El agente de CIPOL http://www.politica.com.ar/blog Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org) Wed, 01 Feb 2012 19:26:39 +0000 en hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.2.1 CFK y las guerras preventivas http://www.politica.com.ar/blog/2012/02/01/cfk-y-las-guerras-preventivas/ http://www.politica.com.ar/blog/2012/02/01/cfk-y-las-guerras-preventivas/#comments Wed, 01 Feb 2012 19:26:39 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1962 Boudou concluye en estos días su ejercicio provisorio del poder y debe estar respirando aliviado de que el trance termine de una buena vez. A las reiteradas humillaciones a que fue sometido por la dueña de casa y sus más devotos seguidores, se sumó una a la que se sometió solito. Cuando dejó de pasar desapercibido, y se cruzó con un grupo de empleados estatales a los que se les empezó a aplicar la profundización del modelo, no tuvo mejor idea que contestarles con un reconocimiento de su irrelevancia: “soy un empleado como ustedes”, se disculpó ante el indignado personal del Fondo de las Artes, que había dejado de cobrar su habitual premio de fin de año, admitiendo lo que todos saben pero en su caso es bastante duro reconocer, que debajo de ella nadie es más que eso.

La pregunta que cabe hacerse a esta altura no es si Boudou se merece el trato que recibe, tampoco si está dispuesto a tolerarlo (ha demostrado ya que la respuesta es indubitable). La cuestión más importante es si al kirchnerismo le conviene o no ser tan verticalista y maltratador con su propia gente. Dicho más precisamente: ¿si llegado el caso no tiene otra que buscar un sucesor entre lo que hay disponible, no lamentará haber subordinado y ninguneado tanto a sus “empleados”, no haberles dejado un resquicio de autonomía como para que al menos alguno, el mejor dotado, ganara cierto favor en la opinión?

La respuesta que está dando el vértice del poder es que no, que si esa circunstancia llega, bastará que la presidente levante la mano del aspirante que sea, para que él se convierta en “su” sucesor y portaestandarte.

Esta apuesta es clave para entender mucho de lo que viene haciendo el gobierno en los últimos meses, en la escena pública y detrás de ella, y no sólo en relación a Boudou sino también a los gobernadores y demás figuras peronistas con sueños presidenciales. Todos ellos reciben un trato que deja traslucir la “guerra preventiva” lanzada para encarar la cuestión de la sucesión: todavía no se sabe en la Rosada cómo se resolverá el dilema que se enfrenta, inédito en el ciclo kirchnerista, de no tener habilitado hacia adelante un nuevo turno presidencial, qué margen habrá para imponer la solución ideal, una que de continuidad a CFK, o el second best de un presidente vicario y obligado a ser leal, pero por de pronto se asume que en cualquier caso convendrá horadar lo más posible a cualquier potencial sucesor, porque así se evitará el síndrome del pato cojo, y si no se puede finalmente habilitar la continuidad, al menos se estará en posesión del poder suficiente para ejercer un dedazo inapelable; para lo cual lo que hace falta es que sólo ella esté en condiciones de votar: quien sea favorecido por su elección se convertirá ipso facto en presidente.

Está de más decir que Boudou no es ni por asomo el más castigado por esta estrategia. Hay que ver los disgustos que están pasando Urtubey y Capitanich. Y claro, no llama la atención que Scioli la esté pasando tan mal en su relación con el kirchnerismo, ni debería sorprender que la siga pasando igual o peor. Él representa el hueso más duro de roer para estas guerras preventivas de la presidente, sobre todo después de que salió medianamente airoso de la doble trampa que se le tendió en las elecciones con la dupla Mariotto-Sabbatella.  La apuesta del gobernador, se ha visto, no deja de ser razonable: aguantar todo, porque finalmente el tiempo corre a su favor, llegará el momento en que tanto los moderados del kirchnerismo como los del antikirchnerismo converjan en su apoyo, y lo dejen encarnar la reconciliación de la familia peronista. Sólo si a la presidente le fuera demasiado bien, o demasiado mal, su estrategia correría verdadero peligro.

Uno de los problemas es que en el ínterin se presentan demasiadas ocasiones para la exageración. Y ya sabemos que la evolución de estas rencillas entre peronistas es siempre incierta, porque ellas son poco afectas a someterse a reglas y altamente sensibles a la improvisación de sus protagonistas. Una de las oportunidades que se presentarán para que el diablo meta la cola, y la guerra de trincheras se convierta en batalla campal, son los conflictos salariales.  Las negociaciones con los gremios en las provincias, y sobre todo en la de Buenos Aires, serán en este sentido toda una prueba para los bandos en pugna, frente a la cual todos ellos buscarán sacarse ventaja, pero pueden terminar perjudicándose mutuamente.  Y esto porque, además, en esa ocasión se puede producir un cruce que todos deberían temer entre la interna política y la sindical. Tal vez se vea entonces que son demasiados los interrogantes abiertos como para encararlos con estrategias tan poco colaborativas: ¿cuánto ajuste se necesita en las cuentas públicas y dónde apretará el zapato?, ¿quién conducirá la CGT y cuántas centrales habrá?, ¿a través de qué vías y en qué medida se dejará traducir el poder sindical en poder político?, ¿será posible competir por el premio mayor dentro del PJ o él seguirá desactivado y se alentarán nuevos cismas? Curiosa sumatoria de incertidumbres en un país donde el poder está tan firmemente concentrado.

Publicado en tn.com.ar el 22/01/2012

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El poder del gobierno: conflictos políticos y resultados económicos http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/26/el-poder-del-gobierno-conflictos-politicos-y-resultados-economicos/ http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/26/el-poder-del-gobierno-conflictos-politicos-y-resultados-economicos/#comments Thu, 26 Jan 2012 19:15:55 +0000 Diego Finchelstein http://www.politica.com.ar/blog/?p=1960 En los últimos meses el gobierno ha tomado una serie de decisiones que implican un mayor nivel de confrontación con sectores que hasta ese momento habían sido reconocidos como aliados.  Tal es el caso de Moyano o la aparición de cortocircuitos con Scioli en la provincia de Buenos Aires. La amplia legitimidad obtenida en las elecciones otorga al gobierno nacional un capital político importante y un buen margen de maniobra para el corto plazo. De todas maneras, la capacidad para mantenerse indemne ante estas disputas sin alterar su altísimo nivel de apoyo popular y capital político debe ser analizada cuidadosamente.

Una primera hipótesis podría ser que estos enfrentamientos no afectarán la base de poder del kirchnerismo.  El argumento es que el kirchnerismo cuenta con una legitimidad muy superior a cualquier otro actor político (si bien el sindicalismo ha logrado recuperar poder político durante la última década, aún sus grados de legitimidad son bajos en la mayor parte de la población), y además ha sabido sostenerse ante el resto de los enfrentamientos que ha tenido desde el 2003.  En ese sentido, la confrontación directa con los que considera sus opuestos le ha resultado, desde su perspectiva, exitosa puesto que ha llegado a un tercer mandato con niveles de aceptación popular históricos.

