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	<title>El agente de CIPOL &#187; Usos de la historia</title>
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	<description>Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org)</description>
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		<title>La izquierda kirchnerista, por el ajuste y contra los gremios</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 21:31:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No es nada raro que a gobiernos de izquierda les toque en suerte aplicar políticas de ajuste: le sucedió al comienzo de su primer mandato a Lula y al final de su gestión, con bastante menos suerte, a Zapatero. Pero, entre nosotros, ¿sucedió ya alguna vez que un gobierno peronista inclinado a la izquierda, y electo con la expectativa de que promoviera la redistribución de ingresos vía alza de salarios y aumento del gasto público, se viera forzado por las circunstancias a aplicar un considerable ajuste sobre ambos, y por tanto a enfrentarse con los sindicatos? La memoria colectiva dispara más o menos automáticamente una respuesta: “sí, en 1973”. Sin embargo las similitudes con aquel momento son tantas como las diferencias. Por empezar, el nivel de inflación: en 1972 había sido más del doble de lo que fue en 2011. Y el déficit público, que fue alrededor del triple. Además, la izquierda del movimiento estaba mucho más renuente a someterse al Ejecutivo de lo que está en nuestros días. Esta última es tal vez la diferencia más importante, y sobre ella conviene detenerse, sobre todo porque en los últimos tiempos se ha planteado un interrogante que pone el foco en esta relación: ¿podrá la izquierda kirchnerista, la que integran La Cámpora, Carta Abierta, el Movimiento Evita y otros grupos similares, contrapesar la falta de apoyo al gobierno de los gremios, e incluso las protestas que estos empiecen a protagonizar? Asesores oficiales como Ernesto Laclau creen que sí, porque los gremios están divididos y no pesan tanto como en los setenta, mientras que los analistas críticos tienden a pensar que no. Veamos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/01/campora-peron.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1955" title="campora peron" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/01/campora-peron.jpg" alt="" width="400" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que habría que hacer para ser fieles al método comparativo es recordar qué fue lo que sucedió entre la vuelta del peronismo al poder en 1973 y, digamos, la muerte de Perón. Un dato no siempre recordado es que, al comienzo, la llamada Tendencia Revolucionaria, esto es, Montoneros y quienes acompañaban su estrategia general, fueron bastante colaborativos con los intentos del general de poner en caja a los sindicatos. Jugaron como se sabe entusiastamente a favor de Cámpora y contra Cafiero, el candidato de la CGT, y aceptaron compartir el gabinete del primero con lo más granado de la ultraderecha, Osinde, López Rega, etc., y dejar a los gremios recluidos en el Ministerio de Trabajo, desde donde podrían hacer poco y nada frente a los planes económicos de Gelbard, a quien la Tendencia también apoyó sin chistar. Y es que la idea entonces compartida por ésta y por Perón era que la burocracia sindical representaba de momento la peor amenaza para ambos. Lo que tenía su lógica: había resistido todos los intentos de desperonizarla y dividirla, se había fortalecido con las generosas concesiones de la Revolución Argentina (en particular los aportes obligatorios para las Obras Sociales), y mientras que el territorio había sido permeable al crecimiento de la juventud radicalizada (hasta tal punto que ella había logrado ubicar a gobernadores o vicegobernadores en muchos distritos), los sindicatos seguían siendo mayormente reacios a su “penetración”, tanto por tradición anticomunista como por celo corporativo.</p>
<p style="text-align: justify;">
Como se sabe, esa circunstancial cooperación entre derecha e izquierda duraría bien poco: ya antes de Ezeiza los choques por el control de los ministerios se volvieron muy intensos. Sobre todo por razones ideológicas, pero también porque el estado no alcanzaba para todos: no eran tiempos en que se pudieran repartir contratos a troche y moche para dejar contentos a los miles de militantes movilizados. Finalmente, ir a la vez contra los gremios y ese aparato estatal sería letal para la izquierda, que rápidamente perdió presencia en el territorio y quedó aislada, lista para ser masacrada.</p>
<p style="text-align: justify;">
¿Qué de todo esto tiene similitudes con lo que sucede hoy? Muy poco. Es ostensible que la izquierda kirchnerista carece casi por completo de inserción territorial y es nula su vocación gremial. Cuenta en cambio con una creciente presencia en el estado central, inéditamente generoso en términos de contratos y conchabos de todo tipo. En ello reside su poder. ¿Puede utilizarlo para crecer y llegar a influir algo, sino en los gremios, en los distritos y la compulsa electoral? El experimento iniciado por la presidente en las elecciones pasadas apunta en esa dirección. Pero al menos hasta donde ha llegado hoy en día, difícilmente alcance para contrapesar la capacidad de movilización sindical: de hecho, el kirchnerismo deberá refrenar su pasión por las movilizaciones de masas si no quiere seguir mostrando la hilacha, como le sucedió el del 10 de diciembre último. ¿Podrá por otros medios la Cámpora contrapesar la influencia sindical en la vida económica? Lo está intentando, ganando presencia en las áreas respectivas del gabinete y en los directorios de empresas, públicas y privadas, con vistas a presentarse como un agente coordinador de las iniciativas deshilvanadas que el resto de los funcionarios de gobierno es capaz de ofrecer, y un órgano pensante capaz de planificar el mediano y el largo plazo.</p>
<p style="text-align: justify;">
Sin embargo, en estos terrenos enfrenta varios problemas. El primero, que sus comportamientos suelen generar aun más tensiones y desconfianzas que los sindicales entre el empresariado. Y ello porque muchos camporistas parecen actuar con el criterio que Luchino Visconti utilizara para que uno de sus más terribles y célebres personajes se presente: “somos una elite a la que se permitirá cualquier cosa”. Siguiendo la analogía con los setenta, claro que para los dueños locales del capital los Montoneros eran mucho peores. Pero ha pasado demasiado tiempo para que esto sea consuelo suficiente. El segundo problema es que por más cerebro, discurso y coordinación que pretendan ofrecer los camporistas, en términos prácticos han tenido hasta aquí poco que ofrecer, y tienden por tanto a quedar relegados al papel de cara joven y académica de personajes algo más efectivos, como Moreno y su troupe. Y lo que el omnipresente Moreno opina de la izquierda K no es muy distinto, convengamos, de lo que suele decir Moyano.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/01/montoneros.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1956" title="montoneros" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/01/montoneros.jpg" alt="" width="420" height="337" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Publicado en tn.com.ar, el 14 de enero de 2012</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/17/la-izquierda-kirchnerista-por-el-ajuste-y-contra-los-gremios/' addthis:title='La izquierda kirchnerista, por el ajuste y contra los gremios ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Diciembre de 2001: la clave opaca de nuestro tiempo</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 19:22:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[A 10 años del colapso de la Convertibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Financieras]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/tranvia17del45.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1929" title="tranvia17del45" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/tranvia17del45.jpg" alt="" width="512" height="306" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Así como la “verdad” de los primeros peronistas, y el dato al que, con o sin ganas, debían acomodarse sus contemporáneos, fueron los sucesos del 17 de octubre de 1945, se tiende a creer que la clave de nuestro tiempo, de su política, economía y forma de pensar, nos viene dada por lo sucedido el 20 de diciembre de 2001.  Creo que la analogía es reveladora, aunque ambigua: hay ciertamente una verdad de nuestro tiempo anidando en esas jornadas, pero no la que nos cuenta la memoria hoy canónica sobre ellos, sino algo que en ella es velado.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que sorprende es que lo que los manifestantes entonces reclamaban y consiguieron ha sido reformulado ya varias veces por quienes apelan a este mito de origen y fuente de inspiración. Perón no se habría atrevido a tanto: claro que, según sus necesidades, pudo hilvanar la rebelión obrera del 45 con el golpe del 43, para iluminar la comunión entre pueblo y ejército en que se cimentaba su ideal corporativo, o con la voz de las mayorías que se escuchó en febrero del 46, para resaltar su legitimidad democrática; pero siempre los hechos recordados cada 17 de octubre estaban ahí disponibles para ser historiados e interrogados. Sea porque en la posmodernidad todo lo sólido se desvanece en el aire, o porque vivimos en una sociedad mucho más desarticulada e inestable, la memoria de los argentinos hace tiempo que ha perdido ese respeto y decoro ante los acontecimientos. Está tan acostumbrada a la invención oportunista de justificaciones retrospectivas del presente, que nada la sorprende, ni logra recordar siquiera aproximadamente lo que vivió, ni por qué. Recordar, en este contexto, nos obliga ante todo a despejar una maraña de memorias mistificadoras, que ya no es fácil saber cuándo, quiénes ni para qué echaron a rodar.</p>
