Destituyentes eran los de antes

Desde mediados del mes de mayo, un nutrido grupo de hombres y mujeres de la cultura ligados al kirchnerismo han dado a conocer al país una serie de cartas abiertas en las que fijan su posición sobre diversos temas de la vida nacional.

En principio, corresponde saludar la decisión auspiciosa de aquellos que intentan promover un espacio que aliente la «democratización, profundización y renovación del campo de los grandes debates públicos». Sobre todo cuando se parte de reconocer que la «relación entre la realidad política y el mundo intelectual no ha sido especialmente alentada desde el gobierno nacional», y que las «políticas estatales no han considerado la importancia, complejidad y carácter político que tiene la producción cultural». Además, estas intervenciones se ensayan desde un lugar con el que me considero identificado; un lugar que busca reabrir las relaciones entre «política, Estado, democracia y conflicto como núcleo de una sociedad que desea avanzar hacia horizontes de más justicia y mayor equidad». Por las dudas, yo le agregaría más «libertad» en la fórmula, pero la mención posterior a «construir una política… que tenga como horizonte lo político emancipatorio» vuelve a convencerme del rumbo compartido.

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