También se podría afirmar que es poco lo que el gobierno pondrá en juego en las próximas votaciones.  Dado que las bancas que se renuevan son aquellas en que el gobierno tuvo su peor desempeño electoral, sólo una derrota abrumadora podría amenazar su dominio en el Congreso. No obstante, varios de los conflictos abiertos no dependen tan directamente de los resultados electorales. Por ejemplo, el poder de Moyano no depende de las elecciones generales sino de la dinámica interna dentro de la CGT. Si bien inicialmente el conflicto pareció mostrar titubeos y debilitamiento del líder camionero, Moyano parece haber vuelto a recuperar cierto orden dentro de la CGT y ya no se habla de su anticipada salida de la central obrera.  Asimismo, su alejamiento del gobierno también ha logrado algún respaldo de líderes sindicales que han estado históricamente enfrentados con el gobierno.  En el caso de Scioli tampoco los resultados electorales lo distancian del gobierno nacional.  Mientras que en algunas provincias la Presidenta obtuvo diferencia en cantidad de votos con los candidatos locales que la apoyaron, en la Provincia de Buenos Aires los números de Scioli fueron bastante similares a los de Cristina.

Es claro que la oposición ha quedado desmembrada tras la abrumadora victoria del año pasado, pero estos enfrentamientos poseen un matiz diferente ya que ninguno de los nuevos contrincantes dependen o se han visto afectados por los resultados electorales.  En ese sentido, el desafío y los riesgos para el gobierno son aún mayores.  Tal vez aquí la economía vuelva a tener un rol más protagónico dentro de estas disputas de carácter netamente políticas.  Si el devenir económico se muestra próspero los nuevos frentes abiertos quedarán aislados dentro de un contexto favorable que genera apoyo dentro de la ciudadanía.  La situación podría ser diferente si la economía se deteriora y comienza a afectar más directamente a las clases media y baja vía mayores niveles de inflación, caída del empleo, etc.   Tampoco hay que olvidar que el gobierno ha comenzado a tomar medidas que podrían caer antipáticas para los sectores de clase media como el aumento de las tarifas de luz y gas.  Aquí hay que esperar si estas políticas se expanden a otros sectores de la población y si también terminan afectando otras actividades como el transporte público.  Si estas medidas son finalmente ampliadas y si el escenario económico se deteriora, es probable que estos nuevos conflictos salgan de su aislamiento y se potencien mutuamente  con los resultados económicos negativos.  A esto habría que sumarle también que otros actores enfrentados al gobierno como algunos de los principales medios de comunicación puedan comenzar a tener mayor eco en sus críticas dado un escenario económico más negativo que haga que los ciudadanos estén más dispuestos a  escuchar a dichos medios.

En conclusión, el gobierno aún mantiene una posición ampliamente dominante en el escenario político y no se vislumbra que esto cambie en un plazo inmediato o si el devenir económico continua siendo positivo.  De todas formas, hay que considerar que los nuevos frentes abiertos generan un riesgo potencial importante ya que no dependen tan directamente de los resultados electorales.  Bajo estas condiciones, la situación económica puede resultar crucial en el mediano plazo ya que resultados negativos tienen la capacidad de  alterar el apoyo ciudadano y por ende ampliar y generar una sinergia que hoy no existe entre los nuevos contrincantes y los ya existentes.

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La izquierda kirchnerista, por el ajuste y contra los gremios http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/17/la-izquierda-kirchnerista-por-el-ajuste-y-contra-los-gremios/ http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/17/la-izquierda-kirchnerista-por-el-ajuste-y-contra-los-gremios/#comments Tue, 17 Jan 2012 21:31:14 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1943 No es nada raro que a gobiernos de izquierda les toque en suerte aplicar políticas de ajuste: le sucedió al comienzo de su primer mandato a Lula y al final de su gestión, con bastante menos suerte, a Zapatero. Pero, entre nosotros, ¿sucedió ya alguna vez que un gobierno peronista inclinado a la izquierda, y electo con la expectativa de que promoviera la redistribución de ingresos vía alza de salarios y aumento del gasto público, se viera forzado por las circunstancias a aplicar un considerable ajuste sobre ambos, y por tanto a enfrentarse con los sindicatos? La memoria colectiva dispara más o menos automáticamente una respuesta: “sí, en 1973”. Sin embargo las similitudes con aquel momento son tantas como las diferencias. Por empezar, el nivel de inflación: en 1972 había sido más del doble de lo que fue en 2011. Y el déficit público, que fue alrededor del triple. Además, la izquierda del movimiento estaba mucho más renuente a someterse al Ejecutivo de lo que está en nuestros días. Esta última es tal vez la diferencia más importante, y sobre ella conviene detenerse, sobre todo porque en los últimos tiempos se ha planteado un interrogante que pone el foco en esta relación: ¿podrá la izquierda kirchnerista, la que integran La Cámpora, Carta Abierta, el Movimiento Evita y otros grupos similares, contrapesar la falta de apoyo al gobierno de los gremios, e incluso las protestas que estos empiecen a protagonizar? Asesores oficiales como Ernesto Laclau creen que sí, porque los gremios están divididos y no pesan tanto como en los setenta, mientras que los analistas críticos tienden a pensar que no. Veamos.

Lo primero que habría que hacer para ser fieles al método comparativo es recordar qué fue lo que sucedió entre la vuelta del peronismo al poder en 1973 y, digamos, la muerte de Perón. Un dato no siempre recordado es que, al comienzo, la llamada Tendencia Revolucionaria, esto es, Montoneros y quienes acompañaban su estrategia general, fueron bastante colaborativos con los intentos del general de poner en caja a los sindicatos. Jugaron como se sabe entusiastamente a favor de Cámpora y contra Cafiero, el candidato de la CGT, y aceptaron compartir el gabinete del primero con lo más granado de la ultraderecha, Osinde, López Rega, etc., y dejar a los gremios recluidos en el Ministerio de Trabajo, desde donde podrían hacer poco y nada frente a los planes económicos de Gelbard, a quien la Tendencia también apoyó sin chistar. Y es que la idea entonces compartida por ésta y por Perón era que la burocracia sindical representaba de momento la peor amenaza para ambos. Lo que tenía su lógica: había resistido todos los intentos de desperonizarla y dividirla, se había fortalecido con las generosas concesiones de la Revolución Argentina (en particular los aportes obligatorios para las Obras Sociales), y mientras que el territorio había sido permeable al crecimiento de la juventud radicalizada (hasta tal punto que ella había logrado ubicar a gobernadores o vicegobernadores en muchos distritos), los sindicatos seguían siendo mayormente reacios a su “penetración”, tanto por tradición anticomunista como por celo corporativo.

Como se sabe, esa circunstancial cooperación entre derecha e izquierda duraría bien poco: ya antes de Ezeiza los choques por el control de los ministerios se volvieron muy intensos. Sobre todo por razones ideológicas, pero también porque el estado no alcanzaba para todos: no eran tiempos en que se pudieran repartir contratos a troche y moche para dejar contentos a los miles de militantes movilizados. Finalmente, ir a la vez contra los gremios y ese aparato estatal sería letal para la izquierda, que rápidamente perdió presencia en el territorio y quedó aislada, lista para ser masacrada.