<p style="text-align: justify;">Sigamos entonces con la analogía. Otra diferencia que salta a la luz es que mientras los obreros del 45 descubrieron una potencia política que no conocían, al movilizarse para defender algo que estimaron valioso y temían perder, sus “conquistas sociales”, los argentinos que a partir de diciembre de 2001 salieron a la calle estuvieron de principio a fin dominados por la impotencia: lo más que atinaban a hacer era repudiar a quienes con el corralito, después la devaluación y al final la pesificación, aparecían como responsables de birlarles uno a uno sus derechos y garantías de supervivencia. No llama la atención, por tanto, que no hubiera nada de aquella fiesta y comunión de las “patas en las fuentes” en los cacerolazos y piquetes de 2001. Hubo sí reconocimiento entre damnificados, pero sobre todo bronca y desesperanza. Y así seguiría siendo hasta que los sucesivos gobiernos se cansaron de dar malas noticias.</p>
<p style="text-align: justify;">El segundo dato peculiar de aquellos sucesos es lo contradictorio de las demandas que se coreaban en las calles. Mientras que en el 45 era claro lo que querían los manifestantes, restablecer a Perón para que siguiera gobernando para ellos, y eso se convertiría pronto y fácilmente en un programa de acción, en 2001 no había forma de convertir lo que se escuchaba en la calle en fuente de inspiración de un curso de gobierno: ¿había que preservar el uno a uno pero terminar con el ajuste y el desempleo?, ¿pagarle a los ahorristas y perdonar a los deudores?, ¿salvar a los bancos pero también a las industrias y comercios, dar empleo y evitar la inflación, todo junto y armoniosamente?</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/asume-cavallo-de-la-rúa-minsitro-economía.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1930" title="asume cavallo de la rúa minsitro economía" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/asume-cavallo-de-la-rúa-minsitro-economía.jpg" alt="" width="549" height="425" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La “verdad” de diciembre de 2001 tal vez sea que nunca la sociedad estuvo tan perdida en sus contradicciones y laberintos, ni había sido tan impotente para influir en la toma de decisiones, y si logró algo que pareció aun más espectacular que restablecer a un secretario de Trabajo, echar a De la Rúa y Cavallo, fue en gran medida porque a esa altura eran lo más delgado del hilo del poder, porque el resto de la clase política estaba necesitando culpables para descargar los pasivos acumulados, y porque así el estado y sus ocupantes lograrían finalmente autonomizarse de esas inatendibles demandas sociales.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta es tal vez la mayor paradoja del 2001: el climax de los movimientos sociales y de la protesta, de la democracia en la calle, fue una liberación, pero no tanto de la sociedad frente a una clase política envejecida e ineficaz, o de la economía argentina respecto a las imposiciones del FMI, como de los gobernantes respecto a los gobernados: en aun mayor medida que en 1989, al calor de la crisis se asignarían cargas masivas a amplísimos grupos sociales, sin mayor preocupación por los derechos afectados, con lo que ello tuvo de bueno, el fortalecimiento de ese estado como instrumento de gobierno y la más o menos rápida estabilización, y de malo, un 55 % de pobres y la ruptura de todo tipo de contratos y derechos adquiridos.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, lo que la salida de la convertibilidad habilitó, y hoy es tan difícil recordar, fue un ajuste mucho mayor a todos los intentados para preservarla. Con los lemas de la producción y la soberanía se aplicaría el único programa ortodoxo sostenido y exitoso de la historia argentina reciente, los salarios, las jubilaciones y demás gastos quedaron por largo tiempo e inéditamente deprimidos, proveyendo superávit a las cuentas nacionales y a las empresas de amplios márgenes de rentabilidad, saneando las finanzas públicas y privadas, y asegurando un tipo de cambio competitivo con una inflación, al menos por unos años, declinante. Que esas fechas sean recordadas como el fin del imperio del neoliberalismo y demás ismos culpables de nuestras desgracias no deja de ser, además de llamativo, útil: como con el diablo, su dominio se afirma cuando todos creen que no existe.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay que destacar, además, que ese éxito conquistado por el estado nacional sería más duradero que el ajuste que lo habilitó. Si los sucesos de 2001 pudieron poco después ser reinterpretados radicalmente, y de la mayor de las desgracias pasaron a ser el liberador inicio de un país mejor, fue gracias a la inesperada y veloz recuperación económica que les siguió, en gran medida resultado de esa novel capacidad de control desde el estado, que le permitiría aprovechar un viento de cola que se prolongaría hasta hoy.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, gracias a este crecimiento, diciembre de 2001 se convertiría en lo que es hoy, la fuente de inspiración del “nuevo modelo”, el de un estado que si bien hasta a él mismo lo ruborizaría llamarse benefactor, puede con orgullo llamarse gastador, pues distribuye ya no costos sino todo tipo de recursos, con amplia discrecionalidad, a una sociedad mayormente pasiva y conformista. Lo que nos deja finalmente de cara a lo que perdura en el presente de aquellos acontecimientos: lo que se creó una década atrás no fue una sociedad más activa, políticamente más madura y articulada, ni una economía más equitativa, fue un órgano de poder más eficaz para ponerlas en vereda. Este estado fortalecido, más reducido que el estado peronista parido por el 17 de octubre de 1945, pero mucho más poderoso que el que había tenido que lidiar con los problemas resultantes de su larga decadencia, permitiría otra transformación que signa los tiempos que vivimos: cuando el estado pudo volver a engordar y a ampliar sus funciones, se completaría la “estatización del peronismo”, su reorganización disciplinada desde el vértice para transformarlo en un eficaz instrumento de mando. No es tanto la sociedad argentina como los titulares de ese poder los que tienen, por ello, tanto que agradecerle a aquellas históricas jornadas.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuál es, en resumen, la verdad de nuestro tiempo que anida en los sucesos de diciembre de 2001? Si lo que en ellos se pretende evocar es el nacimiento de una democracia más auténtica, liberada de políticos oligárquicos y anquilosados, o una mejor economía, porque dejamos atrás el neoliberalismo y el ajuste, hay que decir que, más que a la comprensión, esa memoria contribuye a la mistificación del presente. Pero atención: más que un simple error o un engaño, en ello se revela precisamente la clave opaca de nuestra época: la de un ejercicio del poder que vela sistemáticamente su origen y condiciones de existencia, gracias a relatos justificatorios que logran echar raíz en las conciencias.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/kirchner-asume-02.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1931" title="kirchner asume 02" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/kirchner-asume-02.jpg" alt="" width="510" height="350" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">publicado en La Nacion el domingo 18 de diciembre de 2011.</p>
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		<title>Seminario sobre Peronismo y Democracia: Loris Zanatta</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 18:29:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El lunes próximo, 5 de diciembre, (18 hs, Museo Roca) realizaremos el primer encuentro del Seminario Internacional &#8220;Peronismo y Democracia, ayer y hoy&#8221;. En esta primera reunión del ciclo expondrán Juan Carlos Torre, Samuel Amaral y Loris Zanatta. Lo que sigue es una reseña del reciente libro de Loris Zanatta: &#8220;Eva Perón. Una biografía política&#8221;. Loris Zanatta ha [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/11/30/seminario-sobre-peronismo-y-democracia-loris-zanatta/' addthis:title='Seminario sobre Peronismo y Democracia: Loris Zanatta ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El lunes próximo, 5 de diciembre, (18 hs, Museo Roca) realizaremos <a href="http://www.politica.com.ar/blog/ciclo-de-seminarios-cipol/peronismo-y-democracia-ayer-y-hoy/" target="_blank">el primer encuentro del Seminario Internacional &#8220;Peronismo y Democracia, ayer y hoy&#8221;</a>. En esta primera reunión del ciclo expondrán Juan Carlos Torre, Samuel Amaral y Loris Zanatta. Lo que sigue es una reseña del reciente libro de Loris Zanatta: &#8220;Eva Perón. Una biografía política&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Loris Zanatta ha hecho un extraordinario trabajo de historia y, tal vez sin querer, nos ha brindado además un libro extremadamente actual y oportuno.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta biografía política de Eva Perón es excepcional por varias razones. En primer lugar, por las fuentes que su autor utilizó: una enorme masa de documentos diplomáticos recogidos a lo largo de 20 años de trabajo, hasta ahora poco o nada conocidos, que ofrecen información muy valiosa y variada, desde testimonios de primera mano sobre episodios menores pero sintomáticos, hasta reflexiones y análisis desprejuiciados sobre el país, el peronismo y el papel de Eva en los casi diez años que van de 1943 a 1952. En segundo lugar, porque Zanatta combina ese valiosísimo corpus documental con un conocimiento muy amplio y muy agudo del peronismo, que le viene dado por sus excelentes estudios previos sobre el origen y desarrollo del mismo, y una lectura juiciosa de todo lo que se ha escrito al respecto. Así, siguiendo el ejemplo de los grandes historiadores que recurrieron al género biográfico para pintar no sólo a un personaje sino, a través suyo, a toda una época, y arrojar así luz sobre la siempre compleja relación entre actores y procesos históricos, el autor hace esto con Eva y el peronismo como nadie había logrado hacerlo hasta aquí. Y por último, porque este brillante historiador italiano se da el lujo de ir aun más lejos, e intervenir en debates más generales, teóricos y políticos, sobre la herencia de Eva y “su peronismo”, su legado para el propio Perón, para el sindicalismo, el sistema político y la cultura política argentina. Así como para las complejas relaciones entre el país y el mundo y para los esfuerzos posteriores por modernizar el país, sea por vías democráticas o autoritarias.</p>
