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	<title>El agente de CIPOL &#187; Instituciones Politicas</title>
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	<description>Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org)</description>
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		<title>El silencio en medio del ruido</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2008 12:06:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Waverly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Paro Agropecuario]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Económica]]></category>
		<category><![CDATA[Coaliciones Políticas]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno]]></category>
		<category><![CDATA[gobierno K]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno de los efectos más deletéreos del conflicto entre el gobierno nacional y los ruralistas ha sido la desaparición del debate acerca de la política económica. La discusión de los problemas económicos del país y de las alternativas para su resolución ha sido sustituida por las tomas de posición en el conflicto – a favor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span lang="ES-AR">Uno de los efectos más deletéreos del conflicto entre el gobierno nacional y los ruralistas ha sido la desaparición del debate acerca de la política económica. La discusión de los problemas económicos del país y de las alternativas para su resolución ha sido sustituida por las tomas de posición en el conflicto – a favor o en contra de alguna de las partes. Esta sustitución es doblemente negativa: desplaza de la escena la reflexión sobre las causas fundamentales del conflicto y sus eventuales soluciones, y lo hace en nombre de una crítica política de la técnica que apunta, al fin y al cabo, a reemplazar la técnica por la política. Según esa crítica, formulada por quienes prefieren tomar posiciones, la elección de cualquier opción disponible dependerá de cuál sea la posición que triunfe en el conflicto. En ese sentido, la discusión de alternativas de política económica constituye un ejercicio de despolitización que, observado desde cualquiera de las posiciones, tiene como objetivo sibilino el debilitamiento de alguna de las fuerzas en pugna.</span></p>
<p class="MsoNormal"> <span lang="ES-AR">Este argumento, que conduce a priorizar el ruido de las declaraciones altisonantes a la serena reflexión sobre los problemas, sólo contribuye a agravar las dificultades que se intenta colocar como secundarias. Ello por al menos tres razones. La primera, que por intensamente que se pretenda desde el discurso oficial, el conflicto entre el gobierno y los ruralistas no pone en suspenso ninguno de los efectos reales de los problemas económicos preexistentes. La segunda, que dada la duración y la profundidad del conflicto, ya no sólo los segmentos económicamente mejor informados sino también la población en general están conscientes de que los problemas económicos preexistentes mantienen plenamente su vigencia. La tercera, que cualquiera sea el resultado del conflicto, el gobierno deberá encarar esos problemas con recursos políticos disminuidos y ante una población con peores expectativas sobre la marcha de la economía.</span></p>
<p class="MsoNormal"> <span lang="ES-AR">Existe, además, una cuarta razón por la cual debe condenarse la sustitución de la discusión de políticas por la confrontación de posiciones. Esa sustitución es tributaria de una concepción romántica de la acción política por la cual las decisiones de los actores – y en especial de los gobernantes – deben ser guiadas por una estética de la épica antes que por una pragmática del poder y su supervivencia. Para esa estética de la épica, que hoy lleva el nombre, del lado gubernamental, de “lucha del gobierno popular contra la oligarquía por la redistribución del ingreso” y del lado ruralista de “defensa de la producción y de la forma de vida chacarera”, la política es confrontación de posiciones; la confrontación sólo puede terminar con la aniquilación del enemigo; y en pos de ese objetivo ningún costo debe ser evitado. Operando desde esa visión, cualquier retroceso en la radicalización de las posiciones en pugna no puede sino ser percibido como una derrota. En esa concepción romántica de la acción política, la discusión de alternativas de política económica es antipolítico porque debatir sobre temas que no abonen esa radicalización sólo detrae esfuerzos de la madre de todas las batallas. Pero ocurre que la política, en una democracia, no es guerra – porque todos los actores saben que el juego de la competencia electoral no tiene fin y, por consiguiente, deben preservarse para enfrentarlo en mejores condiciones en el futuro. La política democrática exige una pragmática orientada no sólo a la propia supervivencia, sino también a la de los adversarios en diferencia con los cuales se construye la propia identidad y se deciden los propios cursos de acción.</span></p>