¿Qué de todo esto tiene similitudes con lo que sucede hoy? Muy poco. Es ostensible que la izquierda kirchnerista carece casi por completo de inserción territorial y es nula su vocación gremial. Cuenta en cambio con una creciente presencia en el estado central, inéditamente generoso en términos de contratos y conchabos de todo tipo. En ello reside su poder. ¿Puede utilizarlo para crecer y llegar a influir algo, sino en los gremios, en los distritos y la compulsa electoral? El experimento iniciado por la presidente en las elecciones pasadas apunta en esa dirección. Pero al menos hasta donde ha llegado hoy en día, difícilmente alcance para contrapesar la capacidad de movilización sindical: de hecho, el kirchnerismo deberá refrenar su pasión por las movilizaciones de masas si no quiere seguir mostrando la hilacha, como le sucedió el del 10 de diciembre último. ¿Podrá por otros medios la Cámpora contrapesar la influencia sindical en la vida económica? Lo está intentando, ganando presencia en las áreas respectivas del gabinete y en los directorios de empresas, públicas y privadas, con vistas a presentarse como un agente coordinador de las iniciativas deshilvanadas que el resto de los funcionarios de gobierno es capaz de ofrecer, y un órgano pensante capaz de planificar el mediano y el largo plazo.

Sin embargo, en estos terrenos enfrenta varios problemas. El primero, que sus comportamientos suelen generar aun más tensiones y desconfianzas que los sindicales entre el empresariado. Y ello porque muchos camporistas parecen actuar con el criterio que Luchino Visconti utilizara para que uno de sus más terribles y célebres personajes se presente: “somos una elite a la que se permitirá cualquier cosa”. Siguiendo la analogía con los setenta, claro que para los dueños locales del capital los Montoneros eran mucho peores. Pero ha pasado demasiado tiempo para que esto sea consuelo suficiente. El segundo problema es que por más cerebro, discurso y coordinación que pretendan ofrecer los camporistas, en términos prácticos han tenido hasta aquí poco que ofrecer, y tienden por tanto a quedar relegados al papel de cara joven y académica de personajes algo más efectivos, como Moreno y su troupe. Y lo que el omnipresente Moreno opina de la izquierda K no es muy distinto, convengamos, de lo que suele decir Moyano.

Publicado en tn.com.ar, el 14 de enero de 2012

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Los desafíos de las oposiciones ante un gobierno omnipotente http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/03/los-desafios-de-las-oposiciones-ante-un-gobierno-omnipotente/ http://www.politica.com.ar/blog/2012/01/03/los-desafios-de-las-oposiciones-ante-un-gobierno-omnipotente/#comments Tue, 03 Jan 2012 16:47:17 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1935 Hoy parece que no cuentan. Que pesan aun menos en el reparto de poder de lo poco que pesaron en el reparto de los votos. Porque el gobierno no les da ni chance de opinar, porque aun quienes los votaron se sienten defraudados por su flaco desempeño y los acusan con razón o sin ella de haber dilapidado sus oportunidades, y porque tampoco se lo perdonan los pocos medios y periodistas independientes que van quedando, después de haber hecho tantos esfuerzos por levantarles el ánimo y relativizar ante el público sus defectos.

¿Seguirá siendo así en la etapa que se abre? El desequilibrio de poder existente entre quienes controlan el estado y quienes luchan desde el llano nunca fue tan grande como en estos días, y no permite ser muy optimista. El futuro depende, con todo, también de la dimensión de los problemas que enfrente el gobierno, más serios y variados de lo que el clima de fiesta preelectoral hacía pensar; así como de lo que sean capaces de hacer los opositores sobrevivientes al vendaval cristinista.

¿Se decidirá Macri a levantar una fuerza política nacional, o seguirá esperando que los disidentes del peronismo hagan el esfuerzo por él y le provean de la necesaria estructura territorial? ¿Podrá Binner, sobre el piso electoral conseguido este año por el FAP en los distritos más grandes con la promesa de “un progresismo honesto y verdadero”, en el mejor de los casos atractiva para un número acotado de los electores, conducir a sus ya heterogéneos aliados a la construcción de una coalición más amplia, con actores sociales y políticos aun más diversos? Finalmente, ¿serán capaces los radicales de salir del torbellino sin fondo de una crisis que los conduce, si no a la extinción, al menos a la marginalidad, a una similar, paradoja de la historia, a la que el propio radicalismo impuso a las fuerzas conservadoras un siglo atrás?

Las respuestas a estos interrogantes están bastante conectadas entre sí. Si Macri vuelve a apostar al peronismo disidente difícilmente pueda al mismo tiempo cooperar con los radicales, pero si quiere construir una fuerza propia puede que lo haga aun menos, porque necesitará absorber retazos locales de la UCR. Y algo parecido sucede con el FAP, que puede apostar a ocupar por sí mismo el centro político, o a cooperar con la UCR para atraerlo. En contra de la cooperación pesan la desconfianza y la experiencia: ¿por qué creer que si ahora los ayudamos luego nos retribuirán del mismo modo, si ya en el pasado, incluso en el más reciente, han tomado la mano tendida en momentos de dificultad y luego buscaron crecer a costa del prójimo para restablecer el añorado bipartidismo? Pero a favor de la cooperación pesa la debilidad del conjunto frente a un gobierno que tiende a llevarse todo por delante y la precariedad de las identidades a cuya defensa convocan los espíritus facciosos: lo que cada uno tiene para cuidar como “propio” es tan poco, y lo que está en juego en la competencia, y puede poner el juego el gobierno con sus iniciativas, es tanto, que la voz de la concordia tal vez termine imponiéndose, y lo haga en forma más sostenida y consistente que entre 2008 y 2010.

Los obstáculos para que ello prospere serán de todos modos muy variados. Ya están bien a la vista los que surgen de las relaciones con el oficialismo: ¿qué conviene, cohabitar o criticar? En años pasados fue el socialismo el que más buscó una vía media entre el oficialismo y la oposición dura, por ejemplo ante proyectos de ley como el de servicios audiovisuales, la estatización de los fondos previsionales, etc.; ahora es el macrismo el que apuesta a ello, incluso en asuntos bastante complicados como la selección de jueces; pero también algunos radicales que antes eran anti K, como Moreau, dicen desear la cohabitación, en su caso con la mira puesta, más que en leyes o jueces, en la distribución de recursos de la legislatura bonaerense.

Puede que alguna combinación de cohabitación y crítica sea posible y hasta deseable para el caso de los gobiernos porteño y santafecino. Pero si las oposiciones no logran reconstruir la diferencia significativa que existe entre sus propuestas y las del kirchnerismo no les será fácil convencer a los votantes de que de su mano el país mejoraría. Eso los peronistas lo entienden bien: cuando llegue la hora, si llega, habrá unos cuantos de ellos ofreciéndose para representar la diferencia, enfrentando sin problema a quien dos minutos antes era su madre espiritual. Por ahora otean el horizonte, a ver qué pasa con la economía, con los gremios, con los empresarios. Así que atención: si los demás se duermen, la lucha política será, como en otras ocasiones, una comedia o una tragedia, pero en cualquier caso una actuada, escrita y dirigida sólo por peronistas.