<p style="text-align: justify;">La tesis central del libro, que Eva construyó su propia versión del peronismo, una más radicalmente populista que la que su marido deseaba, por ello más afín tanto al fascismo como al comunismo, e intolerable para los otros poderes corporativos en que el régimen se afirmaba, el Ejército y la Iglesia católica, y que esta versión sobrevivió a su muerte y le resultaría a Perón a la vez imprescindible para conservar legitimidad de masas e imposible de dominar, ofrece una perspectiva innovadora para comprender los problemas de ese régimen, la relación entre política y economía bajo su égida, y aun para ubicar al peronismo entre los fenómenos populistas de la región y comprender las tensiones que él creó en el catolicismo, en la puja de intereses, en las izquierdas y las derechas.</p>
<p style="text-align: justify;">Loris Zanatta es tal vez el último de una noble estirpe de notables académicos extranjeros interesados en desentrañar las complejidades argentinas. Ojalá que, venciendo nuestro cada vez más empobrecedor provincianismo, se le preste a su trabajo la atención que merece.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Peron2blog.jpg" alt="" width="540" height="1049" /></p>
<p style="text-align: justify;">*Reseña publicada en la revista Todo es historia</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/11/30/seminario-sobre-peronismo-y-democracia-loris-zanatta/' addthis:title='Seminario sobre Peronismo y Democracia: Loris Zanatta ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Dólar e inflación, a diez años del fin de la Convertibilidad</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 19:11:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[A 10 años del colapso de la Convertibilidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es pura casualidad que justo en estos días, cuando surgen aquí y allá señales de una preocupante reactivación del círculo vicioso entre inflación crónica y dolarización de la economía, círculo que, con distintas variantes e intensidades, signó la vida económica de nuestro país en la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX, <a href="http://www.politica.com.ar/blog/2011/11/23/seminario-a-10-anos-del-colapso-de-la-convertibilidad/" target="_blank">se cumplan diez años del colapso del régimen de la Convertibilidad</a>, y del ingreso en un largo ciclo de expansión que todavía hoy disfrutamos y que, bajo el lema inicial de la “pesificación”, pareció para algunos poder dejar atrás definitivamente los problemas recurrentes de inestabilidad y estancamiento propios de ese medio siglo.</p>
<p style="text-align: justify;">Aclarémoslo por si hace falta: es imposible que la historia se repita. Ni las circunstancias externas ni la situación local actual tienen muchas similitudes con aquella etapa. Pero eso no quiere decir que no haya punto de comparación, ni que, contra la voluntad puesta en dejarlo atrás, el pasado no pese, tanto en los comportamientos de los funcionarios como en los de los actores económicos y los ciudadanos en general. Mirar atrás, <a href="http://www.politica.com.ar/blog/2011/11/23/seminario-a-10-anos-del-colapso-de-la-convertibilidad/" target="_blank">tratar de comprender sin esquematismo qué fue la Convertibilidad, por qué y cómo pasó de ser una mágica solución a una terrible maldición, tal vez ayude a pensar mejor los pros y los contras de las decisiones que se tomaron tras su colapso, y de las que se siguen tomando</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que habría que decir al respecto es que también ella nació, contra lo que podría creerse a primera vista, como un intento de pesificar la vida económica nacional: partía de asumir que ya nadie confiaba en el valor de la moneda local, ni en ninguna promesa que los gobiernos hicieran sobre su voluntad de defenderla; y proponía un camino para recuperar esa confianza tomándola prestada del dólar. Es decir, aceptaba la dolarización de hecho, pero no para reproducirla en el tiempo, sino para usarla en dirección a recrear una moneda local. Así, prohibiendo “para siempre” el recurso utilizado por todos los gobiernos previos de devaluar masiva y reiteradamente el tipo de cambio, el dólar iría con el tiempo transfiriendo confianza al peso, los ciudadanos y actores económicos serían crecientemente indiferentes a la opción de operar con una u otra moneda, y llegaría un momento en que la regla de cambio fijo sería prescindible. Como prometía Cavallo, llegado a ese punto el peso podría flotar como muchas otras monedas lo hacen frente al dólar, y hasta llegar a valer más que él. Algo que aquí y ahora mueve a risa, pero sin ir más lejos es lo que han ido logrando en los últimos años más y más países de la región.</p>
<p><a href="http://www.politica.com.ar/blog/ciclo-de-seminarios-cipol/a-10-anos-del-colapso-de-la-convertibilidad/" target="_blank"><img style="border: none;" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Banner.jpg" alt="http://www.politica.com.ar/blog/ciclo-de-seminarios-cipol/a-10-anos-del-colapso-de-la-convertibilidad/" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Claro que, para que eso funcionara había que hacer una cantidad de cosas más después de renunciar a las megadevaluaciones: había que tornar solvente al estado, crear un mercado financiero y uno de capitales en pesos, lograr que en el ínterin el cambio fijo no resultara demasiado dañino para la competitividad internacional de la economía, etc.. Como se sabe, mucho de eso no se hizo. Y, lo que es más interesante del caso, en gran medida no se hizo debido al gran éxito inicial de la Convertibilidad: ella resultó tan eficaz en frenar en seco la inflación y reactivar la economía, que la coalición entonces gobernante se convenció de que no tenía sentido seguir haciendo esfuerzos para implementar medidas incómodas; al menos no mientras se pudieran compensar los déficits con privatizaciones y deuda.</p>
<p style="text-align: justify;">Es cierto que el tiro de gracia al cambio fijo vendría finalmente del exterior, y se lo dio el “superdólar” de la segunda mitad de los noventa, que deprimió el precio de nuestras exportaciones y forzó a casi todas las economías con las que comerciaba la Argentina, y en particular a Brasil, a devaluar sus monedas (cuenta un funcionario de aquellos años que entrevistamos para el <a href="http://archivooral.org/" target="_blank">Archivo de Historia Oral,</a> que los miembros más ortodoxos del gabinete de Menem habían saltado de alegría cuando se enteraron del triunfo de Bill Clinton en noviembre de 1992; creían que, como buen progresista, no tardaría en aumentar el déficit del gobierno norteamericano, generar inflación y debilitar el dólar a nivel internacional; en poco tiempo se vería que hacía todo lo contrario, apretando el nudo alrededor del pescuezo del “uno a uno”). Pero es cierto también que ya antes de que el fortalecimiento del dólar se revelara como una seria restricción externa, y en lugar de hacer las correcciones necesarias para resolver los problemas que iban surgiendo en el comercio exterior y el financiamiento del gasto público, se empezó paso a paso a reemplazar el sueño de “pesificar” por el de “dolarizar”: desde la crisis del Tequila en adelante las autoridades argentinas fueron renunciando a que los ahorros, los créditos y los bonos de deuda se nominaran en pesos. Creyeron que así no sólo reducían las tasas de interés, sino que aseguraban la gobernabilidad: elevando más y más los costos de una eventual salida del peso convertible, ella no se produciría, porque todo se convencerían de que había que aguantar, y que la opción era volver al pasado, caer en una devaluación caótica y políticamente inmanejable.</p>
<p style="text-align: justify;">En alguna medida tuvieron razón, y la Convertibilidad duró mucho más de lo que la mayor parte de los analistas predijo. Y por algo su popularidad nunca fue tan alta como al borde del abismo: en las encuestas de fines de 2001 casi todos los argentinos querían un “cambio de modelo”, pero más del 80 % decía que el cambio fijo debía permanecer a toda costa.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Nunca debió entrarse a este régimen o fue una buena idea pero mal manejada? ¿Es cierto que, como ha dicho Cavallo y han repetido muchos funcionarios de De la Rúa, si se aguantaba hasta principios de 2002, cuando el dólar y las tasas de interés se desplomaron y las <em>commodities</em> subieron a todo vapor en los mercados internacionales, Argentina hubiera salido adelante sin necesidad de devaluación, <em>default</em>, ni 55% de pobres? Imposible saberlo. ¿Se equivocaron los políticos y los ciudadanos argentinos que pensaron que salir del “uno a uno” era liquidar la última promesa que nos mantenía unidos como sociedad, y el último recurso de gobierno que frenaba el caos total, pues volveríamos a los ciclos de inestabilidad y estancamiento del pasado? Indudablemente sí.</p>
<p style="text-align: justify;">De todos modos, no deja de sorprender que, pasados diez años de una expansión tan veloz como inesperada, algunos de aquellos viejos problemas y las dificultades para encararlos reaparezcan tan prestos y rozagantes. Lo cierto es que Argentina halló condiciones inéditamente favorables para “pesificar” su economía, no sólo la de uso diario sino la de largo plazo, la del ahorro y el crédito, en el ciclo virtuoso creado tras la crisis de 2001-2. Pero en algún momento entre 2005 y 2006, por razones que todavía es difícil comprender, dejó pasar esa oportunidad. Y un lustro después parece ya no estar en condiciones de recuperarla. Al menos no sin hacer antes grandes esfuerzos y pagar significativos costos.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo peculiar de este nuevo ciclo de dolarización e inflación que vivimos desde que se tomó esa decisión es, por un lado, que sus costos no han recaído en el estado central: gracias a que él recauda en gran medida en dólares, logró pesificar buena parte de su deuda y a la vez escamotea de las cuentas la mayor parte de la inflación, puede concentrar los beneficios del impuesto inflacionario y descargar en los particulares, los niveles inferiores de gobierno y en sus acreedores los perjuicios correspondientes. Por otro, no deja de llamar la atención que la dolarización y la fuga hayan sido por largos cuatro años muy intensas pero también compatibles con un rápido crecimiento. El problema es que esa inédita compatibilidad parece haber llegado a su fin, y puede haber tocado la hora de que se sienta el impacto, y que él sea, en términos sociales, tan injusto como solía ser en el pasado: finalmente lo que la dolarización de ahorros y su fuga nos están diciendo es que los principales ganadores del crecimiento de estos años no se conforman con lo que ya recibieron ni aceptan ser también ellos burlados por el estado, y se preparan para que la socialización de pérdidas, cuando el pasado nos alcance, no los cuente entre las víctimas. Es apostar contra la suerte del país y de los que menos tienen, sin duda. Pero ¿cómo reprochárselo?</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/SEMINARIO900-version-final.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1816" title="SEMINARIO900 version final" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/SEMINARIO900-version-final.jpg" alt="" width="540" height="1090" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Publicado en La Nación, el 22/11/2011</p>
