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	<title>El agente de CIPOL &#187; Partidos Politicos</title>
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	<description>Blog del Centro de Investigaciones Políticas (www.cipol.org)</description>
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		<title>Pasión de multitudes: La formación del gobierno en Holanda</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jun 2010 19:24:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El ex-agente de Schiphol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Holanda]]></category>
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		<description><![CDATA[Para aquellos interesados en coaliciones, en sistemas partidarios, en los partidos extremos, y en sistemas electorales, las recientes elecciones holandesas y las negociaciones de las próximas semanas en torno a la formación del gobierno serán para alquilar balcones. Los resultados del miércoles pasado no han dado a ningún partido un mandato indiscutido para liderar el [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/06/17/pasion-de-multitudes-la-formacion-del-gobierno-en-holanda/' addthis:title='Pasión de multitudes: La formación del gobierno en Holanda ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para aquellos interesados en coaliciones, en sistemas partidarios, en los partidos extremos, y en sistemas electorales, las recientes elecciones holandesas y las negociaciones de las próximas semanas en torno a la formación del gobierno serán para alquilar balcones.</p>
<p>Los resultados del miércoles pasado no han dado a ningún partido un mandato indiscutido para liderar el próximo gobierno ni permiten pensar en ninguna coalición natural. Por ello deberán comenzar ahora las negociaciones entre los líderes políticos para juntar la mitad más uno de los 150 escaños parlamentarios que permitan alcanzar la mayoría necesaria para formar gobierno. El primero en intentarlo será el Partido Liberal (VVD), uno de los dos grandes ganadores de la jornada electoral. Los liberales han aprovechado la coyuntura europea para seducir a un sector importante del electorado con su tradicional discurso centrado en el recorte de impuestos y del gasto, transformándose por primera vez en su larga historia en el partido más grande del reino. Con 31 escaños, sin embargo, el Partido Liberal necesitará al menos otros dos socios para formar gobierno ¿Con quién podría hacerlo?<span id="more-595"></span></p>
<p>Aquí aparece uno de los datos más interesantes del actual sistema partidario holandés. En la terminología de Peter Mair, éste ha devenido en un sistema abierto, en el sentido de que los potenciales socios de cada uno de los partidos son ni más ni menos que todos y cada uno del resto de los partidos. Así, por estas horas afloran las más diversas combinaciones en las especulaciones de los analistas y políticos holandeses, y hasta el Partido de Izquierda Verde de los excomunistas (10 escaños) aspira a integrarse a un nuevo gobierno liderado por la centro-derecha liberal.</p>
<p><img class="alignnone" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/31/ZetelsTK2010.svg/500px-ZetelsTK2010.svg.png" alt="" width="500" height="450" /></p>
<p>El foco de atención está de todos modos en lo que pueda ocurrir con Geert Wilders y su abiertamente xenófobo Partido de la Libertad (PVV), el otro gran ganador de la elección. El PVV de Wilders ha ido bastante más allá que la mayoría de los partidos de la nueva derecha europea, llegando a reclamar la prohibición del Corán y de la inmigración musulmana sin más, y definiendo al islamismo como religión inferior. Por ésta u otras razones, lo cierto es, en todo caso, que el PVV ha subido de 9 escaños en 2006 a 24 en esta elección. Wilders, por su parte, se ha apresurado a manifestar que está listo para gobernar mientras Mark Rutte, el líder de los liberales, se ha negado a descartar a nadie como probable socio, en apenas velada alusión a una probable alianza con el PVV. La incorporación de Wilders al gobierno sería una verdadera novedad en un país signado por la moderación política y habrá que ver en tal caso si ello servirá para domesticarlo o si en cambio lo alentará a apostar por un discurso más agresivo.</p>