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Cristina vs Moyano, ¿es kirchnerismo contra peronismo? http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/25/cristina-vs-moyano-%c2%bfes-kirchnerismo-contra-peronismo/ http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/25/cristina-vs-moyano-%c2%bfes-kirchnerismo-contra-peronismo/#comments Sun, 25 Dec 2011 23:36:08 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1939 El conflicto desatado en los últimos días entre las dos personas más poderosas del país sorprende por la velocidad y virulencia pública que adquirió, aunque no puede decirse que sea en sí mismo imprevisto.

Es que tiene, por un lado, visibles motivos económicos, bien fundados para ambos contendientes: si el gobierno quiere evitar que el enfriamiento de la economía se convierta en estanflación, y no acepta hacer un programa de estabilización como se debe, con devaluación, ajuste de tarifas, reducción de impuestos, de emisión monetaria y del gasto global, y metas de inflación, le queda la opción de ajustar puntualmente sus gastos, como viene haciendo con los subsidios, y refrenar la inercia de los aumentos salariales; en tanto el jefe cegetista, consciente de la situación y del modo en que el gobierno busca resolverla, apuesta con buen criterio a elevar el costo político que para éste significará instrumentar esa opción, para que la modere, o mejor aun lo reemplace por otra más amigable para los intereses sindicales. Hasta aquí, nada que sorprenda.

Por otro lado, sin embargo, están las desinteligencias políticas, que se vienen acumulando desde la muerte de Néstor y se potenciaron con la confección de las listas de candidatos por parte de la presidente: Moyano exigió entonces, recordemos, su recompensa por haber sostenido al gobierno cuando éste fue abandonado por la opinión pública y buena parte del peronismo territorial, en el período que va de la crisis del campo de principios de 2008 a las elecciones de mediados de 2009; pero el Ejecutivo actuó guiado por la idea de que el mérito por la inesperada recuperación y la victoria electoral debía ser sólo suyo, pues no podía confiar más que en sus propias fuerzas y había llegado la hora de liberarse de todo compromiso con quienes pudieran condicionarlo en el futuro, o traicionarlo; de allí su opción por listas “presidenciales”, un gabinete monocolor y disciplinado, y por una ofensiva sin cuartel sobre los poderes autónomos que, siendo parte de su coalición, podrían eventualmente abandonarla. Como es el caso de Scioli, y lo es también el de Moyano.

Nótese ante todo la diferencia entre los factores económicos y los políticos que intervienen en el conflicto: respecto a los primeros los contendientes comparten un mismo diagnóstico, que los pone en veredas enfrentadas porque las circunstancias han limitado la disponibilidad de los bienes a distribuir, por lo que de volverse a una situación en que ellos abunden la convivencia podría restablecerse; en cambio en el terreno político se enfrentan porque no comparten el diagnóstico en cuanto a la capacidad de daño que cada uno tiene sobre el otro, y porque creen que pase lo que pase en la actual coyuntura lo más probable es que el futuro los encontrará en veredas opuestas.

Son, en suma, las apuestas políticas las que potencian y aceleran un conflicto que de otro modo podría procesarse sin demasiada pirotecnia ni escándalo. Sin ir más lejos, recordemos que durante la crisis de 2009 la CGT se avino a topes salariales similares a los que ahora rechaza. Y también que los retrasos en los pagos a las obras sociales se vienen acumulando desde hace años. Conclusión: el motivo decisivo del divorcio no está en ninguno de estos asuntos, sino en que las partes no pueden ya imaginarse resolviéndolos de común acuerdo y cada uno cree, por los motivos opuestos, que le conviene confrontar a esperar.

Muchos piensan que uno de los dos, o los dos a la vez, se equivocan, se desconfían mutuamente por paranoias que el abuso prolongado de poder ha agigantado, o el deseo de “ir por todo” los ha vuelto intolerantes hasta con sus socios más necesarios. Se suele decir además que el gobierno, en la cúspide de su poder, quiere hacer y deshacer a su antojo, mientras que Moyano sería algo así como un kamikaze que prefiere morir peleando que esperar a que lo aíslen y tiren por la borda como ha visto le pasó a tantos ex aliados del kirchnerismo.  Algo de todo esto puede haber, pero seguimos viendo sólo la superficie. Detrás de todo esto tal vez no haya tanto error o desinteligencia, sino un problema más definido y concreto, de orden temporal, que revela que el gobierno no es tan omnipotente como pretende, ni lo será en el futuro, y lo será aun menos si no resuelve problemas serios de sustentabilidad que enfrenta en relación a su propia coalición.

La clave política del conflicto está, finalmente, en las dificultades que enfrenta ya en este momento el kirchnerismo para controlar la sucesión presidencial. Y ello por el hecho de que las recientes elecciones fueron su mayor victoria, pero tal vez la última a la que puede acceder, a menos que cambie drásticamente las reglas de juego. Y en ellas para colmo, pese a todos los esfuerzos hechos para evitarlo, o disimularlo, no se terminó de dirimir la disputa entre el poder electoral del kirchnerismo y el del peronismo tradicional. A este respecto, el conflicto con Moyano adquiere pleno sentido a la luz del simultáneo agravamiento de las tensiones en La Plata, en torno a un gobernador que ha mostrado no tener límite en su voluntad de conciliación con la presidente, pero también ser más eficaz de lo esperado para conservar autonomía electoral: a pesar del esfuerzo de Mariotto por espantarle votos moderados, y del de Sabbatella por robarle los kirchneristas, empardó a la presidente; si los resultados hubieran sido otros tal vez la Rosada no estaría tan urgida en cortarle las alas a los que pueden eventualmente construir una coalición alternativa desde el peronismo, y acrecentar así sus chances de burlar de algún modo su fecha de defunción. Ni Scioli y en particular Moyano estarían tan convencidos de que, finalmente, se trata de aguantar, porque el vendaval k no tardará en amainar, y dejará a la vista que el peronismo de siempre es lo único que sobrevive al paso del tiempo.

Imposible saber hoy quién acierta y quién se equivoca. Son apuestas, y su validación depende de un montón de otras acciones y contingencias.

 publicado en cronista.com el 23/12/2011

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Diciembre de 2001: la clave opaca de nuestro tiempo http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/19/diciembre-de-2001-la-clave-opaca-de-nuestro-tiempo/ http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/19/diciembre-de-2001-la-clave-opaca-de-nuestro-tiempo/#comments Mon, 19 Dec 2011 19:22:59 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1928

Así como la “verdad” de los primeros peronistas, y el dato al que, con o sin ganas, debían acomodarse sus contemporáneos, fueron los sucesos del 17 de octubre de 1945, se tiende a creer que la clave de nuestro tiempo, de su política, economía y forma de pensar, nos viene dada por lo sucedido el 20 de diciembre de 2001.  Creo que la analogía es reveladora, aunque ambigua: hay ciertamente una verdad de nuestro tiempo anidando en esas jornadas, pero no la que nos cuenta la memoria hoy canónica sobre ellos, sino algo que en ella es velado.