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		<title>Las razones de la intolerancia</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 15:13:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En términos generales, es probablemente imposible determinar si los argentinos somos más o menos tolerantes que otras sociedades: hay que ver el momento, y la cuestión de que se trate. Aquí quisiera enfocarme en dos aspectos más acotados de la cuestión, no tan discutidos y que pueden tener mayor importancia para enmarcar el problema. El primero, si la intolerancia entre nosotros procede de abajo o de arriba, si la intolerancia nace y se reproduce en la vida cotidiana y el sentido común, o procede del vértice de las instituciones y las organizaciones. Y el segundo, cuáles son las razones de la intolerancia: si ella es más bien una respuesta a diferencias sustanciales e irreductibles, de condición, interés o preferencia, que producen una dificultad objetiva para la convivencia, es decir, ponen en peligro la identidad de los distintos grupos y del conjunto; o más bien tiene un origen subjetivo antes que objetivo, procede más de una percepción de peligro que de problemas reales, por caso, de un excesivo afán de unidad y homogeneidad, una expectativa exagerada en lograr “identidad nacional”.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://4.bp.blogspot.com/_0-Wldidc1FY/RzocQsJ9QLI/AAAAAAAAABc/bRqM1YPOG68/s320/REV+LIBERTADORA.jpg" alt="" width="295" height="222" /></p>
<p style="text-align: justify;">La segunda puede parecer una pregunta retórica: si el rechazo al “otro” nace del deseo de construir una identidad plena, un “ser nacional” homogéneo que lo abarque todo, diferencias objetivamente menores se volverán efectivamente intolerables. Pero es de todos modos pertinente preguntarnos si lo que rechazamos en el otro es lo que nos diferencia de él, o lo que no toleramos es que se resista a admitir que en realidad “somos iguales” y podemos vivir en homogénea armonía. Veamos algunos ejemplos que pueden ilustrar el punto, y que permiten a su vez percibir la relación entre las distintas razones que pueden mover a la intolerancia, y el origen social o institucional, de abajo o de arriba, de la misma.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras el golpe de 1955, una parte de los golpistas, en las elites y en la sociedad en general, estaba convencida de que la “plebe peronista” debía ser puesta en su lugar de una vez por todas. Su exclusión por lo menos transitoria del disfrute de derechos políticos y de la misma escena pública permitiría retrotraer las cosas al momento en que ellas se habían echado a perder, cuando ese “otro”, los “cabecitas”, la masa sin educación ni modales, se empezó a considerar a sí misma igual o incluso superior al resto de la sociedad. Las sanas y justas jerarquías se volverían así a imponer y a legitimar. Pero aunque esta fue una opinión extendida, no fue para nada la única, ni siquiera la mayoritaria en el antiperonismo políticamente más activo: para buena parte de él de lo que se trataba era de hacer bien lo que Perón había hecho mal, hacer una auténtica sociedad de iguales, construir la unidad nacional, y la clave para ello era reeducar a los peronistas, convencerlos de que habían sido manipulados totalitariamente por Perón, y que el radicalismo, el socialismo o el desarrollismo eran agentes más adecuados para conquistar una auténtica y plena identidad. Los dos rostros del antiperonismo, este y aquel, se consideraban a sí mismos parte de una unidad, o al menos eran percibidos por otros como tales, pero mientras los primeros entendían que el problema estaba en una “sociedad intolerable” y la política debía resolverlo, liquidando el igualitarismo plebeyo y desafiante, los segundos veían el problema de muy distinta manera: él estaba en la política, no en la sociedad, era la política la que creaba diferencias intolerables en un pueblo y en una nación que, en cuanto se librara de esos factores divisionistas, se reconocería como una unidad de destino y un cuerpo social integrado.</p>
<p style="text-align: justify;">En el curso de la historia y hasta el presente se han repetido situaciones parecidas, aunque con otros protagonistas y, por suerte en las últimas décadas, menor intensidad. Por caso, cuando estalló el conflicto del campo, en marzo de 2008, el kirchnerismo gobernante vio en él, como se sabe, la mano negra de un enemigo irreductible, que no se detendría hasta destruir al “gobierno nacional y popular”. El diagnóstico, pese a su aparente contundencia, o tal vez debido precisamente a ello, no dejó ver una disidencia sustancial que atravesaba al campo oficial: mientras que para una porción del oficialismo, probablemente mayoritaria sólo entre sus intelectuales, la ocasión había servido para revelar un clivaje social que por años había permanecido oculto, explicitando el conflicto irreductible entre el campo del pueblo y el del antipueblo, que permitiría ahora leer bien todos los demás asuntos y permitiría liquidarlos de una buena vez (porque del “otro lado” habían quedado los destructores del medio ambiente, los explotadores del trabajo esclavo, los reaccionarios lectores de La Nación y nostálgicos del Proceso, etc.), para el grueso de los actores políticos del oficialismo el conflicto había terminado siendo una tragedia porque la política había metido la cola, había generado un divisionismo artificial que había “alineado mal” a los actores.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://www.infobae.com/adjuntos_v1/imagenes/03/0300316B.jpg" alt="" width="600" height="360" /></p>
<p style="text-align: justify;">Es cierto que, durante bastante tiempo, desde el vértice oficial se combinaron las dos interpretaciones, según el público y la ocasión. Pero si algo ha quedado claro en los últimos tiempos es que el gobierno, en cuanto tuvo oportunidad, optó por despolitizar el problema y apelar a la clásica fraseología de la unidad nacional y la comunidad de destino que lo une con los productores del campo. En ello, es cierto, podría verse un mero gesto demagógico, dirigido a derrotar y excluir a los enemigos políticos, los “verdaderos e intolerables responsables del conflicto” (llámense Mesa de Enlace, partidos de oposición, medios independientes, etc.). Pero también podría hacerse una lectura algo más positiva del asunto: finalmente, el llamado a la unidad supone un abierto reconocimiento a que la guerra santa no podía prosperar, y que los conflictos políticos son episódicos, entre otras cosas, porque todos sabemos que la homogeneidad es imposible.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado el domingo 11 de septiembre en el diario Clarin.</p>
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		<title>El fin de la teoría de “un solo demonio”</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jun 2011 22:40:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hebe de Bonafini siempre ha sido para el oficialismo, igual que Hugo Moyano, una aliada muy necesaria y a la vez “impresentable”, difícil de controlar y mantener alineada, o de correr al segundo plano cuando su presencia resulta políticamente inconveniente. Hay quienes temen o esperan que su caída en desgracia perjudique la causa de los [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/06/21/el-fin-de-la-teoria-de-%e2%80%9cun-solo-demonio%e2%80%9d/' addthis:title='El fin de la teoría de “un solo demonio” ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hebe de Bonafini siempre ha sido para el oficialismo, igual que Hugo Moyano, una aliada muy necesaria y a la vez “impresentable”, difícil de controlar y mantener alineada, o de correr al segundo plano cuando su presencia resulta políticamente inconveniente. Hay quienes temen o esperan que su caída en desgracia perjudique la causa de los derechos humanos, con un efecto equivalente a lo sucedido con el ataque a La Tablada en 1989. Pero el paralelo es por varios motivos forzado. Por empezar, el divorcio entre “Bonafini” y “la causa de los derechos humanos” es desde hace tiempo evidente para mucha gente. Salvo para el discurso oficial, por lo que es natural que éste sea el principal damnificado con la crisis en curso.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://1.bp.blogspot.com/-OBhryj7euoc/TfIxHOsgfII/AAAAAAAABzY/aNAMWv9xrP4/s1600/9563_Sergio-Schoklender-junto-Hebe-Bonafini_CLAIMA20110525_0154_4.jpg" alt="" width="526" height="296" /></p>