<p>Finalmente, es de esperar que estos resultados desaten una nueva andanada sobre el tradicional sistema electoral holandés. La proporcionalidad pura, sin piso y en distrito único, que tan bien funcionara en las primeras décadas del siglo XX para integrar a una sociedad <em>pilarizada</em> entre liberales, socialistas, católicos y protestantes, pareciera haberse transformado en un obstáculo para la formación de mayorías claras con mandato surgido de las urnas. Mientras por un lado se reproducen las pequeñas fuerzas focalizadas en reivindicaciones puntuales (por ejemplo, dos escaños para el Partido de los Animales), por el otro la formación del gobierno es crecientemente percibido como un asunto capturado por la “vieja clase política de La Haya”.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2010/06/17/pasion-de-multitudes-la-formacion-del-gobierno-en-holanda/' addthis:title='Pasión de multitudes: La formación del gobierno en Holanda ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Los argentinos frente a la incompetencia política</title>
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		<pubDate>Tue, 13 May 2008 15:18:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Faccionalismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Todos los esfuerzos que hace un tiempo debíamos hacer para explicar los problemas que subyacen desde hace mucho tiempo en la política argentina en términos de sus mecanismos y procesos de representación política -que el éxito del kirchnerismo, si bien no había resuelto, mantenía en alguna medida velados- se fueron a la basura. Porque los [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2008/05/13/los-argentinos-frente-a-la-incompetencia-politica/' addthis:title='Los argentinos frente a la incompetencia política ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los esfuerzos que hace un tiempo debíamos hacer para explicar los problemas que subyacen desde hace mucho tiempo en la política argentina en términos de sus mecanismos y procesos de representación política -que el éxito del kirchnerismo, si bien no había resuelto, mantenía en alguna medida velados- se fueron a la basura. Porque los problema no subyacen ya, se pasean muy orondos por la calle. La pretendida astucia de señalamientos sobre las dificultades existentes detrás y en los márgenes y resquicios de un orden aparentemente triunfante, se ha transformado en una búsqueda desesperada de razones de un nuevo y tal vez más difícil de explicar y justificar que nunca, fracaso argentino.</p>
<p>No podemos pasar de largo ni tratar ligeramente esta recurrente frustración política y con la política que nos es tan propia, y de la cual la situación actual creo es un nuevo y revelador episodio.</p>
<p>La indisposición a pensar el problema se revela muchas veces en la adopción de fórmulas convencionales que sólo en apariencia lo explican: los políticos argentinos son un desastre, los argentinos no tenemos educación, o cosas por el estilo que pueden servir tanto para una de cal o para una de arena.</p>
<p>Aunque por cierto una consideración general hay que hacer: no puede desmentirse ya que recurrentes traspiés políticos hablan bastante mal de nosotros. En mi opinión, revelan que los argentinos y nuestras instituciones padecemos de una considerable incompetencia política. De ella hay que dar cuenta para comenzar a hablar de política argentina, de reformas políticas posibles, es decir, de vías para remediarla. Y una mirada sobre la historia política y en particular la historia reciente es necesaria. Porque otra cuestión bastante evidente que debemos asumir es que la democracia, por el simple paso del tiempo, no está mostrando poder resolver esa incapacidad política. Ya echarle la culpa al pasado remoto, incluso a la última dictadura, después de 25 años de gobiernos democráticos, elecciones y prensa libre es un poco difícil.</p>
<p>Recordemos a este respecto que la democracia no es sólo un método para que se exprese el pueblo, como muchas veces se ha señalado, es además un mecanismo para que él se eduque políticamente, es decir para que nos gobierne no sólo el mayor número sino la virtud, o al menos, tendencialmente, darle la mayor cabida posible al progreso y el predominio de las virtudes sobre los vicios. Y pareciera que entre nosotros no está dando el resultado esperado, al menos no todo el que quisiéramos.</p>
<p>Al respecto un chiste que seguramente ustedes conozcan, y me adelanto, creo que es injusto, puede ser, alterado en sus términos, revelador del problema general al que me estoy refiriendo: el chiste dice que Dios dio a los argentinos tres virtudes, ser peronistas, inteligentes y honestos, pero nos jorobó porque cada uno sólo puede tener dos de ellas. Una expresión de extremo antiperonismo, sin duda, aunque a mí me lo contó un peronista extremadamente inteligente. Lo cierto es que, entre nosotros, es muy escasa la disposición de la gente capaz y honesta a participar en política. A involucrarse en ella no sólo en términos de militancia o actividad partidaria, a tomar parte incluso en términos de espectador crítico, y educarse políticamente en consecuencia. Al respecto tal vez más revelador que la poca o cuestionable formación de nuestros políticos, lo sea la de nuestro periodismo.<span id="more-8"></span></p>