Lo primero que sorprende es que lo que los manifestantes entonces reclamaban y consiguieron ha sido reformulado ya varias veces por quienes apelan a este mito de origen y fuente de inspiración. Perón no se habría atrevido a tanto: claro que, según sus necesidades, pudo hilvanar la rebelión obrera del 45 con el golpe del 43, para iluminar la comunión entre pueblo y ejército en que se cimentaba su ideal corporativo, o con la voz de las mayorías que se escuchó en febrero del 46, para resaltar su legitimidad democrática; pero siempre los hechos recordados cada 17 de octubre estaban ahí disponibles para ser historiados e interrogados. Sea porque en la posmodernidad todo lo sólido se desvanece en el aire, o porque vivimos en una sociedad mucho más desarticulada e inestable, la memoria de los argentinos hace tiempo que ha perdido ese respeto y decoro ante los acontecimientos. Está tan acostumbrada a la invención oportunista de justificaciones retrospectivas del presente, que nada la sorprende, ni logra recordar siquiera aproximadamente lo que vivió, ni por qué. Recordar, en este contexto, nos obliga ante todo a despejar una maraña de memorias mistificadoras, que ya no es fácil saber cuándo, quiénes ni para qué echaron a rodar.

Sigamos entonces con la analogía. Otra diferencia que salta a la luz es que mientras los obreros del 45 descubrieron una potencia política que no conocían, al movilizarse para defender algo que estimaron valioso y temían perder, sus “conquistas sociales”, los argentinos que a partir de diciembre de 2001 salieron a la calle estuvieron de principio a fin dominados por la impotencia: lo más que atinaban a hacer era repudiar a quienes con el corralito, después la devaluación y al final la pesificación, aparecían como responsables de birlarles uno a uno sus derechos y garantías de supervivencia. No llama la atención, por tanto, que no hubiera nada de aquella fiesta y comunión de las “patas en las fuentes” en los cacerolazos y piquetes de 2001. Hubo sí reconocimiento entre damnificados, pero sobre todo bronca y desesperanza. Y así seguiría siendo hasta que los sucesivos gobiernos se cansaron de dar malas noticias.

El segundo dato peculiar de aquellos sucesos es lo contradictorio de las demandas que se coreaban en las calles. Mientras que en el 45 era claro lo que querían los manifestantes, restablecer a Perón para que siguiera gobernando para ellos, y eso se convertiría pronto y fácilmente en un programa de acción, en 2001 no había forma de convertir lo que se escuchaba en la calle en fuente de inspiración de un curso de gobierno: ¿había que preservar el uno a uno pero terminar con el ajuste y el desempleo?, ¿pagarle a los ahorristas y perdonar a los deudores?, ¿salvar a los bancos pero también a las industrias y comercios, dar empleo y evitar la inflación, todo junto y armoniosamente?

La “verdad” de diciembre de 2001 tal vez sea que nunca la sociedad estuvo tan perdida en sus contradicciones y laberintos, ni había sido tan impotente para influir en la toma de decisiones, y si logró algo que pareció aun más espectacular que restablecer a un secretario de Trabajo, echar a De la Rúa y Cavallo, fue en gran medida porque a esa altura eran lo más delgado del hilo del poder, porque el resto de la clase política estaba necesitando culpables para descargar los pasivos acumulados, y porque así el estado y sus ocupantes lograrían finalmente autonomizarse de esas inatendibles demandas sociales.

Esta es tal vez la mayor paradoja del 2001: el climax de los movimientos sociales y de la protesta, de la democracia en la calle, fue una liberación, pero no tanto de la sociedad frente a una clase política envejecida e ineficaz, o de la economía argentina respecto a las imposiciones del FMI, como de los gobernantes respecto a los gobernados: en aun mayor medida que en 1989, al calor de la crisis se asignarían cargas masivas a amplísimos grupos sociales, sin mayor preocupación por los derechos afectados, con lo que ello tuvo de bueno, el fortalecimiento de ese estado como instrumento de gobierno y la más o menos rápida estabilización, y de malo, un 55 % de pobres y la ruptura de todo tipo de contratos y derechos adquiridos.

Así, lo que la salida de la convertibilidad habilitó, y hoy es tan difícil recordar, fue un ajuste mucho mayor a todos los intentados para preservarla. Con los lemas de la producción y la soberanía se aplicaría el único programa ortodoxo sostenido y exitoso de la historia argentina reciente, los salarios, las jubilaciones y demás gastos quedaron por largo tiempo e inéditamente deprimidos, proveyendo superávit a las cuentas nacionales y a las empresas de amplios márgenes de rentabilidad, saneando las finanzas públicas y privadas, y asegurando un tipo de cambio competitivo con una inflación, al menos por unos años, declinante. Que esas fechas sean recordadas como el fin del imperio del neoliberalismo y demás ismos culpables de nuestras desgracias no deja de ser, además de llamativo, útil: como con el diablo, su dominio se afirma cuando todos creen que no existe.

Hay que destacar, además, que ese éxito conquistado por el estado nacional sería más duradero que el ajuste que lo habilitó. Si los sucesos de 2001 pudieron poco después ser reinterpretados radicalmente, y de la mayor de las desgracias pasaron a ser el liberador inicio de un país mejor, fue gracias a la inesperada y veloz recuperación económica que les siguió, en gran medida resultado de esa novel capacidad de control desde el estado, que le permitiría aprovechar un viento de cola que se prolongaría hasta hoy.

Así, gracias a este crecimiento, diciembre de 2001 se convertiría en lo que es hoy, la fuente de inspiración del “nuevo modelo”, el de un estado que si bien hasta a él mismo lo ruborizaría llamarse benefactor, puede con orgullo llamarse gastador, pues distribuye ya no costos sino todo tipo de recursos, con amplia discrecionalidad, a una sociedad mayormente pasiva y conformista. Lo que nos deja finalmente de cara a lo que perdura en el presente de aquellos acontecimientos: lo que se creó una década atrás no fue una sociedad más activa, políticamente más madura y articulada, ni una economía más equitativa, fue un órgano de poder más eficaz para ponerlas en vereda. Este estado fortalecido, más reducido que el estado peronista parido por el 17 de octubre de 1945, pero mucho más poderoso que el que había tenido que lidiar con los problemas resultantes de su larga decadencia, permitiría otra transformación que signa los tiempos que vivimos: cuando el estado pudo volver a engordar y a ampliar sus funciones, se completaría la “estatización del peronismo”, su reorganización disciplinada desde el vértice para transformarlo en un eficaz instrumento de mando. No es tanto la sociedad argentina como los titulares de ese poder los que tienen, por ello, tanto que agradecerle a aquellas históricas jornadas.