<p style="text-align: justify;">El entendimiento entre los Kirchner y Bonafini se basó en varios acuerdos, los hubo prácticos y los hubo ideológicos, algunos beneficiaron a la democracia argentina, como la reapertura de juicios por la represión ilegal durante la dictadura, y otros fueron más discutibles o directamente perjudiciales, como los que están saliendo a la luz en estos días.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre las cuestiones ideológicas que cimentaron esa alianza se destaca el interés por reivindicar a las víctimas de la represión no sólo como ciudadanos, es decir titulares de derechos individuales que habían sido atropellados desde el estado, sino como actores políticos, protagonistas de proyectos de cambio que podían servir de fuente de inspiración y guía en el presente. En alguna medida al menos, porque en este terreno no dejó de haber sustanciales diferencias entre Bonafini, que reivindica desde mucho antes de que los Kirchner llegaran a la Casa Rosada el proyecto revolucionario que animó a los desaparecidos, o al grueso de ellos, y llegó incluso a pedir que “los FAL con que combatieron nuestros hijos estén expuestos en la ESMA”, y la línea oficial, que recoge las ideas setentistas pero no todos los hábitos ni las prácticas políticas de aquella época.</p>
<p style="text-align: justify;">En lo que sí coincidieron plenamente fue en usar esa memoria de los setenta, y la autoidentificación como “herederos y continuadores de aquellas luchas” como arma discursiva para descalificar y poner fuera del campo de legitimidad democrática a sus adversarios: porque si el kirchnerismo era “hijo de las madres” y heredero de las víctimas, quienes lo criticaban podían ser tachados de continuadores o herederos de los victimarios. Los ejemplos de cómo se ha aplicado esta operación son tan abundantes y conocidos que no hace falta explayarse: goles secuestrados, Papel Prensa, las adopciones de Herrera de Noble, los “grupos de tareas” de los piquetes ruralistas, etc.. En este sentido es poco lo que los oficialistas pueden reprochar a los Schoklender, porque lo que éstos hicieron fue, cuanto más, transitar desprolija y torpemente el camino que los Kirchner habilitaran para usar los derechos humanos como enjuague bucal de las más diversas tropelías.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://2.bp.blogspot.com/_J2xZmFbVGSI/SpanekijsJI/AAAAAAAAO6A/vaVq7g8SMbY/s320/Cristina%2BFern%25C3%25A1ndez%2BWilhelm%2By%2Bla%2Bsubversi%25C3%25B3n.jpg" alt="" width="320" height="295" /></p>
<p style="text-align: justify;">Esa operación, para ser mínimamente creíble necesitó de una anterior, la que disculpó a los revolucionarios de los setenta de cualquier responsabilidad en la escalada de violencia que vivió el país desde bastante antes del golpe de 1976. Esta operación primera y fundamental apuntó a desterrar cualquier discusión sobre el tema, volviendo imposible siquiera tomar en consideración hechos muy notables y conocidos, como el número, las circunstancias y la condición de los muertos que la guerrilla acumuló en su haber a partir de 1970. La fórmula escogida para concretar esta operación de borramiento u olvido fue la impugnación de la “teoría de los dos demonios”, argumento por cierto precario y objetable, tanto en términos morales como históricos, que formulara Alfonsín en la transición democrática para crear un espacio de negociación entre versiones extremas e irreconciliables sobre el pasado inmediato. El problema es que, lo que el kirchnerismo ha ofrecido en su lugar no supuso una lectura superadora, ni moral ni históricamente, sino una suerte de involución hacia las tesis ya harto trajinadas en los años sesenta y setenta en cuanto a que “la violencia de arriba legitima la violencia de abajo”, “los pueblos, y por extensión sus vanguardias políticas, tienen un derecho natural a la revolución”, y “la superioridad moral de la izquierda, que la habilita a forjar ´un país mejor` (como si los demás no desearan, en sus términos, eso mismo) y justifica que ella ejerza cierto grado de coerción y violación de derechos sobre sus oponentes, moralmente inferiores”. Criterio este último que, se ha visto, Bonafini aplica tanto a la rendición de cuentas por el uso de fondos públicos como a la discriminación entre buenos y malos periodistas, buenos y malos actos de terror, etc..</p>
<p style="text-align: justify;">Todo esto sirvió para que Mirtha Legrand, Clarín, la Sociedad Rural o los herederos de Ricardo Balbín pudieran ser considerados responsables de lo sucedido a partir de 1976, y disculpar en cambio a los Montoneros y el ERP, y lo que ha sido más sutil y aun más útil para el oficialismo, que los peronistas se vieran en la necesidad de alinearse silenciosamente detrás de este relato, a riesgo de que se les recordara su aval o tolerancia (compartida por muchos otros, aclaremos) a la represión ilegal, antes y después del golpe, y se los excluyera del “campo nacional y popular”, monopolio de la virtud y la legitimidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta “teoría de un solo demonio” ha sido terriblemente tóxica para la democracia argentina, para nuestra cultura política y, lo que es ahora visible, para la causa de los derechos humanos. No simplemente porque la corrompió con dineros públicos y manejos propios de la peor política partidaria. En esencia, era ya tóxica antes de que el dinero empezara a fluir a manos llenas en las cuentas de Sergio Schoklender; lo fue cuando la divorció de los principios liberal democráticos, cuando la llevó a mentir alevosamente sobre el pasado, y convirtió la legitimidad de los derechos humanos en el arma con que una facción podía acallar a una enorme gama de actores sociales y políticos. Cuando debilitó todo principio de pertenencia y convivencia colectiva para afirmar como “carta de triunfo” los derechos de las víctimas y sus representantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Italia tiene una historia en muchos aspectos parecida a la nuestra. Pero las diferencias culturales y políticas actuales en este terreno son más instructivas que las similitudes. Uno puede encontrar en muchas ciudades italianas homenajes a los muertos de la resistencia antifascista. Mientras que el estado paga religiosamente las pensiones de los veteranos de la Segunda Guerra. No por eso reivindica su participación en ese conflicto. Y lo que es más importante, a nadie se le ocurre por una cosa o la otra confundir a la resistencia con las Brigadas Rojas.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado el 21 de junio de 2011 en www.lanacion.com.ar</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/06/21/el-fin-de-la-teoria-de-%e2%80%9cun-solo-demonio%e2%80%9d/' addthis:title='El fin de la teoría de “un solo demonio” ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>La cultura kirchnerista y sus efemérides</title>
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		<pubDate>Fri, 06 May 2011 18:30:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[8 años de Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2011]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: justify;">En el incipiente debate planteado en estos días respecto a la capacidad o incapacidad del actual gobierno para crear sentido común con sus preferencias y valores hay quienes ponen el acento en los “contenidos”. Y discuten entonces si el kirchnerismo es de izquierda e innovador o es apenas el viejo peronismo travestido, y si es bueno o malo que sea una cosa o la otra, si su tendencia a radicalizar la tradición populista de la que abreva le permitirá profundizar la democracia y, como decía Alfonsín “cargarla de valores” o, al contrario, le puede servir más bien para disolver en nombre del pueblo el pluralismo y el estado de derecho. Y hay quienes discuten no tanto los contenidos como las formas, los instrumentos: se preguntan si el kirchnerismo es irremediablemente faccioso y por tanto demasiado sectario como para “convencer” más allá de poder “obligar” o “comprar”, o a su manera, a veces ciertamente brutal, busca articular distintas tradiciones de pensamiento en nuevas síntesis y consensos. Y también si se trata de un fenómeno esencialmente estatal, que depende por tanto para sobrevivir de su control de los recursos del estado central, control que puede haber logrado fortalecer hasta volver quasi monopólico, y recursos que tanto en el terreno fiscal como en el comunicacional pueden haberse incrementado hasta volverse imbatibles, pero que de todos modos tienen fecha de vencimiento pues, como sostiene Eduardo Fidanza, el oficialismo posee respecto a ellos apenas un “contrato de alquiler”; o bien se trata de un fenómeno también social, y que está logrando además socializarse cada vez más, por lo que va a poder prolongarse en el tiempo y sobrevivir en actores e instituciones aún cuando no ejerza directamente el poder.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/05/kirchner_nestor_menem_carlos_09.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1343" title="kirchner_nestor_menem_carlos_09" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/05/kirchner_nestor_menem_carlos_09.jpg" alt="" width="381" height="257" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Junto a estas discusiones, y atravesándolas, se plantea otra de orden temporal: ¿dónde ubicar y cómo entender el momento fundacional del kirchnerismo?, ¿ya ha pasado su “período clásico” y asistimos a su más o menos lento pero de todos modos irreversible declive, o recién ahora estamos ingresando en su momento de gloria, y por decir así, lo mejor para él está aún por venir? Tengo una opinión al respecto que tal vez apunte a definir un término medio entre esas dos opciones, aunque puede que sea apenas una visión difusa y parcial, sobre un problema todavía irresuelto. Creo que el kirchnerismo fue en un comienzo y por necesidad, por conciencia de su propia precariedad política, más atento a la articulación de tradiciones. Lo fue por ejemplo cuando promovió una nueva Corte Suprema, cuando se propuso como punto de equilibrio entre Chávez y Lagos, cuando buscó interpelar a los trabajadores más que a los caciques sindicales, y propuso, sino políticas, al menos temas y argumentos de lo que llamó neodesarrollismo o neokeynesianismo; pero a medida que enfrentó dificultades se volvió más y más sectario y faccioso, fue dejando por el camino el liberalismo político de la Corte, los superávits gemelos y la alianza estratégica con la “burguesía nacional”, la aspiración de un nuevo sindicalismo y el equilibrio entre EEUU y el nacional-populismo regional; y lo peor para él es que es esta involución hacia el sectarismo populista y la economía predatoria está por ser premiada en las urnas, o al menos podrá interpretar que así ha sido, por lo que se habrá creado el escenario adecuado para que instaure una “ortodoxia oficial” cuya defensa y promoción será el grito de batalla de una multitud de soldados que están ya suficientemente entrenados en los menesteres de la “guerra ideológica” como para ser impermeables a cualquier consideración práctica, no digamos a las críticas. Una de las más interesantes intelectuales de Carta Abierta, <a href="http://espacioiniciativa.com.ar/?p=2503" target="_blank">María Pía López ha advertido en estos días </a>al respecto a sus conmilitones, con palabras creo muy elocuentes: “el gobierno necesita más intérpretes y menos soldados” afirmó. Aunque a continuación, la propia López se ocupó de promover la nueva “ortodoxia”, celebrando la estrategia comunicacional oficialista, denunciando la perversidad de Clarín y repitiendo el latiguillo de que todo lo que está fuera del oficialismo es hueco o nefasto. López celebra además el énfasis que se está poniendo en hacer de la muerte de Néstor Kirchner, y de la eventual reelección de Cristina Kirchner, los momentos fundacionales de un “kirchnerismo recargado”, purificado de elementos conservadores que atribuye a la tradición peronista, y por tanto a la vez innovador y hegemónico.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://4.bp.blogspot.com/_M5g0JCtjRss/TPE6OTj_ewI/AAAAAAAABVI/KitpEqbBtXE/s1600/Colina.jpg" alt="" width="421" height="274" /></p>