<p class="MsoNormal"> <span lang="ES-AR">La discusión de alternativas de política es el tipo de debate más consistente con la forma democrática de la política. Esa discusión no es, como pretenden los esteticistas de la épica, mero tecnicismo, sustracción, despolitización. Discutir opciones de política económica para enfrentar la inflación es discutir, lisa y llanamente, política: quién obtiene qué, cómo, a costa de quién, por cuánto tiempo. Es discutir decisiones que afectan relaciones de poder: quiénes se perjudican y por ende son susceptibles de enfrentar al gobierno, quiénes se benefician y por ende son susceptibles de apoyarlo. Es discutir decisiones orientadas a manejar el poder: cómo conservar, ampliar o reconstituir la propia coalición de apoyo y minar la de los adversarios. Pero es discutirlo bajo el supuesto de que tanto las fuerzas que apoyan al gobierno como las fuerzas que se le oponen estarán ahí mañana, representando e intentando representar demandas e intereses irreductibles a la generalización de la confrontación épica. </span></p>
<p class="MsoNormal"> <span lang="ES-AR">Yendo, pues, al grano, cabe nomás enumerar algunas de las alternativas cuya discusión está obturada por el conflicto y por su estatización. ¿En qué consiste el problema de inflación que hoy padece Argentina? ¿Cuál es el modo más adecuado de enfrentarlo? ¿Qué coalición socioeconómica es necesaria para avanzar en esa dirección de política económica? ¿Es viable para el gobierno construir y mantener esa coalición?</span></p>
<p class="MsoNormal"> <span lang="ES-AR">En este punto, la estética de la épica que informa el discurso oficial sólo puede hacer silencio. Porque admitir que la inflación es un problema y que es necesario implementar un plan de estabilización equivale a admitir que “la lucha del gobierno popular contra la oligarquía por la redistribución del ingreso” debe ser puesta en suspenso. Porque discutir la naturaleza de ese plan de estabilización implica admitir que el gobierno probablemente deba tomar decisiones de política contrarias al pretendido objetivo redistributivo. Porque aun cuando no se tomaran decisiones en ese sentido, diseñar y aplicar un plan de estabilización implica diseñar y empeñarse en construir una coalición para sostenerlo que necesariamente ha de involucrar a algunos de los actores socioeconómicos dominantes a los que se ha venido antagonizando recientemente. Porque, en fin, responder a las preguntas que el discurso épico de la confrontación ha condenado al silencio implica tener que sustituir esa forma de acción política por otra menos glamorosa, más gris, que no promete el paraíso de la vida entre iguales sino el purgatorio de la convivencia con los diferentes. Una forma de acción llamada gobernar, en una democracia, en una sociedad compleja – restricciones ineludibles que reclaman dejar de lado la agitación estéril, abandonar el mezquino vicio de querer tener razón, y concentrarse en tratar de realizar lo que es posible.</span></p>
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		<title>Los argentinos frente a la incompetencia política</title>
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		<pubDate>Tue, 13 May 2008 15:18:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Faccionalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno]]></category>
		<category><![CDATA[Instituciones Politicas]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Politicos]]></category>
		<category><![CDATA[Representación]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos los esfuerzos que hace un tiempo debíamos hacer para explicar los problemas que subyacen desde hace mucho tiempo en la política argentina en términos de sus mecanismos y procesos de representación política -que el éxito del kirchnerismo, si bien no había resuelto, mantenía en alguna medida velados- se fueron a la basura. Porque los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los esfuerzos que hace un tiempo debíamos hacer para explicar los problemas que subyacen desde hace mucho tiempo en la política argentina en términos de sus mecanismos y procesos de representación política -que el éxito del kirchnerismo, si bien no había resuelto, mantenía en alguna medida velados- se fueron a la basura. Porque los problema no subyacen ya, se pasean muy orondos por la calle. La pretendida astucia de señalamientos sobre las dificultades existentes detrás y en los márgenes y resquicios de un orden aparentemente triunfante, se ha transformado en una búsqueda desesperada de razones de un nuevo y tal vez más difícil de explicar y justificar que nunca, fracaso argentino.</p>
<p>No podemos pasar de largo ni tratar ligeramente esta recurrente frustración política y con la política que nos es tan propia, y de la cual la situación actual creo es un nuevo y revelador episodio.</p>
<p>La indisposición a pensar el problema se revela muchas veces en la adopción de fórmulas convencionales que sólo en apariencia lo explican: los políticos argentinos son un desastre, los argentinos no tenemos educación, o cosas por el estilo que pueden servir tanto para una de cal o para una de arena.</p>
<p>Aunque por cierto una consideración general hay que hacer: no puede desmentirse ya que recurrentes traspiés políticos hablan bastante mal de nosotros. En mi opinión, revelan que los argentinos y nuestras instituciones padecemos de una considerable incompetencia política. De ella hay que dar cuenta para comenzar a hablar de política argentina, de reformas políticas posibles, es decir, de vías para remediarla. Y una mirada sobre la historia política y en particular la historia reciente es necesaria. Porque otra cuestión bastante evidente que debemos asumir es que la democracia, por el simple paso del tiempo, no está mostrando poder resolver esa incapacidad política. Ya echarle la culpa al pasado remoto, incluso a la última dictadura, después de 25 años de gobiernos democráticos, elecciones y prensa libre es un poco difícil.</p>