¿Cuál es, en resumen, la verdad de nuestro tiempo que anida en los sucesos de diciembre de 2001? Si lo que en ellos se pretende evocar es el nacimiento de una democracia más auténtica, liberada de políticos oligárquicos y anquilosados, o una mejor economía, porque dejamos atrás el neoliberalismo y el ajuste, hay que decir que, más que a la comprensión, esa memoria contribuye a la mistificación del presente. Pero atención: más que un simple error o un engaño, en ello se revela precisamente la clave opaca de nuestra época: la de un ejercicio del poder que vela sistemáticamente su origen y condiciones de existencia, gracias a relatos justificatorios que logran echar raíz en las conciencias.

publicado en La Nacion el domingo 18 de diciembre de 2011.

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El político y el científico, bajo el kircnherismo http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/16/el-politico-y-el-cientifico-bajo-el-kircnherismo/ http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/16/el-politico-y-el-cientifico-bajo-el-kircnherismo/#comments Fri, 16 Dec 2011 16:09:15 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1921

Una cosa llevó a la otra. Como un número creciente de investigadores y centros de estudios en ciencias sociales criticó durante las últimas semanas la creación del Instituto del Revisionismo histórico, y sobre todo los argumentos sectarios y ultranacionalistas utilizados por la presidente en el decreto correspondiente para justificarlo y darle aliento “nacional y popular”, un funcionario de Conicet no tuvo mejor idea que imitar lo que vio tantas veces hacer a sus jefes y subió la apuesta: prohibió a los investigadores e institutos que integran ese organismo de ciencia y técnica que comprometan la “unidad de discurso” del mismo, o que con las opiniones que dan a conocer en los medios lo involucren en posiciones que no son las suyas.

 Quienes trabajamos en el Conicet hasta aquí desconocíamos que nuestro empleador, el estado, tuviera entre sus tareas tomar posición sobre ningún asunto sustantivo en discusión en las ciencias, tanto sociales como duras, mucho menos defender públicamente esa posición como la correcta. Sería bueno que el funcionario en cuestión, y el resto de las autoridades del organismo y del gobierno,usaran su “unidad de discurso” para hacer públicas esas “posiciones institucionales” sobre asuntos que nos tienen a mal traer, por ejemplo, cuál hubiera sido el resultado deseable de la batalla de Caseros para la modernización del país, qué tendría que haber hecho Perón para evitar el golpe del 55, o cuál es el nivel de inflación y cuáles sus costos y beneficios en la Argentina actual.

La cosa podría quedar ahí. Pero el episodio no es el mero fruto de la inventiva de un funcionario que habría actuado tan descarriadamente como los opinadores molestos que quiso meter en caja. Porque afecta un asunto que ha sido central tanto en la primera gestión de Cristina Kirchner, como en su reciente campaña electoral: la identificación de su liderazgo con el avance de la ciencia, la innovación tecnológica, el pensamiento crítico y otras formas de conocimiento aplicadas al progreso de la sociedad. Y porque remite a una historia de desencuentros y conflictos entre los gobiernos peronistas y la libertad de pensamiento, tanto en la esfera pública y los medios, en el terreno general de las opiniones, como en particular en los centros de estudio y de investigación.

 ¿Cómo es que después de haber creado el Ministerio de Ciencia y Tecnología, de haber puesto al frente del mismo a un reputado investigador como Lino Barañao y haberle entregado año a año cuantiosos recursos para invertir en el desarrollo de todas las formas del conocimiento científico, después de haber construido Tecnópolis como ícono de la Argentina que se viene y de haber promocionado a los jóvenes investigadores del Conicet como protagonistas estelares de ella, se mete tan abrupta e innecesariamente en conflictos de este tenor? ¿Es que el alma populista del gobierno no puede con su genio y vuelve a los viejos hábitos de la “conciencia nacional” y la unidad orgánica entre el pueblo y sus intelectuales? ¿O es que en las ciencias sociales aun anidan resabios de un pensamiento reaccionario y antinacional, en camarillas que se reproducen con la excusa tramposa del “prestigio internacional” y los “estándares de calidad académica”, camarillas que por suerte en las ciencias duras no existen y que será preciso erradicar con algún tipo de intervención punitiva, para que por fin el “pensamiento crítico” florezca también en ellas?

 La alianza con las ciencias duras es un logro notable del gobierno a este respecto, pero parece no ser suficiente. Desde hace tiempo que se observa en los organismos de altos estudios y de ciencia y técnica una sutil coincidencia. Los funcionarios kirchneristas que en ellos actúan defienden la tesis de que lo que se dice en ciencias sociales está siempre determinado por las preferencias ideológicas y políticas de quien habla. De lo que concluyen que no es posible establecer parámetros objetivos o internacionales de evaluación: evaluar es en ese terreno siempre e inevitablemente dirimir entre intereses y fines políticos en pugna. Igual que en los medios, no hay profesionalismo que valga, hay militantes, intelectuales más o menos orgánicos, es decir más o menos disimulados, de una causa o de la otra, del bien o del mal. No son pocos los profesionales de ciencias duras que llegan a una conclusión similar cuando distinguen sus disciplinas de las de sus “pares” sociales: también para ellos la llamada ciencia social no es tal, porque carece del rigor, la objetividad y los métodos que le han permitido a los científicos alejarse de la metafísica y las creencias; así que ¿por qué molestarse si se imponen criterios localistas o abiertamente políticos para juzgar lo que en esos terrenos se financia o se rechaza?; si no es más que literatura, y sobre gustos no hay nada escrito, ¿qué otra cosa se podría hacer? El problema que esta convergencia encuentra es que, afortunadamente, en el Conicet y otros pocos ámbitos locales más o menos rigurosos de trabajo científico las ciencias sociales han avanzado en las últimas décadas en la incorporación de estándares internacionales y muy formalizados de evaluación de los rendimientos y capacidades. Y resulta muy difícil convencer a los investigadores involucrados de que renuncien a ello y vuelvan para atrás. Porque es claro que de hacerlo no sólo resultaría un sometimiento al discurso que ejerce circunstancialmente el poder, sino la destrucción de las bases mismas que hacen posible su práctica profesional.

 Un gobierno menos devoto de las banderas del progresismo y los oropeles intelectuales podría conformarse con el consenso que ya ha ganado entre los investigadores en ciencias duras; finalmente los que más pueden aportar a su apuesta por una modernización económica promovida desde el estado, y olvidarse de los científicos sociales, dejando que languidezcan en sus cenáculos académicos, incluso tolerando que batan el parche con sus objeciones y remilgos liberales en los medios que aun estén dispuestos a darles cabida. Era lo que hacía el PRI en sus años de gloria: dejaba en paz y hasta aceptaba financiar cierto pluralismo intelectual, sabiendo que hacerlo en alguna medida lo legitimaba como “democracia” y ese pluralismo sería siempre menos peligroso que el que podrían protagonizar sindicalistas, empresarios o gobernadores, a los que no se les toleraba, por tanto, tanta disidencia.