<p style="text-align: justify;">¿Puede esta tarea de creación de “efemérides”, de la cual tuvimos ya muestras con algunos de los nuevos feriados dispuestos a fines de 2010, y que vemos en acción cada vez que se cumple un mes de la muerte de Néstor Kirchner, ayudar a nacionalizar y socializar al kirchnerismo? ¿No hay en ella demasiado de ingeniería política, demasiado sectarismo, y encima demasiada inconsistencia al apelarse a figuras, temas y valores  a todas luces contradictorios y polémicos, polémicas de las que para colmo no se acepta dar cuenta sino que se busca acallar con más y más propaganda?</p>
<p style="text-align: justify;">Una comparación con el peronismo clásico puede ser útil para echar luz sobre estos problemas. También él tuvo varias partidas de nacimiento, contradictorias entre sí: la “revolución” de junio de 1943, el 17 de octubre de 1945, el 24 de febrero de 1946, cada una remitía a una de sus específicas y disonantes fuentes de legitimidad. Así que no habría que asombrarse demasiado de que suceda algo parecido con el kirchnerismo. Lo realmente significativo no es esa similitud, sino las diferencias. De las fechas fundacionales del experimento k, hasta hace poco ninguna era verdaderamente propia, ni verdaderamente reivindicable: el 20 de diciembre de 2001, cuando se derrumbó el “antiguo orden” que los Kirchner vinieron a “sustituir definitivamente”, el 27 de abril de 2003, cuando a duras penas lograron entrar a una segunda vuelta contra Menem, el 25 de mayo de ese mismo año cuando heredaron un gobierno llave en mano de manos de Duhalde, que tardarían más de dos años en reemplazar por uno suyo.</p>
<p style="text-align: justify;">Recién con la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre de 2010 esta carencia de efemérides propias, auténticas y potentes parecería poder restañarse. El episodio tuvo los suficientes elementos dramáticos en sí mismo, que el gobierno supo combinar con los recursos del fasto y el arte de la propaganda, como para conmover. Y el desierto en que habían ido internándose los adversarios hizo el resto para que sólo una voz se escuchara: lo que en otras circunstancias podría haber significado el fin de una era pareció poder significar en cambio su recomienzo, o tal vez, su verdadera y original partida de nacimiento.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone" src="http://1.bp.blogspot.com/_0VK4NA7_zfc/Srm7JjTHdFI/AAAAAAAAB_U/zsotwycxDgE/s400/Clarin%2520-%2520Peron%2520Presidente.jpg" alt="" width="261" height="268" /></p>
<p style="text-align: justify;">El kirchnerismo militante ya existía, pero nació en ese momento a la luz pública como actor “popular”, legítimo y orgánico, es decir, sin tener que dar ya mayores explicaciones sobre el abuso de los recursos y poderes del estado. El gobierno que le daba cobijo languidecía, y de no haber sido por ese hecho fortuito, muy probablemente hubiera terminado negociando su salida con un reemplazante peronista poco o nada amistoso. Pero esa circunstancia bien podría quedar en el olvido. Su “relato” de la historia y de su historia ya había sido ensayado. Pero recién ahora logró sensibilizar a una opinión hasta entonces bastante renuente, sino francamente reactiva, a sus llamados a encarar problemas prácticos como si fueran “batallas culturales”. El asunto a desentrañar, con todo, es si realmente ello alcanza para hacer de este un nuevo comienzo. ¿Cuán profundamente caló o puede llegar a calar este acto de fundación o de reinvención en la sociedad, y cuán estable puede considerarse entonces su nuevo humor?</p>
<p style="text-align: justify;">Un aspecto fundamental de este asunto depende de si el “kirchnerismo recargado” logra en mayor medida que el primer kirchnerismo conmover el sentido común peronista, e ingresar definitivamente en su panteón. Al respecto, un dato: hasta ahora muy pocos en la sociedad, y también en la dirigencia política, habían hecho lugar a las imágenes de la pareja gobernante en sus hogares, sus lugares de trabajo, incluso en sus despachos; seguramente muchos menos de los que en su momento le hicieron un lugar a Menem entre Perón y Evita. Puede que eso esté cambiando. La insistencia con que desde el oficialismo se propone un pacto afectivo entre pueblo y gobierno a partir de las exequias y la memoria de NK, para la consagración subsecuente de Cristina como “líder espiritual de la nación”, tiende un evidente puente simbólico con la muerte de Perón en 1974 y la orfandad política consecuente, y con la muerte de Eva en 1952, y la orfandad afectiva de ello resultante, y el extravío que ambas muertes significaron para el pacto peronista entre pueblo y líder. Desde esa perspectiva, la efemérides del 2010 debe poder repetir pero también corregir: debe poder inaugurar una nueva historia de entendimiento entre actores, entre pueblo y gobierno peronista, abrirse a nuevas misiones y proyectos, a más potentes realizaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">La mesa está tendida para que el oficialismo lo intente, para que teja su red usando los enormes recursos en manos del estado para moldear creencias, expectativas, consolidar en suma su dominio. Un primer problema es en manos de quiénes está esta tarea, y con qué ideas, instrumentos y urgencias están trabajando. Otro no menos importante es el tipo de sociedad que décadas de frustraciones políticas, muchas de ellas con el sello del propio peronismo, han producido. Si algo caracteriza la conciencia política de los argentinos de nuestro tiempo es el cinismo apolítico: él está en el origen de la labilidad de las opiniones y del pacto perverso que recurrentemente ellos establecen con los gobiernos de turno, por el cual los ciudadanos toman todo lo que los gobiernos ofrecen y a la vez les reclaman todo lo demás que no les brindan ni pueden brindarles. Ello actuará seguramente como una barrera difícil de remover para que el enamoramiento con Cristina vaya más allá de una moda pasajera. Pero lo que seguramente resultará decisivo será lo que suceda con el peronismo: el llamado “disco rígido” de esta fuerza política será el hueso más duro de roer en un eventual tercer mandato del kirchnerismo, porque ya lo fue en cada una de las batallas ideológicas encaradas por él en el pasado. No dejará de ser aleccionador sobre los problemas históricos del liberalismo político en nuestro país si su futuro y el del pluralismo y el estado de derecho terminan dependiendo de la capacidad de resistencia de una tradición y poderes locales que dedicaron décadas a sustraerse de su influencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado en tn.com.ar el 5 de mayo.</p>
</div>
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		<title>La hegemonía y su eterno retorno</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Apr 2011 22:48:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Burdman</dc:creator>
				<category><![CDATA[8 años de Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">Últimamente se viene discutiendo mucho sobre la conformación de una hegemonía kirchnerista. El debate es sin duda importante, pero no deja de ser significativa la terminología en la cual se enmarca: la noción de hegemonía sigue apareciendo como una categoría esencial para comprender los procesos políticos en la Argentina. Es un elemento llamativo si tenemos en cuenta que, en otros países, el concepto de hegemonía no tiene demasiada (si alguna) presencia en los análisis políticos. Difícilmente se lea o se escuche de la &#8220;hegemonía&#8221; de Obama en Estados Unidos, de Merkel en Alemania, o de Sarkozy en Francia. Entonces viene al caso la pregunta: ¿por qué la política argentina se piensa a sí misma en términos de hegemonía? ¿Por qué, casi medio siglo después de la introducción de este concepto proveniente del marxismo italiano, sigue siendo dominante en los análisis políticos?</p>
<p>Como todo concepto, &#8220;hegemonía&#8221; no es una categoría neutra ni transparente. Su articulación conceptual tiene una historia específica, ligada a los debates internos del marxismo respecto de cómo desarrollar la acción política. La intervención de Gramsci, que fue quien dio al concepto de hegemonía su máxima profundidad teórica, se proponía resaltar la autonomía de la esfera propiamente política y de la lucha ideológica, en contraposición a la idea de que los procesos económicos resolverían por sí mismos los procesos políticos. La noción de hegemonía resalta entonces la idea de que la acción política se basa en una &#8220;batalla&#8221; (el lenguaje militar que subyace a esta noción debe ser tenido en cuenta) por el sentido común. La clase social hegemónica es aquella que consigue que sus ideas particulares sean asumidas por la sociedad en su conjunto, algo que se logra controlando, o al menos influyendo, en los espacios de difusión ideológica: las instituciones educativas, los ámbitos de socialización, los medios de comunicación.</p>