<p>Sin duda, la velocidad que ha adquirido el deterioro de la situación política revela la enorme fragilidad de la hegemonía previa, precisamente en el momento en que ella había alcanzado mayor alcance institucional. Nunca fue tan poderoso el kirchnerismo como cuando se desbarrancó al abismo. No es la primera vez tampoco que se ha producido esta secuencia. Aunque tal vez nunca estuvo tan claro como ahora que fue la propia acción del poder gubernamental lo que motorizó la crisis. Así, los dueños de la situación en la víspera se vuelven objeto de todo tipo de reclamos, incluso muchos de ellos convengamos que exagerados o imposibles de satisfacer, con lo que pagan por su soberbia. Pero también por serias dificultades objetivas del sistema político en cuyo marco actúan.</p>
<p>Porque convengamos en que se trata de una crisis del vértice del poder, pero también de la sociedad, las fuerzas de oposición y las mediaciones institucionales entre aquél y éstas. A este respecto hay al menos tres problemas sobre los que conviene detenerse:</p>
<p>-    En primer lugar, el carácter tendencialmente faccioso y al mismo tiempo muy fragmentado y débil de las representaciones sectoriales. Ellas padecen una seria desconexión respecto del mundo de la política partidaria, están inermes frente a la emergencia de líderes espontáneos casi imposibles de encuadrar en estrategias cooperativas y negociadas, y por tanto enfrentan serias dificultades para negociar, y para prevenir cursos de acción que generen costos para todos.<br />
-    En segundo lugar, la disposición de amplios sectores a enamorarse de este tipo de líderes espontáneos inclementes revela una escasa valoración de los mecanismos de mediación y de las soluciones transaccionales en la sociedad, y en cambio una exaltación de las estrategias no colaborativas, incluso confrontativas y oportunistas.<br />
-    Muchos espacios institucionales que debieran ser competitivos y abiertos a la auscultación pública, no lo son, y al revés, espacios que deberían preservarse de la competencia y de la visibilidad pública, en cambio, están sometidos a la lógica de la plaza y la aclamación. Para poner un ejemplo, en el Parlamento está muy mal visto que no se discuta todo en el plenario, y las comisiones, a diferencia de lo que sucede en otros países, no deciden casi nada, con lo que a los partidos les cuesta mucho negociar leyes; en cambio, hay cada vez más distritos en los que las elecciones no son competitivas, no se asegura un mínimo pluralismo en la prensa, y cada vez más decisiones sobre el manejo de recursos se toman fuera de la vista pública.</p>
<p>Aunque para bien o para mal la reciente crisis ha revelado la falsedad del apotegma según el cual “sólo los peronistas saben gobernar” (y también en alguna medida el que señala que “sólo el peronismo puede resolver los problemas que él mismo crea”), lo cierto es que la democracia argentina aún no es plenamente competitiva, y más bien ha evolucionado en los últimos años a nivel nacional en dirección contraria a serlo. La construcción de partidos, como de cualquier otra institución, es mucho más lenta y dificultosa que su destrucción. Y seguramente pasarán años hasta que se conformen fuerzas tan estables y maduras como las que con sana envidia podemos ver actúan en muchos países de la región, incluso algunos que durante demasiado tiempo quisimos mirar por encima del hombro. La construcción de partidos es, sin duda, por lo tanto, una de las cuestiones más urgentes e inescapables que tenemos por delante, y a este respecto cabe hacer un elogio de los recientes pasos adoptados desde el oficialismo: la recomposición del PJ puede significar una verdadera innovación institucional y alentar a los demás actores a invertir esfuerzos para crear organizaciones, y no simplemente para cazar los votos que el gobierno de turno pierda.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2008/05/13/los-argentinos-frente-a-la-incompetencia-politica/' addthis:title='Los argentinos frente a la incompetencia política ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>¿La autodisolución del kirchnerismo?*</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Apr 2008 16:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Waverly</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Económica]]></category>
		<category><![CDATA[Coaliciones Políticas]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Politicos]]></category>