 Pero para el kirchnerismo, y en particular para el cristinismo, esto parece ser intolerable y totalmente inconveniente. Tal vez porque confía, con buen criterio, mucho menos que los priístas en la perdurabilidad de su control del estado. Así que quiere tener razón y quiere tenerla aquí y ahora, no cuando acabe el debate académico sobre su tiempo. Y quiere además y por sobre todo que le den la razón los intelectuales progresistas. Para lo cual, visto que no puede convencerlos, parece haber asumido que deberá reemplazarlos. Allí, más que en el panteón de héroes nacionales, es donde el gobierno está queriendo ejecutar un recambio de nombres radical e irreversible: de lo que se trata no es de destronar a Sarmiento y a Mitre, sino a Tulio Halperín Donghi, a los Romero, a Guillermo O´Donnell y a Beatriz Sarlo, para poner en su lugar a los amigos. Esa es la idea, y para instrumentarla no se escatimarán esfuerzos.

 La comunidad científica en su totalidad, y también la sociedad, deberían estar atentas a lo que en ello está en juego. Ningún país del mundo que haya acallado a sus científicos, sean los sociales, los blandos o los duros, logró evitar la deriva autoritaria. Eventualmente puede seguir creciendo su economía, como en su momento logró México, como logra ahora China: para hacer negocios no hace falta libertad de pensamiento. Y bien puede hacerse de héroes del saber nacional, como los tenía la rusa soviética. Pero no conquistará ni el progreso ni el desarrollo. Lo que la ciencia social y la democracia tienen finalmente en común es que ambas necesitan de un mínimo de liberalismo político para sobrevivir y desarrollarse. No es ni más ni menos que eso lo que está entre nosotros en cuestión.

Publicado en TN.com.ar, el domingo 11 de diciembre de 2011.

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Ultimos lugares para el Seminario “A 10 años del colapso de la convertibilidad” http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/14/ultimos-lugares-para-el-seminario-a-10-anos-del-colapso-de-la-convertibilidad/ http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/14/ultimos-lugares-para-el-seminario-a-10-anos-del-colapso-de-la-convertibilidad/#comments Wed, 14 Dec 2011 12:52:07 +0000 El Agente de CIPOL http://www.politica.com.ar/blog/?p=1913 Quedan unos pocos lugares disponibles para completar la capacidad de la Sala Alberto Williams del Centro Cultural Borges, lugar donde se desarrollará mañana jueves 15 de diciembre el Seminario ”A 10 años del colapso de la convertibilidad”. .

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10 años de convertibilidad, 10 años después http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/12/10-anos-de-convertibilidad-10-anos-despues/ http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/12/10-anos-de-convertibilidad-10-anos-despues/#comments Mon, 12 Dec 2011 12:15:08 +0000 El Agente de CIPOL http://www.politica.com.ar/blog/?p=1895 por Eduardo Levy Yeyati

Hace exactamente 10 años aparecía en la Revista de Análisis Económico 10 años de convertibilidad: La experiencia argentina, un estudio comisionado por FIEL a principios de 2001 para una conferencia que pretendía presentar en sociedad el programa de economía de largo plazo de un Ricardo López Murphy que se probaba el sillón de Machinea (conferencia que, ilustración cabal del montaje de videoclip de la película de la crisis, se realizaría meses después del fugaz paso de López Murphy por Economía).

En aquel estudio, se planteaba que la convertibilidad se había predicado en base a tres promesas fundamentales: estabilidad de precios, mayor inversión y crecimiento, y disciplina fiscal (bajo el supuesto de que, en ausencia del financiamiento del BCRA, el mercado no prestaría más allá de niveles sostenibles).

Al cabo de una década, el tanteador marcaba 1-2 en contra. El uno a uno había contribuido a reducir la inflación (aunque en esos años otros países inflacionarios obtenían resultados comparables sin fijar el tipo de cambio). Pero, tal y como lo indica la teoría económica, lo había hecho a expensas de la estabilidad del producto, introduciendo subas más pronunciadas en la bonanza y caídas más profundas en las penurias (aún en una ventana que excluía el fatídico 2001), y con un record de crecimiento que se veía bien en el pico del 97 pero que, tomando la totalidad del ciclo, no excedía el promedio de nuestros vecinos.

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Por otro lado, había escasa evidencia de disciplina fiscal. Cuando el plan Brady convirtió la deuda con bancos internacionales heredada de la crisis de los 80 en bonos Brady, creando los mercados emergentes, el acreedor disciplinador pasó de unos pocos bancos a miles de pequeños bonistas ansiosos por jugar a ganador prestando a los países en tiempos de crecimiento –convencidos de que siempre habría tiempo de sacarse el clavo de encima cuando el ciclo revirtiera. De ahí que el país, en lugar de ahorrar para los días lluviosos, volviera a endeudarse en dólares en los años buenos repitiendo el guión setentista.

El trabajo incluía un análisis de la propuesta de canasta de monedas (a mi juicio, un piloto de la flotación administrada) y el escenario de flotación tradicional (para el que consideraba inevitable la pesificación de pasivos).

¿Qué más aprendimos desde entonces?

Primero, que la convertibilidad no garantizó siquiera la disciplina monetaria. Ahogados por la iliquidez extrema del ajuste automático ante corrida (el BCRA retiraba un peso por cada dólar vendido) y por las necesidades fiscales, el tesoro nacional sumó su propia moneda, el LECOP, al colorido menú de monedas provinciales. Más en general, las llamadas cuasi monedas ilustraron la inutilidad de una regla (o una ley) sin un trasfondo de realismo –otros ejemplos cercanos: la ley de intangibilidad de depósitos, la ley de déficit cero, o los contratos de privatización con tarifas de servicios dolarizadas. Al final, vale más vale tomar riesgos que atarse las manos. Estuvimos tres años hundiéndonos amarrados al mástil de la convertibilidad, y nos llevó apenas seis meses (el primer semestre de 2002) recuperar el crecimiento.

 ¿Qué más aprendimos? Parafraseando (e invirtiendo) a Tolstoi podría decirse que, más allá de aspectos idiosincráticos (en nuestro caso, falta de liderazgo político, caída de términos de intercambio, indiferencia del FMI), todos las crisis emergentes fueron similares: todas fueron, en su esencia, crisis de moneda o, más precisamente, crisis de deuda dolarizada. Es por esto que hoy, tras la desdolarización de la deuda, sea imposible pensar en una nueva crisis noventista. Es en este sentido que la analogía argentina se aplica a la crisis de la Europa periférica que, en tanto el Banco Central Europeo los trate como países independientes, sufre el karma de una deuda en moneda “extranjera” (esto es, una moneda que no puede emitir a discreción).

¿Qué más?

Que de una crisis no se sale sólo con devaluación. En perspectiva, fue el combo dólar alto-pesificación con su efecto de licuación de deuda y transferencia regresiva de riqueza el que terminó siendo, paradójicamente, el motor principal de la recuperación de la actividad y del empleo, y un pilar impensado del crecimiento inclusivo.

Que el riesgo moral que nos enrostraba el FMI para condicionar sus préstamos no lo sufrían los trabajadores estadounidenses (como gustaba decir el Secretario del Tesoro de los EEUU Paul O`Neill) sino los trabajadores argentinos que veían cómo un gobierno a la espera del milagro ganaba (es decir, perdía) tiempo con la ayuda del Fondo, reemplazando deuda defaulteable con privados con deuda indefaulteable con el FMI y encareciendo el saldo socioeconómico y financiero de la crisis.