<p>Para preservar el valor teórico del concepto, es necesario evitar sobre-extenderlo. No todo predominio político es &#8220;hegemónico&#8221;; es decir, no todo predominio político se basa en el convencimiento ideológico. Ya Gramsci había distinguido entre hegemonía y coerción estatal. Si interpretamos flexiblemente este último elemento, deberíamos tener en cuenta que la política argentina pasa en gran medida por aparatos locales, donde los incentivos para votar a uno u otro candidato tienen muy poco que ver con preferencias ideológicas. No hay &#8220;hegemonía&#8221; cuando alguien vota a un gobierno porque teme que si su representante local pierde, dejarán de llegar bolsas de comida, subsidios, o que perderá el trabajo. En la Argentina, el control del aparato estatal y de diversos aparatos partidarios sigue siendo un elemento central del predominio político.</p>
<p>Es importante distinguir también (y esto es a menudo ignorado) entre hegemonía y coalición. Una coalición es un acuerdo entre actores cuyas ideas e intereses son previos y permanecen sin modificaciones tras su ingreso a la misma. Que un gobierno consiga la adhesión de una serie de actores a quienes beneficia, económicamente o de otro modo, a través de sus políticas, no implica necesariamente una transformación ideológica de dichos actores, ni de la sociedad en su conjunto. Para que haya hegemonía, los intereses e ideas de los actores deben ser modificados, que no es lo mismo que ser satisfechos. Conseguir el apoyo de la CGT otorgando aumentos salariales no implica de por sí una transformación ideológica de la CGT, como tampoco lo implica obtener el apoyo de organizaciones de derechos humanos por juzgar a los responsables del terrorismo de Estado.</p>
<p>Una objeción a este razonamiento sería que aún una coalición de intereses implica en alguna medida una transformación ideológica. Es posible. Pero en la medida en que el predominio político se base en la capacidad de sostener un acuerdo de intereses que, en caso de no poder sostenerse, socava dicho predominio, pone en duda la prevalencia de la dimensión ideológica que subyace al concepto de hegemonía. De nuevo: este concepto tiene que ver con la transformación ideológica de los actores, y no con los acuerdos entre actores con ideas e intereses pre-existentes. Si la permanencia en el poder se sustenta principalmente en recursos de política pública, es dudoso que exista una &#8220;hegemonía&#8221;.</p>
<p>Debemos, por último, distinguir entre &#8220;hegemonía&#8221; y moda o climas electorales, otra distinción a menudo ignorada. La opinión pública suele entusiasmarse circunstancialmente con ciertas ideas y con ciertas figuras. Pero eso no constituye hegemonía, en la medida en que dichas ideas o figuras no adquieren una cierta persistencia en el imaginario de los actores colectivos. El entusiasmo circunstancial con un gobierno debido a una coyuntura económica favorable, a un estilo popular y novedoso, a la influencia de ciertas personalidades, y demás, no implica que las ideas de dicho gobierno pasen a ser asumidas por la sociedad en su conjunto. De hecho, los entusiasmos electorales suelen demostrar lo contrario: cuando el clima favorable se termina, la reacción ideológica tiende a arrasar con las ideas que, hasta ese momento, parecían incontestables.</p>
<p>De todo esto se desprenden dos conclusiones posibles. La primera es que la dimensión propiamente &#8220;hegemónica&#8221; de la política es más reducida de lo que normalmente se piensa. Muchas veces se habla de la &#8220;hegemonía&#8221; de un gobierno cuando, si nos atenemos a la especificidad del concepto, se está refiriendo en realidad a dimensiones no hegemónicas del predominio político: dominio de aparatos estatales, formación de coaliciones y climas de opinión. En ese caso, podríamos preguntarnos si la sobre-extensión del concepto de hegemonía no responde a un cierto sobredimensionamiento del aspecto ideológico del predominio político, y al hecho de imaginar que ciertos escenarios políticos cuentan con una consistencia y una persistencia mayor de la que en realidad tienen.</p>
<p>La segunda conclusión posible, más radical y tal vez más realista, es que la hegemonía ha perdido especificidad conceptual porque la misma no consigue explicar la pluralidad de dimensiones que atraviesan a la política contemporánea. Condensar conceptualmente la pluralidad de mecanismos en los que se sustenta el predominio político de un actor puede ser una forma de esconder dicha pluralidad. En otras palabras, ese predominio puede no ser otra cosa que la convergencia de modas sociales, coaliciones circunstanciales de intereses, dominio sobre ciertos aparatos, y demás elementos lo suficientemente heterogéneos entre sí como para ser conceptualmente unificados. De esto son tal vez más conscientes los actores políticos, siempre pendientes de la multiplicidad de mecanismos en los que se sustenta su poder, que los analistas, muchas veces ansiosos por totalizaciones que reduzcan la complejidad de los fenómenos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sea reevaluando la amplitud del concepto o reconociendo su caducidad, es importante no solo analizar los fenómenos “hegemónicos”, sino preguntarse por qué la política argentina se piensa a sí misma en términos de hegemonía.</p>
</div>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/04/18/la-hegemonia-y-su-eterno-retorno/' addthis:title='La hegemonía y su eterno retorno ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Aportes al debate: ¿cuánto penetra el kirchnerismo en el sentido común?</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Apr 2011 14:07:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Elecciones 2011]]></category>
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		<description><![CDATA[En una excelente nota publicada en La Nación el pasado viernes 4 de marzo, Beatriz Sarlo analiza lo que llama “hegemonía cultural del kirchnerismo” basándose en el publicitado candombe “Nunca menos”, y el soporte que permite transmitirlo con algo de audiencia, el fútbol para todos. La idea de Sarlo es que ya con el título del [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/04/12/aportes-al-debate-%c2%bfcuanto-penetra-el-kirchnerismo-en-el-sentido-comun/' addthis:title='Aportes al debate: ¿cuánto penetra el kirchnerismo en el sentido común? ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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<p style="text-align: justify;">En una <a href="http://www.lanacion.com.ar/1354629-hegemonia-cultural-del-kirchnerismo" target="_blank">excelente nota publicada en La Nación el pasado viernes 4 de marzo</a>, Beatriz Sarlo analiza lo que llama “hegemonía cultural del kirchnerismo” basándose en el publicitado candombe “Nunca menos”, y el soporte que permite transmitirlo con algo de audiencia, el fútbol para todos. La idea de Sarlo es que ya con el título del candombe el oficialismo logra una síntesis de la experiencia democrática, “incorporando” el Nunca más de Alfonsín en una fórmula para su exclusivo beneficio: el kirchnerismo va así “más allá”, moviliza y sintetiza tradiciones, crea una hegemonía.</p>
<p style="text-align: justify;">Tengo mis dudas de que exista tal hegemonía. Y más todavía, de que se pueda siquiera colegir de los esfuerzos por construirla una operación de “síntesis de tradiciones”. Más bien me inclino a pensar que el éxito de las operaciones de reconquista de la opinión pública realizadas por el gobierno en 2010, paradójica pero sobre todo sintomáticamente posibilitado por la desaparición de Néstor Kirchner de la escena política, no hacen más que reforzar el carácter faccioso, “particular” y no “nacional” del kirchnerismo como fenómeno político, y por tanto la debilidad de sus raíces populares.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/Flayerwebnuevo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1291" title="Flayerwebnuevo" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/Flayerwebnuevo.jpg" alt="" width="486" height="783" /></a></p>
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<p>Para decirlo mal y pronto, la renacida imagen positiva de Cristina no obedece a las causas que ella y sus seguidores dan, ni a nada muy nuevo que esté pasando en la sociedad, sino a otros motivos más llanos y sencillos, sobre los que, además, ya se ha escrito bastante: acelerado crecimiento económico, amplia disposición de recursos de uso discrecional, y debilidad de la oposición. Si estos motivos parecen hoy no ofrecer una explicación suficiente no es por un déficit intrínseco, sino porque el pronóstico que con ellos se elaboró desde la política y la reflexión opositora falló: como no se cumplió la prognosis de que después de la crisis en que se sumió el gobierno entre 2008 y 2009 sería tan fácil derrotarlo como había sido en su momento vencer a Menem en su penoso segundo mandato, hoy muchos tienden a creer que hay una fortaleza K, hecha de logros, significados, entusiasmos y raíces culturales que no se habían visto; y por cierto que algo de eso hay, pero conviene no exagerar. Si la oposición está viendo con desesperación, para seguir con la analogía con los noventa, cómo “retrocedemos del 97 al 95” y se toma el trabajo por demás saludable de buscar una explicación, creo que el menor de los problemas que tiene por delante es el de su relación con la opinión pública; es mucho más grave la pobreza de sus ideas y la falta de capacidad organizativa para convertirlas en acciones.</p>
<p>El caso de Fútbol para Todos es bien ilustrativo. Su creación fue sin duda un acierto para el gobierno, le proveyó público a sus campañas propagandísticas, que de otro modo hubieran seguido teniendo probablemente de público sólo el reducido núcleo de votantes fieles en el que ya no tenía sentido seguir invirtiendo más y más dinero. Sin embargo, la iniciativa sigue siendo muy impopular según las encuestas: alrededor del 70% la rechaza. No es como dice Sarlo que resultaría inútil objetar que el dinero público podría invertirse mejor en promover el acceso de los sectores excluidos al deporte, porque lo cierto es que eso es lo que piensa buena parte de la opinión pública, incluida la mayoría de los que ven fútbol. La pregunta decisiva a hacerse es entonces por qué tan pocos opositores han estado dispuestos a criticar esa política, por qué casi todos los precandidatos de oposición han dicho en los últimos tiempos que seguirían adelante con ella. En suma, ¿por qué no hay un discurso opositor más representativo de la opinión pública, que objete las pretensiones hegemónicas del kirchnerismo al menos allí donde ellas carecen de sustento popular?</p>