		<category><![CDATA[Politica Comparada]]></category>
		<category><![CDATA[Retenciones a la exportaciones]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>La historia está plagada de ejemplos de coaliciones que se autodisolvieron por insistir en sus estrategias iniciales cuando las condiciones de su eficacia ya habían perimido. En ese cementerio yacen, por ejemplo, el Partido Laborista británico de los años 70 y 80, la socialdemocracia alemana de la misma época, los partidos socialista y democristiano italianos, y más cercanamente el peronismo setentista en todas sus vertientes – que fuera liquidado por la derrota electoral de 1983 – y la UCR desde 1987. A ese destino parece encaminarse, sin pausa y quizás con prisa, el kirchnerismo tal como se lo conoció desde 2003.</p>
<p>Como aquellos ilustres predecesores, el kirchnerismo supo articular, inicialmente, una estrategia exitosa para gobernar. La estrategia consistía en combinar la maximización del crecimiento económico con la centralización del federalismo. Maximizar el crecimiento económico permitía, simultáneamente, reducir la pobreza y la desocupación, recuperar el consumo y el nivel de vida de las clases medias, reactivar las economías regionales y, decisivamente, rellenar las arcas fiscales depredadas por el colapso de la convertibilidad. Pero la maximización del crecimiento no producía por sí misma algo que el kirchnerismo necesitaba con urgencia: una coalición política que reconociera su liderazgo. Ello al menos por dos razones. Una, que estaba claro desde el principio para los actores económicos más influyentes que el esquema macroeconómico de tipo de cambio real competitivo no podría sostenerse sin intervención estatal que contuviera, moderara o encauzara algunas de sus consecuencias, y esa intervención requería asignar costos y beneficios de maneras no necesariamente consistentes con su distribución inicial. La otra, que una vez satisfechas las demandas iniciales de reactivación económica y mejora del nivel de vida que la maximización del crecimiento podría proveer, algunos de los sectores beneficiados podrían generar demandas cuya satisfacción escaparía al dispositivo económico. Para responder a estos desafíos resultaba instrumental la centralización del federalismo. Concentrando la recaudación y el manejo de los recursos fiscales en la Presidencia – a través de las retenciones, los poderes presupuestarios delegados por el Congreso y los decretos de necesidad y urgencia – el kirchnerismo tendría recursos y atribuciones como para subsidiar las distorsiones generadas por la maximización del crecimiento, reciclar esa maximización por medio del incentivo al consumo, y especialmente, disciplinar a gobernadores e intendentes de modo de obtener margen para introducir en la agenda nuevos tópicos que le permitieran ampliar y solidificar sus bases de sustentación. Esos tópicos fueron, fundamentalmente, la reforma de la Corte Suprema de Justicia, los juicios por violaciones a los derechos humanos en la última dictadura, y el declive de la cultura política peronista.<span id="more-11"></span></p>
<p>Con esta estrategia, el kirchnerismo se propuso conservar una base de apoyo en el electorado peronista clásico y, a la vez, ampliarla y contrapesarla con la incorporación de sectores de clase media. Bajo el nombre de transversalidad primero y de concertación plural después, la estrategia fue exitosa en ampliar el caudal electoral del 22% de 2003 al 38% de 2005 y el 45% de 2007, así como también en fracturar a los partidos cuyo electorado residía precisamente en esas capas medias: la UCR, el Partido Socialista, ARI. Pero a partir de 2006 esa estrategia inicialmente exitosa comenzó a mostrar, como fantasmas ancestrales que insistían en acechar, las limitaciones que portaba de origen. Del lado económico, la maximización del crecimiento – a través del sostenimiento del tipo de cambio real competitivo, los subsidios, los congelamientos de tarifas y los aumentos de salarios y jubilaciones – comenzó a generar presiones inflacionarias cuya persistencia ensombreció el horizonte del esquema macroeconómico. Del costado político, las demandas no representadas, especialmente en las clases medias urbanas, sorprendieron al kirchnerismo sin inventiva política ni capacidad de adaptación, y resultaron en las victorias locales de Macri, Binner y Ríos, así como de algunos dirigentes peronistas manifiestamente no preferidos por el elenco gobernante.</p>