<p>Recordemos a este respecto que la democracia no es sólo un método para que se exprese el pueblo, como muchas veces se ha señalado, es además un mecanismo para que él se eduque políticamente, es decir para que nos gobierne no sólo el mayor número sino la virtud, o al menos, tendencialmente, darle la mayor cabida posible al progreso y el predominio de las virtudes sobre los vicios. Y pareciera que entre nosotros no está dando el resultado esperado, al menos no todo el que quisiéramos.</p>
<p>Al respecto un chiste que seguramente ustedes conozcan, y me adelanto, creo que es injusto, puede ser, alterado en sus términos, revelador del problema general al que me estoy refiriendo: el chiste dice que Dios dio a los argentinos tres virtudes, ser peronistas, inteligentes y honestos, pero nos jorobó porque cada uno sólo puede tener dos de ellas. Una expresión de extremo antiperonismo, sin duda, aunque a mí me lo contó un peronista extremadamente inteligente. Lo cierto es que, entre nosotros, es muy escasa la disposición de la gente capaz y honesta a participar en política. A involucrarse en ella no sólo en términos de militancia o actividad partidaria, a tomar parte incluso en términos de espectador crítico, y educarse políticamente en consecuencia. Al respecto tal vez más revelador que la poca o cuestionable formación de nuestros políticos, lo sea la de nuestro periodismo.<span id="more-8"></span></p>
<p>Sin duda, la velocidad que ha adquirido el deterioro de la situación política revela la enorme fragilidad de la hegemonía previa, precisamente en el momento en que ella había alcanzado mayor alcance institucional. Nunca fue tan poderoso el kirchnerismo como cuando se desbarrancó al abismo. No es la primera vez tampoco que se ha producido esta secuencia. Aunque tal vez nunca estuvo tan claro como ahora que fue la propia acción del poder gubernamental lo que motorizó la crisis. Así, los dueños de la situación en la víspera se vuelven objeto de todo tipo de reclamos, incluso muchos de ellos convengamos que exagerados o imposibles de satisfacer, con lo que pagan por su soberbia. Pero también por serias dificultades objetivas del sistema político en cuyo marco actúan.</p>
<p>Porque convengamos en que se trata de una crisis del vértice del poder, pero también de la sociedad, las fuerzas de oposición y las mediaciones institucionales entre aquél y éstas. A este respecto hay al menos tres problemas sobre los que conviene detenerse:</p>
<p>-    En primer lugar, el carácter tendencialmente faccioso y al mismo tiempo muy fragmentado y débil de las representaciones sectoriales. Ellas padecen una seria desconexión respecto del mundo de la política partidaria, están inermes frente a la emergencia de líderes espontáneos casi imposibles de encuadrar en estrategias cooperativas y negociadas, y por tanto enfrentan serias dificultades para negociar, y para prevenir cursos de acción que generen costos para todos.<br />
-    En segundo lugar, la disposición de amplios sectores a enamorarse de este tipo de líderes espontáneos inclementes revela una escasa valoración de los mecanismos de mediación y de las soluciones transaccionales en la sociedad, y en cambio una exaltación de las estrategias no colaborativas, incluso confrontativas y oportunistas.<br />
-    Muchos espacios institucionales que debieran ser competitivos y abiertos a la auscultación pública, no lo son, y al revés, espacios que deberían preservarse de la competencia y de la visibilidad pública, en cambio, están sometidos a la lógica de la plaza y la aclamación. Para poner un ejemplo, en el Parlamento está muy mal visto que no se discuta todo en el plenario, y las comisiones, a diferencia de lo que sucede en otros países, no deciden casi nada, con lo que a los partidos les cuesta mucho negociar leyes; en cambio, hay cada vez más distritos en los que las elecciones no son competitivas, no se asegura un mínimo pluralismo en la prensa, y cada vez más decisiones sobre el manejo de recursos se toman fuera de la vista pública.</p>
<p>Aunque para bien o para mal la reciente crisis ha revelado la falsedad del apotegma según el cual “sólo los peronistas saben gobernar” (y también en alguna medida el que señala que “sólo el peronismo puede resolver los problemas que él mismo crea”), lo cierto es que la democracia argentina aún no es plenamente competitiva, y más bien ha evolucionado en los últimos años a nivel nacional en dirección contraria a serlo. La construcción de partidos, como de cualquier otra institución, es mucho más lenta y dificultosa que su destrucción. Y seguramente pasarán años hasta que se conformen fuerzas tan estables y maduras como las que con sana envidia podemos ver actúan en muchos países de la región, incluso algunos que durante demasiado tiempo quisimos mirar por encima del hombro. La construcción de partidos es, sin duda, por lo tanto, una de las cuestiones más urgentes e inescapables que tenemos por delante, y a este respecto cabe hacer un elogio de los recientes pasos adoptados desde el oficialismo: la recomposición del PJ puede significar una verdadera innovación institucional y alentar a los demás actores a invertir esfuerzos para crear organizaciones, y no simplemente para cazar los votos que el gobierno de turno pierda.</p>
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