<p>La cuestión de la memoria de Néstor Kirchner es otro costado de este mismo problema. Sospecho que la revista Barcelona dio en el clavo cuando en una de sus últimas ediciones se preguntó irónicamente “¿quién se acuerda de Néstor?” Más allá del rito de nombrarlo en todas las reuniones K, disfrazarlo de eternauta es también revelador. La operación realmente efectiva en relación a la opinión pública es el olvido, no el recuerdo, es haber podido autonomizar a Cristina de su marido y jefe, para permitir una revaloración que ciertamente no es extensiva a la figura de éste.</p>
<p style="text-align: justify;">Y esto permite retomar la que creo entender es la cuestión clave para analizar la supuesta o real “hegemonía K”: su mayor o menor capacidad para articular cosas distintas, para hacer una síntesis de lo diferente. El militantismo cristinista está haciendo todo lo posible para dificultar esta tarea, y tal vez pueda sacar provecho circunstancial de las ventajas que ha logrado sacarle a las fuerzas opositoras para obtener una victoria en 2011, pero es probable que lo haga a costa de sus posibilidades de nacionalizarse, de penetrar profundamente en el sentido común. Puede que no sea tan efímero como resultó el menemismo. Pero ¿será capaz de superar las barreras que dificultaron la nacionalización del primer peronismo, y que todavía hoy, después de medio siglo de disputas siguen operando contra sus pretensiones hegemónicas? No creo que esta historia se vuelva a repetir, porque si hay un espacio en que el kirchnerismo no ha logrado penetrar muy abajo ese es precisamente el mundo peronista, y porque la dificultad más seria que aquél peronismo y este modelo K hallaron para ser hegemónicos es la misma, pero hoy es más seria que a mediados del siglo XX: se trata de su irresuelta relación con el liberalismo político, tradición por suerte más sólida en nuestros días que cuando Perón llegó al poder, y que de todos modos, como bien señala Sarlo, los kirchneristas igual que el general menosprecian, o suponen erróneamente poder digerir en sus propios parámetros),  pero del que no pueden prescindir sin dejar de ser lo que finalmente son, populismos moderados, no revolucionarios. Allí es donde, de nuevo, Sarlo da más crédito del que se merece el “nunca menos”: porque él es ante todo y literalmente, una negación del “nunca más”, un esfuerzo absurdo y autodestructivo por borrarlo del mapa para volver a ser lo que los kirchneristas fueron o quieren creer que fueron antes que él.</p>
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		<title>Postales de la violencia K: ¿y ahora por qué Mirta Legrand?</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Apr 2011 16:37:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1270" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/escupida-mirta.jpg"><img class="size-full wp-image-1270" title="escupida mirta" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/escupida-mirta.jpg" alt="" width="400" height="268" /></a><p class="wp-caption-text">Fuente: articulos-interesantes.blogspot.com</p></div>
<div align="justify"> Hay procesos que se alimentan solos. El de la violencia suele ser uno de ellos. Se planta una semilla y, si germina, se inicia una reacción en cadena: se propaga por imitación, se justifica por las reacciones de las víctimas, que en vez de “disculparse” se “autoinculpan”, se normaliza y extiende a nuevos territorios, con nuevos fines.</p>
<p>Nada indica que el kirchnerismo esté moderando o refrenando en alguna medida este proceso. Todo lo contrario. Es cierto que se cuida más la retórica utilizada desde el atril. Pero el objetivo de “señalar” objetivos y justificar su exclusión violenta de la vida pública y, en lo posible, de la comunidad, sigue en pie y a toda máquina. Con lo que la situación puede estar empeorando, y encima hacerlo sutilmente, desactivando las esperables resistencias: el problema no está sólo ni principalmente en el bloqueo gremial a un diario o en la invitación grotesca de la Secretaría de Cultura a “golpear al gorila”, sino sobre todo en la espontánea reproducción de este tipo de acciones.</p>
<p>El mecanismo utilizado es de libro, y hasta aquí ha funcionado más o menos así: primero, el enunciador oficial se arroga la condición de víctima y una posición de debilidad relativa, apelando a resentimientos presentes en la sociedad, fruto de las muchas ocasiones en que ella se ha sentido víctima de algo, con más o menos razón según los casos; segundo, se atribuye un poder extraordinario y hasta allí oculto a un grupo difuso de enemigos a los que se identifica con una condición X que los enfrenta irreparablemente al resto de la sociedad; por último, se postula más o menos abiertamente que dado que ese enemigo es la causa de los problemas, de su extinción depende la solución. Todos los populismos han usado con mayor o menor asiduidad e intensidad estos recursos. La pregunta que cabe hacerse es si el kirchnerismo los está extremando, y hasta dónde querrá y será capaz de llegar. Y una preocupante señal a este respecto es la profundidad social que están adquiriendo tanto los objetivos como los métodos.</p>
<p>Los objetos de la violencia, los enemigos, habían sido hasta aquí de naturaleza “política”: fueron identificados en esa arena bien por acciones del pasado, lo que habían hecho durante la dictadura, bien por lo que hacían ahora, sus posiciones críticas hacia el gobierno en los medios. Y la “respuesta”, la represalia en la forma de escraches, golpes o “señalamientos” que podían dirigirse por igual a un represor o a periodistas del grupo Clarín y aledaños, escogidos estos últimos según su peligrosidad, esto es su eficacia para dañar la imagen del oficialismo, tenía también fines políticos.</p>
<div id="attachment_1271" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/nene-escupe.jpg"><img class="size-full wp-image-1271" title="nene escupe" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/nene-escupe.jpg" alt="" width="400" height="268" /></a><p class="wp-caption-text">http://articulos-interesantes.blogspot.com</p></div>
<p>El lugar estelar que fueron ocupando en las últimas manifestaciones oficialistas, y en particular en la del 24 de marzo de este año, algunas figuras mediáticas de tiempos del Proceso podría considerarse entonces como el mero fruto de la superposición de ambas categorías. Por tanto, que una figura en principio tan poco relevante en la vida política como Mirta Legrand haya pasado a ocupar un lugar prominente en el patíbulo de los enemigos del pueblo no debería sorprender demasiado, ni de ello cabría deducirse ningún cambio o maduración en el proceso que sigue la violencia.</p>
<p>Hay, sin embargo, una novedad. Y es que a través de Mirta el “enemigo” se vuelve más social que político, su condición se asocia ahora más a lo que él es que a lo que hace: lo que se ataca, atacando a la señora de los almuerzos, no es una posición política sino su ausencia, es una función y condición social más que una posición; es ese sentido común bastante banal, por regla general acomodaticio y también algo hueco, que ayuda a formar en alguna medida la opinión pública, de este como de muchos otros países, porque su función es esencialmente dar cabida a la circulación y el entrecruzamiento de muy distintos argumentos (ellos sí políticos). Es esa función lo que el oficialismo parece ahora empeñado en alterar de raíz. Para reemplazarla por algo que no sería para nada acomodaticio: debería ser entusiasta, militante. Aunque dicho entre nosotros no está muy claro que pudiera dejar de ser todo lo banal y hueco que puede ser la Legrand (a menos que nos creamos que hay más contenidos, ideas y valores innovativos, más profundidad interpretativa y apertura al mundo en la exposición de Albistur y Coscia en el Palais de Glace que en las tertulias televisivas de la señora).</p>
<p>Del hecho de que el enemigo sea ahora más social que político se desprende además de un objetivo, un método nuevo para el ejercicio de la violencia: la invitación a los asistentes a la marcha del día de la memoria para que escupieran o arrojaran otras excrecencias en los carteles con la imagen de Mirta, y la participación de familias con niños pequeños en esta suerte de happening de la humillación, son toda una novedad. Que la innovación la haya producido un grupo ignoto, seguramente actuando por su cuenta, no hace las cosas menos graves sino todo lo contrario. Revela que hay un evangelio y evangelistas disponibles para extender la guerra iniciada desde el poder, y hay cada vez menos sensibilidad y vergüenza ante la imagen, el shock estético que a cualquier persona normal, con “sentido común”, le produce el acto violento.</p>
<div id="attachment_1272" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/viale-portal.jpg"><img class="size-full wp-image-1272" title="viale portal" src="http://www.politica.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/04/viale-portal.jpg" alt="" width="400" height="268" /></a><p class="wp-caption-text">Fuente: articulos-interesantes.blogspot.com</p></div>
<p>Hay cosas que se sabe cómo empiezan pero no cómo terminan. Tal vez esté siendo demasiado pesimista, pero me da la impresión de que si Cristina Kirchner gana las próximas elecciones, y sobre todo si ella y quienes la acompañan se hacen a la idea de que ganan por la razones que los promotores de la violencia están diciendo que van a ganar, asumiendo que la sociedad está dispuesta a “premiar al vicio”, entonces más y más gente se convertirá en objeto de la violencia, y deberá acostumbrarse a vivir con miedo.</p></div>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2011/04/05/postales-de-la-violencia-k-%c2%bfy-ahora-por-que-mirta-legrand/' addthis:title='Postales de la violencia K: ¿y ahora por qué Mirta Legrand? ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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