<p>Ante estos desafíos, el kirchnerismo optó por replicar su estrategia inicial: mantener a toda máquina la maximización del crecimiento, continuar la centralización del federalismo para seguir disciplinando a dirigentes locales, y definir su propio lugar simbólico como el de un “gobierno nacional, popular y progresista” enfrentado a una derecha más o menos difusa pero claramente identificada con el neoliberalismo y la dictadura militar. Pero ocurrió que los procedimientos empleados para replicar la estrategia inicial resultaron contraproducentes. El fuerte incremento del gasto público en el año electoral 2007, destinado a conservar la red de subsidios, congelamientos y compensaciones en que se sostiene el esquema macroeconómico, contribuyó no sólo a deteriorar la posición fiscal del Tesoro nacional sino también a incrementar las presiones inflacionarias. La táctica de destruir el sistema estadístico del país para dificultar la formación de expectativas de inflación sirvió para galvanizar esas expectativas. Y el manejo del conflicto con el sector agrario terminó por alienar apoyos clave de clase media, soliviantar a los líderes locales antes disciplinados, y poner en riesgo el corazón mismo de la estrategia kirchnerista – la fuente del superávit fiscal.</p>
<p>Al imponer retenciones móviles a la exportación de los cultivos más rentables y expandidos de la actualidad, el gobierno kirchnerista logró empujar a la rebelión a buena parte de los votantes de clase media rural que, tanto por medio del peronismo como del radicalismo k, habían nutrido su coalición electoral de octubre pasado. Al insistir en enmarcar la protesta agraria en la matriz discursiva de oposición entre el “gobierno popular” y la “oligarquía”, entre el “pueblo” y la “derecha golpista”, el kirchnerismo consiguió activar cacerolazos y movilizaciones opositoras tanto en la Capital como en los principales centros urbanos de las provincias más afectadas por las retenciones móviles – que son, para peor, las más populosas y poderosas electoralmente. Al empeñarse en utilizar las retenciones como instrumento para mejorar su posición fiscal luego del rally de gasto electoral de 2007, del fracaso de su política de control de la inflación y en previsión de posibles contagios de la crisis financiera internacional, el oficialismo cargó el peso del ajuste fiscal sobre el sector productivo más dinámico del momento y reactivó así el poder y la influencia de los gobernadores e intendentes que había mantenido disciplinados. Todos estos actores, hasta ahora neutralizados o contenidos por la estrategia kirchnerista, parecen haberse desentumecido con el conflicto, y ensayan rumbos distintos de, y conflictivos con, los del oficialismo.</p>
<p>Los líderes locales, que como todo político desean ganar elecciones, enfrentarán de ahora en adelante la presión firme de sus bases electorales para, si no desmontar las retenciones móviles, al menos obtener el retorno de una parte de ellas bajo reglas formalmente establecidas y de cumplimiento obligatorio para el gobierno nacional – recursos que permitan mejorar la infraestructura, la educación, la salud; todas asignaturas pendientes en el país en general y, particularmente, en las zonas rurales. Los productores agrarios, que tienen sus inversiones y sus ganancias futuras en riesgo, estarán alertas al despliegue de la batería de compensaciones ofrecida por el gobierno para terminar el conflicto – compensaciones en las que, razonablemente, no creen, ya que cuando se dispusieron para el sector lechero quedaron, por la naturaleza administrativa y fiscal de su trámite burocrático, mayoritariamente en manos de las grandes empresas lácteas. Las clases medias urbanas previamente reacias al kirchnerismo, que han visto confirmados sus peores temores con los últimos gestos gubernamentales, se encontrarán prestas a manifestar su descontento ante cada intento oficialista de continuar con las fracasadas políticas de control de precios, así como de caracterizarlas como el monstruo derechista y golpista que, en su mayoría, distan de ser. Las clases medias rurales, que supieron adherir a la propuesta electoral del gobierno que manteniendo el tipo de cambio real competitivo había posibilitado sus extraordinarias ganancias de estos años, se hallarán crecientemente dispuestas a impugnar a ese mismo gobierno que ahora les incrementa la presión tributaria a niveles también extraordinarios, les compensa de manera tardía e ineficiente parte de sus costos por lo demás en aumento, y los califica de enemigos del pueblo.</p>
