos para los Kirchner, y también para el peronismo: en él, éste se divide en forma aun más abierta y escandalosa a nivel nacional, como ha sucedido en el último año en Córdoba, y ello hace posible que se imponga una fuerza no peronista, con aliados de izquierda tanto como de derecha, que le permitan sumar todo el voto no peronista y atraer también parte importante del voto progresista que convocaron en su momento los Kirchner. Este escenario nos plantea dos paradojas. Por un lado, el kirchnerismo si es fiel a sí mismo puede terminar favoreciéndolo:  igual que Menem en 1999, Kirchenr puede preferir un peronismo derrotado que uno triunfante en contra suyo, como vía para conservar algo de su poder interno. En segundo lugar, y en dirección contraria, si se debilita el PJ y se fortalece correlativamente la oposición no peronista, se intensificará la competencia en el Acuerdo Cívico y Social, entre dos figuras que encarnan alternativas muy distintas sobre el futuro posible de esa coalición, Binner y Cobos. Su suerte electoral iría acompañada de su debilitamiento coalicional, algo que ya vimos le sucedió a la Alianza y que esperemos sirva de aprendizaje para que estos dos líderes y sus partidos no cometan de nuevo los mismos errores que entonces.</p>
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