Que un país siempre es dueño de su destino (a pesar de quienes proponían someternos a un protectorado de sabios internacionales) y que la historia no se repite porque los políticos aprenden de las crisis. En este caso, promoviendo la desdolarización de la deuda y perdiéndole el miedo a la flotación (aunque, en este último frente, la memoria o la audacia a veces flaqueen).

 Que el estudio de la economía tiene sentido. El manejo de la política monetaria con la que en 2002 evitamos la hiperinflación es consistente con el diagnóstico expresado en el trabajo citado, que a su vez toma prestado de las referencias académicas allí mencionadas. En las crisis, el relato tribunero, fundacional y crítico, contribuye a la catarsis colectiva (basta leer aquellos coloridos debates sobre el futuro del peso y del sistema financiero) pero poco aporta a la gestión. El capitalismo no acabó entonces como no acabará ahora (en el mejor de los casos, tomará nota de los errores y ganará en realismo).

 Hay más. La crisis de la convertibilidad reveló lecciones latentes en el ámbito político (la fragilidad de las alianzas tácticas, la distancia entre retórica y gestión, la inanidad del “que se vayan todos”) y sociales (la exposición de los hogares pobres, la importancia de una red de protección social, la tendencia miope del votante –y, en consecuencia, del político– a la complacencia continuista). El colapso del uno a uno seguirá dando que hablar. Pero diez años es tiempo suficiente para despedirnos del trauma.

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El gabinete de la incertidumbre http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/09/el-gabinete-de-la-incertidumbre/ http://www.politica.com.ar/blog/2011/12/09/el-gabinete-de-la-incertidumbre/#comments Fri, 09 Dec 2011 17:55:28 +0000 Marcos Novaro http://www.politica.com.ar/blog/?p=1891 Acabó la incertidumbre del gabinete. Lo que sigue es el gabinete de la incertidumbre. En la Argentina que Cristina Kirchner quiere para nosotros hay solo una persona que toma decisiones importantes y es ella. Además, como consulta con muy pocos y siempre en círculos cuidadosamente tabicados a la vista del público, es la única que sabe lo que va a pasar. El método recuerda un decálogo que Menem confesó alguna vez haber seguido en sus dos mandatos (“reunía toda la información, la mantenía en secreto y actuaba por sorpresa”), pero que, en verdad, en su caso resultaba una vanidosa exageración: entonces había ministros fuertes, reuniones de gabinete, mesa de gobernadores, internas partidarias y unas cuantas cosas más que hace tiempo no existen. Ni existirán en los tiempos que vienen.

Paradójicamente, uno de los últimos en enterarse de que estas son las condiciones reinantes resultó quien llegó a considerarse primero entre los beneficiarios de la nueva etapa y el más posible sucesor de Cristina: bastaron un par de episodios banales antes incluso de que asumiera su nuevo cargo, una disidencia inoportunamente filtrada a la prensa, una ceremonia intrascendente en Puerto Madero, para que Boudou se desayunara que la regla de oro del kirchnerismo sigue siendo que el poder no se comparte.

La incertidumbre asociada al “modelo”, en el ínterin, debió quedarles bien en claro a los industriales, grupo invitado a incrementar sus beneficios pero al que se mantendrá hasta último momento en la ignorancia respecto al cuánto y al cómo. En la conferencia de la UIA Cristina les dio una buena noticia, que no apoyará una ley para limitar las transferencias de utilidades al exterior, acompañada de varias malas: que lo que cada empresa podrá transferir se resolverá caso por caso, según lo que esté dispuesta a invertir y lo que el gobierno considere justificado, y que los controles sobre el dólar seguirán. Es el método Moreno que se extiende, devorando reglas y precios porque él no pone nada por escrito y todo puede cambiar en cualquier momento.

También caso por caso se está resolviendo el retiro de los subsidios a los servicios. La incertidumbre respecto a cuánto deberán pagar los usuarios, y desde cuándo, domina el ambiente. Boudou y De Vido acusan a los medios independientes de llevar malos augurios a los hogares. Pero lo cierto es que, en este terreno igual que en el del dólar son ellos los que más preocupación han generado, aplicando una selectividad que, si bien hasta aquí se orienta con criterios redistributivos, lo que más cultiva es la discrecionalidad asignativa.

En este contexto no debe sorprender el secretismo con que se manejó la cuestión del gabinete. La clave en este asunto, sin embargo, está bien a la vista: y es que los nombres mucho no cuentan, porque las cosas se seguirán manejando con un método que los devalúa. Los cambios son marginales, no habrá superministros y la coordinación seguirá ausente. Detrás de Cristina todos son y serán actores de reparto, que le reportan sólo a ella y cuyas destrezas técnicas y opiniones no importan, lo que importa es su disposición a ir para un lado o el otro según lo que en cada momento la presidente disponga. De lo que ellos se desayunarán con escasa ventaja respecto al resto de los gobernados, o ninguna.

Gobernar la incertidumbre ha sido siempre una máxima influyente en la política peronista. Que contempla no sólo manejar la incertidumbre que existe, sino en alguna medida crear más desde el poder: así se amplían sus márgenes de libertad y se vuelve a todos dependientes de su voluntad. Pero se sabe por experiencia que el método funciona cuando el gobierno tiene buenas noticias para dar, y no tanto cuando las novedades que por sorpresa comunica son malas.

El problema que tiene por delante el gobierno es, para colmo, aun más complejo que el de dar malas noticias: tiene que lidiar con actores celosos de su autonomía, como son los dueños del capital y los gremialistas, para incrementar la tasa de inversión, si no quiere que la economía tambalee, ahora que el aliento al consumo ya no basta. La gran pregunta es si podrá convencer a los empresarios que inviertan en un contexto marcado por la incertidumbre y por una discrecionalidad gubernamental que no deja de alimentarla.

Mostrarse duro con los gremios y amistoso caso por caso con los empresarios difícilmente alcance. Por regla general, hay una relación inversa entre la extensión de tiempo que los empresarios calculan necesitan para recuperar sus inversiones y la incertidumbre sobre el futuro: de allí que, cuando esta impera, sólo se invierte en actividades con altas ganancias de corto plazo. En Argentina, por décadas, la inestabilidad de los gobiernos y la desconfianza hacia su capacidad de dar continuidad a sus políticas fueron las principales fuentes de incertidumbre, y las que acortaron en consecuencia los horizontes de tiempo con que actuó el empresariado. Hoy el problema parece ser el opuesto: nace de la gran estabilidad conquistada por una elite de gobierno que se esmeró y sigue esmerando en dejar en claro que todo depende de su voluntad, porque ella puede dar o quitarlo todo. Ojalá Cristina comprenda que más que declaraciones rimbombantes para ganar aplausos, más que funcionarios leales y unidad de mando, más que otra vuelta de rosca al capitalismo de amigos, lo que necesita en este momento es abdicar de algo del poder construido porque, aunque suene paradójico, él se está volviendo el principal obstáculo para que su segundo mandato sea exitoso.

Publicado en Clarin el 8 de diciembre de 2011

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