<p>Así las cosas, de seguir insistiendo en su estrategia inicial, el kirchnerismo probablemente termine uniéndose al cementerio de las coaliciones políticas fracasadas. Podría, no obstante, escapar de este camino de autodisolución. Bastaría, para ello, la virtud política de reconocer las limitaciones de sus propios cursos de acción, los errores de su ejecución, las fallas constitutivas de los diagnósticos con que se encaró la repetición de la estrategia inicial ante la acumulación de signos de su agotamiento. Esa virtud no es, precisamente, lo que ha podido detectarse en los discursos presidenciales ni en las movilizaciones oficialistas de estos días. Los discursos parecieron menos orientados a persuadir a sus ostensibles destinatarios que a convencer a sus enunciadores. Las movilizaciones parecieron menos dirigidas a reparar y galvanizar la coalición deseada por el kirchnerismo que a encuadrarla a fuerza de retos y de palos. Por mucho que se haya deseado e intentado inscribirlos en una épica de época que por cierto parece vigente y rescatable en sus categorías sólo para un núcleo duro de nostálgicos apoyos, ni esos discursos ni esas movilizaciones se asemejan a ninguna fiesta popular de liberación de la patria colonizada o amenazada por la derecha golpista, sino más bien a la confusión rabiosa de quienes se obstinan en reprobar a la realidad cuando ésta no se ajusta a sus deseos. El problema es que para desplegar la virtud política que hace falta el kirchnerismo necesitaría balancear la firmeza con la precaución de modo de no perder autoridad, como un equilibrista sobre un alambre de púas. Sólo cabe esperar que el equilibrista tenga el buen sentido de no saltar ante cada pinchazo, y que sus compañeros no hayan quitado la red de abajo.</p>
<p>* Publicado <a href="http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0251/articulo.php?art=6763&amp;ed=0251">el 13/04/08 en Perfil</a></p>
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		<title>¿Un monopolio político?*</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2008 16:09:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Novaro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Advertido de que la gestión de Cristina no empezó del todo bien y su popularidad va en picada, el oficialismo barrunta cambios en el gabinete. Algunos ministros y secretarios probablemente sean reemplazados antes de lo que esperaban. Aunque tal vez puedan respirar tranquilos por un tiempo más, porque la prioridad de los líderes kirchneristas no [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2008/04/01/%c2%bfun-monopolio-politico/' addthis:title='¿Un monopolio político?* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Advertido de que la gestión de Cristina no empezó del todo bien y su popularidad va en picada, el oficialismo barrunta cambios en el gabinete. Algunos ministros y secretarios probablemente sean reemplazados antes de lo que esperaban.</p>
<p>Aunque tal vez puedan respirar tranquilos por un tiempo más, porque la prioridad de los líderes kirchneristas no está puesta en mejorar la gestión, sino en asegurarse el blindaje político-partidario que está detrás de la llamada “normalización del PJ” y que, especula, le permitirá quitarle sustento a eventuales competidores (un Macri presidenciable con apoyos peronistas y/o una coalición legislativa “progresista” que remede a la Alianza de 1997), y hacer perdurable su preeminencia hasta 2011 y más allá. Y el problema es que concretar esto último es, en alguna medida al menos, contradictorio con atender a lo primero.</p>
<p>Como ya se vio en los años de Néstor, por encima incluso de su afección por el coyunturalismo económico y la polarización ideológica, el kirchnerismo funda su estrategia de poder en quitarle sustento institucional y organizativo a sus opositores. Lo hizo dentro del PJ y también fuera de él, hay que reconocer, con gran éxito. No es de asombrarse por tanto que pretenda ahora consolidarse como cuasi monopólico titular de los recursos institucionales y organizativos de la política argentina, imponiendo sus reglas y condiciones a un renacido PJ, y terminando de debilitar a los demás partidos y liderazgos. Macri ya está padeciendo la fuga de sus apoyos de filiación peronista, por efecto de la atracción que ejerce el renacido “pejotismo” tanto como por la continua borocotización de legisladores impulsada desde la Jefatura de Gabinete nacional. El socialismo corre el riesgo de seguir los pasos de los radicales y dejar de ser un partido mínimamente cohesionado, por obra del divisionismo que introducen ofertas de cargos y recursos lanzadas oportunamente desde esas mismas oficinas. En cuanto a la Coalición Cívica, la sospecha es que no hay mucho de qué preocuparse: su propia líder se seguiría dando maña para que no prospere.<span id="more-12"></span></p>
<p>El blindaje político partidario puede converger con algunos oportunos cambios de personal en el Ejecutivo. En particular entrarían en esta condición los que tendrían por víctimas a algunos transversales por los que el oficialismo advierte ha estado pagando más de lo que valen: ni ellos le proveyeron mayores réditos electorales, según los cómputos de los últimos comicios, ni han mostrado mayor eficacia en la gestión. Cultura, Defensa, áreas de Cancillería y Desarrollo Social están en la mira de los Kirchner, y seguramente de sus nuevos aliados o los aspirantes a serlo, tanto del PJ como de otras procedencias.<br />
La aspiración de esos transversales por recuperar terreno, o al menos no perder del todo el que conservan, a través de algún tipo de organización que los reúna (en los últimos días hubo varios llamados en este sentido de sus referentes), para prosperar, debe poder superar al mismo tiempo los recelos históricos existentes entre ellos y su falta de identidad común (que ya les dificultaron la tarea de coordinar esfuerzos cuando los vientos soplaban en su favor pero todos preferían ser cabeza de ratón a cola de león) y la fuerza centrífuga de la renacida identidad pejotista. Peor aún, si prospera la integración del peronismo a la Internacional Socialista, que parece querer impulsar Néstor Kirchner, los transversales se las verán en figurillas para explicar por qué son oficialistas pero no peronistas, y muchos se darán cuenta que es mejor reiniciar sus carreras políticas como cola de un aútentico león en vez de sobrevivir penosamente en el limbo o tratar de inventar gatos nuevos de dudosa identidad.</p>
<p>Pero en verdad, ninguno de estos eventuales cambios rozará siquiera el núcleo de la gestión de Cristina, y origen de sus problemas crecientes de popularidad. En Economía y Planificación, donde se cuecen las habas de la inflación, la energía, las obras y los subsidios, parecen correr por carriles separados las preocupaciones de corto plazo que agitan el ánimo de la presidente, y los cálculos de mediano y largo plazo que se hacen en la conducción estratégica oficialista: ésta pareciera convencida de que las cosas pueden seguir como van por bastante tiempo, que creciendo a buen ritmo un nivel de 20-25% de inflación es tolerable y aún provechoso para disipar conflictos, y aunque Cristina llegue agotada al 2011 se retendrá un control suficientemente amplio de la situación como para definir el candidato que le siga; aquélla, claro, está más preocupada por no hacer un deslucido papel, y no superar jamás el rol de vicaria, y también porque tal vez sospecha que de continuar esos problemas y su caída en las encuestas, ni el más perfecto blindaje partidario podrá evitar una fuga de los electores.</p>
<p>¿Quién tiene razón? Se entrelazan en esta interrogación dos problemas, que no son tan nuevos como parecen para los argentinos. De un lado, el marcado desajuste existente entre el poder institucional y partidario que ha sabido construir el kirchnerismo, y sus acotados éxitos electorales: aunque el sistema político argentino no es competitivo, la sociedad sí lo es y puede reclamar cambios, aún apostando por algún aventurero sin partido, gobernadores ni sindicatos detrás. Y la cuestión es determinar si va a primar el sistema o la sociedad (y si es bueno que prime ésta o aquél).  Del otro lado, la sustentabilidad de un esquema económico que depende más aún que en tiempos de la odiada oligarquía de una superrenta agrícola, que no se puede saber hasta cuándo y para cuánto va a alcanzar.</p>
<p>Es difícil imaginar que la actual presidenta sea capaz de lidiar con los problemas económicos si estos empeoran.  El doble comando se revelará en ese caso seguramente como lo que es, un comando y un vicariato. Y no importará entonces demasiado quién sea el ministro de Economía (el chiste que circula al respecto entre los economistas es cruel pero revelador: “Lousteau ejercerá de Ministro el día que Cristina lo haga de presidente), e importará en cambio mucho más que hasta aquí cómo funcione el partido: si Kirchner logra o no lo que a Perón le resultó imposible en los cincuenta, y de nuevo en los setenta, disciplinar a los sindicatos y a todos sus demás seguidores para que los salarios y el gasto público se sacrifiquen durante un tiempo para poder bajar la inflación y alentar las inversiones.</p>
<p>Publicado en <a href="http://www.eleconomista.com.ar/punto_ante_un_monopolio_politico_29_02_08.html">El Economista</a></p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://www.politica.com.ar/blog/2008/04/01/%c2%bfun-monopolio-politico/' addthis:title='¿Un monopolio político?* ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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